Por Los Hechos al Carnero

Caratula-Hechos

22 Agosto 2015

El título no es un refrán, sino la manera más breve de explicar que seguiremos la Acequia de Los Hechos -en la dehesa de Teatinos, valle del Dúrcal- hasta la cabecera del valle, donde ascenderemos hasta la laguna que algunos llaman del Carnero y otros del Puesto del Cura (lo que será mejor, para no confundirla con la que hay en la cuenca del Dílar).

El modo de llegar aquí es el espeluznante carril que sube desde Nigüelas, tras pasar bajo el Pinganucho y sobre el río Torrente. Yo me juré no repetirlo en mucho tiempo (ver aquí), pero en esta ocasión ibamos en 4×4, y a fe que se nota la diferencia. Hay que agradecer a José Antonio el pundonor de llevarnos y apechugar con la excursión, perjudicado como estaba. Chapeau.

El mencionado carril, tras inacabable ascenso, comienza a llanear en las proximidades del derruido Cortijo de Echevarría, donde se divide entre el que va a seguir a cota -a la izquierda- hacia los cortijos cercanos, y el que asciende -a la derecha- por la divisoria para luego llevar a la Rinconada de Nigüelas y Lanjarón. Entre ambos queda el cortijo, al que se puede acceder desde los dos.

Aquí lo vemos desde abajo, con su muy distinguible chopo indicador.

Aquí lo vemos desde abajo, con su muy distinguible chopo indicador.

La posibilidad más obvia aquí es seguir el mencionado carril de la izquierda hasta un cortijo y arboleda cercanos, donde tomaríamos el carril que asciende de frente, dejando el que curva a la izquierda y baja. Pero, llegados al cortijo de Echevarría, observamos una circunstancia:

Justo por delante del cortijo circula esta modesta acequia. ¡Tate! por el curso que trae por la ladera esta debe ser ni más ni menos que la mismísima Acequia de los Hechos…

Justo al pie del chopo circula esta modesta acequia. ¡Tate! por el curso que trae por la ladera esta debe ser ni más ni menos que la mismísima Acequia de los Hechos…

Así que ni cortos, aunque algo perezosos, resolvemos tomar por el borde de la acequia en lugar de bajar y luego subir por el camino, ya que ambos se unen algo más adelante. Así lo hacemos con general contentamiento, ya que la progresión es fácil y bastante despejada.

A la vuelta de la esquina nos entra por la derecha el camino que hubiéramos seguido de ir por abajo. Nos pasamos a él para más comodidad, ahora que llanea.

A la vuelta de la esquina nos entra por la izquierda el camino que hubiéramos seguido de ir por abajo. Nos pasamos a él para más comodidad, ahora que llanea.

Doblando la esquina, empezamos a solazarnos con las vistas:

…de la Dehesa, el encinar de la Loma de Peñamadura y buena parte de la baja montaña por detrás.

…de la Dehesa, el encinar de la Loma de Peñamadura y buena parte de la baja montaña por detrás, Alayos, Trevenque y Huenes en cuerdas sucesivas.

Algo más arriba, un cercado al pie de un solitario arbolillo alberga unas cuantas vacas de aspecto famélico.

Algo más arriba, un cercado al pie de un solitario arbolillo alberga unas cuantas vacas de aspecto famélico. Lo dejaremos a nuestra izquierda.

Ahora tenemos la acequia por encima, pero el camino es cómodo y nos lleva igual, así que lo seguimos hasta su conclusión…

Convertido ya en senda a estas alturas, viene a apuntar a estos agrestes cortados, por donde discurre el Barranco del Caballo, que mucho más abajo marca el límite del robledal del Dúrcal.

Convertido ya en senda a estas alturas, viene a apuntar a estos agrestes cortados, por donde discurre el Barranco del Caballo, que mucho más abajo marca el límite del robledal del Dúrcal.

Aquí cruzamos el barranco, justo por encima de los cortados. Podríamos ascender con el agua, que en definitiva viene de la acequia, que circula más alto, pero la existencia de vereda a la izquierda, menos empinada, nos decide a dar el rodeo.

Aquí cruzamos el barranco, justo por encima de los cortados. Podríamos ascender junto al agua, que en definitiva viene de la acequia, que circula más alto, pero la existencia de vereda a la izquierda, menos empinada, nos decide a dar el rodeo.

De momento la senda se adentra en un apretado piornal (¡que no se pierda…!).

De momento la senda se adentra en un apretado piornal (¡que no se pierda…!).

Y luego desemboca en unos preciosos prados donde el amarillo quiere ganar terreno al verde, que se agazapa junto al agua.

Y luego desemboca en unos preciosos prados donde el amarillo quiere ganar terreno al verde, que se agazapa junto al agua. Una horizontal línea de sombra en el piornal, más arriba, delata el curso de la acequia.

Nos golpea la belleza del borreguil, microcosmos microclimático alrededor del agua.

Ascendemos. Nos golpea la belleza del borreguil, microcosmos microclimático alrededor del agua. En la parte superior de la foto podéis ver a los más diligentes llegando a la altura de la acequia, que por allí circula.

Y esta es ella. Ancha y poco profunda, apenas un arañazo en la ladera, la vegetación que desarrolla en su borde contribuye a mantener el talud, amen de darle un aspecto vivo y natural que ya quisieran las de cemento…

Y esta es ella. Ancha y poco profunda, apenas un arañazo en la ladera, la vegetación que desarrolla en su borde contribuye a mantener el talud, amen de darle un aspecto vivo y natural que ya quisieran las de cemento…

Y es que es un gusto y un privilegio caminar a la vera de este… qué sé yo, "monumento etnográfico natural" o así. Que no desaparezcan nunca.

Y es que es un gusto y un privilegio caminar a la vera de este… qué sé yo, “monumento etnográfico natural” o así. Que no desaparezcan nunca.

Hacia atrás, la Dehesa alterna borreguiles y piornales. La acequia actúa como redistribuidora del agua: recibe la de los arroyuelos y, mientras la saca a la loma, va filtrándose por un área más extensa, reverdeciendo los prados.

Hacia atrás, la Dehesa alterna borreguiles y piornales. La acequia actúa como redistribuidora del agua: recibe la de los arroyuelos y, mientras la saca a la loma, la deja filtrarse por un área más extensa, reverdeciendo los prados.

Por momentos la acequia hace travesuras: aquí parece bifurcarse, al entrelazarse con un borreguil…

Por momentos la acequia hace travesuras: aquí parece bifurcarse, al entrelazarse o discurrir por un borreguil…

…y por momentos se empina, carcaburbujeándose de la norma del 1%. ¡Quede eso para las señoritingas del valle, allá abajo!

…y por momentos se empina, carcaburbujeándose de la norma del 1%. ¡Quede eso para las señoritingas del valle, allá abajo!

El microcosmos. La vida junto al agua.

El microcosmos. La vida junto al agua.

En un momento dado, la acequia ha aprovechado un curso preexistente, del que se separa luego hacia la izquierda mientras el arroyo continúa hacia arriba. Este podría ser un acceso a la laguna, que queda bastante más arriba y a la izquierda; pero vamos a preferir la acequia durante un rato más.

En un momento dado, la acequia ha aprovechado un curso preexistente, del que se separa luego hacia la izquierda mientras el arroyo continúa hacia arriba (a veces es difícil determinar qué es lo natural y qué lo construido. Si va a través de la loma y fuera de vaguada entendemos que es obra humana). Este podría ser un acceso a la laguna, que queda bastante más arriba y a la izquierda; pero vamos a preferir la acequia durante un rato más.

Las vacas, con algún ternerillo, nos ven pasar con mirada bovina. con el potente tajo de las Buitreras al fondo.

Las vacas, con algún ternerillo, nos ven pasar con mirada bovina, con el potente tajo de las Buitreras al fondo.

Hemos querido continuar por la acequia para rodear la penúltima loma y ganar vistas sobre el Río Dúrcal, que mientras tanto ha venido subiendo a nuestro encuentro. La acequia sube también, porque habremos ascendido más de 400m desde el Cortijo de Echevarría hasta este punto, pero el río sube más rápido.

Pero no llegamos a verlo porque queda una última loma entre nosotros y el río. Sí podemos adivinar la vereda que, superando la loma de Peñamadura, viene de la Laguna de la Mula y el Dílar para adosarse a nuestra "vía verde".

Pero no llegamos a verlo porque queda una última loma entre nosotros y el río. Sí podemos adivinar la vereda -fuera de la foto por la izquierda- que, superando la loma de Peñamadura, viene de la Laguna de la Mula y el Dílar para adosarse a nuestra “vía verde”.

No rodearemos con la acequia esa última loma, sino que saldremos por el barranquito que la antecede…

… donde se marca una visible trocha paralela al arroyo…

… donde se marca una visible trocha paralela al arroyo…

… y que nos deja tras breve ascenso en este prado de verduras esmaltado, a los mismos pies del Cartujo, y que es mejor paraíso que muchos de más renombre.

… y que nos deja tras breve ascenso en este prado de verduras esmaltado, a los mismos pies del Cartujo, y que es mejor paraíso que muchos de más renombre. Tiene hasta su rebaño de ovejitas y todo, aunque se camuflan con las piedras, unas y otras refulgiendo al sol.

Nos saluda un mastín del tamaño de un caballo pequeño, pero se contenta con que nos desviemos un poquito a la derecha para no esbaratarle el rebaño.

Por encima de este amplio llano se encuentra la laguna, que vamos a buscar atravesando rutilantes prados verdes siempre hacia arriba.

Por encima de este amplio llano se encuentra la laguna, que vamos a buscar atravesando rutilantes prados verdes siempre hacia arriba.

Tras un primer escalon, otra bofetada de hermosura:

Dan ganas de ser borrego, por una vez…

Dan ganas de ser borrego, por una vez…

Guiados por el agua, seguimos ascendiendo hasta la cercanía de un segundo grupo de ovejas…

…con las que sostenemos un breve intercambio. Que no se diga que no fomentamos el diálogo intercultural.

…con las que sostenemos un breve intercambio. Que no se diga que no fomentamos el diálogo intercultural.

Va quedando a nnuestra espalda el llano que acabamos de cruzar. Los dedos verdes de los borreguiles apuntan hacia arriba, brotando el aguade la misma ladera. ¿filtraciones de la laguna? Habrá que comprobarlo.

Va quedando a nuestra espalda el llano que acabamos de cruzar. Los dedos verdes de los borreguiles apuntan hacia arriba, brotando el agua de la misma ladera. ¿filtraciones de la laguna? Habrá que comprobarlo.

Unos por la derecha, otros por la izquierda, nos abrimos para abarcar más campo. Pero no es necesario mucho buscar. Jorge y Manuel dan pronto con ella, al pie de una cresta de bloques sueltos:

La Laguna del Puesto del Cura o del Carnero (II), al pie de uno de los canchales del Cartujo. Sorprende su intenso color verde. Pero no es el agua, límpida como la que más, sino el fondo alfombrado de algún alga de vívido color.

La Laguna del Puesto del Cura o del Carnero (II), al pie de uno de los canchales del Cartujo. Sorprende su intenso color verde. Pero no es el agua, límpida como la que más, sino el fondo alfombrado de algún alga de vívido color.

Llegados a este punto, 700m más altos de donde comenzamos, consideramos que nos hemos merecido un descanso y buenos alimentos. Y a ello nos ponemos…

… sin olvidar la foto oficial, que dará fe de lo conseguido.

… sin olvidar la foto oficial, que dará fe de lo conseguido.

Y esta con el valle al fondo. La laguna no es muy grande, pero para las fechas en que estamos se mantiene en su nivel.

Y esta con el valle al fondo. La laguna no es muy grande, pero para las fechas en que estamos se mantiene en su nivel, lo que no es poco.

Mi plan original era salir de aquí hacia la divisoria de la loma del Caballo, perdiendo altura, pero…

… al superar una giba pedregosa por donde parece haber sendas, que nos evitan un terreno más quebrado por abajo, vemos esto: el cerro del Caballo asoma la cabeza (de caballo) por sobre la ladera. Tan cercano…

… al superar una giba pedregosa por donde parece haber sendas, que nos evitan un terreno más quebrado por abajo, vemos esto: el cerro del Caballo asoma la cabeza (de caballo) por sobre la ladera. Tan cercano…

… que decidimos que, ya puestos, y dada la afición de los Lafuente por los tresmiles, vamos a darnos el gusto de ponerle las riendas. La ruta está clara: fijar la mirada en la cima y trazar una línea lo más recta posible. Y a ello nos ponemos, salvo José Antonio, que opta por el plan inicial y se deja caer hacia la divisoria. Los demás adoptamos el ritmo “dos pasos al frente, uno a la izquierda” y, sin sentir, nos colocamos en la base del Caballo, donde encontramos la senda que viene por la cresta. El final es un poco más duro, pero corto, y en un par de momentos tenemos el mundo a nuestro alrededor:

De un lado, la cabecera del Lanjarón, con un buen puñado de tresmiles a la vista: Velete, Cerro de los Machos, Alcazaba -con el Puntal de la Caldera por delante- y Mulhacén.

De un lado, la cabecera del Lanjarón, con un buen puñado de tresmiles a la vista: Veleta, Cerro de los Machos, Alcazaba -con el Puntal de la Caldera por delante- y Mulhacén.

Y del otro, el mismo valle del Lanjarón hacia la costa. La loma de Lanjarón, a la derecha, muestra las calvas del incendio de 2005.

Y del otro, el mismo valle del Lanjarón hacia la costa. La loma de Lanjarón, a la derecha, muestra las calvas del incendio de 2005, que consumió 3.000 hectáreas de masa forestal de gran valor.

Tras un rato de contemplación, emprendemos el descenso ¡y vaya si lo es! A lo tonto hemos subido 1.000m de altitud, de forma tan gradual que no han hecho demasiado daño. Pero ahora los bajaremos por la vía rápida…

Rellano tras rellano por la divisoria infinita, que acaba rompiendo nuestras piernas como no lo hizo la subida.

Rellano tras rellano por la divisoria infinita, primero con pendientes más suaves, luego cresteando los últimos resaltes con inclinaciones más acusadas, que acaban rompiendo nuestras piernas como no lo hizo la subida.

Cerca del final, contemplamos la hondonada que configura el Barranco de la Cantina, con el cortijo de la Magara al fondo, bajo los Alayos. De frente se alinean Las Buitreras con la Sierra del Manar, para dar paso a la Vega de Granada, y a la derecha al Valle de Lecrín, en el que azulea, sorprendentemente extensa, la Laguna del Padul.

Cerca del final, contemplamos la hondonada que configura el Barranco de la Cantina, con el cortijo de la Magara al fondo, bajo los Alayos. De frente se alinean Las Buitreras con la Sierra del Manar, para dar paso a la Vega de Granada, y a la izquierda el Valle de Lecrín, en el que azulea, sorprendentemente extensa, la Laguna del Padul. El Cortijo de Echevarría nos aguarda en primer término, entre los carriles.

Bello final para una contundente excursión. Hasta la próxima.

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