Barranco del Polvorista

Caratula-Polvorista

La cuenca del Río Aguas Blancas marca la transición entre el Parque Natural de la Sierra de Huétor y el de Sierra Nevada. Su margen izquierda (Este) está constituida por las lomas que derivan de la Cuerda del Alguacil (del Calar de Güéjar al Alto de Las Catifas), mientras la derecha (Oeste) se fracciona en vallecitos de menor altura en clara continuidad con la Sierra de Huétor. El principal entre éstos es el Barranco del Polvorista, que desde la zona media del Aguas Blancas sigue una dirección N-NE hasta el Collado de las Tablas y el Cerro Oscuro, y tiene en el Cortijo de Aguas Blanquillas su encrucijada más señalada, y en el del Polvorista, en su cabecera, su máximo interés paisajístico. Aunque está en el centro de la zona asolada por el incendio de 1993, entre lo salvado entonces y los veinte años transcurridos, la vida que alberga no nos defraudará, y mucho menos las extraordinarias panorámicas que ofrece.

La excursión puede hacerse empezando a andar desde la carretera de Tocón (versión larga) o desde el Cortijo de Aguas Blanquillas (corta)
Distancia: Corta: 9,7 km; larga: 11,8 km
Altitud mínima: 1120/1170 m
Altitud máxima: 1370 m
Dificultad: Baja
Tiempo estimado de marcha: 3h 30’ (corta) – 4h 10’ (larga)

Terreno: Valle sensiblemente plano entre cerros calizos de pendientes medias o fuertes. Pinar en la parte baja, muy afectado por el incendio, y encinar en la cabecera, entre prados. Amplias alamedas y sauces junto al arroyo. La vuelta es por la media ladera arrasada, hoy un cerrado aulagar, pero con vistas esplendorosas.

Cuándo ir
Barras-cuando-PolvoristaPuede hacerse todo el año, aunque en pleno verano los prados del Polvorista se agostan, por estar en solana. Su óptimo es en Marzo-Abril. En invierno, con poca nieve, resulta también interesante, aunque con las alamedas peladas.

Cómo llegar
plano_acceso_PolvoristaEl punto A para la versión larga es el arranque del barranco y su carril desde la carretera de La Peza (GR-3201). Ésta pasa por Quéntar, sube a la presa del Pantano, donde deja a la derecha el área recreativa, y prosigue rodeando el embalse. Unos 3 km después de pasar su cola se desvía por la izquierda nuestro carril, desde un ensanchamiento del asfalto (0). Para la versión corta, subiríamos en vehículo 1 km hasta el Cortijo de Aguas Blanquillas, reconocible por su amplia chopera.

0. Punto A: Arranque de carril y barranco desde la carretera.

0. Punto A: Arranque de carril y barranco desde la carretera.

La excursión

Plano-Polvorista

Desde A echamos a andar por el carril, que sigue la línea del arroyo unos metros por arriba. Tras un tramo inicial más estrecho, pronto el valle va permitiendo ensanchamientos herbosos junto al agua. En las laderas se va desarrollando el monte, donde empiezan a despuntar pinos jóvenes, sobre todo en la umbría.

Pronto vemos bancos y mesas de piedra: es la alargada área recreativa de Aguas Blancas, llena de parajes encantadores:

1. Área recreativa en el arroyo. Todo este tramo es usado para el baño de los conocedores, y oculta preciosas pozas y saltos de travertino que bien merecen una mirada… o un chapuzón. Pero progresar por el agua es complicado por los saltos y la vegetación.

1. Área recreativa en el arroyo. Todo este tramo es usado para el baño de los conocedores, y oculta preciosas pozas y saltos de travertino que bien merecen una mirada… o un chapuzón. Pero progresar junto al arroyo es complicado por los saltos y la vegetación.

En 1 km de marcha sombreada alcanzamos el Cortijo de Aguas Blanquillas:

2. La alameda se salvó del incendio, con los pinos más cercanos. La casa ha albergado campamentos de verano, y hoy la vemos en uso por un grupo scout.

2. La alameda se salvó del incendio, con los pinos más cercanos. La casa ha albergado campamentos de verano, y hoy la vemos en uso por un grupo scout.

Proseguimos por el carril, dejando el Cortijo a la derecha. Enseguida se nos une por la izquierda el que viene de Puerto Blanco. Un poco después, acabando la alameda principal, hay una bifurcación: un ramal cruza el arroyo -a la derecha- y asciende por la otra vertiente; será nuestra ruta de vuelta. Nosotros seguimos el de la izquierda, que remonta unos metros el Arroyo del Llano del Pino.

3. Hay aquí una pequeña área recreativa para solaz de domingueros.

3. Hay aquí otra pequeña área recreativa para solaz de domingueros.

Dejando a la izquierda el ramal que sigue por el arroyo (y luego se pierde), cruzamos el agua y seguimos en el valle principal. El camino ahora es cómodo y sin desvíos:

4. Progresamos entre sol y sombra, entre campos abiertos en la pequeña vega del río y líneas de chopos. Los cuatro pinos junto al camino nos velan piadosamente las laderas despobladas.

4. Progresamos entre sol y sombra, junto a campos abiertos en la pequeña vega del río y líneas de chopos. Los cuatro pinos junto al camino nos velan piadosamente las laderas despobladas.

El camino cruza luego el arroyo (o el arroyo el camino, que tanto monta) y prosigue por la otra margen. Tras aproximadamente 1 km desde Aguas Blanquillas, llegamos al Cortijo de Los Torcuatos:

5. Es un sobrio ejemplo de arquitectura rural, aunque la uralita desmerece un poco. Lo dejamos a la derecha, acurrucado en su barranco.

5. Es un sobrio ejemplo de arquitectura rural, aunque la uralita desmerece un poco. Lo dejamos a la derecha, acurrucado en su barranco.

Poco después sobrepasamos a la derecha el Barranco del Prado de la Torre, al que volveremos más arriba, y en cuya cabecera divisamos el Cerro del Salto del Caballo. El valle principal gira a la izquierda, abriéndose su fondo en una amplia zona de prado:

6. En este tramo recuperamos la vegetación en la media ladera: pinos a la izquierda y encinas a la derecha. Chopos y sauces junto al arroyo.

6. En este tramo recuperamos la vegetación en la media ladera: pinos a la izquierda y encinas a la derecha. Chopos y sauces junto al arroyo.

A poco que nos fijemos, notamos un cambio en los suelos: de los blanquecinos y pobres que hemos venido recorriendo, hacia tonos más pardos y jugosos, que enseguida se cubren de verde con la hierba. En efecto, hemos pasado de las dolomías y mármoles del Manto de la Alfaguara a los esquistos y gneises del manto de la Plata, del que hay parches como este en diversos puntos cercanos. Tengo comprobado que suelen ir asociados a paisajes de encinar con prados, y han resistido mejor el incendio o se recuperan más pronto que los dolomíticos. En este caso, supongo que el hecho de que ya hubiera un encinar adehesado entre abundantes prados colaboró a que el incendio no se cebara tanto en ellos.

Estamos en las inmediaciones del Cortijo del Polvorista. El camino sigue valle arriba, donde acabará cruzando el arroyo y ascendiendo por la ladera de la izquierda (acaba saliendo al carril que viene del Pozuelo y el Puerto de la Mora); pero el nuestro arranca antes a la derecha y a contramano -hay que estar pendiente- y empieza a ascender la ladera de este lado.

7. En unos metros de ascenso casi en dirección contraria a la que llevábamos llegamos al Cortijo, entre prados, y de repente las vistas se amplían considerablemente.

7. En unos metros de ascenso casi en dirección contraria a la que llevábamos llegamos al Cortijo, entre prados, y de repente las vistas se amplían considerablemente.

El camino pasa bajo el cortijo y continúa llaneando para internarse en el Barranco del Prado de la Torre, pero nosotros saldremos hacia la izquierda, pendiente arriba por senda o rodada poco marcada. (Por cierto que hemos tropezado con algún urbanita probando el 4×4 en esta pendiente. Todo muy guai y mucha aventura, pero a esta preciosa loma redondeada donde el agua de lluvia se difunde por toda la superficie lo que menos le hace falta es crear una línea de escorrentía que empiece a excavar el terreno y a comerse el suelo).

Aquí acometemos la subida más dura de la ruta, ganando 60m en muy poco espacio, luego otros 40 más tendidos:

8. Aquí los 60 iniciales, con una pendiente que ríete tú del Mont-Ventoux. Pero es corta.

8. Aquí los 60 iniciales, con una pendiente que ríete tú del Mont-Ventoux. Pero es corta.

9. Conforme llegamos a la cresta de la loma, todo el trayecto recorrido aparece a nuestra espalda, al tiempo que Sierra Nevada se asoma tras los cerros cercanos. Estos prados pueden estar verdes hasta marzo o abril -si llueve-, pero están muy en solana y les dura poco la alegría.

9. Conforme llegamos a la cresta de la loma, todo el trayecto recorrido aparece a nuestra espalda, al tiempo que Sierra Nevada se asoma tras los cerros cercanos. Estos prados pueden estar verdes hasta marzo o abril -si llueve-, pero están muy en solana y les dura poco la alegría.

Seguimos por la divisoria de la Loma, disfrutando de un paisaje insospechado desde más abajo:

10. Y si pillas los prados verdes y la Sierra en sazón…

10. Y si pillas los prados verdes y la Sierra en sazón…

11. Hacia arriba, el Barranco de Los Prados de la Torre, culminando en el Cerro del Salto del Caballo. Los relieves alomados se corresponden exactamente con el parche de esquistos que mencionábamos antes, y contrastan con las formas valle abajo, más quebradas.

11. Hacia arriba, el Barranco de Los Prados de la Torre, culminando en el Cerro del Salto del Caballo. Los relieves alomados se corresponden exactamente con el parche de esquistos que mencionábamos antes, y contrastan con las formas valle abajo, más quebradas.

12. Con una cámara puedes deambular por toda la loma sin dejar de disparar…

12. Con una cámara puedes deambular por toda la loma sin dejar de disparar…

13. Hacemos camino loma arriba.

13. Hacemos camino loma arriba.

Procuraremos ir asomados al Barranco del Prado de la Torre, es decir, escorados a la derecha de la divisoria. Hay muchas trochas sobre el terreno, y por alguna (b) hemos de tomar (hacia la derecha) que nos permita cruzar tres barranquitos laterales y luego el propio Barranco del Prado. Es importante no hacerlo demasiado pronto, pues al principio va más espeso. En todo caso, si siguiéramos por la divisoria de la loma (línea de puntos superior de b a c) llegaríamos a un carril en desuso que, tras alguna revuelta, nos saca al camino principal que sube al Collado de las Tablas, que tomaríamos hacia la derecha.

14. La senda más cómoda cruza el primer barranco, entre encinas e incluso algún quejigo.

14. La senda más cómoda cruza el primer barranco, entre encinas e incluso algún quejigo.

15. Y si hemos acertado, tras el segundo barranco veremos el tercero y la loma que lo separa del de los Prados de la Torre.

15. Y si hemos acertado, tras el segundo barranco veremos el tercero y la loma que lo separa del de los Prados de la Torre.

Por fin cruzamos el barranco principal y buscamos un punto culminante de la ruta: la fuente y balsa de la Torre. Desde el punto en el que cruzamos el barranco echamos a andar hacia arriba y a la derecha, dejándonos guiar por el terreno y las débiles trochas. El camino que lleva al Collado de las Tablas recorre toda la ladera, algo más arriba y en perpendicular a nuestra dirección, así que no tenemos más remedio que acabar llegando a él. Lo normal sería hacerlo en el mismo punto en el que se encuentra la fuente, pero si no es así, andaremos por el camino algunos metros hasta encontrarla. Hela aquí:

16. Es una preciosa charca recrecida -o balsa naturalizada- que recibe el agua de una fuente en su parte superior. Abundante vegetación en su fondo, y profusión de ranas tomando el baño.

16. Es una preciosa charca recrecida -o balsa naturalizada- que recibe el agua de una fuente en su parte superior. Abundante vegetación en su fondo, y profusión de ranas tomando el baño.

17. Aquí vista desde el camino. La fuente se halla en el punto de contacto de las calizas y dolomías con los esquistos. El agua que se filtra en aquéllas se ve obligada a salir a la superficie por la impermeabilidad de éstos.

17. Aquí vista desde el camino. La fuente se halla en el punto de contacto de las calizas y dolomías con los esquistos. El agua que se filtra en aquéllas se ve obligada a salir a la superficie por la impermeabilidad de éstos.

Este es un punto excelente para comer, con agua y sol o sombra a voluntad. La ruta prosigue después por el carril, que tomamos hacia la derecha desde la fuente en suave bajada. Estamos en una de las escasas manchas de pinos que se salvaron del incendio, pero eso acaba pronto: una revuelta del camino hacia la izquierda nos aboca al erial de lo quemado, que por la naturaleza aquí calcárea y pobre de sus suelos sigue sin recuperarse. Antes de ese triste espectáculo, tomamos un camino a la derecha que desciende la ladera, de nuevo hacia el barranco de los Prados de la Torre:

Arranque del carril (al fondo) y de la trocha (en primer término) que permiten bajar por la loma de la derecha.

Arranque del carril (al fondo) y de la trocha (en primer término) que permiten bajar por la loma de la derecha.

Tras alguna revuelta, llegamos al barranco y lo cruzamos:

19. Cruce del arroyo; al otro lado, el carril.

19. Cruce del arroyo; al otro lado, el carril, que nos llevaría de vuelta al Cortijo del Polvorista.

Abandonamos el carril por la izquierda, siguiendo el curso del barranco…

18. …alfombrado de juncos

20. …alfombrado de juncos.

Sin llegar al dique que hay aguas abajo, observamos en la margen izquierda una vereda que se abre paso por el aulagar…

19. Muy empinada pero corta…

21. Y que tomamos. Muy empinada pero corta…

…nos deja en un colladito entre cerros pelados. Aquí podemos dejarnos caer por el fondo del barranco del otro lado, que ha sido explanado como carril, o tomar un ramal a la derecha, que asciende hacia la parte alta de los cerros de ese lado.

20. Podremos observar una pinada superviviente en la umbría.

22. Podremos observar una pinada superviviente en la umbría.

Si hay ganas, puede seguirse hasta la cima, que ofrece vistas espectaculares, y bajar por el mismo camino. Si no, el siguiente barranco acarrilado puede conducirnos de nuevo hacia abajo. En ambos casos, llegamos al carril principal, que es el que va de Aguas Blanquillas a los Blancares, y que tomaremos siempre a la derecha.

23. Desde aquí, pese al daño del entorno más cercano, la vista vuelve a alegrarse con las imponentes vistas hacia la umbría del Aguas Blancas.

23. Desde aquí, pese al daño del entorno más cercano, la vista vuelve a alegrarse con las imponentes vistas hacia la umbría del Aguas Blancas.

22. Tocón a la izquierda, bajo el Cerro de la Venta. Luego, en la cuerda más lejana, el Pico de la Volota, Cárcabal y Zujerio, con restos de nieve. Por delante el Puntal del Trompillo en el centro, seguido por la arbolada Umbría de los Alacranes y tras ella el Cerro de la Cañadilla, dando paso a la nevada Cuerda del Alguacil.

24. Tocón a la izquierda, bajo el Cerro de la Venta. Luego, en la cuerda más lejana, el Pico de la Volota, Cárcabal y Zujerio, con restos de nieve. Por delante el Puntal del Trompillo en el centro, seguido por la arbolada Umbría de los Alacranes y tras ella el Cerro de la Cañadilla, dando paso a la nevada Cuerda del Alguacil.

Algo más adelante, por la izquierda, arranca una loma suave que podría dejarnos en la carretera:

25. Relieve alomado, prados y pinos sobre suelos ocres en los que crece la hierba… ¡no me digas más!: son los esquistos de nuevo.

25. Relieve alomado, prados y pinos sobre suelos ocres en los que crece la hierba… ¡no me digas más!: son los esquistos de nuevo.

El problema de la carretera es que es carretera, ingrata y peligrosa para andar; así que, con cierta pena, seguiremos por el carril principal. Un poco más tarde, en un desnudo collado, pasamos de la solana a la umbría, y avistamos ya nuestro destino:

26. El Cortijo de Aguas Blanquillas y su alameda desde el collado.

26. El Cortijo de Aguas Blanquillas y su alameda desde el collado.

En este punto, se puede buscar una trocha a la derecha que nos ahorre la amplia revuelta que el camino hace más adelante, pero lo espinoso del terreno puede disuadirnos. De todos modos vamos bajando y el carril no duele.

27. Llegamos por fin a la alameda, tras pasar un pequeño cortijo invisible desde el otro lado.

27. Llegamos por fin a la alameda, tras pasar un pequeño cortijo invisible desde el otro lado.

28. Donde el camino cruza el arroyo, un salto de travertinos nos recuerda la naturaleza predominantemente caliza del entorno.

28. Donde el camino cruza el arroyo, un salto de travertinos nos recuerda la naturaleza predominantemente caliza del entorno.

Desandando lo que fueron nuestros primeros metros, llegamos a los vehículos, ya sea aquí o en la carretera.

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