Tejeda-La Alcauca

domingo 20 de Octubre

No acaba de otoñar, y decidimos postergar los caducifolios. Tiramos hacia Sierra Tejeda, en su extremo occidental, donde se asoma al boquete de Zafarraya. Busco un carril que me ha llamado la atención en el mapa, que para nosotros va a ser un descubrimiento, pero que -como suele suceder con lo bueno- ya es querencia habitual para los conocedores de la zona: une dicho carril dos áreas recreativas con pedigrí que escoltan el final de la divisoria serrana; una en Málaga, la del Alcázar; la otra en Granada: la Alcauca. Esta última será nuestro objetivo.

Plano-la-Alcauca

Accedemos desde la carretera de Alhama de Granada a Ventas de Zafarraya (C-340). Tras pasar el Cortijo y Restaurante La Alcaicería afrontamos las largas rectas del llano, hasta la llamada Majada del Vicario, donde la carretera hace una curva a la derecha y, tras 500m de recta, otra a la izquierda. Justo tras esta última, y superado un cerrete a la izquierda, arranca el carril asfaltado en cuya entrada señala ya el Área Recreativa de La Alcauca. Tras unos 500m accedemos en vehículo a una amplia explanada asfaltada junto a unas naves de lo que parece ser un centro de reciclaje de residuos. Tras algo de duda, cruzamos la explanada para encontrar, al fondo, la continuación del carril, ya de tierra. En cuanto la civilización queda atrás, y unas generosas encinas ofrecen su sombra junto al camino, estacionamos los coches.

Nuestro Punto A, en medio de un buen encinar.

Nuestro Punto A, en medio de un buen encinar, y con golosas perpectivas al frente.

Caminamos por carril llano y ancho, demasiado fácil para más de un vehículo que ha decidido llegar a destino sobre ruedas. Hay que sobrellevarlo, aunque en realidad no son tantos…

Llegamos enseguida a una zona de edificaciones, donde el camino curva a la derecha, siempre entre encinas. A partir de aquí, no más ladrillo hasta La Alcauca.

Y sí, en cambio, un monte que impresiona por lo denso, conforme nos acercamos.

Y sí, en cambio, un monte que impresiona por lo denso, conforme nos acercamos.

Cruzando la vaguada que teníamos a la derecha, el camino aborda la otra vertiente. Hemos hecho un semicírculo para superar este vallecito, y ahora ya estamos propiamente en la falda de Tejeda. Y el monte conserva encinas, cierto, pero resulta ser mayoritariamente alcornoque:

Y no cualquier cosa: que pocos alcornocales de la provincia he visto con tan buen aspecto.

Y no cualquier cosa: que pocos alcornocales de la provincia he visto con tan buen aspecto.

Árboles de buen porte se adensan a ambos lados, todos sin pantalones, y cuidadosamente podados cuando ha sido menester:

Aquí los cortes recientes semejan girasoles.

Aquí los cortes recientes semejan girasoles.

Tras ascender un trecho en dirección Oeste, el camino llega al extremo de la loma, y dobla la esquina a la izquierda, en una zona despejada que nos ofrece reveladoras panorámicas:

Tan reveladoras que ya vemos nuestro objetivo: La Alcauca es la indistinta mancha marrón bajo las cumbres más altas.

Tan reveladoras que ya vemos nuestro objetivo: La Alcauca es la indistinta mancha marrón bajo las cumbres más altas.

Un poco más cerca y tirando de tele, La Alcauca va definiéndose como tierra de promisión.

Un poco más cerca y tirando de tele, La Alcauca va definiéndose como tierra de promisión.

Hemos ido viendo gente que busca setas; luego hemos visto setas (las llevaré al monográfico micológico), en particular un hongo hipogeo, a modo de grupo de patatas que emergen del suelo tras romperlo a cabezazos. Pilladas jóvenes, el corte revela un área central oscura que exhala un olor delicioso, y que luego se convierte en una masa esporal pulverulenta. No son trufas, ay.

Mientras tanto, pasamos de los alcornoques a nuestra izquierda a quejigos a la derecha, para llegar luego al dominio de las coníferas:

Es como una puerta entre dos estancias diversas.

Es como una puerta entre dos estancias diversas. A partir de aquí predominan los pinos en la ladera…

…aunque todavía los quercus resisten en los barranquitos que vamos atravesando.

…aunque todavía los quercus resisten en los barranquitos que vamos atravesando.

Conforme nos acercamos, el área recreativa va tomando cuerpo.

Conforme nos acercamos, el área recreativa va tomando cuerpo.

El último alcornoque se rinde, vencido…

El último alcornoque se rinde, vencido…

Pero junto a los pinos aparecen ahora rubios nogales…

Pero junto a los pinos aparecen ahora rubios nogales…

… y castaños…

… y castaños…

… y esbeltos cedros (ppor si faltara algo) como los que hemos visto en otras zonas de la Sierra.

… y esbeltos cedros (por si faltara algo) como los que hemos visto en otras zonas de la Sierra.

Entre una cosa y otra, hétenos ya en la Alcauca:

…donde descubrimos, pesarosos, que el emborronamiento parduzco que veíamos corresponde a una nutrida colección de enhiestos cadáveres (de olmo, probablemente).

…donde descubrimos, pesarosos, que el emborronamiento parduzco que veíamos corresponde a una nutrida colección de enhiestos cadáveres (de olmo, probablemente, aunque por lo esbeltos podrían haber sido álamos).

El meollo del lugar, en cambio, es un deleitoso prado escalonado sombreado por los rubios nogales, bajo los que la gentecilla se afana buscando nueces.

El meollo del lugar, en cambio, es un deleitoso prado escalonado sombreado por los rubios nogales, bajo los que la gentecilla se afana buscando nueces. El lugar invita al retozo y al buen yantar…

…cosa que los más famélicos aprovechan para ponerse a ello.

…cosa que los más famélicos aprovechan para ponerse a ello.

Unos cuantos esforzados decidimos hacer un poco más de hambre avanzando algo más por el camino, cosa que hacemos sin dilación…

Como poco, ganamos en un momento una hermosa vista del lugar desde la ladera de enfrente, desde donde apreciamos los tajos que cierran el Área Recreativa por el Oeste, sobre el frondoso fondo del Arroyo del Puente de Piedra, que luego girará a la izquierda para buscar las tierras malagueñas.

Como poco, ganamos en un momento una hermosa vista del lugar desde la ladera de enfrente, desde donde apreciamos los tajos que cierran el Área Recreativa por el Oeste, sobre el frondoso fondo del Arroyo del Puente de Piedra, que luego girará a la izquierda para buscar las tierras malagueñas.

Con el camino doblamos nosotros la primera esquina, para encontrar un amplio panorama:

A la derecha el cerro de La Torrecilla, tras el que sigue Sierra Gorda, ocultada luego por los cerros que forman el Boquete de Zafarraya, que se adivina entre dos afiladas paredes. Al fondo a la izquierda, las sierras que separan los Montes de Málaga del interior.

A la derecha el cerro de La Torrecilla, tras el que sigue Sierra Gorda, ocultada luego por los cerros que forman el Boquete de Zafarraya, que se adivina entre dos afiladas paredes. Al fondo a la izquierda, las sierras que separan los Montes de Málaga del interior.

Un poco más allá de este espolón, un camino a contramano a la izquierda nos permite subir a la divisoria que acabamos de atravesar. Continúa entonces por el cortafuegos que la recorre, y nosotros con él:

Es bien pendiente, pardiez, pero con Bruno como motor suplementario para los más cansados, nos lo hacemos en un periquete…

Es bien pendiente, pardiez, pero con Bruno como motor suplementario para los más cansados, nos lo hacemos en un periquete…

…hasta llegar al punto en que el cortafuegos gira a la derecha, y el camino, ya llaneando, a la izquierda. Según la ortofoto, pasará por la umbría para luego ganar con otro repecho la cresta del cerro, desde el que ya podríamos ver el mar. Pero, ay, no lo haremos, que se hace tarde. Queda en la base de datos de Pendientes.

Desde ese punto elevado, miramos al valle como por una ventana.

Desde ese punto elevado, miramos al valle como por una ventana.

Bajamos pues, más rápido de lo que subimos, mientras a nuestra derecha se despliega la poderosa Sierra Tejeda…

…llena de promesas. Por el lomo desnudo de la derecha zigzaguea la vereda por donde los malagueños suben al Pico Maroma, desde Alcaucín y el Área del Alcázar, tras ganar -por el otro lado- la misma cresta a la que hemos renunciado.

…llena de promesas. Por el lomo desnudo de la derecha zigzaguea la vereda por donde los malagueños suben al Pico Maroma, desde Alcaucín y el Área del Alcázar, tras ganar -por el otro lado- la misma cresta a la que hemos renunciado nosotros.

De nuevo en el carril, desandamos lo andado…

…mientras recreamos la vista con el abigarrado Barranco del Puente de Piedra.

…mientras recreamos la vista con el abigarrado Barranco del Puente de Piedra.

De vuelta a la Alcauca, es nuestro turno de comer, hoy sentados a la mesa y con el vino que ha traído Salva; un goce.

La foto oficial da cuenta de nuestro estado satisfecho.

La foto oficial da cuenta de nuestro estado satisfecho.

Nos ponemos en marcha para la vuelta, en principio por el mismo camino que a la ida.

Desde arriba decimos adiós a este rincón de placidez.

Desde arriba decimos adiós a este rincón de placidez.

Pasamos varios barranquitos laterales, entre ellos el más marcado de los nogales y castaños. Cuando los alcornoques empiezan a aparecer de nuevo, y tras una revuelta, un carril con poco uso sale a nuestra derecha, en ascenso. Lo tomamos:

Es el típico alcornocal con jaras que ya conocemos de otras zonas, sobre terreno de esquistos, que son los que aquí dominan.

Es el típico alcornocal con jaras que ya conocemos de otras zonas, sobre terreno de esquistos, que son los que aquí dominan.

Ascendemos durante un rato entre los alcornoques y las encinas, aquí y allá sazonados de quejigos, bastante afectados por alguna plaga que los cubre de agallas, munición indolora para el pim-pam-pum de la chiquillería (y de alguno más).

El camino acaba saliendo a la divisoria de la loma, donde unos conspicuos pinos preceden a un área despejada, con hermosas vistas hacia el valle.

El camino acaba saliendo a la divisoria de la loma, donde unos conspicuos pinos preceden a un área despejada, con hermosas vistas hacia el valle.

Como puede verse. A nuestros pies, el alcornocal, que hemos rozado a la ida por abajo y a la vuelta por encima. Al fondo el Llano de Zafarraya, donde destaca el núcleo habitado de El Almendral.

Como puede verse. A nuestros pies, el alcornocal, que hemos rozado a la ida por abajo y a la vuelta por encima. Al fondo el Llano de Zafarraya, donde destaca el núcleo habitado de El Almendral.

Atravesamos la zona despejada hasta un collado que precede a un fuerte cuestarrón:

¡No hay que asustarse! Nosotros dejaremos el cuestarrón para otro momento y giraremos a la izquierda, buscando el cerrete de encinas de ese lado, para buscar una vereda que nos lleve hacia abajo.

¡No hay que asustarse! Nosotros dejaremos el cuestarrón para otro momento y giraremos a la izquierda, buscando el cerrete de encinas de ese lado, para localizar una vereda que nos lleve hacia abajo.

Lo que tiene el directo: nos mantenemos más altos de la cuenta, y pajareamos un poco por la ladera del cerrete, momentáneamente perdidos, hasta que la inspiración y la suerte nos echan un cable: bajando entre monte cerrado entrevemos una senda al fondo: al final la trocha ganadera -que no otra cosa es- transita por el mismo fondo de la vaguada, a la derecha del cerrete. En general la prudencia aconseja no dirigirse al fondo de los barrancos, frecuentemente atestados de zarzas y espinos diversos, pero en este caso ha sido al revés.

Es un estrecho pasaje entre encinas y majuelos, una espesura que parece diseñada para jabalíes y bestias así.

Es un estrecho pasaje entre encinas y majuelos, una espesura que parece diseñada para jabalíes y bestias así.

En un momento dado, el barranco tuerce a la izquierda, espeso como boca de lobo, mientras la senda lo abandona claramente por la derecha. En este punto, un espectacular endrino nos ofrece sus frutos en sazón. Es la primera vez que tengo ocasión de coger endrinas, así que hacemos acopio de algunas pensando en algún improbable pacharán casero…

En un momento dado, el barranco tuerce a la izquierda, espeso como boca de lobo, mientras la senda lo abandona claramente por la derecha. En este punto, un espectacular endrino nos ofrece sus frutos en sazón. Es la primera vez que tengo ocasión de coger endrinas, así que hacemos acopio de algunas pensando en algún improbable pacharán casero…

Muy poco después, salimos repentinamente de la espesura a unos abiertos campos que bajan suavemente hacia la izquierda:

La senda, apenas un ribazo herboso entre los campos, nos bajará hasta el borde del que vemos casi en el centro de la foto, que rodearemos por arriba, siguiendo la línea de las encinas. Luego bajaremos por éstas, hacia la izquierda.

La senda, apenas un ribazo herboso entre los campos, nos bajará hasta el borde del que vemos casi en el centro de la foto, que rodearemos por arriba, siguiendo la línea de las encinas. Luego bajaremos por éstas, hacia la izquierda.

Anuestra espalda queda el alcornocal. El comité de despedida es bien granado y hermoso.

A nuestra espalda queda el alcornocal. El comité de despedida es bien granado y hermoso.

Rodeando el campo que mencionábamos, la vista se enriquece con todos los matices del campo antropizado.

Rodeando el campo que mencionábamos, la vista se enriquece con todos los matices del paisaje antropizado.

Antes de bajar la loma de las encinas, nos llaman la atención un par de estructuras de piedra a la derecha: algo que podría ser un horno o calera, y más arriba lo que parecen ser los fundamentos de una torre circular. El topónimo del cortijo de más abajo -Cortijo Castillo Luna- advierte de que posiblemente sean restos de algún castillo o atalaya medieval. Habrá que informarse. De momento nos dejamos caer por la loma hasta el cortijo, que se encuentra a sus pies. Tras algún titubeo, llegamos al mismo, cuya alambrada rodeamos hacia la izquierda, hasta salir al camino. Aquí, otro momento de duda, pues el destino es al frente, pero el camino va en perpendicular, hacia la derecha o hacia la izquierda. Al final nos decidimos por la derecha, y descubrimos 200m más abajo el que -ya sí- apunta a nuestro objetivo.

Desde este último tenemos una buena vista del Cortijo Castillo Luna y del monte que hemos recorrido: habíamos aparecido por el collado entre los dos cerros de la derecha, y luego llaneado por lo abierto hasta la loma por encima del Cortijo.

Desde este último tenemos una buena vista del Cortijo Castillo Luna y del monte que hemos recorrido: habíamos aparecido por el collado entre los dos cerros de la derecha, y luego llaneado por lo abierto hasta la loma por encima del Cortijo.

En un momento estamos en el camino inicial, en el conjunto de edificaciones donde hacía la primera curva. Y unos minutos después, en los vehículos. Y eso es tó, eso es tó, eso es todo, amigos.

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