Umbrías: de Las Minas a Florencia

Otoño-2013

Caratula-Umbria-Minas

Esta no es una excursión que recomendaría a quien le guste andar lejos por caminos seguros. Es mas bien un devaneo, un excurso que invita a perderse sin prisas, olfateando como un habitante más del bosque sus inciertos trazados. Llegaremos al objetivo, tal vez, o tal vez a otro, o volveremos sobre nuestros pasos con la seguridad de que lo interesante no era el objetivo, sino el camino…

La Cuerda de los Gitanos es la que desde el Cerro del Corzo se prolonga hacia el NE y viene a morir entre el Cortijo de Florencia y el del Chorrillo. Desde el Cortijo de las Minas, al pie del Corzo, hasta el de Florencia, su umbría se resuelve en una serie de lomas y vallecitos perpendiculares a la cuerda… y al rumbo de quien quisiera recorrerla. Preparando la ruta de Llanos del Fraile-Corzo, fantaseé con la posibilidad de llegar desde el Llano de las Minas a la Fuente de Florencia sin usar ni el camino principal -en la solana del valle- ni el que sube al Cerro del Corzo. Por la umbría, a palo húmedo. Y un buen día me ví con tiempo y ganas y emprendí la aventura. Hay que decir que me perdí muy poco, si no es de cabeza, y que conseguí llegar a cordura y a Florencia con menos dificultades de las previstas. Luego repetimos con más gente, con el placer añadido de introducir a otros en lo descubierto. Aquí lo relato, para quien quiera deambular sin más, pero también como alternativa de mucho aliciente para la mencionada ruta, entre el Cortijo de las Minas y el Cerro del Corzo.

El comienzo de la ruta es el Cortijo de las Minas, que se va deshaciendo año tras año en el llano del mismo nombre, al que se llega sin problema desde el carril principal de la sierra, por un corto desvío con cadena.

El comienzo de la ruta es el Cortijo de las Minas, que se va deshaciendo año tras año en el llano del mismo nombre, al que se llega sin problema desde el carril principal de la sierra, por un corto desvío con cadena.

El camino que sube al Corzo tuerce a la derecha antes del cortijo. Lo dejaremos irse, pero nosotros continuaremos al frente, dejando el cortijo a la derecha.

Frente a nosotros se abre lo que queda del llano, tapizado de hierba, donde se levanta una poco funcional cerca metálica, que seguiremos hasta su final.

Frente a nosotros se abre lo que queda del llano, tapizado de hierba, donde se levanta una poco útil cerca metálica, que seguiremos hasta su final.

Acaba la cerca junto a los pinos, de los que nos separa una humilde vaguada, que cruzamos con determinación.

Del otro lado encontramos una segunda valla que no valla nada, y que rodearemos en este caso por abajo, por su izquierda.

Del otro lado encontramos una segunda valla que no valla nada, y que rodearemos en este caso por abajo, por su izquierda.

Acabada la segunda cerca, andaremos entre los pinos, queriendo entrever por momentos sutiles trochas que ascienden muy ligeramente.

La pinada es cómoda, y por ella andaremos casi a cota, pero ganando altura casi sin sentir…

La pinada es cómoda, y por ella andaremos casi a cota, pero ganando altura sin sentir…

Conforme vamos rodeando la ladera, veremos al frente y a la izquierda unos prados abiertos que suben hacia nosotros, formando una herbosa vaguada hasta un discreto collado en lo alto:

No nos importe perder un poco de altura para tomarla, pues es más fácil de andar, y nos enfila al tramo siguiente.

No nos importe perder un poco de altura para tomarla, pues es más fácil de andar, y nos enfila al tramo siguiente.

Acaba la vaguada fundiéndose en otra loma entre pinos, en todo similar a la anterior. Repetiremos el procedimiento, rodeando y ascendiendo…

…pero enseguida advertimos que el siguiente barranco ya no es de juguete: el terreno en la dirección que seguimos desciende considerablemente, planteando el primer dilema.

…pero enseguida advertimos que el siguiente barranco ya no es de juguete: el terreno en la dirección que seguimos desciende considerablemente, planteando el primer dilema.

Aquí aplicaremos un principio general de los caminos en el monte: la línea recta sobre el plano nos obligaría a bajar y subir por pendientes más fuertes para superar los valles; mantenernos estrictamente sobre la curva de nivel, en cambio, nos haría recorrer más distancia de la cuenta; el trazado óptimo -en cuanto a esfuerzo y tiempo- se consigue manteniéndose en general sobre la curva de nivel, pero descendiendo ligeramente al ingresar en los valles y ascendiendo al salir de ellos (lo cual es válido para los dos sentido de la marcha). De modo que continuaremos rodeando la loma, en el sentido de subida del barranco, pero perdiendo altura poco a poco. Entre lo que nosotros descendemos y lo que sube el fondo del valle, en menos de lo que canta un urogallo tendremos dicho fondo al alcance del pie. Esa aproximación tiene además la ventaja de ir oteando el fondo conforme nos acercamos, permitiéndonos divisar el paso más propicio, entre los espinos y zarzas que puedan dificultar su cruce. En este caso, además, llegaremos a encontrar una débil trocha que sigue el principio general, y aparece donde esperaríamos encontrarla.

La senda y el sentido común nos llevan al punto en el que el barranco principal se bifurca hacia arriba en vallecitos secundarios, más pendientes. Justo en el vértice, podemos divisar desde arriba este punto, donde los arbustos que pueblan el fondo se abren para facilitar un paso bastante cómodo.

La senda y el sentido común nos llevan al punto en el que el barranco principal se bifurca hacia arriba en vallecitos secundarios, más pendientes. Justo en el vértice, podemos divisar desde arriba este punto, donde los arbustos que pueblan el fondo se abren para facilitar un paso bastante cómodo.

Cruzado el barranco, procederemos a la inversa: casi paralelos al cauce en su sentido descendente, pero ganando altura y derivando poco a poco a la derecha. Al igual que anteriormente, una zona abierta de prado a la izquierda nos invita a recorrerla:

Ascenderemos por los prados hasta su punto más alto…

Ascenderemos por los prados hasta su punto más alto…

En muy poco estaremos en la divisoria de esta loma -en todo semejante a las dos anteriores-, para descubrir un segundo barranco, aun más profundo, que cruza nuestro rumbo:

Aquí repetiremos la operación, dirigiéndonos en el sentido ascendente del valle al aproximarnos. En esta ocasión, al ser más amplio y profundo, nuestro paseo por la loma será más largo, y en un primer momento ascenderemos suavemente para no perder de vista la divisoria de la loma, antes de bajar al cauce aprovechando la primera vaguada lateral que nos sale al paso.

Aquí repetiremos la operación, dirigiéndonos en el sentido ascendente del valle al aproximarnos. En esta ocasión, al ser más amplio y profundo, nuestro paseo por la loma será más largo, y en un primer momento casi ascenderemos suavemente para no perder de vista la divisoria, antes de bajar al cauce en la hondonada que hace antes de bifurcarse y empinarse.

El cruce de este barranco es un poquito más estrecho que el anterior, defendido por majuelos y escaramujos, pero igualmente practicable. Tras él andaremos de nuevo, como antes, ganando altura pero en el sentido descendente del arroyo, a lo que nos ayudará una trocha que aparece y desaparece intermitentemente (la trocha es la que nos indica que hemos cruzado por el sitio propicio). Si hemos acertado, al cabo de unos minutos llegamos a un punto culminante, donde el paisaje sufre un cambio espectacular:

Los últimos pinos ceden el campo a las encinas, rodeando un clarito en la divisoria de la loma. A las encinas les acompañan quejigos aislados, configurando un bosque más bajo y espeso que el anterior de pinos…

Los últimos pinos ceden el campo a las encinas, rodeando un clarito en la divisoria de la loma. A las encinas les acompañan quejigos aislados, configurando un bosque más bajo y espeso que el anterior de pinos. Al frente se despliega todo el Majalijar, y más allá buena parte de Sierra Arana.

El otoño ya avanzado desnuda los arbustos, que revelan sus delicadas estructuras…

El otoño ya avanzado desnuda los arbustos, que revelan sus delicadas estructuras…

Aquí hay que poner toda la atención, pues el terreno, caso de perder el hilo, resulta más complicado que entre los pinos. Y el hilo en este caso sí va a ser la curva de nivel, por la que andamos sin ganar ni perder altura. Nos ayuda el hecho de que ese rumbo transcurre justo por una línea de claros que nos evita lo más espeso del encinar.

La ladera es aquí muy variada, y caminamos, viendo los pinos arriba, entre encinas y quejigos, majuelos, rosales, agracejos…

La ladera es aquí muy variada, y caminamos, viendo los pinos arriba, entre encinas y quejigos, majuelos, rosales, agracejos, zarzas… más tarde, y en los claros, aparecen la jara pringosa y el rascaviejas. Cada especie aporta su nota de color, cada una busca su hueco al sol o a la sombra en el delicado equilibrio del ecosistema.

Superaremos una breve vaguada, que nos obliga a caracolear, descendiendo un poco entre las encinas que la colman, para luego retomar nuestro rumbo.

Ya que vamos perdidos pero menos, es buen momento para los detalles: aquí otro bosque de escala más pequeña, en el musgo que se desarrolla en lo más umbrío.

Ya que vamos perdidos pero menos, es buen momento para los detalles: aquí otro bosque de escala más pequeña, en el musgo que se desarrolla en lo más umbrío.

Pasamos junto a una encina -bueno, coscoja más bien- afectada por algún parásito que ha convertido sus hojas en una especie de bloque de apartamentos para larvas.

Pasamos junto a una encina -bueno, coscoja más bien- afectada por algún parásito que ha convertido sus hojas en una especie de bloque de apartamentos para larvas. La pobre.

Y al fin nuestro tenue hilo da Ariadna parece esfumarse por completo; nos encontramos en el cerrado bosque de nuestros cuentos de miedo:

… y disfrutando como enanos del líquen en los troncos y el musgo en las rocas, y el olor a hongos (congelados)… Afortunadamente, lo espeso de las encinas elimina casi por completo el sotobosque, por lo que doblando la cerviz es posible continuar.

… y disfrutando como enanos del líquen en los troncos y el musgo en las rocas, y el olor a hongos (congelados)… Afortunadamente, lo espeso de las encinas elimina casi por completo el sotobosque, por lo que doblando un poco la cerviz es posible continuar.

Hace frío todavía a mediodía en este lugar umbrío: el musgo se adorna todavía con las filigranas de la escarcha mañanera.

Hace frío aun a mediodía en este lugar umbrío: el musgo se adorna todavía con las filigranas de la escarcha mañanera.

No nos asuste este tramo porque, como sucede en las películas, después de lo más angustioso llega un momento de relax. Este denso bosquete dura poco, y tomándolo por lo más practicable en ligero descenso, nos saca a un tercer barranco, donde volvemos a ver la luz del sol:

Arremolinado de espinos como está, permite sin embargo andarlo unos metros hacia abajo, hasta donde, por la derecha, vemos una zona de ladera más abierta -aunque pendiente- que nos invita a salir del lío.

Arremolinado de espinos como está, permite sin embargo andarlo unos metros hacia abajo, hasta donde, por la derecha, vemos una zona de ladera más abierta -aunque pendiente- que nos invita a salir del lío.

A media ascensión contemplamos el barranco que vamos dejando atrás. Al ser el terreno más asolanado, también es más escaso de plantas, lo que nos permite progresar por él.

A media ascensión contemplamos el barranco que vamos dejando atrás. Al ser el terreno más asolanado, también es más escaso de plantas, lo que nos permite progresar por él.

Vamos ganando enseguida la divisoria de la loma, donde el terreno se allana un poco.

Por debajo de nosotros, numerosos quejigos ponen un fondo de color a las encinas.

Por debajo de nosotros, numerosos quejigos ponen un fondo de color a las encinas. El musgo al norte de los troncos, como está mandado.

La zona abierta termina en una hilera de árboles, franqueada la cual nos llevamos una sorpresa:

Lo que parece una autovía después de las espesuras anteriores es el cortafuegos que recorre la ladera en perpendicular a nuestra ruta, desde el pie hasta la cima de la cuerda. Si no quisiéramos otra cosa que cumbrear, podríamos ascenderlo  (hacia la derecha) hasta arriba. Pero es de fuerte pendiente, y además nos desvía de lo que queda delante, más apetitoso…

Lo que parece una autovía después de las espesuras anteriores es el cortafuegos que recorre la ladera en perpendicular a nuestra ruta, desde el pie hasta la cima de la cuerda. Si no quisiéramos otra cosa que cumbrear, podríamos ascenderlo (hacia la derecha) hasta arriba. Pero es de fuerte pendiente, y además nos desvía de lo que queda delante, más apetitoso…

… así que nos limitamos a cruzarlo, ascendiendo unos metros hacia la derecha hasta encontrar un hueco aceptable en la arboleda del otro lado. Ingresamos entonces en una nueva loma de encinas, pero estas más desarrolladas, que permiten progresar bajo sus copas, de nuevo ascendiendo sin casi ascender.

Los árboles y las hierbas altas nos ofrecen aquí hermosos contraluces.

Los árboles y las hierbas altas nos ofrecen aquí hermosos contraluces.

Manteniendo el rumbo mientras contorneamos la loma, acabamos saliendo a una zona llana y descubierta, donde nos deslumbran las panorámicas:

… de Sierra Arana, con el Peñón de la Cruz en el centro, bajo el que se extiende la amplia penillanura donde se ubica el Cortijo de las Mimbres y la Fuente de los Potros. Más interesante para nosotros es que podemos ver, si miramos detenidamente la loma del primer término, el tejado del Cortijo de Florencia, algo más abajo de nuestro objetivo inmediato, que es la fuente del mismo nombre. Un barranco se interpone todavía entre nosotros

… de Sierra Arana, con el Peñón de la Cruz en el centro, bajo el que se extiende la amplia penillanura donde se ubican el Cortijo de las Mimbres y la Fuente de los Potros. Más interesante para nosotros es que podemos ver, si miramos detenidamente la loma del primer término, el tejado del Cortijo de Florencia, que se encuentra algo más abajo de nuestro objetivo inmediato, que es la fuente del mismo nombre. Un barranco se interpone todavía entre nosotros y dicha loma.

Lo abordaremos esta vez sin girar a la derecha, aprovechando que una zona más despejada de árboles baja desde el extremo de este rellano. Llegados al fondo, buscamos en la ladera opuesta una zona igualmente despejada, por donde parece intuirse el paso habitual del ganado, y ascenderemos por ella…

… bajo la atenta mirada de las encinas.

… bajo la atenta mirada de las encinas.

Llegados a la parte alta de la loma, las encinas vuelven a dejar paso a los pinos, y entre ellos vuelve a internarse la trocha…

Llegados a la parte alta de la loma, las encinas vuelven a dejar paso a los pinos, y entre ellos vuelve a internarse la trocha…

…que seguiremos, tras atravesar una mínima vaguada, ganando muy ligeramente altura (esto es: derivando ligeramente a la derecha). Todavía nos queda un último cauce por cruzar, menos abarrancado pese a ser el más importante:

Pues es el Arroyo de Florencia, el único que hasta ahora lleva un caudal continuo de agua, aunque escaso.

Pues es el Arroyo de Florencia, el único que hasta ahora lleva un caudal continuo de agua, aunque escaso.

Si no hemos perdido el hilo, el cruce es muy fácil por una zona donde es evidente el paso de los animales, que evita que la vegetación la ciegue. Luego, remontamos la cuestecilla que sigue, para salir, unos metros más arriba, a una zona llana con un vetusto camino y, unos metros a la derecha, la Fuente de Florencia:

Es un lugar con encanto, donde, bajo un pilarillo de piedra, un depósito cubierto se mimetiza con el paisaje gracias a la hierba que le crece encima. Pinos, cedros y unos jóvenes arces (Acer pseudoplatanus) rodean la fuente, de la que mana apenas un hilillo de agua.

Es un lugar con encanto, donde, bajo un pilarillo de piedra, un depósito cubierto se mimetiza con el paisaje gracias a la hierba que le crece encima. Pinos, cedros y unos jóvenes arces (Acer pseudoplatanus) rodean la fuente, de la que mana apenas un hilillo de agua.

El sitio bien merece una parada y un trago de agua. Hacia abajo, por el camino, llegaríamos enseguida al Cortijo de Florencia -en realidad una alargada nave para guardar cabras y ovejas- y más abajo aun accederíamos al área recreativa del mismo nombre, bien conocida por excursionistas y domingueros, que está situada al lado del carril principal. En el otro sentido, hacia arriba, el camino parece continuar, pero enseguida se pierde en la vecindad del arroyo. Para continuar nuestra ruta, que va a buscar ahora el Collado del Cigarrón, tenemos que seguir una senda, débil pero consistente, que arranca a la izquierda de la fuente:

Desde aquí, debemos seguir ese fugitivo rayo de sol sobre las hojas secas, que ha venido a caer justo sobre la senda…

Desde aquí, debemos seguir ese fugitivo rayo de sol sobre las hojas secas, que ha venido a caer justo sobre la senda…

… la cual supera los primeros pinos, tras los que encontramos un rodal de vegetación más espesa protegido por una cerca. La rodearemos por arriba, torciendo enseguida a la izquierda, para superar un repechito coronado de encinas.

Tras el repecho el terreno vuelve a allanarse, y la senda parece bifurcarse: un ramal al frente y otro que quiere seguir una humilde vaguada a la derecha. Ese es el nuestro.

Tras el repecho el terreno vuelve a allanarse, y la senda parece bifurcarse: un ramal al frente y otro que quiere seguir esta humilde vaguada a la derecha. Este es el nuestro.

Remontamos la pinada en suave ascenso, para llegar a un collado o cambio de rasante. Al frente vemos cielo e intuimos terreno despejado, donde la loma comienza a bajar; pero no nos acercaremos a ese borde, sino que volveremos a torcer a la derecha, pasando por un llanillo herboso donde rascaviejas y escaramujos ponen una nota de color. Después, la loma hace un repunte hacia arriba, que abordaremos más bien por la derecha, donde igual podemos ver en el suelo grupos de piedras, algunas con pintura roja, que parecen insinuar un sendero. En todo caso, no hay pérdida: tenemos que llegar, ahora sí, en fuerte y corta pendiente, a la cresta de la loma, que ya intuimos desde abajo:

Los últimos pinos se alzan justo sobre la cresta. Hacia ellos nos dirigimos.

Los pinos del fondo se alzan justo sobre la cresta. Hacia ellos nos dirigimos.

Una vez en la cresta, con el terreno que desciende a ambos lados, no hay más que seguirla hacia la derecha. La senda caracolea para evitar algún grupo de piedras o árboles, o se difumina en algún prado, pero no hay posibilidad de perderse si seguimos siempre en lo alto.

Desde algún prado más abierto, vemos a la derecha la loma al otro lado del Arroyo de Florencia, con un singular camello de roca, que curiosamente puede verse desde la autovía en las inmediaciones de la salida de Las Mimbres.

Desde algún prado más abierto, vemos a la derecha la loma al otro lado del Arroyo de Florencia, con un singular camello de roca. Es el mismo que puede verse, recortado contra el cielo, desde la autovía en las inmediaciones de la salida de Las Mimbres, en sentido Granada.

Lo que estamos haciendo es rodear el extremo de la Cuerda de Los Gitanos, para salir al Collado del Cigarrón, que une esta cuerda con el Puntal de la Mora, y separa la umbría del Polvorite de los Llanos del Chorrillo. Mientras la cresta es estrecha, el camino no ofrece dudas, pero al final, viene a abrirse en una ladera más redondeada, dejándonos sin una referencia clara:

Este es el punto donde eso sucede, y de nuevo parece haber dos alternativas: seguir a cota por la parata de la repoblación, o torcer a la derecha, enfilando la pendiente.

Este es el punto donde eso sucede, y de nuevo parece haber dos alternativas: seguir a cota por la parata de la repoblación, o torcer a la derecha, enfilando la pendiente. Ambas opciones parecen haber sido usadas por anteriores caminantes.

Aquí todo depende de lo que nos propongamos: la opción izquierda, llaneando, nos dejará tras cruzar una zona de tierras rojizas y un barranquito lateral, en el Collado del Cigarrón:

Es esta una importante encrucijada, por la que pasa el camino que lleva al Chorrillo desde el Polvorite. Nace unos metros más abajo, por la vertiente derecha, donde el propio carril del Polvorite cruza la vaguada y prosigue en dirección al Cerro de los Pollos y la Fuente de la Mora. En el otro sentido, viene de los Llanos y Collado de las Minas.

Es esta una importante encrucijada, por la que pasa el camino que lleva al Chorrillo desde el Polvorite. Nace dicho camino unos metros más abajo -por la vertiente derecha-, desde el propio carril del Polvorite, que entretanto cruza la vaguada y prosigue en dirección al Cerro de los Pollos y la Fuente de la Mora. En el otro sentido, viene de los Llanos y Collado de las Minas, y es la opción más cómoda para la vuelta, si tuviéramos ya bastante de umbrías.

Si, en cambio, deseamos completar nuestra aventura a la sombra, o si queremos seguir la ruta hacia el Cerro del Corzo, tomaremos en la anterior bifurcación la senda de la derecha, en empinado ascenso buscando la divisoria.

Un arbusto luminoso baliza el camino…

Un arbusto luminoso baliza el camino…

Enseguida la divisoria se estrecha de nuevo, y por ella proseguimos, avistando ya del otro lado los cerros de la Mora y Los Pollos. Poco más allá, donde la cuerda pega otro salto hacia arriba, la abandonamos por la izquierda aprovechando unas cómodas paratas de repoblación, porque por ahí parece estar el terreno más pisado. Además, la cima del cerro en el que nos encontramos, que es el que marca el final de la Cuerda de los Gitanos, es un lugar áspero, donde el cortafuegos que cruzamos en la umbría se abre paso entre grupos aislados de rocas. Se une por un colladito al resto de la cuerda, mucho más practicable, así que lo que haremos es continuar aquí a cota para evitar coronar dicho primer cerro y, rodeándolo, acceder a la vaguada que, por la solana, lleva al mencionado colladito.

Justo al doblar la primera esquina, nos tropezamos con el cortafuegos que, después de coronar, baja toda la solana hasta el Collado del Cigarrón, que ahora nos queda bastante más abajo.

Justo al doblar la primera esquina, nos tropezamos con el cortafuegos que, después de coronar, cruza toda la solana hasta el Collado del Cigarrón, que ahora nos queda bastante más abajo. Tenemos el Puntal de la Mora justo enfrente, el Cerro del Calabozo a la izquierda.

Cruzamos el cortafuegos y proseguimos, ganando apenas altura y por una zona casi sin sendas, hasta alcanzar, ya cerca de la vaguada que mencionábamos, la trocha que sube al collado de arriba desde el del Cigarrón.

Una vez en la vaguada, no hay más que seguirla hasta su culminación, donde unos escalones herbosos invitarían al descanso y la comida, de no ser porque la sombra los alcanza enseguida en estos días de casi invierno.

Una vez en la vaguada, no hay más que seguirla hasta su culminación, donde unos escalones herbosos invitarían al descanso y la comida, de no ser porque la sombra -por no hablar del hielo- los alcanza enseguida en estos días de casi invierno.

Desde el collado, la incierta trocha se interna de nuevo en la umbría, manteniendo la cota para superar el cerro siguiente sin coronarlo. Entroncaríamos después con la que hemos explicado como desvío en la ruta Llanos del Fraile-Corzo, hasta llegar al collado -y el camino- al pie de la cima de este último. También se puede jugar a perder algo más de altura, y enlazar con el camino del Corzo más abajo, si de bajar se tratara. Pero, en un mediodía soleado y frío como este, le vamos a pedir un último esfuerzo al cuerpo -en particular al estómago-: situados en el collado, nos dejaremos de miramientos y atacaremos la pendiente por la divisoria de la loma. En sólo unas decenas de metros, saldremos al rutilante prado que rodea la cumbre que ya conocemos, y allí sí que no nos faltarán ni el sol ni las vistas:

Aquí, por ejemplo, divisando el Cortijo del Chorrillo desde el prado, enmarcado por los rojizos agracejos desnudos de hojas.

Aquí, por ejemplo, divisando el Cortijo del Chorrillo desde el prado, enmarcado por los rojizos agracejos desnudos de hojas.

Aquí un homenaje (oficial) a los esforzados que aceptaron perderse hasta el final.

Aquí un homenaje (oficial) a los esforzados que aceptaron perderse hasta el final.

Desde aquí podemos completar la ruta del Corzo tal como ya hemos explicado, u optar por alguna variante. En nuestro caso, nos decidimos por no subir al Corzo y descender por el barranquito que comentaba en la otra ruta, por el que se podía ascender -ahora descender-  atajando el camino. Así que, llegados al carril en el collado que precede a la cima del Corzo, cruzaremos el prado que lo flanquea y a bota loca nos dejaremos caer paralelos a la vaguada que allí empieza, que cruzaremos y abandonaremos abajo, cuando tuerce a la izquierda, para pasar al siguiente barranquito, que unos metros más abajo vuelve a desembocar al camino, ya a la vista del Cortijo de las Minas.

Disfrutadlo sin prisas.

Y, bueno, en atención a algún comentario, os pongo el enlace del track en Google Maps:
Minas-Florencia en Google Maps
(WordPress no admite en este momento subir archivos GPX directamente. Estamos investigando el asunto. Gracias por su paciencia)

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Un pensamiento en “Umbrías: de Las Minas a Florencia

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