Llanos del Fraile-Corzo por los cerros

Caratula-Cerro-H-del-EspartoLos Llanos del Fraile, el Cortijo de las Minas o el Barranco de Polvorite son lugares conocidos, como transitados son los caminos que los unen. Pero si nos vamos por los cerros de Úbeda las perspectivas pueden ser bien novedosas. Esta ruta recorre las alturas de la zona por recónditas cañadas ganaderas que nos descubren escondidos prados, húmedas vaguadas y frondosos quejigares muy poco conocidos salvo por pastores de la zona o cazadores. El Cerro de la Hoya del Esparto es una Cenicienta que revela sus prendas en la fiesta, mientras el Cerro del Corzo guarda más secretos de lo que parece…

Distancia: 9,3 km; (8,7 km por atajo)
Altitud mínima: 1.360 m
Altitud máxima: 1.603 m
Esfuerzo: Medio-Bajo
Intríngulis: Medio; tramo inicial con senda débil o sin sendas.
Tiempo estimado de marcha: 3h 30’ (larga)

Terreno: Subeybaja entre alturas calizas, que aúna pendientes fuertes con tramos casi llanos. Hondonadas herbosas alternan con pedregales calizos y bloques de piedra, bosques de pino con encinares y quejigares, arbustos esclerófilos con musgos y líquenes en las umbrías…

Cuándo ir
Barras-cuando-PolvoristaTodo el año, incluso en verano por ser bastante sombreada. Óptimos en otoño y primavera, como es costumbre. Es buena para invierno también, pero con nieve puede ser más difícil seguir la dirección y encontrar algún tramo resbaladizo.

Cómo llegar
Plano–acceso–Garay-CorzoLlegados a Alfacar, bien por su carretera o por la A-92 (salida 249), subiremos a la Fuente Grande (hay un desvío a la derecha en empinada cuesta desde la última glorieta antes de entrar al centro del pueblo, que circunvala casi hasta ese punto). Desde allí continuaremos por la carretera que lleva a Nívar, de la que, junto a un mirador, sale a la derecha la que lleva a la Alfaguara. Ya entre pinos y tras un largo tramo llano, el asfalto se desvía a la derecha hacia la Alfaguara, mientras al frente sigue un ancho carril, que tomamos. Es el carril principal de la Sierra, que la cruza hasta la Fuente del Potro, Prado Negro o la A-92. Tras un llano/helipuerto/aparcamiento a la izquierda seguimos por la umbría con el valle del Río Bermejo de ese mismo lado. Cuando el terreno de esa parte repunta y perdemos de vista el valle, 100 o 200 m después se abren a la izquierda Los Llanos del Fraile, nuestro Punto A (1).

El comienzo de la ruta son los conocidos Llanos del Fraile, zona de domingueo que ocupa un amplio llano poblado de pinos y quejigos, a la izquierda del camino. Entraremos por su zona central, donde algo parecido a un camino viene a salir desde el carril principal, junto a un quejigo acompañado de un pequeño cartelito explicativo.

1. El comienzo de la ruta son los conocidos Llanos del Fraile, zona de domingueo que ocupa un amplio llano poblado de pinos y quejigos, a la izquierda del camino. Entraremos (andando) por su zona central, donde algo parecido a un camino viene a salir desde el carril principal, junto a un quejigo acompañado de un pequeño cartelito explicativo.

La excursión

Plano-Hoya-del-Esparto-Corzo

Desde el punto de acceso nos dirigiremos al centro de los Llanos, distinguible por un solitario álamo, tras el cual vemos un pino al que rodea un banco de piedra circular. No llegaremos a él, sino que tomaremos en cambio una cuestecilla a la derecha, que nos deja en un altozano, desde el que seguimos en esa dirección por lo más despejado. Podremos entrever, al frente y un poco a la derecha, la mancha del sol sobre un nuevo claro del bosque. Hacia allá caminaremos. Se trata, en definitiva, de llegar al borde derecho del llano (tal como lo veíamos desde el carril), y recorrerlo entonces hasta encontrar la “marca de ruta” (que en este caso es grande):

2. Tras cuatro pinos en hilera, nos aparece esto: un vistoso peñasco de forma cuadrangular. A la izquierda del mismo (y antes del pino del primer término) vemos la humilde vaguada que es el inicio de nuestra ruta.

2. Tras cuatro pinos en hilera, nos aparece esto: un vistoso peñasco de forma cuadrangular. A la izquierda del mismo (y antes del pino del primer término) vemos la humilde vaguada que es el inicio de nuestra ruta.

Tomamos la senda, poco marcada, que nos aleja de los Llanos en suave ascenso:

3. Se reconoce más que nada porque los arbustos -aulaga, jara, romero…- van haciéndose a un lado a su paso, y por la cantidad de raíces de pino que ha descarnado el ocasional trasiego de pies y patas.

3. Se reconoce más que nada porque los arbustos -aulaga, jara, romero…- van haciéndose a un lado a su paso, y por la cantidad de raíces de pino que ha descarnado el ocasional trasiego de pies y patas.

Al poco de empezar, debemos ver a nuestra derecha una zona de ladera desnuda de tierras grisáceas; es el lateral de una cárcava o barranquito que nos acompaña por ese lado un rato, hasta que coronamos un primer collado. Al pie de los pinos nos sorprenden vistosas almohadillas de gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) (El nombre de esta planta es una redundancia, ya que Arctostaphylos, en griego, y uva-ursi, en latín, significan lo mismo: “la uva del oso”).

Al coronar tenemos vislumbres de los montes al norte: Majalijar y Peñón de la Mata. Enfrente nuestro y hacia la izquierda arrancan ahora unos barranquitos que descienden a Río Bermejo por Carialfaquí, mientras a la derecha el terreno todavía repunta un poco. Hacia allá tuerce la vereda, buscando un boquete marcado por un peñón de piedra que nos saca de sopetón a la solana:

4. Donde nos damos de bruces con una impresionante vista de Sierra Nevada.

4. Donde nos damos de bruces con una impresionante vista de Sierra Nevada.

Tras pasar bajo unas peñas, la senda sigue la cresta entre las dos vertientes hasta que el terreno sube decididamente frente a nosotros; continuaremos entonces por una loma girando suavemente a la derecha. Primero despejada, luego adensándose de matorral, empieza después la senda a girar hacia la izquierda para introducirnos en una hoya o vaguada poco profunda…

5. Donde, siendo solana, hace su aparición el estilizado esparto (Stipa tenacissima). De hecho, esta podría ser la hoya que da nombre al cerro: Cerro de la Hoya del Esparto.

5. Donde, siendo solana, hace su aparición el estilizado esparto (Stipa tenacissima). De hecho, esta podría ser la hoya que da nombre al cerro: Cerro de la Hoya del Esparto.

Al final de este tramo, cuando por la izquierda se nos abre otro colladito, la trocha y nosotros giraremos ligeramente a la derecha, ascendiendo por la loma entre los pinos.

Mantendremos la dirección sin revueltas, confiando en nuestro sentido común para interpretar la desfalleciente senda. Pronto advertiremos que el terreno hace un cambio de rasante un poco más arriba, y por el breve espacio entre un pino y una encina, accederemos a:

6. Un sorpresivo primer claro, casi llano y cubierto de hierba, a diferencia del seco pedregal anterior. Un joven quejigo reina al fondo, a su espalda una corte de encinas que van desplazando a los pinos.

6. Un sorpresivo primer claro, casi llano y cubierto de hierba, a diferencia del seco pedregal anterior. Un joven quejigo reina al fondo, a su espalda una corte de encinas que van desplazando a los pinos.

Me barrunto que, en mitad de este cerro de dolomías y mármoles, las hondonadas como esta corresponden a fajas de margas y calcoesquistos que el mapa geológico sitúa por esta zona. El cambio va a ser como de la noche al día.

Pero estamos en la zona más complicada del camino, pues la senda se desdibuja por completo. Atención, pues: nuestro objetivo es un nuevo y más amplio claro en el bosque, que se encuentra al frente, ligeramente a la izquierda y ligeramente más abajo de este. Podríamos ir de frente, pasando junto al quejigo para internarnos en la espesura de detrás, por la que avanzaríamos derivando hacia la izquierda hasta ver entre los árboles la brillante luz del sol en el claro. Pero dicha espesura es un poco incómoda, con algún rosal y zarza que complica el camino, así que propongo una alternativa: dejaremos el claro por la izquierda nada más entrar, culebreando hacia el punto más elevado del entorno inmediato:

7. Que podremos situar gracias a estos -ya aislados- pinos que forman una corona en ese punto.

7. Que podremos situar gracias a estos -ya aislados- pinos que forman una corona en ese punto.

Ya entre los pinos, veremos una mancha de sol más allá: corresponde a un claro al que salimos, derivando a la derecha, donde se inclina hacia abajo para convertirse en una vaguadita donde ya los quejigos empiezan a predominar. Por ella bajaremos, pero sólo unos metros…

8. Pues pronto veremos, al fondo a la derecha, la brillante mancha de sol (sobreexpuesta, me temo) del claro que nos interesa.

8. Pues pronto veremos, al fondo a la derecha, la brillante mancha de sol (sobreexpuesta, me temo) del claro que nos interesa.

Caminamos hacia la luz, aunque sin agonizar. De hecho es más bien un goce este descubrimiento: se abre ante nosotros un claro en forma de media luna, ocupando la depresión central del cerro y completamente rodeado de quejigos y encinas. Un prado escondido en toda regla, cuyo encanto varía con las estaciones:

9. Aquí a finales del invierno, corta y fresca la hierba entre las manchas de nieve…

9. Aquí a finales del invierno, corta y fresca la hierba entre las manchas de nieve…

10. Y aquí explotando en primavera, edénico hortus conclusus alejado del mundanal ruido.

10. Y aquí explotando en primavera, edénico hortus conclusus alejado del mundanal ruido.

Si recorriéramos el prado rodeando por la derecha el triple quejigo en su centro, llegaríamos a su borde opuesto, en el que una ventana entre encinas y peñas ofrece una inhabitual panorámica de las sierras cercanas y Sierra Nevada. Le sigue una cárcava rojiza que invitaría -por lo despejada- a recorrerla. NO es buena idea, pues acaba hundiéndose en el fondo espinoso de un arroyo sin senda alguna. De modo que volvemos al punto en el que entramos y continuaremos la ruta por la misma vaguada por la que accedimos, a la izquierda. Pero antes vamos a buscar la guinda del paraje: caminaremos al frente, por la izquierda del triple quejigo, dejando que nuestros pies elijan la forma de ascender, entre encinas, el pequeño altozano que culmina el claro. Pronto tropezaremos con esto:

11. Unas peñas ocultas entre el follaje, rematadas por un exiguo murete de piedra.

11. Unas peñas ocultas entre el follaje, rematadas por un exiguo murete de piedra.

12. Trepando hasta arriba, descubrimos que es un antiguo puesto de guardia, donde apenas cabe una persona, al que siguen, por abajo y del otro lado, restos de los muros de lo que debió ser uno de los tristemente famosos nidos de ametralladoras de la sierra. Pero no pensemos en eso ahora, que el lugar se ha reconvertido en un mágico espacio para la contemplación (foto de carátula); desde la cima arbolada de los cerros cercanos, la vista se recrea a la izquierda con Sierra Nevada, a la derecha con el imponente Peñón de la Mata. Somos los amos del mundo, pero de incógnito.

12. Trepando hasta arriba, descubrimos que es un antiguo puesto de guardia, donde apenas cabe una persona, al que siguen, por abajo y del otro lado, restos de los muros de lo que debió ser uno de los tristemente famosos nidos de ametralladoras de la sierra. Pero no pensemos en eso ahora, que el lugar se ha reconvertido en un mágico espacio para la contemplación (foto de carátula); desde la cima arbolada de los cerros cercanos, la vista se recrea a la izquierda con Sierra Nevada, a la derecha con el imponente Peñón de la Mata. Somos los amos del mundo, pero de incógnito.

Para seguir, descenderemos lo ascendido buscando de nuevo el claro, desde cuyo borde derivaremos -ahora a la derecha- para retomar la vaguada mencionada.

13. Unos metros más abajo la cañada se hace selva. Estamos en umbría y a casi 1.500 m de altitud, en el óptimo para los quejigos. El musgo tapiza las rocas y el líquen los árboles. Del suelo emana un fecundo aroma de tierra húmeda y hongos…

13. Unos metros más abajo la cañada se hace selva. Estamos en umbría y a casi 1.500 m de altitud, en el óptimo para los quejigos. El musgo tapiza las rocas y el líquen los árboles. Del suelo emana un fecundo aroma de tierra húmeda y hongos…

Parece que no hubiera paso, pero lo hay. Tan solo habrá que agacharse un poco para esquivar una rama baja o algún arbusto espinoso, pero el transcurso es relativamente cómodo, y absolutamente delicioso.

14. Sin embargo, por segunda vez dejaremos la vaguada por la derecha, según parece marcar la incierta senda, y en procura de una nueva mancha de luz solar, que corresponde a otro hermoso claro en una repisa del terreno.

14. Sin embargo, por segunda vez dejaremos la vaguada por la derecha, según parece marcar la incierta senda, y en procura de una nueva mancha de luz solar, que corresponde a otro hermoso claro en una repisa del terreno.

Cruzándolo, arranca hacia la derecha otra vaguada, distinta de la anterior, que tomaremos. El terreno pisado parece más evidente aquí.

15. La nueva vaguada tiene apenas un reborde de peñas por la izquierda. Abarrotada de quejigos, tiene en cambio menos sotobosque que el tramo anterior, y la senda parece más clara.

15. La nueva vaguada tiene apenas un reborde de peñas por la izquierda. Abarrotada de quejigos, tiene en cambio menos sotobosque que el tramo anterior, y la senda parece más clara.

Por fin, la trocha nos saca a terreno más despejado: ingresamos en un llano que es la parte superior de un lomo rocoso que, desde las alturas que acabamos de dejar, se prolonga hacia el Este. Vuelven a aparecer pinos y encinas formando bosquetes en el terreno abierto. El Cerro del Corzo, con su garita, se convierte en nuestro norte de momento.

La senda es aquí más clara, si por senda entendemos también las rocas tiznadas de arcilla por las patas de los animales en las zonas de lapiaz. En todo caso, no tiene pérdida, pues se trata de progresar sin perder altura hasta el extremo de la loma.

16. Por la izquierda gozamos de buenas vistas sobre Majalijar, al fondo los Tajos del Jinestral, y a la derecha el Cerro del Corzo.

16. Por la izquierda gozamos de buenas vistas sobre Majalijar, al fondo los Tajos del Jinestral, y a la derecha el Cerro del Corzo.

Tras un rato, el terreno frente a nosotros y a la izquierda empieza a bajar. Es el momento en que la vereda tuerce a la derecha y aborda un pequeño descenso al final del cual un hueco entre encinas nos saca a un último prado:

17. Es el más amplio del cerro, en ligera cuesta y dividido en dos por un grupo de encinas. Como después veremos, al fondo acaba en un potente cortado que se prolonga hacia la izquierda, por lo que la ruta para abandonarlo pasa necesariamente por la derecha. Por ese lado rodearemos el grupo central de encinas, ascendiendo luego hasta el final de la cuestecilla herbosa, donde el tráfico de pezuñas, más evidente, se resuelve en una pedregosa vereda…

17. Es el más amplio del cerro, en ligera cuesta y dividido en dos por un grupo de encinas. Como después veremos, al fondo acaba en un potente cortado que se prolonga hacia la izquierda, por lo que la ruta para abandonarlo pasa necesariamente por la derecha. Por ese lado rodearemos el grupo central de encinas, ascendiendo luego hasta el final de la cuestecilla herbosa, donde el tráfico de pezuñas, más evidente, se resuelve en una pedregosa vereda…

18. …que baja sin contemplaciones entre peñascos y vegetación. El cerro del Corzo sigue siendo nuestro guía, ahora a tiro de piedra.

18. …que baja sin contemplaciones entre peñascos y vegetación. El cerro del Corzo sigue siendo nuestro guía, ahora a tiro de piedra.

En este momento el carril principal de la sierra transcurre justo enfrente de nosotros, al fondo del valle y oculto a nuestros ojos; pero no vamos a buscarlo todavía: en cambio, cuando llegamos a una repisa más llana de terreno, antes de la última bajada empinada, seguiremos la ahora imprecisa vereda hacia la izquierda. Llaneamos primero y descendemos después mientras rodeamos el cogollo del cerro del que hemos bajado, y por amenos prados vamos haciendo camino:

19. El truco ahora está en mantenerse en la parte superior de la loma que, paralela al carril que empezaremos a entrever a la derecha entre los pinos, se prolonga hacia el norte.

19. El truco ahora está en mantenerse en la parte superior de la loma que, paralela al carril que empezaremos a entrever a la derecha entre los pinos, se prolonga hacia el norte.

20. Un poco más abajo apreciamos los tajos que limitan por este lado la parte superior del cerro donde hemos estado. Bien hicimos en rodearlos…

20. Un poco más abajo apreciamos los tajos que limitan por este lado la parte superior del cerro donde hemos estado. Bien hicimos en rodearlos…

Así, casi sin sentí, la loma, como elefante que se inclina para que bajemos de su lomo, nos deposita en lo que es el Collado de las Minas, el arranque del carril de Carialfaquí desde el principal.

21. El final de la loma. Al frente, el Cerro del Tamboril, dominando el valle del Río Bermejo que se abre a la izquierda; a la derecha asoma el macizo de Majalijar. Si seguimos de frente tropezaremos con el carril de Carialfaquí. A la derecha, entre pinos, bajamos al principal.

21. El final de la loma. Al frente, el Cerro del Tamboril, dominando el valle del Río Bermejo que se abre a la izquierda; a la derecha asoma el macizo de Majalijar. Si seguimos de frente tropezaremos con el carril de Carialfaquí. A la derecha, entre pinos, bajamos al principal.

Tomaremos el carril hacia la izquierda, dejando atrás el mencionado de Carialfaquí. Es zona transitada, donde no será extraño cruzarnos con algún vehículo, pero será poco tiempo. Tras poco más de 1 km, mientras el principal tuerce a la izquierda y baja, de él se desprende, recto, el del Cortijo de las Minas, con cadena, que tomamos:

22. Enseguida salimos de los pinos, y vemos los restos del cortijo entre los olmos (Ulmus pumilla, creo) que bordean ahora el camino.

22. Enseguida salimos de los pinos, y vemos los restos del cortijo entre los olmos (Ulmus pumilla, creo) que bordean ahora el camino.

El cortijo posee una hermosa arboleda de nogales y chopos, y poco más, porque del cortijo en sí mismo va quedando cada año menos… Por cualquier lado que lo rodeemos, acabamos en el carril que asciende el Cerro del Corzo, nuestro próximo objetivo.

23. Superado el cortijo, miramos hacia atrás para disfrutar con el Cerro de Majalijar (o de las Buitreras) en todo su esplendor.

23. Superado el cortijo, miramos hacia atrás para disfrutar con el Cerro de Majalijar (o de las Buitreras) en todo su esplendor.

El carril caracolea por la ladera, sin bifurcaciones, hasta la base de la cima del cerro, así que puede seguirse sin mayor problema.

24. Atraviesa algunas buenas pinadas de Pinus sylvestris, como esta.

24. Atraviesa algunas buenas pinadas de Pinus sylvestris, como esta.

Sin embargo, existe una alternativa mucho más directa, empinada e interesante, que paso a comentar: Tras la primera y cerrada curva a la izquierda sigue una ligera contracurva y luego una nueva curva a izquierdas, más suave, que cruza un barranquito que desciende de lo alto:

25. A la derecha del barranquito vemos el terreno pisado de una trocha que asciende entre los pinos. La tomaremos con entusiasmo.

25. A la derecha del barranquito vemos el terreno pisado de una trocha que asciende entre los pinos. La tomaremos con entusiasmo.

La trocha progresa junto al barranco unos 100m, en fuerte ascenso, para luego desviarse a la derecha y ganar un colladito, entre pinos, tras el que llanea, buscando un segundo barranco:

26. La trocha aborda el segundo barranco. Este será el último sol que tengamos durante un rato.

26. La trocha aborda el segundo barranco. Este será el último sol que tengamos durante un rato.

Llegados al cauce, lo cruzamos y seguimos por la margen derecha (subiendo). Aquí está muy desdibujada, pero su sentido está bastante claro: hay que ascender paralelos al barranco pero a distancia suficiente como para evitar los majuelos, agracejos y guillomos que crecen en él:

27. Es una hermosa umbría, con las rocas tapizadas de líquenes. Entre el sol y la sombra, en otoño, encontraremos variedad de setas (Suillus, Lepista nuda, Macrolepiotas…), también peonías, euphorbias, eléboro fétido… Las escasas encinas, incluso algún quejigo, nos recuerdan que estamos en lo que sería un encinar bético basófilo de no ser por la mano del hombre.

27. Es una hermosa umbría, con las rocas tapizadas de líquenes. Entre el sol y la sombra, en otoño, encontraremos variedad de setas (Suillus, Lepista nuda, Macrolepiotas…), también peonías, euphorbias, eléboro fétido… Las escasas encinas, incluso algún quejigo, nos recuerdan que estamos en lo que sería un encinar bético basófilo de no ser por la mano del hombre.

Hacia lo alto de la ladera conviene acercarse a la vaguada, incluso en los últimos metros circular por ella:

28. Pues es el camino más fácil para salir al terreno llano que ya intuimos tras los pinos.

28. Pues es el camino más fácil para salir al terreno llano que ya intuimos tras los pinos.

La vaguada  culmina en un prado llano rodeado de pinos, donde reencontramos el camino que subía desde el Cortijo de las Minas:

29. El prado y el camino. Hemos entrado por la zona en sombra del fondo a la derecha. Reconoceremos el lugar cuando venimos por el camino, porque inmediatamente después nos asomamos a un collado desde el que vemos por primera vez Sierra Nevada desde que empezamos a subir.

29. El prado y el camino. Hemos entrado por la zona en sombra del fondo a la derecha. Reconoceremos el lugar cuando venimos por el camino, porque inmediatamente después nos asomamos a un collado desde el que vemos por primera vez Sierra Nevada desde que empezamos a subir.

En el collado el camino tuerce a la derecha y, tras una cuestecilla, nos dejaría en la base de la cima rocosa del cerro. Pero antes de eso, nos permitiremos un pequeño desvío, para recorrer la cresta que comienza hacia el otro lado. Haremos lo siguiente: situándonos en el collado, de espaldas a la cima, saldremos del camino hacia la derecha, sin ganar ni perder altura, por la umbría entre los pinos:

30. Pronto nos damos cuenta de que el terreno se allana al frente y a la izquierda, donde la ladera hace un pequeño montículo. Pasaremos por el collado que hace al unirse a nuestra cresta, y seguiremos a la misma cota después.

30. Pronto nos damos cuenta de que el terreno se allana al frente y a la izquierda, donde la ladera hace un pequeño montículo. Pasaremos por el collado que hace al unirse a nuestra cresta, y seguiremos a la misma cota después.

Vamos caminando unas decenas de metros por debajo de la cresta, que por momentos ofrece interesantes peñascos y paredes de piedra.

31. La vereda no es más que esto: apenas un allanamiento de la pendiente, entre agujas de pino. Tropezaremos con algún majuelo, empezaremos a ver piornos…

31. La vereda no es más que esto: apenas un allanamiento de la pendiente, entre agujas de pino. Tropezaremos con algún majuelo, empezaremos a ver piornos…

32. … y conforma avanzamos, empezamos a recuperar las vistas hacia el Este, con Majalijar y Sierra Arana jugando al escondite tras los pinos.

32. … y conforma avanzamos, empezamos a recuperar las vistas hacia el Este, con Majalijar y Sierra Arana jugando al escondite tras los pinos.

Un momento después torcemos ligeramente a la derecha. La cresta rocosa que acabamos de sobrepasar baja aquí hasta nuestro nivel, y nos permite salir a la divisoria…

33. …desde donde avistaremos ya el objetivo inmediato: el siguiente cerro, que asoma por encima de los pinos. En esta zona más expuesta y soleada, el cojín de monja (Erinacea anthyllis) y la aulaga sustituyen a los arbustos más amantes de la humedad.

33. …desde donde avistaremos ya el objetivo inmediato: el siguiente cerro, que asoma por encima de los pinos. En esta zona más expuesta y soleada, el cojín de monja (Erinacea anthyllis) y la aulaga sustituyen a los arbustos más amantes de la humedad.

Con mejor o peor intuición, tenemos que acabar llegando a la zona elevada a la izquierda de la cima…

34. …para descubrir que es un apoteósico prado, que rodea la mayor parte de su rocosa culminación.

34. …para descubrir que es un apoteósico prado, que rodea la mayor parte de su rocosa culminación.

35. Subiremos a esa rocosa culminación para disfrutar con la parte de la sierra que este mismo cerro nos tapa desde el del Corzo: a la derecha vemos el cortafuegos que enlaza con el Collado del Cigarrón, donde se puede llegar por el carril que viene del Collado de las Minas, y bajar luego a los Llanos del Chorrillo, que es la zona despejada por encima del cortafuegos. Desde aquí hay una vereda al collado, que dejaremos para otra ocasión.

35. Subiremos a esa rocosa culminación para disfrutar con la parte de la sierra que este mismo cerro nos tapa desde el del Corzo: a la derecha vemos el cortafuegos que enlaza con el Collado del Cigarrón, donde se puede llegar por el carril que viene del Collado de las Minas, y bajar luego a los Llanos del Chorrillo, que es la zona despejada por encima del cortafuegos. Desde aquí hay una vereda al collado, que dejaremos para otra ocasión.

36. Del otro lado, el Cerro del Corzo centra la foto, unido al que ocupamos por la cresta que acabamos de andar…

36. Del otro lado, el Cerro del Corzo centra la foto, unido al que ocupamos por la cresta que acabamos de andar.

Tras un rato de contemplación, desandaremos lo andado, hasta el camino de nuevo, que seguimos ahora hacia la cima del Corzo.

37. Una cuestecilla nos deja al pie del castillejo final, donde acaba el camino, sustituido por una clara senda.

37. Una cuestecilla nos deja al pie del castillejo final, donde acaba el camino, sustituido por una clara senda.

La senda aborda la otra vertiente y comienza a bajar; aunque un poco más adelante encontramos a la derecha el ramal que sube a la garita, también se puede trepar sin dificultad desde el punto más alto hasta la cima. Allí encontramos la garita de vigilancia de incendios, y tal vez algún forestal eremita cumpliendo su noble labor. Supongo que de tanto mirarla se gastará un poco, pero la vista justifica muchos ratos de contemplación:

38. Hacia el Norte. La Sierra de la Yedra en el extremo izquierdo, con la Vega detrás. Luego, Peñón de la Mata, Cerro del Tambor y Collado de Linillos, (Orduña casi oculto al fondo), Majalijar, Peñón de la Cruz, Cabeza del Caballo, Jinestral, Picón y Cucadero cubiertos de encinas, y la Cuerda de Los Gitanos que acabamos de recorrer, para acabar en el pelado Cerro del Calabozo.

38. Hacia el Norte. La Sierra de la Yedra en el extremo izquierdo, con la Vega detrás. Luego, Peñón de la Mata, Cerro del Tambor y Collado de Linillos, (Orduña casi oculto al fondo), Majalijar, Peñón de la Cruz, Cabeza del Caballo, Jinestral, Picón y Cucadero cubiertos de encinas, y la Cuerda de Los Gitanos que acabamos de recorrer, para acabar en el pelado Cerro del Calabozo.

39. Hacia el Sur. Desde la izquierda, repetimos el Calabozo, luego el Puntal de la Mora en sombra, seguido del Cerro de los Pollos y el del Mirador, que cobijan la Umbría del Polvorite en primer término; siguen Toriles y Buenavista, y después las Sierras de Víznar y la Yedra rompiendo el horizonte. Al fondo, Sierra Nevada inmensa. A la derecha en primer término vemos la vereda por la que vamos a continuar.

39. Hacia el Sur. Desde la izquierda, repetimos el Calabozo, luego el Puntal de la Mora en sombra, seguido del Cerro de los Pollos y el del Mirador, que cobijan la Umbría del Polvorite en primer término; siguen Toriles y Buenavista, y después las Sierras de Víznar y la Yedra rompiendo el horizonte. Al fondo, Sierra Nevada inmensa. A la derecha en primer término vemos la vereda por la que vamos a continuar.

Y continuamos, descendiendo la cima hasta dicha vereda, que pierde altura rápidamente en un primer momento:

40. La cima y su garita desde la base.

40. La cima y su garita desde la base.

41. Disfrutamos a nuestra izquierda de la vista sobre el Polvorite. Encinas y pinos se disputan el terreno, junto a espinos, aulagas y, ocasionalmente, el esparto propio de la solana. En paralelo a la vereda, pero bastante más abajo, discurre el carril que conecta los collados de Las Minas y El Cigarrón.

41. Disfrutamos a nuestra izquierda de la vista sobre el Polvorite. Encinas y pinos se disputan el terreno, junto a espinos, aulagas y, ocasionalmente, el esparto propio de la solana. En paralelo a la vereda, pero bastante más abajo, discurre el carril que conecta los collados de Las Minas y El Cigarrón.

Hay un momento en que la vereda se interna unos metros en la umbría…

42. …ocupada por un denso pinar donde, ya por la tarde, juegan luces y sombras.

42. …ocupada por un denso pinar donde, ya por la tarde, juegan luces y sombras.

En ese punto se podría descender la ladera en lugar de seguir por la cresta. Sin vereda clara pero por terreno practicable se podría llegar a los Llanos y collado de Las Minas. Pero nosotros vamos a seguir la senda “oficial”, que en un momento vuelve de nuevo a la divisoria:

43. Por ella continúa, en zona abierta de prados, balcón sobre ambas vertientes.

43. Por ella continúa, en zona abierta de prados, balcón sobre ambas vertientes.

Culmina por fin en un amplio prado…

44. …desde el que tenemos el Cerro de la Hoya del Esparto justo enfrente, el Peñón de la Mata a un lado, Parapanda al fondo.

44. …desde el que tenemos el Cerro de la Hoya del Esparto justo enfrente, el Peñón de la Mata a un lado, Parapanda al fondo.

Desde el final del prado, la vereda se precipita ahora hacia abajo, haciendo una revuelta que nos introduce enseguida en un terreno llano poblado de pinos.

45. Encontraremos aquí un hito de senda, pensado más bien para indicar el camino de subida a los que vienen desde el Polvorite. Pasaremos un poco de él y nos desplazaremos a la derecha, rodeando los pinos para salir a la vaguada -sobreexpuesta- de más allá, que descendemos unos metros…

45. Encontraremos aquí un hito de senda, pensado más bien para indicar el camino de subida a los que vienen desde el Polvorite. Pasaremos un poco de él y nos desplazaremos a la derecha, rodeando los pinos para salir a la vaguada -sobreexpuesta- de más allá, que descendemos unos metros…

46. Hasta tropezarnos con el mencionado carril que viene del Collado del Cigarrón y la Umbría del Polvorite. No lo tomaremos, no, que lo cruzaremos alegremente para salir a los llanos que se derraman detrás. Estamos en el Cerro de Garay.

46. Hasta tropezarnos con el mencionado carril que viene del Collado del Cigarrón y la Umbría del Polvorite. No lo tomaremos, no, que lo cruzaremos alegremente para salir a los llanos que se derraman detrás. Estamos en el Cerro de Garay.

Desde aquí nos dejaremos caer por la vertiente derecha, buscando paso por prados entre grupos de árboles:

47. Es una zona para vagabundear, incluso perderse un poco. Basta con mantener la línea, con el Cerro del Púlpito pronto apareciendo al frente para guiarnos, y si acaso derivar hacia la derecha, donde la ladera cae más dulcemente hacia el llano conocido como Calarillo de Las Minas.

47. Es una zona para vagabundear, incluso perderse un poco. Basta con mantener la línea, con el Cerro del Púlpito pronto apareciendo al frente para guiarnos, y si acaso derivar hacia la derecha, donde la ladera cae más dulcemente hacia el llano conocido como Calarillo de Las Minas.

48. Una vez en el lugar, uno de los más hermosos de la sierra, disfrutaremos de sus pinos y cedros, sobre un prado espectacular que crece en la terra rossa -arcilla de descalcificación- que compone el suelo.

48. Una vez en el lugar, uno de los más hermosos de la sierra, disfrutaremos de sus pinos y cedros, sobre un prado espectacular que crece en la terra rossa -arcilla de descalcificación- que compone el suelo.

Por aquí pasa el sendero señalizado de la Cañada del Sereno, en busca de la Fuente de la Teja, que sería al frente y hacia abajo, por la vereda claramente marcada. Pero si queremos recuperar el vehículo hay que ganar el carril principal, hacia la derecha y unos metros más arriba en la ladera del Cerro de la Hoya del Esparto. Puede hacerse dirigiéndose de frente al cerro, por lo más despejado y en claro ascenso, o podemos prolongar la emoción desviándonos poco a poco a la izquierda, sin subir, para ponernos paralelos al carril, donde acabaremos encontrando una sendilla que termina por salir al mismo unos cientos de metros más allá.

Una vez en el camino, sólo resta seguirlo hacia la izquierda. Dejaremos luego a ese mismo lado el cruce con el de la Fuente de la Teja y Los Peñoncillos, y tras una cuestecilla y varias rectas habremos regresado a los Llanos del Fraile. En el camino, pinos, encinas, cedros, quejigos, e incluso algún melojo despistado, de los poquísimos de esta sierra. Toda una guinda para esta polifacética marcha.

3 pensamientos en “Llanos del Fraile-Corzo por los cerros

  1. Pingback: Umbrías: de Las Minas a Florencia | elcaminosigueysigue

  2. José Cebrian. Molina

    No hay palabras , mejor no se puede describir,bueno sí, viéndolo en directo pero eso queda para los q amamos nuestra tierra,o mejor dicho la tierra de nuestros padres

    Responder
    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Hola, bienvenido y gracias por tu comentario. En mi caso, la verdad es que no es la tierra de mis padres, aunque sí la mía. Me acogeré, mejor, a aquel dicho africano: es la tierra de mis hijos, de quienes la recibimos en préstamo. Cuidémosla para ellos y regalémosles ese amor. Un saludo.

      Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s