Volcanes verdes

28 Julio 2017

Aprovecho las vacaciones para ampliar un poco los horizontes y caminar por sitios algo más lejanos de lo habitual. En este caso, por los verdes campos de Francia. Dejando de lado Alpes y Pirineos, transitamos esta vez por el Macizo Central, para hacer una ruta turístico-senderista que incluye algún remonte mecánico -por los niños- pero también un hermoso pateo. El objetivo: la máxima altura del Macizo: el Puy de Sancy.

El Macizo Central se formó durante el plegamiento Herciniano, en la Era Primaria. Millones de años de erosión lo dejaron reducido a una meseta, pero el plegamiento alpino lo remodeló, creando grandes fallas que favorecieron una intensa actividad volcánica, cuyo testimonio son los puys que pueblan -fundamentalmente- su zona central: Auvernia. El más alto de ellos es el Puy de Sancy (1.886m), al que se accede con comodidad desde el turístico pueblo de Mont-Dore, famoso por sus baños termales. Desde Clermont-Ferrand, la ciudad más importante de la zona, se llega en vehículo en poco menos de una hora. Nosotros habíamos acampado en uno de los numerosos campings que pueblan las orillas del pintoresco Lac Chambon, y en 20 minutos de coche estábamos en el pueblo dispuestos a la aventura.

Existen varios remontes mecánicos que pueden aliviar el rigor de la subida: un funicular que asciende hasta la falda del Puy de Capucine, y luego el teleférico que salva el desnivel principal del valle hasta las inmediaciones de la cima. Pensábamos aprovecharnos del billete conjunto que combina ambos trayectos a un precio bastante asequible, ascendiendo la cresta desde el funicular hasta el pico y luego bajando en teleférico; pero el funicular estaba averiado, así que tuvimos que hacer en coche el tramo hasta su estación superior y cambiar el sentido de la ruta: por el valle hasta el teleférico y vuelta por la cresta. Creo que al final fue mejor, pues la subida hubiera sido algo exigente para los chavales. Aquí tenéis la ruta en Google Maps.

Este es el Lago de Chambon, y al fondo el macizo del Puy de Sancy. Mont-Dore se encuentra en la ladera Norte, hacia la derecha en la foto.

Una vista de Mont-Dore, con las termas que le dieron fama, antes de que las estaciones de esquí tomaran el relevo.

Tras el fiasco del funicular, 5 minutos de coche nos sitúan en el aparcamiento del Salon de Capucine, bastante concurrido, donde hay un establecimiento para comer y un circuito de aventura para andar por los árboles (si hemos reservado con anticipación). Desde allí comenzamos la marcha, descendiendo primero hasta la vecina estación del funicular, de donde parte el camino del valle. Aunque este se interna en el mismo, en realidad no baja, sino que asciende suavemente, aunque perdemos altura relativa respecto a las lomas que culminan en el pico.

En su comienzo, en cambio, estamos a cierta altura sobre el valle, lo que nos regala hermosas vistas. Comparado con nuestras secas tierras del sur, el verde paisaje se diría de un pre-Pirineo primaveral, aunque estemos ya cerca del duro Agosto. Aquí la primavera dura más, y no pasaremos de los 25º durante todo el día.

El camino, por cierto, es una delicia: entre abetos, pinos y hayas, ofrece sombra durante todo su transcurso.

Un recodo nos permite gozar de las vistas del pueblo desde arriba. Tanto bosque no es lo habitual en la zona, en general más despejada de arbolado. Pero las repoblaciones forestales han dotado de un nuevo cariz a estas tierras antaño dedicadas casi en exclusiva a la ganadería.

Cruzamos incluso algún arroyuelo que susurra su camino entre las hayas. Suspiramos recordando nuestros agostados cauces del sur…

Al cabo de poco más de 3 km acabamos saliendo del bosque, en las inmediaciones del teleférico del Puy de Sancy:

Aunque hemos subido en coche a la estación superior del funicular, y andado un rato en ligero ascenso, vemos que todavía quedan unos 300m de desnivel hasta la cima (el total desde el pueblo, situado a 1.050m de altitud, serían unos 830 m, desnivel que ya exigiría algo de buena condición física). Si no queremos castigarnos en exceso, el teleférico es una opción más que recomendable.

Mucha gente ha pensado lo mismo, sobre todo los padres senderistas que inician a sus vástagos (hasta de tres o cuatro años, por lo que vemos) en las delicias del monte; así que iremos como sardinas en lata. Pero el recorrido no lleva más allá de unos minutos, por lo que enseguida estamos en las alturas.

Saliendo de la estación del teleférico, contemplamos el valle donde se asienta Mont-Dore, que no es otro que el del Río Dordoña, que nace a nuestros pies y que se unirá al Garona al norte de Burdeos para formar su formidable estuario. Comprobamos el perfil amesetado del macizo, punteado aquí y allá por pináculos basálticos que revelan su origen volcánico.

El otro lado de la cresta -hacia el sur- ofrece un paisaje aun más verde, menos tocado por las infraestructuras del esquí. La cima del Puy de Sancy puede verse en el extremo superior izquierdo.

El bien acondicionado camino que sube al pico ofrece un aspecto plenamente dominguero: atestado de gente, sola, en parejas o en grupos familiares, todos se afanan arriba y abajo para rentabilizar el billete coronando el techo del macizo. Por un momento dudamos de si vale la pena, pero ¡qué caramba! ya que estamos aquí sería delito no hacer cumbre. Así que nos sumamos al río que nos lleva y en unos minutos estamos en todo lo alto.

Las vistas son de escándalo, y el día acompaña. Allá a lo lejos, hacia el norte y por detrás de las verdes lomas más inmediatas, atisbamos otro de los montes señeros de estas tierras: el Puy de Dôme, azul en la lejanía.

En esta vista, hacia la derecha de la anterior, podemos ver “nuestro” Lac Chambon (a ver quién lo localiza).

Tras unos minutos de contemplación -esperando turno para asomarse al pretil del mirador- emprendemos el descenso…

…por nuestra derecha, como en una atestada carretera…

En un mirador intermedio hacemos algún que otro medio-selfie, o foto cuasi oficial.

Y otra, para estar todos.

Vueltos a la bifurcación entre el sendero de la cumbre y el de la cresta, afrontamos este último con decisión, congratulándonos de que esté mucho menos transitado:

Es airoso y pinturero, sobre una empinada ladera, pero perfectamente practicable.

Desde un rellano, volvemos la vista atrás hacia el pico y los bravíos cortados que lo escoltan.

Rocas, hierba y flores componen un precioso y estimulante escenario…

En una cresta plagada de fantásticas perspectivas.

Es un subeybaja que alterna algunos descuelgues de cierta pendiente con tramos llanos que rodean las cimas. Un disfrute.

La suave pendiente que comunica nuestro “alto” con “lo bajo” casi invita a dejarse rodar por la hierba. Un buen mareo, y tal vez alguna garrapatilla que otra serían el precio de la osadía…

En alguna de las asomadas a la cresta, los chicos se sientan sobre el abismo con los pies colgando.

Vamos haciendo camino, que queda a nuestra espalda. El Puy de Sancy se resiste a hacerse pequeño…

Hora de comer. Hacemos pinta de expedición vivaqueando en el Lhotse, aunque la senda nos deja junto a esta aguja basáltica con toda comodidad.

Aprovechando la parada, hacemos ahora la foto oficial “comme il faut”.

La aguja es el punto de inflexión de la cresta, que de dirección Oeste pasa aquí a orientarse al Norte. Esto es lo que nos queda, siempre cerca de la divisoria, antes de trasponer la última altura y descender hasta Capucin.

Y eso es lo que hacemos a continuación, entre los cortados a la derecha y una cerca que delimita un paraíso vacuno a nuestra izquierda.

Habiendo abandonado el eje central, de dirección E-O, accedemos a una vista más completa del macizo y el valle a sus pies. Por el que discurre frente a nosotros, que asciende desde la Estación, sube una zigzagueante senda que permite a los más aguerridos ganar la cresta sin ayudas mecánicas. Por las lomas de la izquierda, un carril permitiría llegar por este lado a la estación de esquí de Super-Besse, a la espalda de lo que vemos.

La cresta que seguimos va perdiendo altura poco a poco, hasta llegar a un tramo donde se desdibuja en unos prados de pendiente más acusada:

… que culminan en un pequeño cerro que repunta, el Puy de Capucine, dominando Mont-Dore, detrás del cual suponemos que está nuestro punto de partida y llegada.

Tras el descenso más acusado, el terreno se allana en la vecindad del bosque. Los altos tallos y amplias hojas de las gencianas (Gentiana lutea) nos acompañan, aunque sin flores, por lo avanzado de la estación.

Tras dejar a un lado una pequeña alberca, el camino llega al nivel en el que empiezan los árboles:

Hayas, abetos… una cobertura vegetal de montaña que habla de los rigores del invierno y la alta precipitación que recibe la zona.

Tras un cómodo tramo por el bosque, dejando a la derecha el Puy de Capucine , llegamos sin novedad al vehículo, con el que completamos la bajada hasta Mont-Dore:

… que aparece blanco y limpio sobre el telón de fondo de los oscuros bosques.

Esta fue la experiencia. Pero os voy a dejar alguna foto más de los alrededores del macizo, que muestran que hay mucho más que ver y andar por estas tierras:

Una vista desde el puerto de la carretera que nos trajo hasta Mont-Dore: el pequeño arroyo es el mismo que, aguas abajo, formará el propio Lac Chambon. El paisaje es muy representativo de la zona: escasas manchas de bosque sobre laderas herbosas rematadas por calvas cimas redondeadas, solo ocasionalmente adornadas por peñascos basálticos.

Este es el Lac Chambon, tomado desde un camping en las laderas que lo rodean, por encima del pueblo de Chambon-sur-Lac.

Hay varios espacios naturales clasificados en torno al macizo de Sancy. Probablemente el más hermoso de ellos sea la Reserva Natural del Valle de Chaudefour. Se accede desde el mismo Chambon, bien por la carretera D636 o por la D637 hasta la D36, que conecta Mont-Dore y Besse. En dicha carretera, en la curva que cruza el mencionado valle, hay un pequeño centro de recepción y se inicia un sendero que se interna en la reserva. Yo me quedaba con las ganas después de la excursión al Puy, así que aproveché las últimas horas de la larga tarde para escaparme desde el camping, por aquello de echar un vistazo… que no me defraudó en absoluto:

A esa hora, con las sombras creciendo sobre las últimas luces del valle, la entrada de Chaudefour se antoja una arcadia feliz a punto de desaparecer…

Junto al Centro de Recepción, el hayedo estalla en rabiosos contraluces…

Las hayas se aferran al suelo con raíces de sombra…

Conforme la luz mengua, los contrastes se dulcifican… el camino cruza un arroyuelo lateral; un rumor sordo de ese lado delata un salto de agua cercano…

Unos metros arroyo arriba por una propicia senda revelan el origen del ruido: una preciosa cascada de unos 7-8 m se abre paso entre la fronda.

No puedo desear un colofón mejor para mi limitada exploración. Con el valle ya tomado por las sombras vuelvo al coche, mientras apunto mentalmente este lugar en la lista de “pendientes”; aunque esta pendiente sea cuesta arriba, nunca hay que perder la esperanza. Salut les copains! à bientôt!

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