Llanos de Palomares – Cruz de la Chimba

Hace tres semanas, concluía el relato de la visita a Monte la Sierra con un propósito de volver en breve a la zona. Nos habían encantado los Llanos de Palomares, un descubrimiento para nosotros, y estuve investigando para poder llegar hasta allí desde Granada sin necesidad de pasar por Jaén.

El domingo 30 de Diciembre emprendimos la aventura en familia, saliendo de la autovía A-44 por la salida (64) de Carchelejo, desde donde, saliendo hacia Carchel,  tomamos una carreterita -¡que indica “parque periurbano Monte la Sierra”!- que nos deja al mismo borde de los Llanos de Palomares. Contaba con recorrer un kilómetro o dos por los llanos con el coche, para estar más a la mano, y confiando en que el carril estaría perfecto. No lo estaba. Baches y charcos adornan sus primeros trescientos metros, pero nada como para volverse. Al fin, dejamos el coche junto a un rústico portal que cierra un camino secundario al Cortijo de Palomares.

Punto A, en mitad de los Llanos.

Punto A, en mitad de los Llanos.

El día está perfecto. Los Llanos, verdes y rojos, recién lavados. Echamos a andar en la dirección que seguíamos con el coche. A unos 300m de la salida, tomamos un desvío herboso a la izquierda, en el lugar donde el monte se acerca hasta el camino:

El borde del camino principal está marcado con un (1) alambre. Más parece linde que valla. El secundario, cerrado con cadena, para que solo lo pisen pies, que no ruedas extranjeras.

El borde del camino principal está marcado con un (1) alambre. Más parece linde que valla. El secundario, cerrado con cadena, para que solo lo pisen pies, que no ruedas extranjeras.

Dando la espalda al llano, ascendemos suavemente por una vaguada deliciosa. Encinas, quejigos y espectaculares enebros nos saludan.

Estos llanos de origen kárstico suelen rellenarse de terra rossa, la arcilla con óxidos de hierro que queda tras la disolución de calizas y calizas margosas con el agua. Arcilla, pues, que pronto se pega a nuestros zapatos como una segunda suela.

Estos llanos de origen kárstico suelen rellenarse de terra rossa, la arcilla con óxidos de hierro que queda tras la disolución de calizas y calizas margosas con el agua. Arcilla, pues, que pronto se pega a nuestros zapatos como una segunda suela.

Gozada de camino.

Gozada de camino.

A nuestra espalda, los Llanos de Palomares. A la izquierda de la foto, un frondoso enebro, casi un arbolillo.

A nuestra espalda, los Llanos de Palomares. A la izquierda de la imagen, un frondoso enebro, casi un arbolillo.

Tras un cómodo ascenso, desembocamos en la parta alta de los Llanos, un golfo de hierba a la sombra del Cerro de Matamulillos:

6-Llano-alto

Las rodadas de un vehículo marcan nuestra ruta. Al borde de la espesura, descubriremos luego una pata de cabrito colgando de un árbol, cerca de una acumulación de cascos de vidrio alrededor de una extinta hoguera, restos todos de arcanos ritos propiciatorios de los lugareños…

Hacia el este, la Peña del Palo asoma la cabeza entre las encinas.

Hacia el este, la Peña del Palo asoma la cabeza entre las encinas.

Desde el punto donde las rodadas llegan al borde del bosque busco una vereda que trepe la ladera hasta el carril que baja por el cortafuegos de Matamulillos.

Ecco fatto! Nos alegra descubrir que la vereda supuesta existe en realidad. Por ella ascendemos…

Ecco fatto! Nos alegra descubrir que la vereda supuesta existe en realidad. Por ella ascendemos…

9-Entre-altos-pinos

…hasta el mencionado carril, que seguimos a la derecha, hacia abajo, entre poderosos pinos carrascos (pinus halepensis) y encinas.

La bajada pronto se empina, buscando la hoya donde se bifurca el carril que viene de las Hazadillas.

La bajada pronto se empina, buscando la hoya donde se bifurca el carril que viene de las Hazadillas. Los cortados de las Alcandoras, a la derecha, dominan el paisaje.

Tras una revuelta, y antes de sumergirnos en la hoya, tenemos un fugaz vislumbre de la cumbre de la Pandera.

Tras una revuelta, y antes de sumergirnos en la hoya, tenemos un fugaz vislumbre de la cumbre de la Pandera.

Unos metros más abajo, el terreno se convierte en paisaje de cuento de hadas: atajando entre el ramal que va a Palomares y el que lleva a Navalopos, atravesamos un semi-llano cubierto de quejigos, que mantienen todavía su colorido otoñal:

Quejigos entre pinos. ¿Qué fue primero?

Quejigos entre pinos. ¿Qué fue primero?

Aquí nos demoramos querenciosamente, unos buscando llenar el ojo, otros la tripa…

Los de la tripa, acotados.

Los de la tripa, acotados.

Al rato proseguimos, para acceder al carril que lleva a los llanos de Navalopos…

…que recorremos embelesados, como si de un rústico Parque de Maria Luisa se tratara.

…que recorremos embelesados, como si de un rústico Parque de Maria Luisa se tratara.

El plácido camino inicia luego un par de revueltas para superar los 60m de altitud que nos separan de Navalopos:

Esta es la primera: al cruzar el barranco, vemos hacia arriba su fondo trabajado por un sendero: entiendo que es la subida a Matamulos desde aquí.

Esta es la primera.

Al cruzar el barranco veremos, hacia arriba, su fondo trabajado por un sendero: entiendo que es la subida a Matamulos desde aquí, que señalaba el amigo Antonio en un post. Nosotros seguimos por el carril, aunque un poco más arriba trochamos monte arriba unos metros para quitarnos una larga revuelta. Cuando retornamos al carril, ya estamos casi arriba:

El terreno se va allanando, entre pinos de buen porte.

El terreno se va allanando, entre pinos de buen porte.

Aquí nos sorprenden dos estupendas señoras (de cuatro patas), que se hacen las interesantes con nuestro Bruno…

…el cual no sabe cómo tomárselo; tal vez son demasiado perro…

…el cual no sabe cómo tomárselo; tal vez son demasiado perro…

Sólo un poco más allá, el camino se nivela y disfrutamos de los Llanos de Navalopos: un Balsaín jiennense sobre un llano calizo trufado de grandes dolinas.

18-Los-Llanos

La primera de ellas es un estupendo prado, sobre el que se asoman las cumbres de la Pandera y el Matamulos.

La primera de ellas es un estupendo prado, sobre el que se asoman las cumbres de la Pandera y el Matamulos.

El camino continúa casi llano, orillando las depresiones a un lado y a otro.

El camino continúa casi llano, orillando las depresiones a un lado y a otro.

Conforme ascendemos, el terreno rocoso y con menos suelo limita el crecimiento de los pinos, que aun así forman una buena cubierta.

Conforme ascendemos, el terreno rocoso y con menos suelo limita el crecimiento de los pinos, que aun así forman una buena cubierta.

Llegamos por fin a un último llano, al final del cual el camino se convierte en la vereda que baja a las Hazadillas (y que es camino habitual de subida para los que vienen de allí). Unas vallas metálicas marcan el fin del carril. Del otro lado, dominamos el Puerto de los Madroñales, y ya unas sugerentes vistas, que anticipan lo que viene…

Una ventana al valle.

Una ventana al valle.

Desde este punto no hay más que girar a la izquierda, por sendas difuminadas, ascendiendo entre los pinos los doscientos metros que nos separan del refugio de la Cruz de la Chimba. En un momento dado, antes del último repecho, los pinos se retiran, como temerosos del vacío:

Solo un prado en cuesta, un venerable pino con sus hijos, y el minimalista refugio del Fin del Mundo.

Solo un prado en cuesta, un venerable pino con sus hijos, y el minimalista refugio del Fin del Mundo.

Y tras él, el Fin del Mundo.

Y tras él, el Fin del Mundo.

Que es en realidad el valle del Quiebrajano, con Otíñar al alcance dela mano y Jaén al fondo: una de las vistas más espectaculares de esta sierra.

Que es en realidad el valle del Quiebrajano, con la Las Coberteras a la izquierda, seguidas de la Pandera, Otíñar al alcance dela mano y Jaén al fondo: una de las vistas más espectaculares de esta sierra.

Aquí comemos, que nos lo tenemos bien ganado, y zascandileamos en torno a un poderoso tronco de pino caído, convertido ahora en improvisado banco. Luego me desplazo por la meseta intentando echar vista al pantano.

El bosque no es alto en estas duras condiciones, pero sí añoso y maduro.

El bosque no es alto en estas duras condiciones, pero sí añoso y maduro.

Por fin llego a un punto que me permite ver al menos la presa del embalse:

Comienzo del embalse, bajo la sierra de los Ventisqueros.

Comienzo del embalse, bajo la sierra de los Ventisqueros. Antes, la carretera del Quiebrajano. En primer plano, pinos torturados comparten espacio con enebros y sabinas.

Acabado el recreo, desandamos el camino hasta la hoya de los quejigos, donde en esta ocasión tomamos -a la derecha- el ramal del carril principal que nos ha de devolver a los Llanos de Palomares.

La tarde va siguiendo su curso, despidiéndose el sol entre los quejigos.

La tarde va siguiendo su curso, despidiéndose el sol entre los quejigos.

Este tramo de camino, el “normal” para subir de las Hazadillas a Palomares, tiene una pendiente suave y sostenida hasta coronar un repecho, tras el que baja a los Llanos, invadidos ya por la sombra:

Cerro Palomares y Grajales a la izquierda, con la penúltima luz.

Cerro Palomares al frente y Grajales a la izquierda, con la penúltima luz.

Observo que en la parte más baja del camino hay un tramo barroso y con rodadas profundas que hubiera sido un problema de haber pasado con el coche. Afortunadamente, lo hemos dejado más arriba. Sólo queda hacerse esta larga recta para alcanzarlo.

Una encina nos despide con efectos de luces. Adios.

Una encina nos despide con efectos de luces. Adios.

Y hasta la próxima.

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