Primavera en Carialfaquí

El fin de semana del 6-7 de Abril vino mi hermano Julio con los niños, pidiendo una ruta suave y agradable. Con esta primavera, lo de agradable era fácil: ¡bastaba con salir de casa! Pero si encima escoges uno de los enclaves más hermosos de la Sierra de Huétor, el resultado es de escándalo…

Al comienzo de la ruta puede accederse por Nívar, por un carril que arranca de la parte más alta del pueblo (desde la carretera a Fuente Grande), o por Cogollos Vega, que es mejor carril, de cemento y en solana. Arranca este tras la cerrada curva que la carretera hace al llegar al pueblo, cruzando el Río Bermejo: es la primera cuesta a la derecha, muy empinada y difícil de embocar cuando vienes en este sentido, pero practicable en vehículo (ojo, que es de doble sentido). Tras varias revueltas tipo albaicinero, abandona el pueblo y llanea sin dificultad hasta llegar al río de nuevo, unos kms más arriba. En ese mismo punto se le une el mencionado carril de Nívar, y río arriba está felizmente cerrado con cadena. Nosotros paramos en un ensanche antes del río:

Tal que aquí. Como el río cruza el camino unos metros más adelante y nuestra ruta es por su izquierda, nos ahorrábamos tener que cruzarlo.

Tal que aquí. Como el río cruza el camino unos metros más adelante y nuestra ruta es por su izquierda, nos ahorrábamos tener que cruzarlo.

Aquí yo tengo una variante que no mucha gente conoce: en lugar de seguir por Río Bermejo, tomamos a la izquierda una vaguada o torrentera, por una senda que atraviesa unos arenales pelados y continúa luego entre monte bajo:

¡Pues vaya lugar antipático! pensaría más de uno; pero al que algo quiere…, etc. Y además son sólo los primeros 800m.

¡Pues vaya lugar antipático! pensaría más de uno; pero al que algo quiere… etc. Y además son sólo los primeros 600m.

Después la senda sale a un desvencijado carril, junto al cual el barranco se convierte en vaguada, y nos va mostrando el resultado del marzo más lluvioso del siglo:

Este es el drenaje de la rezumante zona de prados hacia la que caminamos.

Este es el drenaje de la rezumante zona de prados hacia la que caminamos.

Nuestro desdibujado carril desemboca en otro, que tomamos a la izquierda…

Nuestro desdibujado carril desemboca en otro, que tomamos a la izquierda…

…y que, tras una cuestecilla, desemboca en un precioso lugar: los Prados del Rey:

Esta hondonada recibe buena parte de las aguas que atesora el imponente Peñón de la Mata por encima. Tierra arcillosa -bermeja-, que cría unos reales prados. No eran tontos los reyes, no, ayer como hoy.

Esta hondonada recibe buena parte de las aguas que atesora el imponente Peñón de la Mata por encima. Tierra arcillosa -bermeja-, que cría unos reales prados. No eran tontos los reyes, no, ayer como hoy.

Dejando al camino que siga hacia la izquierda, nosotros buscamos la derecha, por el pasaje casi llano entre la ladera del Peñón y los cerrillos que ahora nos separan de Río Bermejo:

Está bonito de chillar, y para las criaturas es una gozada, aunque puedes meterte en un barrizal si no andas con ojo…

Está bonito de chillar, y para las criaturas es una gozada, aunque puedes meterte en un barrizal si no andas con ojo…

La senda aquí es difusa, pero la dirección es clara: sin subir más que lo indispensable, entre el Peñón y los cerrillos (dirección Este).

Bajo el pinar continúan los prados, que el riachuelo recorre, sinuoso. Las setas han vuelto a aparecer, y las buscamos con ánimo más pedagógico que culinario…

Bajo el pinar continúan los prados, que el riachuelo recorre, sinuoso. Las setas han vuelto a aparecer, y las buscamos con ánimo más pedagógico que culinario…

… y para muestra un montón de botoncitos.

… y para muestra un montón de botoncitos.

Al final, tras una herbosa cuestecilla, hacemos collado y el terreno del otro lado comienza a bajar:

…siempre húmedo y verdeando.

…siempre húmedo y verdeando.

Aquí hay que tener querencia por la derecha. Al frente saldríamos a un amplio llano despejado por el que se puede progresar hacia Peñón Bermejo, pero hoy buscamos uno de los carriles que vienen del Cortijo de Carialfaquí (precisamente el mismo que encontrábamos al comienzo de los Prados del Rey, pero que va por los cerros).

Este es el llano al que hacía referencia, al que nos desviamos los más entusiastas.

Este es el llano al que hacía referencia, al que nos desviamos los más entusiastas. En el centro, el Peñón de la Mata. A su derecha, asoma la cabeza entre los pinos Peñón Bermejo.

Encontrado el carril, lo seguimos hacia abajo, anticipando nuevas delicias:

Es como una puerta al paraíso, un Shangri-La de andar por casa…

Es como una puerta al paraíso, un Shangri-La de andar por casa…

El paraíso propiamente dicho. Tras una curva, el valle de Río Bermejo se despliega ante nosotros, verde a rabiar, cobijado bajo la Sierra de la Yedra.

El paraíso propiamente dicho. Tras una curva, el valle de Río Bermejo se despliega ante nosotros, verde a rabiar, cobijado bajo la Sierra de la Yedra. Los dos peñascos en el centro de la foto son, por cierto, el extremo norte del área recreativa de los Llanos del Fraile, junto al carril principal de la Sierra de Huétor.

Tras cruzar con gracia y salero algún que otro arroyo, el camino llega a la colina, aislada en el centro del valle, en la que se alza el cortijo de Carialfaquí.

De este lado, un par de añosos fresnos proporcionan sombra incluso sin sus hojas, perezosas todavía.

De este lado, un par de añosos fresnos proporcionan sombra incluso sin sus hojas, perezosas todavía.

Nos hemos dividido, y subo hasta el cortijo y la casilla forestal buscando al resto del grupo, pero sin dejar de hacer fotos:

Aquí un quejigo, allá fresnos, acacias, sobre un prado sobre el que despuntan las primeras flores. En Mayo no puedes dar un paso sin pisotear un puñado de ellas.

Aquí un quejigo, allá fresnos, acacias, sobre un prado sobre el que despuntan las primeras flores. En Mayo no puedes dar un paso sin pisotear un buen puñado de ellas.

El nombre de este lugar -Carialfaquí, que en algunos lugares he visto escrito como Carifaquín o cosas aun más exóticas- debería proceder, si mi árabe no me engaña, de al-qaria al-faqih, esto es: la alquería del jurisconsulto -o Cortijo del Juez, en más popular-. Cabe suponer que existió, pues, una alquería de época islámica en el paraje. Hoy es sede de una explotación con certificado ecológico donde se crían cerdos, caballos, ovejas y cabras, y que es cuidada con esmero por unos encargados no siempre extremadamente simpáticos. Nuestro perro -y nosotros por extensión- se llevó una buena bronca por ir suelto (nostra culpa), porque un grupo de tropecientos senderistas -con perros- les habían esturreado los gorrinos por medio valle. Santa y justa indignación tenían, así que ya lo sabéis: atad corto los canes en este lugar.

… y comportaos para que siga siendo como se ve.

… y comportaos para que siga siendo como se ve: una bendición de la Tierra.

Aquí desde el Norte.

Aquí desde el Norte.

Y aquí desde la colina, mirando hacia el Sur.

Y aquí desde la colina, mirando hacia el Sur. Al fondo, el Collado de Las Minas, por donde discurre el carril de la Alfaguara a Prado Negro. con el Cerro del Corzo por encima. Faltan un par de semanas para que los chopos acaben de despuntar. En otoño, la alameda que bordea el río hacia la derecha de la foto se torna en espectacular llamarada.

Al final volvemos a reunirnos, y buscamos sitio para comer (no es como la playa en hora punta, pero casi). Encontramos nuestro pradito y atacamos las viandas, tras lo cual nos hacemos la foto de rigor:

Foto oficial

Foto oficial.

Comidos, jugados y sesteados, emprendemos el regreso, ya por el carril del río, que es la ruta habitual desde Cogollos. En la dirección contraria, el carril sube hasta el Collado de las Minas para enlazar con el Principal, mientras que más hacia la izquierda se puede remontar el río y, rodeando el Cerro del Tamboril, salir por Linillos. Eso es otra historia y prometo dedicarle una o varias fichas de ruta en condiciones a todo este maravilloso valle.

Antes de abarrancarse, el valle despliega un estupendo espinar, aderezado de chopos, sauces y fresnos, que pillamos justo antes de que eclosione primaveralmente.

Antes de abarrancarse, el valle despliega un estupendo espinar, aderezado de chopos, sauces y fresnos, que pillamos justo antes de que eclosionen primaveralmente.

Más abajo el valle se estrecha, aunque permite todavía buenos prados en sus terrazas.

Más abajo el valle se estrecha, aunque permite todavía buenos prados en las terrazas del río…

…que discurre perezoso  por terreno de aluvión…

…que discurre perezoso por terreno de aluvión…

…acumulado, como luego comprobamos,  gracias a un estratégico dique -hoy en día casi "naturalizado"- que crea una fotogénica cascada. Viendo lo descarnado del río aguas abajo, uno no puede más que aplaudir a los ingenieros.

…acumulado, como luego comprobamos, gracias a un estratégico dique -hoy en día casi “naturalizado”- que crea una fotogénica cascada. Viendo lo descarnado del río aguas abajo, uno no puede más que aplaudir a los ingenieros.

Algo más abajo, el río vuelve a remansarse.

Algo más abajo, el río vuelve a remansarse.

Y caminamos entre pinos de gran altura. Aquí, en la parte más estrecha del valle, han de pujar para obtener su ración de luz.

Y caminamos entre pinos de gran altura. Aquí, en la parte más estrecha del valle, han de pujar para obtener su ración de luz.

En la margen derecha, sin embargo, los pinos han sido tronchados por algún cataclismo: ¿una feroz plaga? ¿Un siberiano meteorito? ¿Un avión…?

En la margen derecha, sin embargo, los pinos han sido tronchados por algún cataclismo: ¿una feroz plaga? ¿Un siberiano meteorito? ¿Un avión…?

Un poco más abajo, un segundo dique crea incluso una lagunilla verdeante de vida.

Un poco más abajo, un segundo dique crea incluso una lagunilla verdeante de vida.

Y por fin llegamos al punto de partida, donde el río cruza el camino -y nosotros tenemos a la postre que cruzarlo a él- y se juntan los dos carriles de acceso. Por el de Cogollos volvemos, unos a Granada y otros más lejos, con muchos verdes en la retina para rumiar durante la semana. Hasta la próxima.

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2 pensamientos en “Primavera en Carialfaquí

    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Oportunidades no faltarán: ¡30 grados en abril!
      Los tramos por encima de los diques son muy pateables, pero el resto es más áspero, piedras y zarzas… En todo caso, ríos tampoco van a faltar, afortunadamente.
      Un beso.

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