Río de la Toba (Guájar Alto)

Caratula-Guajar-Toba

23 Diciembre 2013

El invierno trae frío, y la Navidad trae cuñados andariegos a nuestras costas. Todo se combina para viajar al sur, y Los Guájares tienen atractivos de sobra para merecer un buen pateo. Planteada una caminata mañanera y descartada por bestia la ida y vuelta entre Ítrabo y Guájar Alto, nos decidimos a salir desde este último pueblo -el más alto del valle- para acompañar al Río de la Toba hasta su punto más alto, el Collado de la Toba, divisoria entre dicho río y los barrancos que forman el Río de Albuñuelas…

El río de la Toba corre entre la Sierra del Chaparral, que lo separa de la costa, y la Sierra de los Guájares, que lo separa del interior. Así aislado y abrupto (dicen que Guájar viene del árabe wah-run: abrupto, escarpado) el valle de Los Guájares comprende tres núcleos -Guájar Fondón, Guájar Faragüit y Guájar Alto-, aunque unidos en un único ayuntamiento desde 1973. La herencia morisca sigue siendo evidente en su trazado urbano y en sus paratas trabajosamente ganadas a la fuerte pendiente, e irrigadas por centenarios sistemas de acequias.

Para justificar el topónimo, sirva esta vista desde el comienzo del valle. Guájar Fondón en primer término, Guájar Faragüit asomando por detrás, oculto Guájar Alto, donde lo más abrupto.

Para justificar el topónimo, sirva esta vista desde el comienzo del valle. Guájar Fondón en primer término, Guájar Faragüit asomando por detrás, oculto Guájar Alto, donde lo más abrupto.

Llegamos, pues, en coche a Guájar Alto, tras remontar todo el valle desde la estrecha puerta que se abre al Guadalfeo algo más abajo del azud de Vélez. Incluso hacemos un kilómetro más por la pista cementada que lleva al área recreativa, junto al río, y estacionamos pasada esta última, donde el carril se divide en dos: un ramal a la derecha que sube por la ladera, y el otro que cruza el río y sigue paralelo al fondo. Este será el que tomemos, fácil y cómodo, aunque en sostenida pendiente, hasta el final.

De entrante… guacamole. Los aguacates se encargan de recordarnos que -aquí a 470 m de altitud- estamos en una zona de clima subtropical.

De entrante… guacamole. Los aguacates se encargan de recordarnos que -aquí a 470 m de altitud- estamos en una zona de clima subtropical.

El camino comienza a ganar altura, conforme dejamos atrás la parte más amplia y cultivada del valle.

El camino comienza a ganar altura, conforme dejamos atrás la parte más amplia y cultivada del valle. Los sauces son los últimos árboles en mantener el amarillo del otoño, pelados ya todos los demás caducifolios.

Enseguida superamos, con una revuelta del camino, el Barranco del Fuerte, que entra por la izquierda. Porta un hilillo de agua, recogida en el escaso pero empinado trayecto desde el Tajo de la Posta, que aparece al fondo.

Enseguida superamos, con una revuelta del camino, el Barranco del Fuerte, que entra por la izquierda. Porta un hilillo de agua, recogida en el escaso pero empinado trayecto desde el Tajo de la Posta, que aparece al fondo.

Caminamos entonces por el pie del Cerro del Fuerte, que es la impresionante torre que destaca por encima del pueblo cuando se viene desde abajo. Aquí estamos demasiado encima como para echarle la foto…

…pero en cambio tenemos buena visión del siguiente cerro, el de la Jesa, a cuyos pies nos aguarda el Cortijo del Tajo.

…pero en cambio tenemos buena visión del siguiente cerro, el de la Jesa, cuyos callos pisaremos más adelante.

Aunque estamos casi en umbría, el clima benigno permite al esparto aparecer en los pocos tramos orientados -como mucho- al Este.

Aunque estamos casi en umbría, el clima benigno permite al esparto aparecer en los pocos tramos orientados -como mucho- al Este.

Nos acercamos ahora al barranco entre el Cerro del Fuerte y el de la Jesa, que viene a confluir en la parte más estrecha del valle de la Toba…

… donde empezamos a entender el origen del nombre: fantásticas formaciones de tobas calcáreas cuelgan de las laderas, algunas fosilizadas, otras todavía activas, como estas profundas cuchillas…

… donde empezamos a entender el origen del nombre: fantásticas formaciones de tobas calcáreas cuelgan de las laderas, algunas fosilizadas, otras todavía activas, como estas profundas cuchillas recorridas por un hilillo de agua.

En mitad de este caos, el Cortijo del Tajo o Los Tajos ocupa un rellano en la falda del cerro de la Jesa, junto al camino y a pocos metros -pero verticales- del río que se esconde a sus pies. Hacemos propósito de bajar a este cogollo del río a la vuelta, por un carril que se desviaba a la derecha antes del último barranco lateral. De momento, superado el barranco y junto al Cortijo, miramos hacia atrás, calibrando lo recorrido:

Hemos ascendido 250 m, lo que nos da una cierta perspectiva de este formidable valle.

Hemos ascendido 250 m, lo que nos da una cierta perspectiva de este formidable valle. El pino predomina abrumadoramente, aunque hemos visto alguna encina, algarrobos, olivos y almendros, con un sotobosque donde campan la sempiterna aulaga y el romero, acompañados aquí por el boj y el brezo, ausentes en las tierras del interior…

El sustrato geológico del Manto de los Guájares está compuesto básicamente por mármoles. Entre dos gruesos paquetes de ese material, se intercala en cambio un par de estratos de esquistos, que afloran localmente valle abajo. Significativamente, las zonas de cultivo de los pueblos se desarrollan precisamente en estos terrenos, ya que los suelos que forman los mármoles son demasiado raquíticos para otra cosa que no sea monte esclerófilo.

Antes de doblar la esquina y superar el cortijo, todavía vemos el Alto del Rayo sobre nuestras cabezas, con la vistosa Peña a la que rodea el camino que discurre por esas alturas.

Antes de doblar la esquina y superar el cortijo, todavía vemos el Alto del Rayo sobre nuestras cabezas, con la vistosa Peña a la que rodea el camino que discurre por esas alturas.

Superado el Cortijo del Tajo, vamos rodeando la falda del Cerro de La Jesa, hasta salir a una zona mucho más abierta y de relieves más suaves. Está ocupada por diversos cortijos, algunos activos y otros no tanto, y secanos con olivos y almendros.

Aquí el camino empieza a caracolear para ganar altura y, con ello, perspectivas de los montes de alrededor. En particular divisamos el Pico de la Giralda, punto culminante de la Sierra de los Guájares.

Aquí el camino empieza a caracolear para ganar altura y, con ello, perspectivas de los montes de alrededor. En particular divisamos el Pico de la Giralda (izquierda), punto culminante de la Sierra de los Guájares.

Que la cabecera sea amplia y las laderas más suaves no impide que el río, en su eterno excavar, siga encajonándose en su centro…

… apoyando con más tobas su topónimo, por si no quedaba claro. Vemos por encima de éstas el cortijo llamado de la Chorrera. Y tampoco es un topónimo inverosímil…

… apoyando con más tobas su topónimo, por si no quedaba claro. Vemos por encima de éstas el cortijo llamado de la Chorrera. Y tampoco es un topónimo descabellado…

Aquí sí hay numerosos carriles que arrancan a uno y otro lado, y seguimos siempre el que parece más principal, hasta una bifurcación, en la parte alta de la ladera, donde no sabríamos decidir, pues son ambos semejantes. El de la derecha llanea rodeando toda esta amplia cuenca, para dirigirse luego hacia la ladera del río opuesta a la que hemos andado (pero son muchos kilómetros). El que nos interesa es el de la izquierda, que asciende todavía buscando el Puerto, y más allá.

Desde las inmediaciones de la bifurcación, mirando hacia abajo, cualquiera diría, viendo los dóciles campos, que hemos subido un proceloso barranco.

Desde las inmediaciones de la bifurcación, mirando hacia abajo, cualquiera diría, viendo los dóciles campos, que hemos subido un proceloso barranco.

Un par de revueltas y estamos arriba:

Llegando al Puerto de la Toba. Estamos rozando los 1.130 m de altitud.

Llegando al Puerto de la Toba. Estamos rozando los 1.130 m de altitud.

Del otro lado, con mucho menos desnivel, discurre el Barranco de la Cruz Chiquita -singular nombre-, que luego se unirá al del Cañuelo para formar el Río de Albuñuelas. Hay que decir que para ser un punto culminante resulta más bien anodino, pues vemos un barranquillo cubierto de pinos que no consigue emocionarnos (ni le he tirado una foto). Otra cosa sería subir alguna de las alturas que flanquean el collado, pero la hora -contando con poder comer en el pueblo- nos aconseja empezar el descenso.

Así lo hacemos por el mismo camino de subida, pero a los pocos metros, en lugar de girar con él a la derecha, nos descolgamos por la vaguada que llevamos a la izquierda, que descendemos sin senda pero sin pérdida…

…descendiendo entre buenos pinos, por un terreno donde a ratos la humedad subyacente hace aflorar algunas juncáceas.

…bajando entre buenos pinos, por un terreno donde a ratos la humedad subyacente hace aflorar algunas juncáceas.

Y no tiene pérdida porque corta necesariamente el carril que antes descartamos, y que cruza la ladera en perpendicular a nuestro curso. Y además lo corta en el punto en el que de él se desprende uno secundario que lleva al Cortijo de Buenavista. Ese es el que tomamos, para descender suavemente hasta el mismo.

¿Por qué se llamará así? Vemos la Giralda a la izquierda, Lújar en el centro, con la sierrecilla del Conjuro al fondo del todo, y luego la del Chaparral a la derecha, con el Cerro del Fuerte asomando la cabeza tras el de la Jesa, que se sale del campo.

¿Por qué se llamará así? Vemos la Giralda a la izquierda, Lújar en el centro, con la sierrecilla del Conjuro al fondo del todo, y luego la del Chaparral a la derecha, con el Cerro del Fuerte asomando la cabeza tras el de la Jesa, que se sale del campo.

El camino llega hasta las edificaciones del Cortijo y ahí acaba. Tenemos por debajo un olivar, al que accedemos por una vereda que luego se difumina en sus paratas:

No es complicado, en todo caso, descender hasta el cerrillo de pinos y suelo blanquecino que se ve abajo. Allí reaparece un carril, que tomamos. Rodea el cerrillo por la derecha y continúa hacia abajo.

No es complicado, en todo caso, descender hasta el cerrillo de pinos y suelo blanquecino que se ve abajo. Allí reaparece un carril, que tomamos. Rodea el cerrillo por la derecha y continúa hacia abajo.

Junto al camino, bajo los pinos, el brezo y la aulaga intercambian bermellones, rosas y amarillos:

Este brezo ya sin corolas…

Este brezo con las corolas ya tornadas al rojo…

… y este que las conserva todavía.

… y este que conserva todavía el rosa original.

El camino hace una revuelta para superar una vaguada, que recibe un hilillo de agua de una fuente con abrevadero situada junto al camino. Unos cuantos sauces han aprovechado la existencia del líquido elemento para aposentarse.

El camino hace una revuelta para superar una vaguada, que recibe un hilillo de agua de una fuente con abrevadero situada junto al camino. Unos cuantos sauces han aprovechado la existencia del líquido elemento para aposentarse.

Descartando un par de entradas a la derecha, hacia el Cortijo del Prado, nos mantenemos en el carril hasta que sale al principal, por el que subimos a la ida, y que tomaremos ahora hacia la izquierda. Estamos ya en la parte baja de esta zona más abierta, pero enseguida nos introducimos en el estrechamiento del valle, buscando de nuevo el Cortijo del Tajo:

Hay en esta finca una curiosa variedad de árboles, con olivos y frutales dialogando con cipreses y hasta un enhiesto cedro.

Hay en esta finca una curiosa variedad de árboles, con olivos y frutales dialogando con enhiestos cipreses y hasta un cedro, sin olvidar algún eucalipto despistado, mientras junto al río campan los sauces y los pinos lo enmarcan todo.

En cuanto doblamos la esquina, para descender al barranco lateral que sigue, tenemos una espectacular visión del Cerro del Fuerte, que antes nos quedaba a la espalda:

Podría pasar por un tepui venezolano, sustituyendo los árboles tropicales por estilizados carrizos.

Podría pasar por un tepui venezolano, sustituyendo los estilizados carrizos por especies tropicales.

A pesar de no ser ni siquiera las 3h, el sol de invierno no llega a iluminar la umbría; sólo roza las crestas y sobrevuela los collados…

A pesar de no ser ni siquiera las 3h, el sol de invierno no llega a iluminar la umbría; sólo roza las crestas y sobrevuela los collados…

Llegamos al punto en el que pensábamos investigar la bajada y cruce del río, pero nos vendemos por un plato de lentejas (alpujarreño) y decidimos seguir hacia Guájar Alto. Queda pendiente.

La sauceda en el fondo del barranco nos llama, pero la dejaremos (con pena) para otra ocasión.

La sauceda en el fondo del barranco nos llama, pero la dejaremos (con pena) para otra ocasión.

… que a nosotros también nos queda pendiente… por bajar.

… que a nosotros también nos queda pendiente… por bajar.

Y miramos hacia atrás, despidiéndonos del Cortijo del Tajo y de este bravío repliegue. La senda que tal vez exista cruzaría el río bajo la repisa de tobas del cortijo, para ascender luego y superar por arriba los cortados de la derecha, desde los que una vereda visible en la ortofoto nos llevaría al camino de la solana.

Y miramos hacia atrás, despidiéndonos del Cortijo del Tajo y de este bravío repliegue. La senda que tal vez exista cruzaría el río bajo la repisa de tobas del cortijo, para ascender luego y superar por arriba los cortados de la derecha, desde los que una vereda visible en la ortofoto nos llevaría al camino de la solana.

En cambio, seguimos camino abajo y volvemos a encontrarnos con el Barranco del Fuerte, cuya amplia confluencia con el Río de la Toba vemos abajo, escoltada por grupos de sauces:

El dique de piedra es el que ha creado este rellano, al rellenarse de los sedimentos arrastrados por la corriente.

El dique de piedra es el que ha creado este rellano, al colmatarse con los sedimentos arrastrados por la corriente. El Arroyo del Fuerte entra por la derecha, uniéndose al río, que entrevemos tras el pino a la izquierda.

Cruzando el Arroyo del Fuerte. A mí estos sitios me llaman, y ganas me dan de andar barranco arriba, aunque me extrañaría que hubiera salida hacia arriba.

Cruzando el Arroyo del Fuerte. A mí estos sitios me llaman, y ganas me dan de andar barranco arriba, aunque me extrañaría que hubiera salida hacia las cimas.

De nuevo el bello valle cercano al pueblo nos acoge, multicolor…

De nuevo el bello valle cercano al pueblo nos acoge, multicolor…

Junto al vehículo, pequeños huertecillos con naranjas y kakis en sazón…

Junto al vehículo, pequeños huertecillos con naranjas y kakis en sazón…

Y esto es todo. Conseguimos que nos den de comer un buen plato con sustancia, y reponemos fuerzas en una terraza (¡un 23 de Diciembre!, comenta Toño, oscense maravillado) aprovechando los últimos rayos de sol. Luego, a casa por Navidad. Felices fiestas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s