Rodeando la Giganta

El domingo 9 de Junio nos quedamos en petit comité, con rebelión infantil incluida, así que aprovechamos para una pateada mañanera de las rápidas. Como llevaba un tiempo pensando en el Peñón de la Giganta, en Sierra Arana, vi el cielo abierto (aunque estaba más bien nublado, perfecto para la zona)…

Nos desplazamos en coche hasta el Cortijo de la Melera: hay que llegar al Sotillo de Iznalloz, y por la carretera del Museo Micológico desviarse por el carril que pasa por La Artichuela. Siguiéndolo siempre sin desviarse por los menos transitados se llega en un momento:

Cancela de entrada de La Melera. El Peñón de la Giganta asoma su ceño fruncido por sobre el más cercano Cerro del Fraile.

Cancela de entrada de La Melera. El Peñón de la Giganta asoma su ceño fruncido por sobre el más cercano Cerro del Fraile. El camino rodea y sigue, pero dejamos el coche aquí.

Echamos a andar con ritmo (!), estimulados por el día fresco y nuboso.

El camino es cómodo, en ligero ascenso entre un pinar ralo sobre suelos que aquí pierden muy rápido la humedad.

El camino es cómodo, en ligero ascenso entre un pinar ralo sobre suelos que aquí pierden muy rápido la humedad.

Para compensar la poca lozanía del pasto, nos sale al paso esta belleza: ¡qué delicia de gradaciones de color! Tras ardua búsqueda, identificaré la planta como Iberis nazarita, representante autóctono del género en las tierras -decía el autor- que correspondían al antiguo reino nazarí de Granada (como estamos de milenio, pues mil sobre hojuelas).

Para compensar la poca lozanía del pasto, nos sale al paso esta belleza: ¡qué delicia de gradaciones de color! Tras ardua búsqueda, identificaré la planta como Iberis nazarita, representante autóctono del género en las tierras -decía el autor- que correspondían al antiguo reino nazarí de Granada (como estamos de milenio, pues mil sobre hojuelas).

El camino progresa así durante un rato, hasta llegar a un ensanchamiento…

…que nos da una buena vista de los cerros de alrededor…

…que nos da una buena vista de los cerros de alrededor…

… y donde empieza a trepar en revueltas sucesivas por una ladera más despejada. Nosotros trocharemos con entusiasmo:

Esto ha tenido que estar espectacular con los gamones hace un mes. Sería dominio de un encinar similar a los de Parapanda (hasta peonías veremos luego), pero aquí ha sido sustituido por el pinar. O por nada y luego pinar…

Esto ha tenido que estar espectacular con los gamones hace un mes. El entorno sería dominio de un encinar similar a los de Parapanda (hasta peonías veremos luego), pero aquí ha sido sustituido por el pinar. O por nada y luego pinar…

Hablando de revueltas… Creo que esta subida es conocida por los bikers, que aquí pueden marcar diferencias…

Hablando de revueltas, hélas aquí, desde arriba. Creo que esta subida es conocida por los bikers, que aquí pueden marcar diferencias… lo cierto es que vamos entrando en calor.

Las revueltas culminan en un collado, tras el cual se despliega buena parte de la Sierra, hacia el oeste:

En primer término el collado de las Corzas, con su blanquísimo carril, donde estuvimos hace poco.

En primer término el collado de las Corzas, con su blanquísimo carril, donde estuvimos hace poco.

Conectamos aquí con el carril que, a media ladera, recorre toda la sierra y dobla la esquina del Collado del Agua para llegar a Prado Negro. Lejos nos queda, y además seguiremos alejándonos, pues lo tomamos a la izquierda, en dirección al collado del Contadero, que es el que hace el Peñón de la Giganta con la cadena principal.

Justamente aquí están los dos, peñón y collado. El cerro es tan casi inexpugnable que me dan ganas de subirlo un día…

Justamente aquí están los dos, peñón y collado. El cerro es tan (casi) inexpugnable que me dan ganas de subirlo un día…

De momento, la vegetación mesomediterránea y xerófila que venimos padeciendo se alivia un poco conforme nos acercamos a los 1.500m de altitud:

Umbría y altitud hacen aparecer quejigos e incluso algún ejemplar de pino silvestre, rompiendo la monotonía del carrasco.

Umbría y altitud hacen aparecer quejigos e incluso algún ejemplar de pino silvestre, rompiendo la monotonía del carrasco. Majuelos y agracejos rubrican el cambio de piso…

Hemos oído primero y visto después un nutrido rebaño de ovejas, que coronan algo antes que nosotros. Con Bruno prudentemente sujeto, nuestros caminos se cruzan:

Aquí están, en su punto de avituallamiento.

Aquí están, en su punto de avituallamiento, en el mismísimo collado del Contadero.

Del otro lado del collado el terreno es algo menos pendiente, y forma una amena hoya donde se demoran los penúltimos verdes de la primavera:

Como hemos dicho, agracejos y majuelos junto a piornos y gamones, muy distintos de las aulagas y el romero del comienzo. Sobre la primera línea de pinos va una vereda que todavía sube un poco hasta el siguiente collado, el del Peñón de Pedro Andrés, que da acceso a la zona de Los Beatos. Lo haremos, pero… hoy no, ¡mhaññaana!

Como hemos dicho, agracejos y majuelos junto a piornos y gamones, muy distintos de las aulagas y el romero del comienzo. Sobre la primera línea de pinos va una vereda que todavía sube un poco hasta el siguiente collado, el del Peñón de Pedro Andrés, que da acceso a la zona de Los Beatos. Lo haremos; pero… hoy no, ¡mhaññaana!

El campo acabando de granar.

El campo acabando de granar.

Achuchados por el rebaño, que se mueve rápido como una marabunta que todo lo devora, nos apresuramos en sacar una foto oficial en este punto culminante de la ruta:

Foto oficial. Bruno, como podéis ver, no está a lo que estamos, sino a lo que viene al fondo, a la derecha.

Foto oficial. Bruno, como podéis ver, no está a lo que estamos, sino a lo que viene al fondo, a la derecha.

Como a la subida, el camino hace varias revueltas para bajar, que atajamos convenientemente, hasta discurrir  junto al cauce del Arroyo de la Atalaya, con el que va rodeando el Peñón de la Giganta.

A nuestro alrededor, casi todos los cerros exhiben una o más prometedoras cavidades, ésta bajo el Cerro de la Buitrera.

A nuestro alrededor, casi todos los cerros exhiben una o más prometedoras cavidades, ésta bajo el Cerro de la Buitrera.

Dejando atrás esta vistosa cuenca, camino y arroyo (seco) se internan en un estrechamiento del valle…

Dejando atrás esta vistosa cuenca, camino y arroyo (seco) se internan en un estrechamiento del valle…

…en el que nos sale al paso este amable troll: lo apunto en el catálogo de árboles singulares: ¿es una sola encina reventando la piedra que la alimenta, o una colonia, cual pólipo emergido?

…en el que nos sale al paso este amable troll: lo apunto en el catálogo de árboles singulares: ¿es una sola encina reventando la piedra que la alimenta, o una colonia, cual pólipo emergido?

Algo más abajo, acabamos de doblar la esquina, y reaparece el extremo oeste de la Sierra

Algo más abajo, acabamos de doblar la esquina, y reaparece el extremo oeste de la Sierra.

Andamos ahora en paralelo a la Sierra, acercándonos de nuevo a La Melera. El terreno se vuelve prácticamente llano…

A fe que esos pinos de forma aparasolada parecen piñoneros… pero no nos acercamos a comprobarlo.

A fe que esos pinos de forma aparasolada parecen piñoneros… pero no nos acercamos a comprobarlo.

Terreno estupendo para las dos ruedas…

Terreno estupendo para las dos ruedas…

El camino hace una pronunciada curva a la derecha para superar una vaguada, tras la que sigue alejándose de la sierra a favor de la poca pendiente del llano. Nosotros tomamos un carril que nace a la izquierda unos metros abajo de la curva:

Tal que aquí. Nuestro desvío tiende más bien a ascender…

Tal que aquí. Nuestro primer desvío tiende más bien a ascender…

…hasta un segundo desvío, menos marcado, que sale a derechas unos 100m más arriba.

…hasta un segundo desvío, menos marcado, que sale a derechas unos 100m más arriba.

Andamos ahora de nuevo paralelos a la alineación de Sierra Arana, sin ganar ni perder altura mientras faldeamos el Cerro Quemado…

Y todo transcurre perfecto hasta esta apacible llanada entre pinos…

Y todo transcurre perfecto hasta esta apacible llanada entre pinos…

When de repente, ¡paf! ( o más bien woop!): el camino desaparece. Así, sin más. Movidos por la prisa, que es mala consejera, resolvemos seguir más o menos en la dirección que llevábamos, aunque un poco a la derecha según la vegetación va sugiriendo. Luego comprobaremos que es un error: la vereda que más o menos debe seguir al camino hay que buscarla por la izquierda, en dirección al monte, aunque efectivamente luego sigue paralela al mismo.

Ingresamos pues en un terreno sin sendas, a ratos cubierto de romero y aulaga, pero mayormente de esparto, cuyas conspicuas espigas están en sazón. El Peñón de la Giganta viene a ser nuestro faro, siempre a la izquierda de nuestra dirección.

Ingresamos pues en un terreno sin sendas, a ratos cubierto de romero y aulaga, pero mayormente de esparto, cuyas conspicuas espigas están en sazón. El Peñón de la Giganta viene a ser nuestro faro, siempre a la izquierda de nuestra dirección.

Como el mapa afirma que la vereda llanea, procuro no descender, y en caso de duda ir derivando a la izquierda, pues por arriba discurre el camino que hemos dejado antes (el “primer desvío”), y que nos saldrá al paso si nos extraviamos mucho de ese lado; del otro, no hay límite hasta un cortafuegos bastante más abajo. Atravesamos una vaguada de suelo plano tapizada de hierba más fresca (las fotos salieron mal, sorry) y continuamos en la misma dirección, hasta que volvemos a encontrar la senda perdida…

…al lado de este escultórico cadáver, cetáceo varado en su última playa.

…al lado de este escultórico cadáver, cetáceo varado en su última playa.

Tampoco es que la vereda sea una autopista, pues vuelve a hacerse la escurridiza más adelante, pero ahora estamos ya muy cerca de La Melera, y aplicando el razonable criterio de la izquierda, acabamos saliendo al camino justo en la linde de la finca (si no te quieres perder, es cuestión de no coger el “segundo desvío”, pues el primero es este mismo camino, que sube y luego baja superando Cerro Quemado por el sur).

El camino rodea La Melera por el norte, saliendo a campo más abierto…

El camino rodea La Melera por el norte, saliendo a campo más abierto…

… lo que permite disfrutar de una amplia panorámica de Sierra Arana: Giganta a la izquierda, seguida de los Riscos del Moro, Jinestral, Cabeza del Caballo y Peñón de la Cruz, que oculta Orduña.

… lo que permite disfrutar de una amplia panorámica de Sierra Arana: Giganta a la izquierda, seguida de los Riscos del Moro, Jinestral, Cabeza del Caballo y Peñón de la Cruz, que oculta Orduña.

Sólo queda acabar de rodear la valla que acota La Melera. En su punto más bajo, cruzamos un lindo vallesito, vihte:

Que ha debido estar precioso hace cosa de un mes…

Que ha debido estar verde y lozano hace cosa de un mes…

El camino desemboca en el que nos trajo en coche, que reandamos unos metros para recuperar el vehículo. Volvemos por el mismo camino, pero en la Artichuela (u Hortichuela), los preciosos saúcos que la adornan exigen atención:

Personado el fotógrafo de guardia, queda constancia de la preciosa floración de los Sambucus nigra.

Personado el fotógrafo de guardia, queda constancia de la preciosa floración de los Sambucus nigra.

Y con esto y un bizcocho, hasta luego, cocodrilo.

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