Barranco de las Víboras

7 Octubre 2017

El Puerto de la Mora queda cerrado al Oeste por un conjunto de cerros que vienen a constituir el centro geográfico del Parque Natural de la Sierra de Huétor Santillán: Cerro de los Pollos, de las Víboras y Alto del Mirador y Tajos del Buitre al Sur, con la alargada cresta de La Mora al Norte. Entre todos ellos discurre una depresión o llano elevado, la Majada del Arroyo, de la que se desgajan el Barranco de la Mora -con su fuente- al Este, y el Polvorite, cuya fuente aporta las primeras aguas del Darro, hacia el Oeste. Dicho arroyo del Polvorite ha venido a prestar su nombre a toda esa umbría, y por sus faldas transita el sendero señalizado de la Cañada del Sereno, que no llega a remontar entero el arroyo, pues gira al Oeste y hacia abajo desde las faldas del Cerro del Muerto para continuar por un carril en el fondo del valle. Dicho carril, de tomarlo hacia la derecha, pasa bajo el Collado del Cigarrón y luego trepa hasta la Majada, con desvío hacia La Mora. Ese es el acceso más usado para llegar a estos parajes, aunque supone un rodeo importante. Existe, sin embargo, un acceso directo desde el sur, que puede abreviarnos la subida a los cerros, o constituir una conveniente ruta de vuelta a la zona de los Peñoncillos. Esta entrada describe dicha alternativa.

De hecho, usé la vereda de marras para la vuelta, porque tenía claramente localizado su arranque desde lo alto del cerro, pero en cambio no tenía claro su comienzo en el llano. Para llegar a las alturas, y por rizar el rizo, atroché la Cañada del Sereno por una ruta alternativa que ya conocía de otra ocasión, aunque tiene un tramo que no recomendaría a un amigo… Aquí tienes la ruta en Google Maps.

El comienzo y final de la excursión se encuentra en las cercanías de la Casa Forestal de los Peñoncillos, primera salida del Parque Natural después de pasar Huétor Santillan por la A-92. En cuanto cruzamos la autovía por encima, observaremos a la derecha el arranque de un carril cerrado por una cancela. Aparcaremos lo más cerca posible -no es necesario llegar a Los Peñoncillos- y nos acercaremos ya andando a dicha cancela, que no tiene candado porque su valla solo pretende evitar que los animales puedan irrumpir en la autovía.

Pocos metros después de plácido recorrido por un llano cubierto de pinos, encuentro una bifurcación. Me barrunto que el ramal derecho es el que conecta con la vereda que busco, pero, fiel a mi plan inicial, tomo por el de la izquierda para cumplimentar la ruta en el sentido de las agujas del reloj.

El llano va picando suavemente hacia arriba buscando una vaguada…

… en cuya cabecera (re)encuentro un nutrido conjunto de colmenas, junto a las que paso sin molestar pero sin perder la compostura.

El camino, ya más desdibujado, sigue en la misma dirección hasta ascender, en unos pocos metros, a un rellano donde se pierde por completo:

Amarillo hoy, verde en primavera, es el cuello de lo que los mapas llaman la loma del Toril, estribación que separa el Barranco de las Víboras -a nuestra espalda- del de Los Corrales -o Tejoneras, según quien lo cartografíe-, enfrente.

Buscando, buscando, hacia el comienzo de los pinos recupero una débil senda que resigue el borde del claro:

Haberla, hayla. Por ella abandonaré la loma perdiendo un poco de altura, para después continuar a cota.

En el tramo que sigue, la alineación de piedras nos habla de que esto es -o al menos ha sido- vereda ganadera de cierta enjundia (de hecho figura en mi 1:50.000 militar del 92)

A estas alturas he enfilado el Barranco –Corrales o Tejoneras, quién podría decirlo-, y para mantener el rumbo llega el momento en el que la senda se apresta a cruzarlo:

…por una cuestecilla abajo donde estoy atento a no perder la débil senda…

… que es más clara en la otra margen, ascendiendo suavemente para abandonar el cauce.

Superado el barranquito, me dejo guiar por la claridad que intuyo al frente a la derecha, donde se abre un nuevo rellano despejado:

Este primoroso balcón, de amplias vistas, viene nombrado en los mapas militares como Majada de Salinas.

Estoy unos 30m por encima del actual sendero de la Cañada del Sereno. Si caminara hacia el borde y a la derecha del claro, llegaría a ver el sendero, y alguna trocha que permite alcanzarlo, a costa de perder altura. Como eso ya lo hice en la última ocasión, voy a intentar mantener la cota y hacer a lo largo toda la majada. Encuentro trocha, que incluso se prolonga cuando acaba lo más despejado:

Por terreno amable sigo progresando sin perder altura (¡bienn!, pienso)

Conforme asciendo un nuevo collado, el paisaje a mi espalda se hace más rotundo. Pena de Sierra (no) Nevada, sin el blanco contrapunto que pediría la ocasión.

Acabo llegando sin novedad a un tercer rellano, o escalón superior de la majada, y me alegro (de momento) de haber seguido mi intuición…

Corona el rellano un cerrillo rocalloso, al que subo para hacerme con el entorno: frente a mí el rellano acaba en pendientes salpicadas de pinos que bajan hacia el sendero de la Cañada del Sereno. A la derecha, donde acaba el claro, se insinúa un barranquito, el de los Cajeros, que lleva el mismo destino. Pero más a la derecha, el cerro que repunta del otro lado del barranquito forma un collado con los altos que quedan ya a mi espalda. No parece mucha subida, y estimo que me ahorra rodear todo el cerro. Eso sin contar que el mapa militar traza por ahí una antigua vereda por la que acceder de modo más directo a la umbría. Aquí cometo mi error funesto: me decido, tras bajar de mi pedestal, por derivar a la derecha para afrontar la subida a dicho collado. Llego al barranquito de los Cajeros y tomo su sentido ascendente que apunta al collado de marras. Luego -tarde- comprenderé que me hubiera ido mejor descendiéndolo para llegar al sendero. He marcado ese punto en la ruta como “Comienzo tramo no recomendado”, y ahora veréis por qué:

De entrada, la embocadura del barranco desde el rellano se presenta de esta guisa: terreno erizado de aulagas, sobre lecho de pedruscos en lapiaz, aromatizado al romero…

El fondo del barranco no presenta ninguna ventaja sobre la ladera: es un manto pinchoso por el que ascendemos, yo con esfuerzo y mi fiel Bruno con gimoteante angustia, cada metro un sinvivir…

Aquí tomado desde arriba, ya casi en su cabecera.

Voy pensando que, total, son unos metros, y que en cuanto salga de la vaguada al llano superior todo va a mejorar… pero no: el llano superior es tan tupido y pinchoso como el barranco, y parece mentira que unos arbustillos que no levantan tres palmos del suelo puedan dar tanto… la lata. El caso es que ya no queda sino perseverar, haciendo incontables eses para evitar los obstáculos más notorios, con la esperanza puesta en que la umbría del otro lado acabe con las aulagas…

Y así va a ser, en efecto: en cuanto corono el último collado, 1.452m de espinas, se me presenta una vaguadita bastante practicable, hollada incluso por caprinas pezuñas, que de un modo que se me antoja dulcísimo va a llevarme a aterrizar en la vereda de la Cañada del Sereno, con bastantes más arañazos que al principio de la mañana. Y no digo yo que no hubiera vereda en su momento, quizá incluso siga existiendo y no he dado con ella, pero si la hay, está bien defendida por la madrastra naturaleza en su versión más antipática.

Esta es la vereda de la Cañada del Sereno en el punto de aterrizaje (marcado en el plano como “Fin tramo no recomendado). Si has tenido el buen criterio de venir por ella, es el tramo que llanea hacia la Umbría del Polvorite, después de completar la subida inicial con sus tres miradores sucesivos.

No me durará mucho la autopista, pues la voy a dejar unos cientos de metros más adelante, donde curva a la izquierda al superar el Arroyo de la Majada de los Mármoles. Yo tiraré por el arroyo arriba, tal como se comenta en esta entrada, a la que os remito para lo que sigue.

De todas formas, no hay comparación con mi excurso pinchoso: aquí sí que existe una sendita, que era más incierta en aquella mi primera visita, pero que ahora parece más transitada y que incluso algún alma piadosa ha balizado con pequeños hitos de cuando en cuando. Como además transcurre por umbría, la densidad de aulagas por cm cuadrado es francamente más aceptable.

Sendita, que discurre por la margen derecha según se sube, unos metros por encima del cauce del barranco.

Conforme el pinar se adensa, el suelo prácticamente se despeja de arbustos, salvo algún que otro rosal dispuesto, eso sí, a cobrarse su peaje (en sangre) si no andamos con tiento.

Poco a poco el terreno se allana en unas majadas que clarean el bosque, a la altura del Cerro del Muerto, pequeña elevación que queda a nuestra izquierda. Me mantengo en el borde del pinar alto que domina a la derecha, y en el punto en el que la senda comienza tímidamente a bajar (en dirección al Arroyo del Polvorite), sé que tengo que desviarme a la derecha, para no perder altura:

Separándose de la principal que vemos a la izquierda, me parece distinguir incluso una débil trocha que toma esa dirección, y marco ese punto con un pequeño montoncillo de piedras, para orientación de futuros caminantes.

El pinar es muy cómodo, casi solo pinocha en el suelo y, algo más allá, mientras voy contorneando la concavidad que hace el terreno por la izquierda, la presunta senda se define por momentos, confirmándome que voy por buen camino.

Un hito, en este caso natural, servirá de referencia: unos peñascos que se asoman a la pendiente de la ladera, desde los cuales puede gozarse de vistas sobre el Cerro de la Mora y el curso superior del Polvorite.

Poco después, cruzo el cortafuegos que disecta el valle por ambas de sus vertientes (ruta de escape arbust-free si nos vieramos agobiados). Del otro lado, el terreno sigue más o menos igual, aunque la vereda, dividida en varias trochas a distintas alturas, parece hacerse más notoria.

Paso por debajo de una vaguada donde la humedad propicia el crecimiento de majuelos, rosales y guillomos, coloreados de otoño.

Y en un par de periquetes, supero la divisoria que limita la cuenca del Polvorite…

… y llego a la Majada del Arroyo, donde el terreno llanea ostensiblemente y un poco marcado camino viene a mi encuentro.

Para llegar a la vereda que he venido a investigar me bastaría con descender a la vaguada y tomarla hacia la derecha hasta su final, pero, ya que estoy aquí y con tiempo, doy la espalda a las sirenas que me llaman a bajar, y tomo resueltamente la dirección que sube hacia la cima del cerro:

No es para nada penoso, y me apetece disfrutar de las extraordinarias vistas que sé que me aguardan en la cima.

Un periquete más y estoy en lo alto. Esto podría llamarse Alto del Mirador (y a fe que lo es), como dice el mapa militar, o tal vez Cerro del Polvorite? Los cartógrafos no parecen muy unánimes sobre el tema…

Pero lo de Mirador tiene su sentido si vuelves la vista hacia el Este…

… tanto como si lo haces hacia el Oeste. En la entrada que os vinculaba antes podéis encontrar una pano de 360º con los nombres de muchos de los cerros (no la voy a repetir aquí).

Tras unos minutos de contemplación y unos sorbos de agua -que Bruno agradece más que yo-, me dispongo a dar sentido a la excursión investigando la presunta vereda que, cual Ítaca serrana, ha motivado esta salida. Para ello vuelvo a descender el cerro, ya no por el camino, pero tampoco a tontas y a locas por la vertiente sur, áspera y pendiente, sino desandando el prado de la cima para dejarme caer, dirección Este, hacia la Majada del Arroyo. El terreno pisado por los rebaños me confirma que he hecho lo correcto (hay que ser un poco cabra para seguir sendas de cabras…).

En unos minutos estoy en la vaguada, por la que discurren sendas -ya no camino- que la recorren en sentido longitudinal.

Este conspicuo peñón bicéfalo marca el final de la vaguada. Podéis ver, bajo un pino a la derecha, un pequeño hito de piedras que señala precisamente el comienzo de la senda de bajada.

Hasta aquí había llegado en otra ocasión en que subí desde el Puerto de la Mora y el Barranco de los Pollos -que atesora importantes trincheras de la Guerra Civil, por cierto-. Había entonces tropezado con ese inicio de vereda, pero no pude hacerla porque tenía el coche en la dirección contraria. Hoy va a ser el día, ya que ahora mi punto de salida y llegada está justo frente a mí.

Esta es una foto de aquella excursión. Tras una cuestecilla entre pinos, la vereda se identifica con el cauce del barranco que aquí nace, el Barranco de las Víboras, y por unos metros serpentea entre bizarras formaciones de dolomías torturadas por la erosión. Mi duda era si más abajo se mantenía o había tomado por vereda lo que era solo barranco…

Pronto salgo de dudas:

Abandonando el cauce por su margen derecha, la senda se estabiliza en la ladera, cómoda y despejada.

A mi izquierda, en un tramo despejado, diviso un vistoso dique de piedra que recorre la ladera al otro lado del barranco…

… y que tiene su continuación en este lado ¿Qué hará la vereda? ¿Superarlo por encima?

Pues no. Porque llegando a su altura da un quiebro a la izquierda y baja procelosamente para embocar la puerta que el barranco ha abierto entre ambos contrafuertes. Un hito (al que añado alguna piedrecilla) confirma que ese es el camino, hollado además por múltiples pezuñas.

Situado en la abertura, bajo peñascos a uno y otro lado, observo que la vereda pasa ahora a la margen izquierda del barranco. La veo progresar por la ladera, sin intención de desvanecerse por el momento.

Poco después se interna en el pinar, lo que me causa gran contento, temiendo como temía que la bajada fuera asolanada y calenturienta.

Nada más lejos de la realidad, pues la sombra de los pinos me va a acompañar ya durante la mayor parte del descenso.

La vereda se orienta entonces al siguiente contrafuerte, y aquí me trae vivamente a la memoria la bajada de los Alayos por los Atalayones (al Oeste de Cerro Hueco), que cumplimentamos no hace mucho.

Entre pinos, la senda busca la base de los tajos, y ya no dudo de que es camino franco y seguro, a más de interesante y placentero. Por seguir con las comparaciones, las crestas del macizo que he dejado arriba, a mi derecha, me recuerdan bravíos rincones de la Almijara:

Véase ese caótico skyline, desde un claro alfombrado de esparto por el que pasa la vereda poco antes del final…

… que llega enseguida, conforme la vereda aterriza en el llano cubierto de pinos.

Ahora debo ir girando a la derecha para retornar a mi punto de partida. La vereda es menos clara bajo el pinar, pero algunos hitos ayudan a no despistarse. De hecho, hay dos o tres bastante juntos marcando el comienzo de lo que sería subida si se hace en sentido contrario. Me pongo mentalmente en la tesitura de embocarla viniendo desde abajo, y tomo como referencia una vaguada -bajando, a mi izquierda, a la derecha si subiera-, que acota el terreno y nos dirigiría a los mencionados hitos. Dicha vaguada no es el Barranco de las Víboras, que sigue estando a mi derecha según bajo, y que cruzo un momento después. Desde allí tomo esta panorámica como orientación, mirando hacia arriba como si quisiera tomar la vereda desde aquí:

El Barranco de las Víboras ocupa la izquierda de la foto. Vemos un hito casi en el centro, y la senda difuminada que progresa hacia la derecha. Poco después encontraríamos, más a la derecha, la vaguada secundaria que antes comentaba, y entre uno y otra tropezaríamos con los hitos que marcan el comienzo de la subida.

Tras cruzar el barranco, poco profundo en este llano, salgo a lo que parece ya un camino en condiciones:

Cubierto de agujas de pino, es, sin embargo, suficientemente claro como para no despistarse.

Aquí, una última precisión para quien quisiera hacer la ruta a la inversa: el camino al que he llegado, recorrido a la inversa, permanece a este lado del Barranco de las Víboras, e induce a confusión, porque acaba llevándonos al propio barranco y a un aulagar que me recuerda al de esta mañana. Hay hitos de buen tamaño -y yo he puesto alguno más- marcando el punto en el que habría que dejarlo, cruzar el barranco, y proceder como indicaba en la foto de antes. De hecho, incluso he cruzado unas piedras en el camino, haciendo una X, como aviso para navegantes. No sé si durarán, pero al menos lo he intentado.

Continuando mi ruta, poco después alcanzo un lugar conocido:

… donde otro camino se une a este por la derecha. En efecto, es la bifurcación del comienzo, y acabo de retornar por donde suponía, y de cerrar el círculo.

Ha sido un provechoso día de exploración. Espero que a alguien le pueda ser de utilidad. Chau.

 

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