Rodeando el Cerro de Altomiro

Aprovechando esos días tontos de principios de Enero, conseguí embarcar a parte de la familia cordobesa en un proyecto largamente acariciado: se trataba de quedar a medio camino entre Córdoba y Granada para continuar nuestra exploración de la Sierra Sur de Jaén, en este caso ya partiendo de Valdepeñas. Rodearíamos el Monte de las Ánimas y el Cerro de Altomiro, de sonoros nombres, como aperitivo e introducción a toda la zona de Carboneros que ya habíamos acotado desde el sur sin llegar a pisarla.

Lo primero fue llegar a Valdepeñas de Jaén, cada cual desde su casa, que es cosa de entre hora y media y dos horas, dependiendo del arrojo de cada cual.

El pueblo de Valdepeñas desde un coqueto mirador situado en su parte alta, al lado de nuestro punto de reunión, en el arranque del camino del Cortijo de Los Peñones y Carboneros.

El pueblo de Valdepeñas desde un coqueto mirador situado en su parte alta, al lado de nuestro punto de reunión, en el arranque del camino del Cortijo de Los Peñones y Carboneros.

Hicimos en coche la subida al cortijo de Los Peñones para no descorazonar a los menos acostumbrados, dejando el otro coche en la salida del camino del Cortijo de Las Ánimas, por donde habríamos de volver. El camino de Los Peñones no es precisamente una autopista, pero te lleva, a condición de no ser muy escrupuloso con los bajos del coche.

Ya superado el Cortijo, le hacemos a foto, con el valle abajo.

Ya superado el Cortijo, le hacemos la foto, con el valle abajo. Lo de Los Peñones parece claro ¿no?

El camino procede en ligera subida, que en este día fresco no molesta demasiado. Nos va regalando vistas de los cerros desde el Oeste:

En el centro, el Monte de Las Ánimas oculta al Cerro de Altomiro. Rodearemos ambos entrando por el collado que se intuye a la derecha del primero.

En el centro, el Monte de Las Ánimas oculta al Cerro de Altomiro. Rodearemos ambos entrando por el collado que se intuye a la derecha del primero, a donde nos conduce el camino sin titubeos.

Aquí estamos llegando al collado, verde y rozagante en estas fechas, luminoso y claro el día paramayor disfrute.

Aquí estamos llegando al collado, verde y rozagante en estas fechas, luminoso y claro el día para mayor disfrute.

Justo desde el collado sale un camino secundario a la izquierda, escasamente marcado en este primer prado, aunque luego se afirmará.

Justo desde el collado sale un camino secundario a la izquierda, escasamente marcado en este primer prado, aunque luego se afirmará. Se lo intuye a la izquierda, y Lucas nos lo marca con su presencia.

No se aprecia mucho porque está cubierto de hierba, gloria de caminos blanditos y jugosos…

No se aprecia mucho porque está cubierto de hierba, gloria de caminos blanditos y jugosos…

En cuanto trasponemos la divisoria nos internamos en un buen encinar, a través de cuyos árboles vamos oteando el precioso valle de Carboneros a nuestros pies:

Carboneros se llama el arroyo, y los tres cortijos que lo adornan son los de Carboneros, Carbonerillo y Carbonerito, para que no quede duda de la ocupación de sus antiguos habitantes.

Carboneros se llama el arroyo, y los tres cortijos que lo adornan son los de Carboneros, Carbonerillo y Carbonerito, para que no quede duda de la ocupación de sus antiguos habitantes.

Otra vista del valle, que puede seguirse hasta la Fresnedilla, donde ya hemos estado viniendo del Este. Al fondo se avista el Paredón con sus molinos -que no gigantes…-

Otra vista del valle, que puede seguirse hasta el Tercero, mientras el camino principal lo abandona por la derecha para bajar a la Fresnedilla, donde ya hemos estado viniendo del Sur. Al fondo se avista el Paredón con sus molinos -que no gigantes…-

El camino que hemos escogido, en cambio, no baja al valle sino que faldea los dos cerros que nos ocupan sin perder apenas altura.

Rodeamos la hermosa alameda de Carboneros, hoy pelada por el invierno…

Rodeamos la hermosa alameda de Carboneros, hoy pelada por el invierno…

… y venimos al final a internarnos por una vaguada que se forma entre Altomiro y las llamadas lomas de Carboneros:

Aquí la vemos mirando hacia atrás, con el Cerro del Hoyo centrando el paisaje. A mitad de ladera de este último comienza la finca de Los Morales, de la que hemos tropezado con su borde Suroeste en otra ocasión.

Aquí la vemos mirando hacia atrás, con el Cerro del Hoyo centrando el paisaje. A mitad de ladera de este último comienza la finca de Los Morales, de la que hemos tropezado con su borde Suroeste en otra ocasión.

Y aquí vemos la vaguada hacia arriba, en el sentido de la marcha, señoreada por unos altos álamos.

Y aquí vemos la vaguada hacia arriba, en el sentido de la marcha, señoreada por unos altos álamos.

Superados los álamos, volvemos a mirar hacia atrás, gozando con las airosas crestas que de este lado hacen las mencionadas lomas de Carboneros.

Superados los álamos volvemos a mirar hacia atrás, gozando con las airosas crestas que de este lado hacen las mencionadas lomas de Carboneros.

Y un poco más arriba nos hacemos con toda la amplitud del entorno que vamos dejando atrás.

Y un poco más arriba nos hacemos con toda la amplitud del entorno que vamos dejando atrás.

A estas alturas ya hemos optado por el ramal izquierdo de los dos en los que la vaguada se divide. Es el más ancho, y culmina en un nuevo collado -el punto más alto de la excursión de hoy- marcado por varios quejigos de cierto porte:

Desde aquí se podría subir al Altomiro sin más que atacar la ladera. Nos quedarían unos 120 m de ascenso no demasiado complicado. Pero por hoy lo dejaremos correr.

Desde aquí se podría subir al Altomiro sin más que atacar la ladera. Nos quedarían unos 120 m de ascenso no demasiado complicado. Pero por hoy lo dejaremos correr.

Del otro lado damos vista al Cerro de Los Morales a la derecha, y al frente al Cerro de la Horca, punto más alto de la cresta de Ventisqueros, tras la cual se encuentran el embalse del Quiebrajano y La Pandera. De este lado es mucho más alomado que del otro, donde se despeña en vistosos tajos que diríanse pirenáicos o alpinos.

Del otro lado damos vista al Cerro de Los Morales a la derecha, y al frente al Cerro de la Horca, punto más alto de la cresta de Ventisqueros, tras la cual se encuentran el embalse del Quiebrajano y La Pandera. De este lado es mucho más alomado que del otro, donde se despeña en vistosos tajos que diríanse pirenáicos o alpinos.

Aprovechamos este lugar privilegiado para hacer la foto oficial, habida cuenta de que hasta Sierra Nevada se ha asomado para saludarnos en este único punto de la jornada.

Aprovechamos este lugar privilegiado para hacer la foto oficial, habida cuenta de que hasta Sierra Nevada se ha asomado para saludarnos en este único punto de la jornada.

Luego nos dejamos caer por el camino al otro lado del collado…

…sin dejar de avistar hermosos ejemplares de quejigo en la ladera del Altomiro.

…sin dejar de avistar hermosos ejemplares de quejigo en la ladera del Altomiro.

El camino baja serpenteando hasta un pequeño repunte donde, entre rocas y prado, decidimos comer. Desde allí yo me desviaré a la derecha para -recuperando un poco de la altura que hemos perdido- asomarme a una nava que luce apetitosa en la ortofoto…

Subiendo hacia allá atravieso una zona de piornos, tendidos al sol como verdes ovejas sesteando.

Subiendo hacia allá atravieso una zona de piornos, tendidos al sol como verdes ovejas sesteando. Hay una valla que me apañaré para cruzar, sin portillo a la vista. Bruno hace lo propio de un limpio salto, aunque luego no lo tendrá tan claro para volver y habré de “ayudarle” amablemente.

La nava tiene su encanto, verde valle rodeado por alturas desnudas.

La nava tiene su encanto, verde valle rodeado por alturas desnudas.

Desde el prado que precede a la nava saco una nueva panorámica, ahora con el rojizo Cerro del Morrón asomando tras Ventisqueros. A sus pies y a la izquierda se encuentra Valdepeñas, aunque demasiado abajo como para ser visible desde aquí.

Desde el prado que precede a la nava saco una nueva panorámica, ahora con el rojizo Cerro del Morrón (en el centro) asomando tras Ventisqueros. A sus pies y a la izquierda se encuentra Valdepeñas, aunque demasiado abajo como para ser visible desde aquí.

Vuelvo al lugar de la comida, a la vera del camino que baja por el fondo del valle. Enseguida retomamos la marcha…

En el fondo, un grupo de quejigos alcanzan más desarrollo, protegidos de las inclemencias del tiempo.

En el fondo, un grupo de quejigos alcanzan más desarrollo, protegidos de las inclemencias del tiempo.

Lucas en uno de sus dramáticos trepes, dominando el paisaje…

Lucas en uno de sus dramáticos trepes, dominando el paisaje… Tras él las estribaciones de Ventisqueros, cuajadas de encinas (y quejigos, pero que apenas se ven por lo pelados. Hemos llegado un mes tarde).

Una encina luminosa.

Una encina luminosa.

Nuestro barranquito acaba juntándose con el que discurre por el fondo del valle entre Altomiro y Ventisqueros, que comienza algo más arriba, a la derecha, en el puerto de Navalayegua. La toponimia no está clara, pero se diría que en las inmediaciones de Valdepeñas se va a llamar Río de Susana. Es un valle más amplio, recorrido por un carril de buena factura, ideal para este retorno a la luz de la tarde que declina…

Valle abajo vamos, entre quejigos de buen porte y bajo los ceñudos tajos del Morrón y La Solana.

Valle abajo vamos, entre quejigos de buen porte y bajo los ceñudos tajos del Morrón y La Solana. Altomiro y Cerro de las Ánimas quedan ahora a nuestra izquierda.

En mitad del valle reposa el Cortijo de Las Ánimas, convertido en alojamiento rural, que no tiene en absoluto mala pinta.

En mitad del valle reposa el Cortijo de Las Ánimas, convertido en alojamiento rural, que no tiene en absoluto mala pinta.

Los quejigos no dejan de regalarnos sus rotundas siluetas…

Los quejigos no dejan de regalarnos sus rotundas siluetas…

Hay un punto en el que el camino hace una amplia revuelta, que trochamos para ahorrarnos unos metros:

El atajo es por verdes prados entre encinas dispersas, así que no duele nada.

El atajo es por verdes prados entre encinas dispersas, así que no duele nada.

Cerca del final, el valle se estrecha un poco antes de abrirse a aquel por el que subimos.

Cerca del final, el valle se estrecha un poco antes de abrirse a aquel por el que subimos.

Decido adelantarme para subir a por el coche, que está en el Cortijo de Los Peñones, pues no quiero meter el de Juan -más bajo de bajos- por ese camino algo truculento. Usando a Bruno como tracción extra a las cuatro patas, completo la subida en 20 minutos y bajo el coche a reunirme con el resto. Atravesamos Valdepeñas de vuelta y tomamos camino, ellos hacia Castillo de Locubín, nosotros hacia Frailes, para variar.

Pero antes echamos una última mirada a Valdepeñas, recostado al solecito de la tarde que ya agoniza.

Pero antes echamos una última mirada a Valdepeñas, recostado al solecito de la tarde que ya decae.

Rodeamos el paraje del Hoyo, que queda pendiente, y atravesamos Frailes para salir por Ribera Baja y Casillas de Mures…

…donde nos despide el último sol de la tarde…

…donde nos despide el último sol de la tarde…

…hasta la N-432, que nos llevará de vuelta a Granada. A Juan y familia les pareció un poco lejos desde Córdoba, pero al que algo quiere algo le cuesta, y no dudo de que nosotros volveremos más pronto que tarde, pues esta sierra lo merece. Adeu.

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