Circunvalando el Marroquí

14 Abril 2018

Muuucha agua en marzo. Se impone visitar algún salto de agua espectacular. Si además es en zona de prados reverdecidos por la lluvia, mejor que mejor. Así que pienso en el Salto del Hoyo, Sierra Sur de Jaén, cerca de Valdepeñas. Para ahorrarnos algo de carretera pienso en entrar antes en la sierra, y hacer el último tramo ya andando. Como en mi panoplia de accesos falta la Hoya de Charilla, elijo como comienzo de la ruta los que tradicionalmente se llaman Cortijos de la Hoya de Charilla, donde hoy en día hay un hostal restaurante marcado en Google como Hostal Sierra de La Martina. Entre este lugar y el Salto del Hoyo se interpone el masivo Alto del Marroquí, así que… habrá que rodearlo.

Obviamente, no lo rodearemos por la carretera, así que trazo una posible ruta por la cara Oeste y Norte del cerro, donde parece haber veredas y carriles adecuados a nuestro propósito. La vuelta parece algo más azarosa, pero… todo se andará. Aquí tienes el track de la ruta en Wikiloc.

Este es el comienzo, en una curva de la carretera entre Charilla y Valdepeñas (por los Llanos del Ángel), a la altura de los cortijos y el mencionado Hostal, y a la vera del Arroyo de la Hoya.

Desde la cerrada curva parte un carril, que rodea por la derecha un cortijo vecino a la carretera. Por ahí comenzamos a andar, en corta subida que enseguida se dulcifica.

A nuestra izquierda queda el vallecito que forma el Arroyo de la Hoya, de campos roturados en los que destacan soberbios ejemplares de quejigos.

El carril llanea, y luego comienza a descender. Comoquiera que debemos doblar la esquina de la loma sin perder altura, aceptamos gustosos la sugerencia de una bien marcada vereda que sigue exactamente ese rumbo, y que tomamos por la derecha del carril.

Desde la divisoria de la loma, a la que llegamos sin contratiempos, la vista se ensancha hacia los cerros situados entre Castillo de Locubín y Fuensanta de Martos. Por relieve y altura, el pico destacado podría ser la Sierra de Ahillo. Más cerca, vemos la cortijada de La Paraisa.

Un poco después, un barranco lateral cruza nuestra ruta y la senda gira a la derecha para buscar su cruce, tras lo cual proseguirá por las tierras rojizas del fondo, sin ganar ni perder altura.

Ingresamos entonces en un llano poblado de encinar adehesado, que desciende suavemente desde las alturas del Marroquí, por donde mantenemos la dirección Norte sin apenas pendiente.

Pasaremos una cerca ganadera con portillo, y después encontraremos un olivar rodeado por una nueva cerca, que no hará falta cruzar pues la rodeamos por la derecha. De esta guisa llegamos al final del llano, donde encontraremos un carril que viene a nuestro encuentro:

En este amplio collado dejamos a la izquierda la prolongación del llano y giramos con el carril hacia la derecha para ingresar en la umbría del cerro.

Un poco más adelante, en una bifurcación, escogemos el ramal de la derecha, en ligero ascenso.

Estamos en este momento paralelos al Arroyo de las Cabreras, que es el que viene del Hoyo para juntarse más abajo con el de la Hoya y bajar hacia Charilla y Alcalá La Real. Al fondo han aparecido las cimas nevadas de La Pandera.

El paisaje se hace más despejado mientras seguimos el carril, que llanea, y que después bajará hacia el Cortijo de la Umbría. Como no queremos bajar, a la altura del quejigo que se ve frente a nosotros, abandonaremos el carril para ir ascendiendo suavemente por los prados.

Entre quejigos aislados vamos ganando altura poco a poco…

… acercándonos a un nuevo barranquito -que baja precisamente al Cortijo de la Umbría-, y que queremos superar por su parte alta.

Desde los quejigos, la senda apunta precisamente hacia esa cabecera, sobre la que apreciamos un collado que es el que queremos ganar.

Caracoleando para disminuir la pendiente, derivamos un poco a la derecha, para sobrepasar esta vistosa pareja de encina y quejigo:

Por encima, el terreno pelado nos llevaría suavemente a la cresta del Alto del Marroquí, del que estamos a tiro de piedra. Si tuviéramos ese empeño, podríamos ganar la cima con poco esfuerzo, pero vamos a continuar hasta el collado, para proseguir nuestra circunvalación.

En el collado encontramos una nueva cerca ganadera, que superamos con poco esfuerzo pues no es demasiado alta, e ingresamos en una zona de vaguada:

… donde el terreno vuelve a poblarse de un encinar-quejigar, entreverado con prados alfombrados de hierba y gamones, que es muy agradable de caminar. La última nieve todavía se demora entre los piornos. Seguimos la vaguada hacia arriba (hacia la derecha), casi sin sendas, buscando un nuevo carril que recorre su parte más elevada.

La vaguada se diluye en un altiplano herboso, con la cima del cerro al alcance de la mano. Al fondo del prado (a la izquierda en la foto) encontramos el carril. Si lo siguiéramos a la derecha superaríamos por arriba dos cerrillos que se desgajan de la ladera, accediendo por el sur al arroyo que pasa bajo la Colmenilla para embocar el Salto del Hoyo…

Pero escogemos una ruta un poco más larga, tomando el carril hacia la izquierda…

… auténtica “vía verde” en ligero descenso, rodea por la izquierda -la cara norte- el primer cerrillo…

… y nos conduce a una preciosa zona de prados, antes del segundo cerrillo, que vemos enfrente.

Accedemos así a la vaguada entre los dos cerrillos, donde la nieve vuelve a saludarnos. Por el collado que se aprecia a la derecha circula el carril por donde hubiéramos aparecido de tomar a la derecha antes del primer cerrillo. Pero volvemos a optar por la izquierda (¡es 14 de abril, día de la República!), para rodear el siguiente, siempre por el norte.

Tal que por aquí… En realidad voy buscando tener un vislumbre del salto del Hoyo antes de llegar al mismo…

Pero, aunque nos desviamos unos metros del camino para ganar perspectiva, compruebo que sigue oculto a nuestra mirada, y todo lo que alcanzamos a ver es el Cortijo-alojamiento rural de La Colmenilla, encaramado en su cresta, y un vislumbre del llano del Hoyo, a la izquierda.

El tramo de carril que desciende hasta la cresta es un bello pasaje entre encinas…

… que al final se retiran permitiéndonos disfrutar de una vista completa del llano donde se ubica el Cortijo del Hoyo, que vemos a la derecha. Por encima del mismo discurre la carretera que viene de Valdepeñas hacia los Llanos del Ángel.

La entrada en la cresta ocurre por un amplio collado verdeante de hierba. Al fondo, la línea de cimas entre el Marroquí y el Cornicabra, que nos separan del Arroyo de Los Barrancos.

En unas rocas al final del prado decidimos comer, que ya es hora. A la izquierda, el Cortijo de la Colmenilla; a nuestros pies, una de las vaguadas que confluyen con el Arroyo de Cabañeros justo antes del Salto del Hoyo, que seguimos sin poder ver.

Acabada la comida, descendemos al carril que discurre paralelo a la vaguada, en dirección a la escotadura en la cresta por la que se precipita el agua:

Acercándonos al punto culminante, donde el arroyo ha partido la cresta en dos, y de no saber que está ahí, seguiríamos sin advertirlo.

A nuestra derecha, el plácido vallecito que viene de los Llanos del Ángel, por donde circula el Arroyo de Cabañeros. Lleva agua, pero menos de la que pudiéramos esperar en función de todo lo que cayó el mes pasado.

Nos internamos en la melladura de la cresta, y solo cuando arriesgamos el pellejo asomándonos al borde de lo inconcebible, conseguimos echar una mirada al objetivo:

¡Pero vaya mirada! De repente el suelo frente a nosotros se retira una cuarentena de metros en un escalón vertical por el que se despeña el agua hasta las pozas del fondo. De vértigo.

El llano del Hoyo queda justo frente a nosotros, pero cuarenta metros más abajo. Lo normal en humanos es bajar por la derecha, después de subir hasta la carretera, dejando que esta nos lleve. Pero se me ha metido en la cabeza intentarlo por el otro lado. Fijaros en la empinada terrera que baja hasta el fondo desde la izquierda, al pie de la última serie de escarpes. La tenía en mente a partir de las ortofotos de la zona, y decidimos buscar su embocadura para usarla de tobogán hasta el valle. No tendrá más de 45º de inclinación, y ya en La Sagra hemos hecho algo parecido, así que… a la tarea.

Para llegar al comienzo de la terrera debemos volver atrás, y trepar por la cara de la cresta que da hacia el lado plano, y así lo hacemos. Es un trepadero en el que hay que emplear pies y alguna mano, pero nada que sea especialmente difícil o peligroso…

… y además nos ofrece una preciosa vista de la vaguada por la que hemos bajado, con el Alto del Marroquí por encima.

Tras unas decenas de metros de ascenso, nos colocamos en la parte superior de la cresta:

… que tiene aquí un rellano bastante practicable, antes de un nuevo repunte. Cruzaremos la zona llana, hacia la derecha, esperando que la terrera enlace con esta travesía sin accidentes de importancia.

De hecho, pisadas de ganado dibujan por momentos una débil trocha, así que, a vista de cabra vamos por buen camino. Y al final llegamos al punto clave:

Sin haber tenido que arriesgar la vida, llegamos al punto en el que la totalidad de la terrera aparece a nuestra vista, con un acceso empinado, sí, pero no suicida. Decidimos tirar para abajo…

Aquí una aclaración: no es una vía de acceso que recomendaría a cualquiera. Hay que tener paso firme, buen calzado y cierto gusto por la aventura; pero no encuentro que sea especialmente peligrosa, por cuanto un resbalón puede dar con nuestras posaderas en el suelo, pero difícilmente nos precipitaría hasta abajo, al mantenerse la inclinación de 45º durante todo el trayecto y no tener saltos verticales en ningún momento.

De momento, la ventaja de este acceso aventurero es que ¡por fin! podemos disfrutar de una espléndida -e inhabitual- vista de la cascada.

De hecho, una vez superado el primer tramo, de escalones de hierba y piedra, el segundo es… eso, una terrera de piedra suelta que recoge bastante bien la pisada, por lo menos en esta época del año, en el que está algo reblandecida por la humedad. Puede que en verano, más seca, sea más resbaladiza.

Aquí una vista de la terrera desde abajo. Impresiona menos, y ya se sabe que cuesta arriba es más fácil técnicamente, aunque más costoso físicamente.

Y al final, culminada la bajada sin sobresaltos de importancia…

El Salto del Hoyo en todo su espléndido desarrollo (y sin haberlo pensado, me ha salido un pareado).

Foto oficial con tres valientes (dos cabras y un perro).

Y esta en panorámica, con el zigzag que hace el agua sorteando las rocas del fondo. Paraje espectacular y justa culminación de nuestros esfuerzos.

Tras un rato de contemplación atareada, emprendemos la salida del valle que, esta vez sí, haremos por la carretera.

Caminando hacia el Cortijo del Hoyo unos metros, enseguida encontramos trochas que ascienden por la derecha, que seguimos con decisión. Hacia atrás, como vemos aquí, quedan el llano y el cortado que cobija el salto.

Atravesaremos un bosquecillo de encinas, y poco después encontraremos la carretera de Valdepeñas. Acariciaba la idea de no seguirla, sino cruzarla (ella y la valla que la acota) y pasar al otro lado para buscar un carril que caracolea por la ladera del Cornicabra, buscando por allí, bien el acceso a su cima, bien un paso por el que superar una cresta rocosa que desciende desde arriba hasta el valle. Pero nos hemos demorado algo más de la cuenta (como de costumbre) y optamos por la solución fácil: el asfalto.

Desde la carretera, y en la vertical de la cresta, contemplamos el salto, invisible desde cualquier otro punto cercano. Fuera de este lugar, para verlo hay que desplazarse hacia Valdepeñas y contemplarlo a lo lejos desde el extremo del llano del Hoyo.

Superada la cresta, nos queda debajo (bastante) el llano del Arroyo de Cabañeros, con el carril por el que bajamos desde la Colmenilla, paralelo a la cinta plateada del arroyo que nos guió hasta el salto.

Así que cruzamos una nueva cerca (toda la carretera está prudentemente aislada del ganado por dichos artefactos) y tiramos para abajo sin pensarlo demasiado. Ahora tomaremos el mismo carril, pero en sentido ascendente, y con él continuaremos el rodeo del cerro, ahora hacia la izquierda.

Superada la Colmenilla por abajo, el carril nos aleja después del Cortijo y del valle, que va quedando atrás.

Llegamos a un primer collado herboso (buy herboso); desde aquí tengo leido que hay gente que sube a la cima del Marroquí, lo que parece apropiado si fuéramos de cimas, que no es el caso.

El carril supera el collado y nos conduce todavía unos cientos de metros, contorneando la ladera en muy ligero ascenso. Pero poco después, ay, desaparece en un pradillo. Desde ahí la continuación es un poco más azarosa…

… de momento por un paso estrecho pero de aspecto prometedor, con lo que parece una buena senda…

…que sin embargo desaparece a los pocos metros, dejándonos frente a un par de cercas ganaderas que confluyen, obligándonos no a uno, sino a dos pasos con algo de acrobacia. Sigue luego un tramo que no podría llamar camino sin incurrir en exageración, pero que, mal que bien, nos va llevando alrededor del cerro.

Eso sí, las panorámicas a nuestra espalda son estupendas, con los Llanos del Ángel por fin a la vista. Por debajo (bastante) discurre la carretera (a Charilla o Frailes, según escogiéramos en la bifurcación al salir de los Llanos). Casi suspiramos por ella…

… pero en realidad nuestro desaliento no es más que el efecto de la incertidumbre, y durará poco, porque al cabo de unos minutos salimos a una pedregosa cuesta despejada por cuya base vemos circular un nuevo carril (que estaba esperando). En lugar de bajar directamente, nos mantenemos a cota atravesando un paso entre rocas, para descender -menos- entre encinas hasta el camino, que mientras tanto viene subiendo a nuestro encuentro:

Aquí lo vemos, cinta salvadora entre la espesura.

Si tenéis GPS, la incertidumbre será mucho menor, y si no, el consejo es mantener la cota después de las cercas hasta ver el carril por debajo. Luego, un rato de relax mientras el camino nos va llevando en ascenso -por momentos con cierta pendiente- por la ladera sur del Alto del Marroquí.

Todo lo bueno acaba, sin embargo, y en este rellano viene a acabar nuestro camino, colgados a mitad del cerro…

Siguen unos minutos de desconcierto, porque no parece haber una vereda clara a partir de aquí, y sí un coscojar a ras de suelo poco amable al pie. Pero luego, deambulando un poco y manteniendo la cota, vamos encontrando sugerencias de trocha que muestran que algún rebaño ha pateado esta ruta, contorneando un valle lateral que deprime la ladera, en busca de la siguiente loma…

Eso sí, las vistas son espectaculares, y nos consuelan del terreno incierto que seguimos.

De nuevo, el track y un poco de sentido común nos llevarán con seguridad hasta la siguiente convexidad y, una vez allí, encontraremos un terreno más franco:

Un llano sin accidentes, que empieza a picar hacia abajo, y que seguimos por trochas ahora más claras…

Al final la pendiente se acentúa y las trochas se hacen más difusas, pero la cosa se compensa con la vista de nuestro objetivo final:

El mencionado Hostal-o-lo-que-sea, junto a los demás cortijos de los que partimos esta mañana.

Solo queda bajar con prudencia por este terreno pedregoso, propicio a tropezones, pero por lo demás practicable. Una última valla nos separa de la carretera, pero tiene un portillo (lo que demuestra que tiene paso). Y por fin estamos junto al vehículo. Hemos circunvalado el Alto del Marroquí, lo que no entrará en el Guiness, pero a nosotros nos ha proporcionado un día fructífero y placentero. Hasta la próxima.

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