La Sierra de Madrid no está en Madrid

Pues eso, la sierra DE Madrid está en Madrid, pero la Sierra-de-Madrid está en el término municipal de Íllora, Granada; de hecho, justo al norte del pueblo. Hermana menor de Parapanda, no le va a la zaga en encinares y, aunque algo más baja, regala interesantes panorámicas. Además, era la semana de las peonías, que ya nos habíamos quedado con las ganas…

Plano de la ruta (un truco para tenerlo a mano: pincha sobre él con el botón derecho y selecciona "abrir en ventana nueva". Así no tienes que buscarlo cada vez).

Plano de la ruta (un truco para tenerlo a mano: pincha sobre él con el botón derecho y selecciona “abrir en ventana nueva”. Así no tienes que buscarlo cada vez).

Nuestro punto A, astutamente, es el punto más alto de los campos que rodean la Sierra, por el oeste en concreto. Por el este, viniendo de Puerto Lope, hay una subida más exigente desde el Arroyo de la Cañada. Nosotros salimos de Íllora en dirección Montefrío y tomamos, ya cerca del puerto, un carril a la derecha que lleva a una zona de cortijos, entre olivos. Hay varios alojamientos rurales con sus coquetos indicadores de madera. No es mal sitio para una escapada, pardiez.

En una encrucijada dejamos los vehículos, a la sombra del Cerro de la Rosa.

En una encrucijada dejamos los vehículos, a la sombra del Cerro de la Rosa.

Echamos a andar por el carril que va rodeando el cerro, bajando muy ligeramente…

…entre encinas de poco porte, y ocasionalmente olivos.

…entre encinas de poco porte, y ocasionalmente olivos.

Enseguida nos llaman la atención unos destellos magentuosos: son las peonías del Paeonio-querceto-etc, abiertas de par en par, que no nos abandonarán en todo el recorrido.

Enseguida nos llaman la atención unos destellos magentuosos: son las peonías del Paeonio-querceto-etc, abiertas de par en par, que no nos abandonarán en todo el recorrido.

Cuando el terreno empieza a bajar decididamente al frente (B), nuestro camino abandona el olivar junto al que discurre, y se adentra, a la derecha, en lo más espeso del encinar. Allí progresa en suave sube-y-baja durante un rato.

Por un carril que surge a la izquierda nos desviamos un momento (línea de puntos en el plano), pues un pajarito me ha dicho que hay un hermoso prado al fondo…

Por un carril que surge a la izquierda nos desviamos un momento (línea de puntos en el plano), pues un pajarito me ha dicho que hay un hermoso prado al fondo…

Y a fé que lo es. Ha debido estar cultivado, y de hecho, la hierba alta del centro parece trigo que hubiera brotado espontáneo de cosechas anteriores.

Y a fé que lo es. Ha debido estar cultivado y, de hecho, la hierba alta del centro parece trigo que hubiera brotado espontáneo de cosechas anteriores.

,Nos llegamos al borde de la planicie para echar una ojeada a la subbética granadina:

Puerto Lope a la derecha, recostado sobre el Morrón de Catena. Detrás, la Sierra del Marqués. A la izquierda del todo, las sierras de Montillana y Alta Coloma, inicio de la Sierra Sur de Jaén. Y olivos, muchos olivos.

Puerto Lope a la derecha, recostado sobre el Morrón de Catena. Detrás, la Sierra del Marqués. A la izquierda del todo, las sierras de Montillana y Alta Coloma, inicio de la Sierra Sur de Jaén. Y olivos, muchos olivos.

De vuelta al camino principal, pronto ingresamos en una zona donde el encinar delinea espectaculares prados…

…granados ya por esta primavera que se mueve a saltos (adelante y atrás).

…granados ya por esta primavera que se mueve a saltos (adelante y atrás). Sierra Nevada le pone el punto de nieve.

Es una delicia de camino, aunque la temperatura empieza a responder a lo que se espera de mayo.

Es una delicia de camino, aunque la temperatura empieza a responder a lo que se espera de mayo…

Alguna ventana en el encinar nos permite gozar de las vistas hacia el sur: Sierra Nevada, Sierra Elvira, y a la izquierda las sierras de la Yedra y Cogollos, el Peñón de la Mata sobresaliendo delresto.

Alguna ventana en el encinar nos permite gozar de las vistas hacia el sur: Sierra Nevada, Sierra Elvira, y a la izquierda las sierras de la Yedra y Cogollos, el Peñón de la Mata sobresaliendo del resto.

El camino llega por fin a una zona de secanos y olivar, en un valle que remonta hacia la derecha:

10-Secanos-de-enmedio

Subiendo esas cuestecillas saldríamos al collado en el que se enclavan el Cortijo de la Rosa y el de la Rosilla, pero hoy vamos a seguir por abajo.

La continuación del carril hace un giro a la izquierda, pero nosotros escapamos por la derecha:

…por algo que ha sido también carril, hoy en desuso.

…por algo que ha sido también carril, hoy en desuso.

Líquenes sobre los troncos y musgo en las rocas delatan el microclima húmedo del interior del encinar, siempre tachonado de peonías.

Líquenes sobre los troncos y musgo en las rocas delatan el microclima húmedo del interior del encinar, siempre tachonado de peonías.

Ascendemos una breve cuesta, antes de volver a bajar.

Admiramos nuestra ecológica cruz de Mayo, ornada de flores…

Admiramos, junto al camino,  nuestra ecológica cruz de Mayo, ornada de flores…

Más adelante, el camino es tan verde que se confunde con el terreno, aquí un selvático encinar, con un rico sotobosque en el que alternan la sempiterna aulaga con jaras, gamones y peonías, junto a alguna umbelífera que no sabemos identificar.

Más adelante, el camino es tan verde que se confunde con el terreno, aquí un selvático encinar, con un rico sotobosque en el que alternan la sempiterna aulaga con jaras, gamones y peonías, junto a alguna umbelífera que no sabemos identificar.

El camino acaba por fin en lo que fue una cantera:

…donde reposan, abandonados, numerosos bloques con las huellas de los taladros con que se extrajeron.

…donde reposan, abandonados, numerosos bloques con las huellas de los taladros con que se extrajeron.

El lugar tiene su encanto, y la chiquillería lo reclama como sitio para comer; pero es pronto: mejor acabar la subida que ahora comienza. Hay que ascender a la derecha y, dado que el paso se ve espeso, decidimos retroceder unos metros por el camino y buscar terreno más practicable. No es complicado, aunque no hay demasiada senda, y pronto abandonamos el encinar para ganar un rellano despejado algo más arriba:

Piedras y gamones, ascendemos un suave collado…

Piedras y gamones, ascendemos un suave collado…

Enfrente, el encinar es sustituido abruptamente por un pinar de repoblación, en el que se interna la algo-parecido-a-una-senda que seguimos. Dentro del pinar, al frente y a la izquierda el terreno vuelve a bajar, pues estamos en una estribación que se desgaja de la ladera del Cerro del Lagunazo. No hay que dejarse confundir, pues, y desoímos la tentación de bajar para, en cambio, desviarnos ligeramente a la derecha sin dejar de subir. Al poco reencontramos algo-más-parecido-a-una-senda, que acaba por sacarnos a una llana zona despejada que, orientada al sur, alberga un espartal típico de la degradación del encinar mesomediterráneo.

Tras llanear un poco, accedemos a la vista de un amplio secano con olivos que ocupa el fondo del llano y trepa por la ladera de enfrente. Estamos en El Lagunazo, una depresión kárstica que, si hacemos caso a la toponimia, probablemente fuera laguna estacional en tiempos. Aquí encontramos el carril que viene de La Rosa y La Rosilla, y junto a él, al borde del secano y bajo los pinos -ahora sí- comemos:

Punto C. Algunos almendros dan el contrapunto a pinos y olivos.

Punto C. Algunos almendros dan el contrapunto a pinos y olivos.

Para las convalecientes, este era el punto para comenzar la vuelta, pero los más esforzados/as no podíamos dejar de llegarnos al vecino Tajo del Sol, lugar emblemático de la sierra y afamado mirador. Con esa idea, aprovechamos un súbito ataque de siesta para, deslizándonos sin hacer ruido, acometer el remate de la ruta: siguiendo el camino hacia la izquierda (según habíamos llegado al paraje), subimos una breve cuesta…

…que nos deja en un nuevo collado, junto a los restos de una pequeña edificación. El Tajo del Sol, apenas 20m más alto, asoma a la izquierda de la foto.

…que nos deja en un nuevo collado, junto a los restos de una pequeña edificación.

Desde el borde, contemplamos nuestro objetivo: el Tajo del Sol, apenas 20m más alto; aunque sería un error atacarlo desde aquí, pues, como comprobaremos luego, de este lado se defiende con una ininterrumpida línea de escarpes verticales, ocultos en el bosque, resultado de la fractura en bloques de las calizas.

Desde el borde, contemplamos nuestro objetivo: el Tajo del Sol, apenas 20m más alto; aunque sería un error atacarlo desde aquí, pues, como comprobaremos luego, de este lado se defiende con una ininterrumpida línea de escarpes verticales, ocultos en el bosque, resultado de la fractura en bloques de las calizas.

El camino, sabiamente, hace una revuelta para situarse al este del cerro, tras descartar un ramal que desciende el collado, por la derecha. Por esa ladera transcurre un rato hasta sobrepasar el cerro…

…por una suave ladera muy diferente del abarrancado borde oeste.

…por una suave pendiente muy diferente del abarrancado borde oeste.

Y por fin viene a morir a un último prado, alegría de primavera, en cuya parte alta descubrimos una extraña poza, o charca o balsa, vallada de alambre.

Y por fin viene a morir a un último prado, alegría de primavera, en cuya parte alta descubrimos una extraña poza, o charca o balsa, vallada de alambre.

Desde el prado tenemos la vista hacia el sur que luego nos faltará en la cima: buena parte de la Vega de Granada, con Sierra Elvira en el centro y Sierra Nevada al fondo.

Desde el prado tenemos la vista hacia el sur que luego nos faltará en la cima: buena parte de la Vega de Granada, con Sierra Elvira en el centro, a su derecha Sierra Nevada y Sierra Arana a la izquierda.

A estas alturas hemos sobrepasado la cima, así que giramos 180 grados, pero ya ascendiendo la cresta…

…que no ofrece mayor dificultad…

…que no ofrece mayor dificultad…

Tras algún que otro prado, un puñado de rocas y cuarto y mitad de florecillas, alcanzamos por fin el objetivo (1.254 m de altitud), marcado por un contundente hito geodésico, desde donde dejamos que la vista se solace:

Parapanda se despliega ante nosotros, el Morrón en el centro, su borde sur descendiendo hasta el pueblo de Alomartes, tras el cual la Vega se extiende hasta Almijara y Tejeda, allá al fondo.

Parapanda se despliega ante nosotros, el Morrón en el centro, su borde sur descendiendo hasta el pueblo de Alomartes, tras el cual la Vega se extiende hasta Almijara y Tejeda, allá al fondo. La vista desde Parapanda es más amplia y completa, pero esta tiene unos primeros planos interesantes…

…como podemos comprobar mirando hacia el norte. De derecha a izquierda, el Lagunazo, El Espinar, La Rosa y el cerro de la izquierda, del que desconozco el nombre. Bajo el Lagunazo se intuye la depresión desde la que venimos.

…como podemos comprobar mirando hacia el norte. De derecha a izquierda, el Lagunazo, El Espinar, La Rosa y el cerro de la izquierda, del que desconozco el nombre. Bajo el Lagunazo se intuye la depresión desde la que venimos.

Emprendemos la vuelta, intentando primero seguir por la cresta hasta el collado norte, pero descubrimos que los tajos nos lo impiden, teniendo al final que rodear hacia el sureste hasta encontrar una bajada practicable al camino. Una vez allí, en 15 minutos estamos de vuelta al punto C.

…sin dejar de admirar las peonías en flor. Estas son de lo más espectacular del día, ganadoras tras una dura selección.

…sin dejar de admirar las peonías en flor. Estas son de lo más espectacular del día, ganadoras tras una dura selección.

Desperezado el personal, nos ponemos en marcha por el cómodo camino, que recorre todo el llano del Lagunazo, y sube luego un nuevo collado…

…con espectaculares vistas a un lado y otro de la sierra.

…con espectaculares vistas a un lado y otro de la sierra.

Unos metros más adelante aparece ante nuestra vista el Cortijo de la Rosa, que más parece una villa toscana, jardineada, limpia y, ay, vallada. Ignoro si es un capricho privado o algún tipo de establecimiento, pero la verdad es que nos quedamos con ganas de pasearlo.

Unos metros más adelante aparece ante nuestra vista el Cortijo de la Rosa, que más parece una villa toscana, jardineada, limpia y, ay, vallada. Ignoro si es un capricho privado o algún tipo de establecimiento, pero la verdad es que nos quedamos con ganas de pasearlo, incluida la que parece una pequeña ermita a la derecha.

Antes de la Rosa está la Rosilla, con sus almendros centenarios, que aquí vemos una vez sobrepasada.

Antes de la Rosa está la Rosilla, que aquí vemos una vez sobrepasada. Todo este llano es un espectáculo de verdes en esta estación. No pudiendo pasar entre el cerro de la Rosa y el del Espinar, como pretendía inicialmente, salimos por el recto carril desde el que está tomada la foto.

Todavía nos quedan algunas bellas perspectivas de Parapanda sobre los secanos (!).

Todavía nos quedan algunas bellas perspectivas de Parapanda sobre los secanos (!).

Tras superar esta zona de llanos, el camino tuerce a la derecha, en franca bajada entre algunos cortijos, alguno de los cuales, como hemos comentado, son alojamientos rurales.

Pequeños paraísos escondidos, en cualquier caso…

Pequeños paraísos escondidos, en cualquier caso…

Al final de la bajada está el cruce en el que dejamos los vehículos. Las prisas del grupo de avanzadilla nos han impedido hacer la foto oficial en alguno de los lugares señeros de la ruta, así que al final nos vemos obligados a buscar un rincón verde -en este caso el campo de fútbol (!) de uno de los alojamientos comentados- para perpetrarla. Hela aquí, como colofón:

33-Foto-oficial-por-los-pelos

Hasta la próxima.

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