Fabiares-Florencia-Chorrillo

Caratula-Chorrillo

26 Octubre 2014

Track de la ruta en Google Maps

Como la última salida fue un poco torturadora -por aventurera- decidí en esta ocasión recompensar a las/los fieles con algo más relajado. Sin dejar de investigar nuevas maneras de pasar por los mismos sitios, escogí una zona que me viene llamando mucho últimamente: el Chorrillo desde el Llano de Los Fabiares. Acometiendo el carril del Barranco de las Perdices, que no pisábamos desde hace tiempo, y complementando la ruta con un excurso novedoso que culminara en la Fuente de Florencia (pues a pesar de que el verano está durando hasta finales de Octubre, de alguna manera los árboles se las apañan para ir haciendo honor a la fecha, y apetecía ver los arces del paraje)…

En realidad, todo obedecía a mi secreto deseo de pasar por un punto desconocido que me había llamado la atención desde las faldas del Majalijar: por encima del Cortijo y Fuente de Florencia hay un cerro de cima alargada -que el mapa del FEGA identifica como Cerrillo del Poste- que culmina en un repunte rocoso precedido por un sugerente claro rodeado por el denso bosque de encinas y pinos que recubre el cerro. Ya sabéis que a mí los prados escondidos me pueden (y yo que me dejo); de modo que pergeñé una ruta que, siendo cómoda porque la zona tampoco tiene grandes pendientes, nos permitiera pasar por ese prado, y ya de rebote por otro que descubrí en la ladera opuesta del cerro.

El punto de inicio fue la salida Las Mimbres-Prado Negro de la A-92. Se cruza la autovía y tras 100m de carretera antigua y antes de que empiece a bajar, sale a la izquierda un carril terrero blanquecino que enseguida tuerce de nuevo a la izquierda dejando al frente una continuación cerrada con cadena. Cruzando la misma comenzamos a andar:

Todas las salidas hacia el Parque están "petás" -que diría mi niña- de coches que han depositado al borde del campo a excursionistas, corredores y buscadores de setas sin experiencia. Afortunadamente, en unos pocos metros de descenso nos alejamos de la barahúnda…

Todas las salidas hacia el Parque están “petás” -que diría mi niña- de coches que han depositado al borde del campo a excursionistas, corredores y buscadores de setas sin experiencia. Afortunadamente, en unos pocos metros de descenso nos alejamos de la barahúnda…

Junto a una revuelta del camino, un coqueto arce de Montpellier se sonroja a nuestro paso. Me alegra, porque los arces son parte del encanto de esta jornada y temía encontrarlos más pelados, pues son los más tempraneros en otoñar.

Junto a una revuelta del camino, un coqueto arce de Montpellier se sonroja a nuestro paso. Me alegra, porque los arces son parte del encanto de esta jornada y temía encontrarlos más pelados, pues son de los más tempraneros en otoñar.

Aparte de algún devaneo por los laterales del camino -pues también nuestro grupo está afectado por la nueva moda micológica-, la bajada hasta el Arroyo de las Perdices es rápida y cómoda…

… y el Arroyo, que aquí baja seco como de costumbre, nos ofrece sus colores de otoño con el Majalijar de fondo.

… y el Arroyo, que aquí baja seco como de costumbre, nos ofrece sus colores de otoño con el Majalijar de fondo.

El guillomo es especialmente vistoso en esta época: un mismo pie exhibe alegremente siempre al menos tres colores, sin vergüenza ninguna.

El guillomo es especialmente vistoso en esta época: un mismo pie exhibe alegremente siempre al menos tres colores, sin vergüenza ninguna.

Y aunque a los chopos ya les queda poco en la rama, su oro está en el suelo, al alcance del pie y sin tener que excavar.

Y aunque a los chopos ya les queda poco en la rama, su oro está en el suelo, al alcance del pie y sin tener que excavar.

Tomamos enseguida la amplia vereda del Chorrillo:

Casi una autopista en este su comienzo. Es pino y espino lo que vemos, cobijando algunas setas, pero pocas, que la estación no viene pródiga en aguas…

Casi una autopista en este su comienzo. Es pino y espino lo que vemos, cobijando algunas setas, pero pocas, que la estación no viene pródiga en aguas…

Hasta aquí hemos sido obedientes con los caminos habituales, pero eso va a cambiar:

Porque a esta altura, antes de llegar a los pinos del fondo, nos vamos a salir por la derecha, con la intención de superar el escalón de ese lado, y colocarnos por encima de esos mismos pinos.

Porque a esta altura, antes de llegar a los pinos del fondo, nos vamos a salir por la derecha, con la intención de superar el escalón de ese lado, y colocarnos por encima de esos mismos pinos.

Hay trochas de cabras en la ladera, pero aunque yo pretendía permanecer en lo despejado, las más practicables tienden a derivar un tanto a la derecha, y nos acaban internando en el bosque. No es problema, porque seguidamente encontramos una así como vereda más principal que vuelve a ser paralela al camino de abajo, así pues en el sentido deseado. Creo que debe venir casi del punto en el que se toma la del Chorrillo desde el carril. Ya lo sabemos para otra vez. En todo caso, nos lleva aquí:

Dajando atrás una zona mezclada de encinas, espinos y escasos pinos, desembocamos en una amplia pinada en suave cuesta, de la que buscaremos su borde hacia arriba y hacia la izquierda…

Dajando atrás una zona mezclada de roquedo, encinas, espinos y escasos pinos, desembocamos en una amplia pinada en suave cuesta, de la que buscaremos su borde hacia arriba y hacia la izquierda…

Tal que por aquí, donde entrevemos el cielo tras los últimos pinos…

Tal que por aquí, donde entrevemos el cielo tras los últimos pinos…

Al salir a terreno despejado nos encontramos a tiro de piedra del Chorrillo:

La vista abarca desde el Chorrillo y la cresta de la Mora por encima hasta el Majalijar a la derecha. Antes de este último vemos un triple cerro boscoso. La cima de enmedio, más alejada, es el final de la Cuerda de los Gitanos, y la de la derecha no es otra que el Cerrillo del Poste en cuya cima se encuentra el prado de mis desvelos (aunque en la vertiente oculta).

La vista abarca desde el blanco Cortijo del Chorrillo y la cresta de la Mora por encima hasta el Majalijar a la derecha. Antes de este último vemos un triple cerro boscoso. La cima de enmedio, más alejada, es el final de la Cuerda de los Gitanos, y la de la derecha no es otra que el Cerrillo del Poste en cuya cima se encuentra el prado de mis desvelos (aunque en la vertiente contraria).

Mi idea es abordar la vaguada poblada de pinos entre esa cima y la de la izquierda,  pues el resto del cerro es un espeso encinar que ofrece pocas facilidades de paso. Para llegar allí cruzaremos, de momento, el llano en que estamos hasta encontrar la notoria vereda del Chorrillo al área recreativa de Florencia, descarnada por las patas del ganado. La seguiremos unos metros en dirección al Chorrillo hasta situarnos casi en la divisoria del cerro de la izquierda, desde donde espero encontrar trochas con poca pendiente que enfilen la vaguada.

De momento, y tras dejar detrás la del Chorrillo a Florencia, la cosa pinta bien: a través de un rosario de praditos herbosos, una débil trocha progresa hacia el punto deseado…

De momento, y tras dejar detrás la del Chorrillo a Florencia, la cosa pinta bien: a través de un rosario de praditos herbosos, una débil trocha progresa hacia el punto deseado…

El campo, aunque no húmedo, está razonablemente verde. Es una zona donde predomina el espinar, vestido con los amarillo y rojos del otoño. Las “tres jotas” (majuelos, agracejos y escaramujos) son los dueños del paisaje…

… aunque dejando sitio aquí a otros inquilinos menos habituales, como endrinos y sus primos cercanos: el espino negro (Prunus ramburii), de hoja más estrecha.

… aunque dejando sitio aquí a otros inquilinos menos habituales, como endrinos y sus primos cercanos: el espino negro (Prunus ramburii), de hoja más estrecha.

Hay que decir que, casi enfilados con la proa del segundo cerro, encontramos una vaguada amplia, con señales de paso, que progresa directa hacia el mismo. No podíamos soñar con mejor aproximación, y la esperanza se confirma al ir la trocha hurtándose a lo más empinado para enfilar precisamente, hacia la derecha, la vaguada que pretendemos:

Vale que no es la A-92, pero yo con que haya paso me conformo. Al empezar a divisar pinos está claro que estamos en la ruta correcta (y detrás de ellos va apareciendo la cima derecha, con lo que todo concuerda).

Vale que no es la A-92, pero yo con que haya paso me conformo. Al empezar a divisar pinos está claro que estamos en la ruta correcta (y detrás de ellos va apareciendo la cima derecha, con lo que todo concuerda).

En un momento dado cruzamos el fondo del barranco, agraciado por algún que otro espino y rosal espinosísimo de esos que te da la risa y luego, ya técnicamente en la otra margen, ingresamos en la vaguada entre cerros propiamente dicha:

Que es un pinar de pinos como hilos que, como suele ser habitual, mantienen el suelo bastante despejado de sotobosque, y por tanto amable al pie, si no tanto a la vista…

Que es un pinar de pinos como hilos que, como suele ser habitual, mantienen el suelo bastante despejado de sotobosque, y por tanto amable al pie, si no tanto a la vista…

Ahora no queda sino seguir la vaguada hacia arriba, hasta el collado entre las dos cimas, desde donde el acceso a las mismas debe ser coser y cantar.

Y en efecto, un suave ascenso casi sin sendas nos deja en este pradito al pie del collado. La visibilidad es escasa debido al bosque, pero vamos buscando a la derecha un paso cómodo hacia la divisoria del cerro de ese lado…

Y en efecto, un suave ascenso casi sin sendas nos deja en este pradito al pie del collado. La visibilidad es escasa debido al bosque, pero vamos buscando a la derecha un paso cómodo hacia la divisoria del cerro de ese lado…

Guiados por la pendiente nos colocamos en la divisoria, poblada de monte bajo, desde donde empezamos a ganar buenas perspectivas del Majalijar. Vamos progresando hacia la derecha, sin dejar de subir suavemente, buscando el punto más alto…

Guiados por la pendiente nos colocamos en la divisoria, poblada de monte bajo, desde donde empezamos a ganar buenas perspectivas del Majalijar. Vamos progresando hacia la derecha, sin dejar de subir suavemente, buscando el punto más alto…

… y acabamos llegando a este que es el primero de mis "prados escondidos". Hace una ligera cuesta -sin lo cual no sería visible desde fuera, y culmina en lo que ya debe ser la cima del cerro. El prado está un poco macilento porque hace tres semanas que no llueve, pero igual no deja de tener su encanto.

… y acabamos llegando a este que es el primero de mis “prados escondidos”. Hace una ligera cuesta -sin lo cual no sería visible desde fuera- y culmina en lo que ya debe ser la cima del cerro. El prado está un poco macilento porque hace tres semanas que no llueve, pero igual no deja de tener su encanto.

Desde su parte superior se ve más compacto, rodeado como está de un denso encinar. A la derecha de la foto, el terreno cae abruptamente hacia el Área Recreativa de Florencia, desde donde nos llegan las voces y risas de la multitud que chuletea despreocupada.

Desde su parte superior se ve más compacto, rodeado como está de un denso encinar. A la derecha de la foto, el terreno cae abruptamente hacia el Área Recreativa de Florencia, desde donde nos llegan las voces y risas de la multitud que chuletea despreocupada. Aquí es otro mundo, aun tan cerca como estamos.

Al final del claro hay unas rocas fáciles de trepar, y luego se acaba el cerro, entre encinas y enebros, con estupendas vistas en los 360º alrededor. Veo todo el llano de Los Fabiares, el Chorrillo, las alamedas amarillas de la Fuente de los Potros, Majalijar… pero me quedo con la cresta de la Mora, de la que nos separa la vaguada de pinos que acabamos de transitar.

Al final del claro hay unas rocas fáciles de trepar, y luego se acaba el cerro, entre encinas y enebros, con estupendas vistas en los 360º alrededor. Veo todo el llano de Los Fabiares, el Chorrillo, las alamedas amarillas de la Fuente de los Potros, Majalijar… pero me quedo con la cresta de la Mora, y bajo ella la otra cima del cerro, de la que nos separa la vaguada de pinos que acabamos de transitar.

Tras un ligero y sabroso paréntesis desandamos el camino hasta el collado, para dejarnos caer de frente por la vaguada que va a dejarnos en la Fuente de Florencia…

… que enseguida aparece ante nosotros, señalada por el rabioso amarillo de los arces que la rodean.

… que enseguida aparece ante nosotros, señalada por el rabioso amarillo de los arces que la rodean.

Arces (Acer pseudoplatanus), cedros y un cerezo pinturero que pone el rojo para que no falte color.

Arces (Acer pseudoplatanus), cedros, chopos y un cerezo pinturero que pone el rojo para que no falte color.

Es evidente que no encontraremos mejor sitio para la foto oficial, así que aquí está.

Es evidente que no encontraremos mejor sitio para la foto oficial, así que aquí está.

Por cierto que uno de los arces ha caído, quizás podridas las raíces por el exceso de humedad, o por algún indeseado parásito. Es una pena.

Por cierto que uno de los arces ha caído, quizás podridas las raíces por el exceso de humedad, o por algún indeseado parásito. Es una pena.

Comemos aquí, que hay agua, espacio y hierba para la siesta. Y como de costumbre aprovecho que otros duermen para acercarme al Cortijo -una nave o corral de ganado, en realidad- y aun bajar algo más, no por el carril que lleva al Área Recreativa, sino en busca de sendas (ya que estamos) hacia el Barranco de Florencia, a la izquierda del edificio:

Aquí estoy por debajo del mismo, entre prados que descienden desde el camino.

Aquí estoy por debajo del mismo, oculto tras los árboles de la derecha, entre prados que descienden desde el camino.

Ya tenía ganas de explorar una bajada a la carretera principal por el barranco, con lo que me viene muy bien este extra. Desde donde estoy arranca un barranquito, paralelo al de Florencia, del que lo separa una pequeña loma. Sin dejar de bajar, accedo a la misma y contemplo desde arriba el final del Barranco:

… que está maduro de otoño, con todos los colores del mundo, aunque un poco apagados por la falta de lluvias y por el día un poco brumoso.

… que está maduro de otoño, con todos los colores del mundo, aunque un poco apagados por la falta de lluvias y por el día un poco brumoso.

La loma es bastante practicable, y compruebo que me puede llevar hasta el valle de la carretera -que no es otro que el Arroyo de las Perdices- sin dejarme la piel en el intento. Pero es que el barranco secundario, a mi derecha, es tanto o más atractivo que el de Florencia:

En particular hay un precioso serbal (parece que estamos sintonizados con ellos últimamente) que reluce como fuego entre los quejigos que también han aparecido aquí en gran número.

En particular hay un precioso serbal (parece que estamos sintonizados con ellos últimamente) que reluce como fuego entre los quejigos que también han aparecido aquí en gran número.

Y si no, aquí está la prueba…

Y si no, aquí está la prueba…

Para volver decido internarme en el fondo de ese barranquito, comprobando que existen sendas o trochas que lo recorren. Es un regalo de color y umbrías humedades que sobrepasa mis más locas esperanzas.

Vuelvo entonces a la fuente para arrear al personal que sestea, ignorante de tanta belleza a tan poca distancia. De nuevo en orden de marcha, volveremos a ascender el collado entre pinos por el que llegamos, pero con idea en esta ocasión de dejarnos caer a la derecha, por la vertiente del Chorrillo, en lugar de por la vaguada que subimos al venir.

En realidad, el collado es una conjunción de varios collados, un terreno casi llano donde la orientación no es fácil porque todo está sumergido en el pinar que oculta los horizontes. Tanteando, traspasamos el que corona la vaguada por la que subimos en principio y enseguida, casi sin descender, derivamos a la derecha. Pronto alcanzamos un segundo punto de inflexión, donde el terreno empieza a descender en la dirección que creo que nos interesa…

Esto es lo que nos rodea. Empezamos a bajar, y pronto intuimos hacia la izquierda una zona de mayor luminosidad, donde los pinos parecen aclararse. Hacia allá nos desplazamos y ¡bingo! un nuevo claro del bosque nos sale al paso…

Esto es lo que nos rodea. Empezamos a bajar, y pronto intuimos hacia la izquierda una zona de mayor luminosidad, donde los pinos parecen aclararse. Hacia allá nos desplazamos y ¡bingo! un nuevo claro del bosque nos sale al paso…

Este es nuestro segundo prado escondido. Un macizo de agracejos centra el paraje, un grupo de rocas en su parte superior nos separa de la vaguada inicial. Aquí lo vemos desde su parte inferior. Para seguir, buscaremos esa parte más baja (desde donde está tomada esta foto) y seguiremos el barranquito que allí comienza…

Este es nuestro segundo prado escondido. Un macizo de agracejos centra el paraje, un grupo de rocas en su parte superior nos separa de la vaguada inicial. Aquí lo vemos desde su parte inferior. Para seguir, buscaremos esa parte más baja (desde donde está tomada esta foto) y seguiremos el barranquito que allí comienza…

Sigue sin haber sendas definidas, pero ahora nos guía la pendiente, con la línea de vaguada como hilo conductor. En unos minutos salimos del pinar:

… y aterrizamos en el Barranco del Chorrillo, de nuevo, dominado por la cresta de la Mora en lo alto. Veremos luego el Cortijo del Chorrillo algo a la izquierda, muy cerca. Mientras algunos toman esa dirección, tres valientes/as vamos a completar el recorrido, tomando a la derecha el sentido ascendente del valle.

… y aterrizamos en el Barranco del Chorrillo, de nuevo, dominado por la cresta de la Mora en lo alto. Veremos luego el Cortijo del Chorrillo algo a la izquierda, muy cerca. Mientras algunos toman esa dirección, tres valientes/as vamos a completar el recorrido, tomando a la derecha el sentido ascendente del valle.

El terreno es cómodo y despejado a la vera del arroyo sin agua. Los pinos Pinaster han dado paso a los Sylvestris, de tronco anaranjado en su parte superior, de piñas diminutas que alfombran por momentos el suelo…

El terreno es cómodo y despejado a la vera del arroyo sin agua. Los pinos Pinaster han dado paso a los Sylvestris, de tronco anaranjado en su parte superior, de piñas diminutas que alfombran por momentos el suelo…

Un poco más arriba, la humedad subyacente permite el desarrollo de un espinar algo más denso, que rompe con sus tonos de otoño la monotonía del pinar… Esos colores son los que nos van a guiar hacia el peníltimo punto dulce de la jornada…

Un poco más arriba, la humedad subyacente y el estrechamiento del valle favorecen el desarrollo de un espinar algo más denso, que rompe con sus tonos de otoño la monotonía del pinar… Esos colores son los que nos van a guiar hacia el penúltimo punto dulce de la jornada…

Y en efecto, algo más allá una potente nota amarilla entre los pinos de la izquierda nos conduce a este lugar encantado:

A unos 20m sobre el arroyo se cobija un precioso grupo de arces de Montpellier (Acer monspessulanum), que no son fáciles de ubicar incluso pasando cerca…

A unos 20m sobre el arroyo se cobija un precioso grupo de arces de Montpellier (Acer monspessulanum), que no son fáciles de ubicar incluso pasando cerca…

Aunque ya no están en su óptimo cromático, siguen poseyendo un magnetismo especial.

Aunque ya no están en su óptimo cromático, siguen poseyendo un magnetismo especial…

¿Cómo descubrí este lugar? Por curioso que parezca, fue desde las alturas, en concreto desde el Collado del Cigarrón, donde el carril que sube del Chorrillo penetra en la Umbría del Polvorite. Allí, si te asomas al valle, puedes ver lo que muestra la siguiente foto, de otro otoño hace un par de años:

Esa brillante mancha roja y amarilla en el tercio superior de la foto era como un faro en el mar verde. En aquella ocasión bajamos por el carril y yo me salí del camino para buscarla.

Esa brillante mancha roja y amarilla en el tercio superior de la foto era como un faro en el mar verde. En aquella ocasión bajamos por el carril y yo me salí del camino para buscarla…

Entonces sí que estaban en su apogeo, y el espectáculo era digno de verse. Con el contrapunto oscuro del pinar, parecían fuegos artificiales…

Entonces sí que estaban en su apogeo, y el espectáculo era digno de verse. Con el contrapunto oscuro del pinar, parecían fuegos artificiales…

De vuelta al hoy, el suelo está cuajado de los mil tonos de las pequeñas hojas trilobuladas en trance de volver a ser tierra y luego árbol de nuevo.

De vuelta al hoy, el suelo está cuajado de los mil tonos de las pequeñas hojas trilobuladas en trance de volver a ser tierra y luego árbol de nuevo.

Un poco por encima, no faltan los majuelos e incluso un grupo de mostajos (Sorbus aria) aportando los tonos plateados del peloso envés de sus hojas. Un espectáculo.

Luego volvemos al arroyo y retornamos para llegarnos al Cortijo del Chorrillo donde nos espera el resto del grupo.

Aquí estamos abandonando el valle por las lomas herbosas que llevan al Cortijo. De los arces no vemos ni la menor señal desde aquí… pero ahí están, ocultos a la mayoría.

Aquí estamos abandonando el valle por las lomas herbosas que llevan al Cortijo. De los arces no vemos ni la menor señal desde aquí… pero ahí están, ocultos a la mayoría. Al fondo, el Collado del Cigarrón, y a su derecha el pico y prado colgado por donde hemos andado no hace mucho.

El Cortijo del Chorrillo, que hemos conocido más desaseado, exhibe hoy un aspecto primoroso, pulcramente encalado, sus prados verdes pastados por gran número de ovejas…

El Cortijo del Chorrillo, que hemos conocido más desaseado, exhibe hoy un aspecto primoroso, pulcramente encalado, sus prados verdes pastados por gran número de ovejas…

Como fin de fiesta, asistimos al divertido espectáculo de la vuelta del ganado, los corderos echándose carreras por pura alegría de correr… Estos borregos están como cabras.

Iniciamos la vuelta tomando el camino que llega al Cortijo desde Los Fabiares. Como abajo hace un par de revueltas para enfilar una ruta que ya hemos hecho, trocharemos abandonándolo por la izquierda en la primera curva. Ascendemos, a la derecha, por la vaguada espinosa que da a los prados antes del pinar…

Una última mirada a este precioso valle antes de internarnos en los pinos.

Una última mirada a este precioso valle antes de internarnos en los pinos.

…y entraremos en el bosque con una idea aproximada de la orientación que queremos seguir, pero, descubrimos enseguida, sin camino digno de tal nombre:

Los pinos parecen bailar una curiosa danza ondulante…

Los pinos parecen bailar una curiosa danza ondulante…

Como el terreno es llano, boscoso y sin caminos en nuestra dirección, fijamos el rumbo con el sol “a las 5:00”, que diríamos en jerga de aviación militar, así que es nuestra propia sombra la que nos guía.

Ocasionalmente parecen marcarse en el suelo sendas o caminos que enseguida se esfuman, pero el terreno es lo suficientemente franco -pinos y espinos sin demasiados accidentes- como para poder mantener el rumbo.

Ocasionalmente parecen marcarse en el suelo sendas o caminos que enseguida se esfuman, pero el terreno es lo suficientemente franco -pinos y espinos sin demasiados accidentes- como para poder mantener el rumbo.

Voy tranquilo porque la autovía al frente y el camino por el que entramos esta mañana, a la izquierda, acotan la zona de modo que forzosamente hemos de tropezarnos con ellos. Pero podríamos hacer más distancia de la cuenta. El caso es que, evitando siempre bajar hacia la izquierda cuando el terreno lo sugiere, acabamos saliendo al carril que progresa paralelo a la autovía ¡a unos pocos metros de los vehículos! Yo mismo estoy asombrado, pero bien está lo que bien acaba, y dejaré que crean que sabía dónde iba… (jeje). Hasta la próxima, pues.

 

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2 pensamientos en “Fabiares-Florencia-Chorrillo

  1. Pingback: Una de fresnos | elcaminosigueysigue

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