Flores y espinas: Cañada Espinosa

Pano-C-Espinosa

El pasado 19 de Mayo volvió a ser Marzo, pero dejando las flores: las peonías, los majuelos, y las más humildes de los prados, todas recién regadas bajo un cielo que se presumía travieso con la luminotecnia. Todo conspiraba para volver a Cañada Espinosa, y así lo anuncié, esperanzado. Para mi pesar, un rosario de imponderables dejó el grupo reducido a la mínima expresión. A más tocamos, pensé, y más pesar será para los que no fueron…

Cañada Espinosa (o de Espinosa, ignoro si es un nombre propio o un adjetivo, pero debería ser adjetivo, como se verá) marca el final del macizo que, desde Prado Negro, se extiende hasta los cerros de Cucadero y Cañamaya. Es un valle peculiar: tiene una cabecera reconocible que recoge el agua de los mencionados cerros, pero luego se diluye en el llano donde se encuentra el cortijo de su nombre, poljé colgado donde el agua se filtra para salir por la base de un escarpe en su extremo. A partir de ahí, atraviesa un extenso prado en cuesta por su parte más prominente (¿quién vió nunca un valle convexo?), convertida en un río de majuelos que, apretados como si alguien los hubiera encajado a empellones, forman un muro impenetrable sobre el agua, antes de dejarla escapar convertida en el Arroyo de la Garduña. Se puede llegar desde el Molinillo por el camino de La Solana, pero también desde Diezma, por la carretera antigua de Murcia, y por el mismo precio tienes también el Cerro del Castillo y el Arroyo de Los Chorros, que no es poco.

Al grano: llegamos a Diezma y volvemos hacia atrás por la antigua carretera. Justo tras pasar el desvío al Hotel Señorío de Rías, el asfalto se interrumpe durante 50m, sustituido por una pista americana de barro. Esta es la zona que tuvo a bien deslizarse sobre la A-92 hace unos pocos años, y unos cilindros de cemento -¿pozos de drenaje?- dan fe de la tarea que dió. Menos mal que el punto A estaba previsto aquí…

Pasado el barro, una barrera a la derecha nos marca el punto de entrada. Cierra un carril que podemos tomar para ir ascendiendo…

Pasado el barro, una barrera a la derecha nos marca el punto de entrada. Cierra un carril que podemos tomar para ir ascendiendo…

…aunque el campo escandalosamente multicolor -y la pelota que Lucas se ha traido- nos invitan a pisar el cesped.

…aunque el campo escandalosamente multicolor -y la pelota que Lucas se ha traido- nos invitan a pisar el cesped.

El asunto es ascender este primer prado o secano hasta una zona más nivelada con olivos. En su mitad, aunque el camino sigue ascendiendo, tomamos a la izquierda un desvío poco marcado que atraviesa el olivar y apunta a un hueco entre encinas:

Tal que éste, tras el cual el camino continúa ya llaneando.

Tal que éste, tras el cual el camino continúa ya llaneando.

Han sido unos metros de ascenso, pero de repente somos los amos del mundo:

Al fondo, Majalijar a la izquierda y Orduña a la derecha. Por delante, La Solana, la malhadada autovía y el Cerro de la Mina a la izquierda.

Al fondo, Majalijar a la izquierda y Orduña a la derecha, con nieve de ayer. Por delante, La Solana, la malhadada autovía y el Cerro de la Mina a la izquierda.

El camino pasa por encima del Cortijo de Peñas Cabreras:

…reducido a un antiestético corralón, decepcionante guinda de tan verde pastel. El Cerro del Castillo aparece poderoso a la derecha.

…reducido a un antiestético corralón, decepcionante guinda de tan verde pastel. El Cerro del Castillo aparece poderoso a la derecha.

A la base del Cerro del Castillo vamos a llegarnos: el carril que seguimos baja para juntarse con el que asciende junto a los tajos, así que trocharemos a la derecha  por unas tenues rodadas para evitarnos el baja-y-sube. Llegaremos aquí:

Estamos ya en el carril que sube pegado a los cortados. Éste asciende para acceder a la parte superior del macizo, y sería la ruta para subir al cerro, por el Norte. Pero nosotros vamos a dejar el Cerro a la derecha, abandonando el camino por la curva a derecha que se ve al fondo.

Estamos ya en el carril que sube pegado a los cortados. El carril asciende para acceder a la parte superior del macizo, y sería la ruta para subir al Cerro, por el Norte. Una pareja de veteranos caminantes nos informará después de que hay realmente restos de un castillo en lo alto. Pero nosotros vamos a dejar el Cerro a la derecha, abandonando el camino en la curva a derecha que se ve al fondo.

Hay que tener confianza en que la cuestecilla despejada por la que nos desviamos se convierta en algo parecido a una vereda. Y así es:

Poco marcada en las zonas herbosas, más clara entre el roquedo, preciosa en todo caso, nos va a llevar sin subir ni bajar al otro lado del Cerro.

Poco marcada en las zonas herbosas, más clara entre el roquedo, preciosa en todo caso, nos va a llevar sin subir ni bajar al otro lado del Cerro.

En algún momento nos aproxima a la mismísima base de las peñas. Este es el cerro que conocen los escaladores como "Naranquito", donde emular cantábricas ascensiones.

En algún momento nos aproxima a la mismísima base de las peñas. Este es el cerro que conocen los escaladores como “Naranquito”, donde emular cantábricas ascensiones.

Por el borde superior de un espeso encinar, la vereda asciende ligeramente para subir un rellano, evitando los cortados que lo delimitan…

Por el borde superior de un espeso encinar, la vereda asciende ligeramente para subir un rellano, evitando los cortados que lo delimitan…

El rellano rodea la base de la segunda cima del cerro, y su curso se hace paralelo al del Barranco de los Chorros, a nuestra izquierda.

El rellano rodea la base de la segunda cima del cerro, y el curso de la vereda se hace paralelo al del Barranco de los Chorros, a nuestra izquierda.

Un poco después, la senda comienza a descender buscando el fondo del barranco…

En la vecindad de éste, la humedad del microclima se hace sentir: hierba, líquenes y musgo reverdecen el entorno, aunque no haya un bosque de ribera propiamente dicho: encinas y majuelos continúan dominando…

En la vecindad de éste, la humedad del microclima se hace sentir: hierba, líquenes, musgo y hiedra reverdecen el entorno, aunque no haya un bosque de ribera propiamente dicho: encinas y majuelos continúan dominando…

Por fin llegamos al agua: un susurrante arroyito, que desciende de remanso en remanso a pequeños saltos. Juncos y madreselvas adornan sus riberas.

Por fin llegamos al agua: un susurrante arroyito, que desciende de remanso en remanso a pequeños saltos. Juncos y madreselvas adornan sus riberas.

La idea original era remontar el arroyo para subir hasta la parte más alta de Cañada Espinosa, pero visto nuestro ritmo, y dado que volvemos a comer a casa, decidimos descenderlo y acceder a la parte baja de la Cañada…

Así lo hacemos, por la margen derecha tras cruzarlo, bajo un dosel de encinas y atiborrados de verde…

Así lo hacemos, por la margen derecha tras cruzarlo, bajo un dosel de encinas y atiborrados de verde…

Aunque no tiene la espectacularidad de otros cañones calizos, el recorrido es una placentera sucesión de rincones cargados de magia, como este pequeño salto junto al viejo sauce.

Aunque no tiene la espectacularidad de otros cañones calizos, el recorrido es una placentera sucesión de rincones cargados de magia, como este pequeño salto junto al viejo sauce.

Pero todo lo bueno se acaba (a veces, para que llegue lo mejor…). Por fin el terreno se abre frente a nosotros:

Aunque el arroyo prosigue erizado de espinos y juncos, ahora un amplio prado se abre a su derecha. Para Cañada Espinosa nos conviene no seguir bajando, y evitamos la querencia para mantenernos a la derecha…

Aunque el arroyo prosigue erizado de espinos y juncos, ahora un amplio prado se abre a su derecha. Para Cañada Espinosa nos conviene no seguir bajando, y evitamos la querencia  de echarnos al prado, manteniéndonos a la derecha…

…manteniéndonos pegados a la ladera, por trochas que atraviesan vias lácteas de flores.

…pegados a la ladera, por trochas que atraviesan via-lácteas de flores.

…entre ellas las peonías, que quedan aquí documentadas.

…entre ellas las peonías, que quedan aquí documentadas.

Manteniendo la cota, es el terreno el que poco a poco se allana, hasta llegar a un lomo o escalón que remontamos manteniendo la dirección…

Coronando el escalón. Al fondo la doble cima del Cerro del Castillo, por cuya base acabamos de transitar.

Coronando el escalón. Al fondo la doble cima del Cerro del Castillo, por cuya base acabamos de transitar.

Encima del escalón nos espera un anticipo del paraíso:

Sobre un suelo rojo y profundo, excavado por arroyitos ocasionales, crece la hierba en los claros de un precioso espinar: majuelos, muchos en flor, pero también rosales y endrinos, un despiporre sensorial

Sobre un suelo rojo y profundo, excavado por arroyitos ocasionales, crece la hierba en los claros de un precioso espinar: majuelos, muchos en flor, pero también rosales y endrinos, junto a retamas que esperan sufridamente el verano…un despiporre sensorial; pero esto no es todo: justo en el centro, al fondo, vemos asomar otra línea de prado: ese es nuestro objetivo.

Y por fin remontamos la última cuestecilla e ingresamos en Cañada Espinosa:

Que hace honor a su nombre; desde la parte más alta del prado, una muralla verdiblanca desciende compacta hasta la parte baja, donde se desvía bruscamente a la derecha y desaparece.

Que hace honor a su nombre; desde la parte más alta del prado, una muralla verdiblanca desciende compacta hasta la parte baja, donde se desvía bruscamente a la derecha y desaparece.

La parte baja del prado es totalmente plana y, cobijada por una peñas, susurra en nuestra cabeza: "hagamos tres tiendas…". Esta toma continúa la anterior; la he partido para mejor disfrutarla.

La parte baja del prado es totalmente plana y, cobijada por una peñas, susurra en nuestra cabeza: “hagamos tres tiendas…”. (Esta foto continúa la anterior; la he partido para mejor disfrutarla.)

No tres tiendas, pero sí montamos un partidillo que acaba 5-4 a favor de Lucas, que aprecia sobre todo la excelencia deportiva del paraje. Yo me escapo luego y asciendo las peñas para ganar algo de perspectiva:

Mirando de frente el espinar: se colige que el agua brota bajo los farallones del fondo, sobre los cuales se encuentra el llano del Cortijo de Cañada Espinosa, donde se filtra el agua que viene de más arriba y que, ay, no veremos.

Mirando de frente el espinar: se colige que el agua brota bajo los farallones del fondo, sobre los cuales se encuentra el llano del Cortijo de Cañada Espinosa, donde se infiltra el agua que viene de más arriba y que, ay, no veremos. La hendidura entre los farallones no lleva agua -salvo que esté lloviendo-, pero sí una práctica vereda que nos permite subir el escalón. Para tomarla, hay que cruzar el río de majuelos, empresa sólo posible por su parte más baja y tras alguna que otra revuelta.

La vista hacia el sur tampoco desmerece: atravesada por el arroyo de Los Chorros, nos sirve para resumir la ruta: desde el collado en sombra que asoma por el centro de la foto, hasta la base del Cerro del Castillo, y luego por encima de unos cortados que descuellan sobre el encinar, hasta sumergirse en el vallecito a la izquierda, de donde  llegamos aquí casi en línea recta.

La vista hacia el sur tampoco desmerece: atravesada por el arroyo de Los Chorros, nos sirve para resumir la ruta: desde el collado en sombra que asoma por el centro de la foto, hasta la base del Cerro del Castillo, y luego por encima de unos cortados que descuellan sobre el encinar, hasta sumergirse en el vallecito a la izquierda, desde donde llegamos aquí casi en línea recta.

Bajo de nuevo al prado y mariposeo en torno al espinar:

A media altura…¡prueba a cruzar por aquí!

A media altura…¡prueba a cruzar por aquí! Es casi una odisea llegar al agua, que discurre mansamente por la ¿vaguada?, apenas una cuarta más profunda que la superficie del prado. En verano el agua no llega a aflorar, pero alimenta subterráneamente el río verde que la sustituye.

Compuesto muy mayoritariamente por majuelos (Crataegus monogyna)

Compuesto muy mayoritariamente por majuelos (Crataegus monogyna). Es una rosácea de madera dura y propiedades cardiosaludables. Indiferente en cuanto a suelos, llega en Andalucía a más altura que en otros lugares, ascendiendo hasta los 1.800m, pero siempre vinculado a condiciones de cierta humedad, en el borde de encinares, quejigares y robledales. Árbol sagrado entre los celtas, su presencia se asocia al mundo de las hadas (no digo yo que no…Tolkien prefería los acebos para sus puertas, pero un buen majuelo…).

Antes de partir, consigo acordarme de que, pocos y todo, merecemos una foto oficial:

Hela aquí.

Hela aquí.

Hartos de disfrutar, emprendemos el regreso, rodeando las peñas:

Las dejamos a nuestra izquierda, y los majuelos a la derecha, pero me temo que no vamos a dejar de disfrutar…

Las dejamos a nuestra izquierda, y los majuelos a la derecha, pero me temo que no vamos a dejar de disfrutar…

Por momentos hay que destrepar un poco. Nada serio. Nos dirigimos a la encrucijada que se ve al fondo, donde cogeremos el carril a nuestra izquierda.

Por momentos hay que destrepar un poco. Nada serio. Nos dirigimos a la encrucijada que se ve al fondo, donde cogeremos el carril a nuestra izquierda.

El carril deja el collado donde lo tomamos y al poco se bifurca: por la izquierda se interna en un llano herboso (por donde llegaríamos a una cómoda vereda de vuelta, pero que ya tenemos hecha de otra ocasión); por la derecha baja, haciendo una revuelta antes del derruido Cortijo de Lozanillo, en cuyo solar campea ahora un pequeño aerogenerador. Por aquí seguimos, pero antes de llegar al cortijo nos asomamos al prado:

Aunque vemos el final del camino al fondo, donde el Arroyo de los Chorros se encuentra con la carretera, vamos a pasar de él, abducidos de nuevo por tanto amarillo. Caminaremos al sesgo, buscando un paso en la árboleda del arroyo.

Aunque vemos el final del camino al fondo, donde el Arroyo de los Chorros se encuentra con la carretera, vamos a pasar de él, abducidos de nuevo por tanto amarillo. Caminaremos al sesgo, buscando un paso en la árboleda del arroyo (paso que se intuye a la izquierda, hueco entre los árboles precedido por unas retamas).

Por amarillo que no quede. Esto se sube a la cabeza, como la cerveza, pero más rubio.

Por amarillo que no quede. Esto se sube a la cabeza, como la cerveza, pero más rubio.

La arboleda que acompaña al arroyo resulta ser una fresneda, con ejemplares no muy altos pero sí de amplia copa.

La arboleda que acompaña al arroyo resulta ser una fresneda, con ejemplares no muy altos pero sí de amplia copa.

Un hueco entre los fresnos nos permite acceder a un punto cómodo para vadear el arroyo…

Un hueco entre los fresnos nos permite acceder a un punto cómodo para vadear el arroyo…

Tras el cual encontramos ¡oh sorpresa! un estupendo prado con florecillas. Nos separaremos del arroyo ascendiendo una cuestecilla hasta un rellano, por el que continuamos con tendencia a la izquierda.

Tras el cual encontramos ¡oh sorpresa! un estupendo prado con florecillas. Nos separaremos del arroyo ascendiendo una cuestecilla hasta un rellano, por el que continuamos con tendencia a la izquierda.

Desde dicho rellano avistaremos una lomilla que se interpone en nuestra dirección, coronada por las torres de alta tensión que discurren por la zona…

Desde dicho rellano avistaremos una lomilla que se interpone en nuestra dirección, coronada por las torres de alta tensión que discurren por la zona…

Aquí hay varias posibilidades: la más obvia, bajar a la carretera y seguir por ella. La descartamos por aburrida. La óptima, que sería subir el collado que hace la loma, que nos dejaría más o menos a la altura del cortijo abandonado que hay después, desde donde subir o bajar según nos interese. Y la que al final seguimos: superar la loma por su borde derecho, para salir a otra zona de vaguada desde la que, ya sí, bajaremos a la carretera. Hemos disfrutado de una preciosa excursión mañanera, sin agotar las posibilidades de la zona. Me apunto en asuntos pendientes crear una ficha de ruta en condiciones, con sus mapas, de estos extraordinarios parajes, y en cuándo ir pondrá: ¡un Mayo lluvioso!

Salud.

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