iMaginando senderos

caratula-magina6 Diciembre 2016

Tiempo de quejigos. Volvemos a la incomparable Sierra de Mágina para disfrutar del color de sus árboles en otoño y de la frescura de sus prados, que un noviembre generoso en lluvias ha rescatado de la sequedad de un verano que parecía eterno…

Vamos a realizar un recorrido que en su mayor parte está descrito aquí, aunque rizando el rizo para incluir el ascenso a una vistosa cresta que ya había llamado mi atención en ocasiones anteriores, con lo que ganamos en altura, vistas y rincones espectaculares.

plano-magina-prados2Comenzamos accediendo a las inmediaciones del Castillo de Mata Begid (como se explica en la ruta comentada anteriormente). En esta ocasión dejamos el coche un poco antes, lo que nos permite disfrutar de una rotunda vista del castillo desde el Sur:

Aquí son los cornicabras (Pistacia terebinthus) los que colorean el paisaje con su intenso tono rojizo. Detrás, el valle del Arroyo de los Prados, que nos proponemos ascender.

Aquí son los cornicabras (Pistacia terebinthus) los que colorean el paisaje con su intenso tono rojizo. Detrás, el valle del Arroyo de los Prados, que nos proponemos ascender.

El día está de dulce, cada elemento como recién lavado, encinas oscuras y rojos cornicabras sobre el verde intenso del prado, con el telón de fondo de azules de la Sierra Sur bajo el puro azul del cielo.

El día está de dulce, cada elemento como recién lavado, encinas oscuras y rojos cornicabras sobre el verde intenso del prado, con el telón de fondo de azules de la Sierra Sur bajo el puro azul del cielo.

Dos botones de muestra mejor que uno…

Dos botones de muestra mejor que uno… Este es el prado inmediatamente anterior al castillo.

Sobrepasado el derruido edificio -más casona que fortaleza-, andamos por el carril que, en suave pendiente, enfila el valle hacia arriba. Dejaremos enseguida a la izquierda una desviación que desciende hacia un cortijo situado algo más allá, comenzando nosotros el par de revueltas con las que nuestro camino gana altura (que pueden trocharse, lo que haremos a la vuelta).

Ganando altura, se amplían las vistas del valle a nuestra espalda.

Ganando altura, se amplían las vistas del valle a nuestra espalda.

Y empiezan a aparecer, diseminados entre el encinar, los quejigos que ennoblecen el paraje.

Y empiezan a aparecer, diseminados entre el encinar, los quejigos que ennoblecen el paraje.

Tras las primeras revueltas, el camino dobla una esquina y se adentra en lo más denso del encinar…

…dominado en este tramo por la vista de la Peña de Jaén, extremo Sur de la cresta superior de Mágina.

…dominado en este tramo por la vista de la Peña de Jaén, extremo Sur de la cresta superior de Mágina.

Los quejigos al borde del camino lucen un tapizado nuevo, acorde con la estación…

Los quejigos al borde del camino lucen un tapizado nuevo, acorde con la estación…

Puestos a destacar, las encinas tampoco se quedan atrás…

Puestos a destacar, las encinas tampoco se quedan atrás…

En las vaguadas se adensan los quejigos, al amor de la mayor humedad del terreno.

En las vaguadas se adensan los quejigos, al amor de la mayor humedad del terreno.

En un par de momentos accedemos a los prados donde se encontraba el cortijo de su mismo nombre, que, por extensión, denomina el valle entero:

Prados del Cortijo de los Prados. Aquí el bosque se adehesa y encontramos, junto a las ruinas del Cortijo y su fuente, algunos ejemplares realmente hermosos.

Prados del Cortijo de los Prados. Aquí el bosque se adehesa y encontramos, junto a las ruinas del Cortijo y su fuente, algunos ejemplares realmente hermosos…

…bajo uno de los cuales hacemos nuestra foto oficial.

…bajo uno de los cuales hacemos nuestra foto oficial. Bruno chupa cámara, interpérrito.

La campiña alrededor diríase jardín inglés, todo delicias…

La campiña alrededor diríase jardín inglés, todo delicias…

Bajo palio disfrutamos de todos los colores.

Bajo palio disfrutamos de todos los colores.

Este venerable ejemplar de quejigo acoge nuestro pequeño piscolabis para reponer fuerzas.

Este venerable ejemplar de quejigo acoge nuestro pequeño piscolabis para reponer fuerzas.

Tras la parada, continuamos valle arriba, tras visitar la fuente del paraje, trochando las revueltas del camino entre árboles de majestuoso porte:

Como esta rebolonda encina, de tronco no excesivamente grueso, pero de monumental desarrollo de copa.

Como esta rebolonda encina, de tronco no excesivamente grueso, pero de monumental desarrollo de copa.

De copa a copa y sigo porque me toca…

De copa a copa y sigo porque me toca…

La asociación "Hugs for free" desarrollando su labor…

La asociación “Hugs for free” desarrollando su labor…

Esta cresta, que en ocasiones anteriores ha sido telón de fondo de nuestro deambular, va a ser ahora objetivo a conquistar; hasta allí arriba vamos a subir, aunque dando un cierto rodeo…

Esta cresta, que en ocasiones anteriores ha sido telón de fondo de nuestro deambular, va a ser ahora objetivo a conquistar; hasta allí arriba vamos a subir, aunque dando un cierto rodeo…

Para ello continuaremos el camino hasta que cruza el Arroyo de los Prados, momento en el que abandonaremos el carril y seguiremos aguas arriba:

En ese punto, una pareja de quejigos marca el camino a seguir.

En ese punto, una pareja de quejigos marca el camino a seguir.

Hay una ligera trocha, que enseguida cruza el arroyo y prosigue por la margen derecha, a través de las zonas más descubiertas…

… donde encontramos este cadáver, en proceso de devolver a la madre tierra lo que aquella le prestó en su momento…

… donde encontramos este cadáver, en proceso de devolver a la madre tierra lo que aquella le prestó en su momento…

A nuestra espalda, el Pico Almadén asoma la nariz coronada de nubes.

A nuestra espalda, el Pico Almadén asoma la nariz coronada de nubes…

Mientras, al frente, Mágina se le confronta, orgullosa.

Mientras, al frente, Mágina se le confronta, orgullosa. La máxima elevación corresponde al pico soleado que asoma por la izquierda (2.164m). En primer término, la Peña de Jaén (2.147m)

Como respondiendo al desafío, el Almadén se destaca sobre el valle conforme ascendemos.

Como respondiendo al desafío, el Almadén (2.036m) se destaca sobre el valle conforme ascendemos.

En otra ocasión recuerdo haberme mantenido paralelo y cercano al cauce del arroyo, hasta salir cerca de la confluencia de los caminos del Puerto Mágina y Puerto de la Mata. Hoy aceptamos que las sendas más marcadas nos lleven más a la derecha, con lo que vamos a acabar saliendo a la primera curva en redondo que hace el camino de ascenso al Puerto de Mágina…

… hacia donde nos guía la luminosa nube que ha acabado por prenderse en las cimas…

… hacia donde nos guía la luminosa nube que ha acabado por prenderse en las cimas…

En la mencionada curva encontramos una fuente con abrevadero, a la izquierda del camino, y una pequeña edificación al otro lado. Antes de la misma abandonamos el carril por la derecha y progresamos por un llano relativamente despejado, aunque con vigorosas encinas en su borde. Una cerca ganadera a nuestra izquierda nos marca la dirección. El llano pronto acaba…

…en este punto, desde el que, bajo el palio de la última encina retomamos la vista del valle del Arroyo de Los Prados.

…en este punto, desde el que, bajo el palio de la última encina, retomamos la vista del valle del Arroyo de Los Prados.

Lo que sigue es una bajada algo trabajosa por terreno de roquedo marcado por las trochas del ganado…

…desde el que gozamos de la vista sobre el valle, amenizada por los juegos de luces y sombras que las crecientes nubes proyectan sobre el terreno. Podríamos descender hacia la zona de prados iluminados del centro de la foto para retomar el carril po el que hemos subido, pero en esta ocasión derivaremos hacia la izquierda, buscando no perder altura, con idea de ascender la cresta que domina ese costado, que ahora vemos muy al alcance dde la mano.

…desde el que gozamos de la vista sobre el valle, amenizada por los juegos de luces y sombras que las crecientes nubes proyectan sobre el terreno. Podríamos descender hacia la zona de prados iluminados del centro de la foto para retomar el carril por el que hemos subido, pero en esta ocasión derivaremos hacia la izquierda, buscando no perder altura, con idea de ascender la cresta que domina ese costado, que ahora vemos muy al alcance de la mano.

Conforme nos acercamos al cuello que forma la cresta al adosarse a la ladera, vamos descubriendo una senda que sigue la dirección que nos hemos planteado. Atravesando algunas hondonadas y un par de pedreras, acaba acometiendo una corta y empinada subida, que nos lleva junto a un culminante peñasco, ya cerca del mencionado cuello:

Y es tan evocador el lugar, nido de águilas coronado por solitaria encina, que decidimos que no hallaremos mejor lugar para nuestra pequeña comida campestre.

Y es tan evocador el lugar, nido de águilas coronado por solitaria encina, que decidimos que no hallaremos mejor lugar para nuestra pequeña comida campestre. Por un momento somos los reyes del mambo, digo…, del mundo.

Acabado el refrigerio, completamos los pocos metros que nos separan del falso llano que allí comienza y que, todavía en ligera cuesta, nos va a llevar al collado que buscamos:

… con las crestas a la derecha, aquí ya muy a la mano, aunque luego se despeñan unas decenas de metros hacia el valle.

… con las crestas a la derecha, aquí ya muy a la mano, aunque luego se despeñan unas decenas de metros hacia el valle.

En la vecindad del collado, algunos arces de Montpellier salpican el terreno. No deja de ser curiosa la predilección del arce por servir de hito en este tipo de lugares (me recuerda a uno que marca la transición entre umbría y solana cuando se rodea el lejano Majalijar…

En la vecindad del collado, algunos arces de Montpellier salpican el terreno. No deja de ser curiosa la predilección del arce por servir de hito en este tipo de lugares (me recuerda a uno que marca la transición entre umbría y solana cuando se rodea el lejano Majalijar…).

Rodeando por la izquierda un cerrillo rocoso, accedemos a este pintoresco lugar:

El horizonte en la foto está nivelado, aunque el mundo en esta parte parece haber sido inclinado por algún gigante juguetón. Al fondo, la más alta de las crestas que dominan el valle, hacia la que caminaremos.

El horizonte en la foto está nivelado, aunque el mundo en esta parte parece haber sido inclinado por algún gigante juguetón. Al fondo, la más alta de las crestas que dominan el valle, hacia la que caminaremos.

El ascenso por este lado es poco más que un sencillo trepadero, que nos deja en el punto culminante de nuestra ruta:

Auténticas Cumbres Borrascosas, el tiempo colabora cerrando ominosas nubes sobre nosotros, que por fortuna no irán a más. Al fondo a la derecha, el Arroyo de los Prados; a la izquierda, fuera de la foto, La sierra pega el último estirón (de 500m, eso sí) hasta la mismísima Peña de Jaén.

Auténticas Cumbres Borrascosas, el tiempo colabora cerrando ominosas nubes sobre nosotros, que por fortuna no irán a más. Al fondo a la derecha, el Arroyo de los Prados; a la izquierda, fuera de la foto, la sierra pega el último estirón (de 500m, eso sí) hasta la mismísima Peña de Jaén.

Tirando de zoom, que diría el amigo Joseme, acercamos los multicolores quejigos que adornan los Prados, por donde pasamos hace un rato.

Tirando de zoom, que diría el amigo Joseme, acercamos los multicolores quejigos que adornan los Prados, por donde pasamos hace un rato.

Hacia la parte alta del valle, las nubes han acabado velando el Almadén y el Puerto de la Mata.

Hacia la parte alta del valle, las nubes han acabado velando el Almadén y el Puerto de la Mata.

Descendemos la peña por donde la hemos subido, y en su base giramos a la derecha, prosiguiendo por el llano en la dirección que traíamos. Superado el collado, el terreno desciende ahora suavemente frente a nosotros. Si siguiéramos en esa dirección, abandonaríamos el valle de Los Prados para entrar en la ladera Sur de la sierra, que desciende hacia el Centro de Interpretación de Mágina y el pueblo de Huelma, pero nos vamos a dejar guiar por la pendiente que, entre las crestas que acabamos de visitar y un cerrillo algo más allá, busca una amplia vaguada o concavidad que se orienta de nuevo hacia el valle. Hay aquí buenas trochas marcadas sobre el lapiaz, que con comodidad nos sacan del desolado llano superior para internarnos de nuevo en el bosque.

Saludamos con agradecimiento la presencia del primer quejigo, que parece impresionar también a Pandi, nuestro lobo particular.

Saludamos con agradecimiento la presencia del primer quejigo, que parece impresionar también a Pandi, nuestro lobo particular.

La senda va girando a la derecha, rodeando el promontorio coronado por las crestas. Cae la tarde, las sombras se alargan y con ellas nuestros corazones, bajo el recobrado sol.

La senda va girando a la derecha, rodeando el promontorio coronado por las crestas. Cae la tarde, las sombras se alargan y con ellas nuestros corazones, bajo el recobrado sol.

Tras un tramo más denso de bosque, acabamos llegando a un carril que, desde Los Prados, alcanza una terraza pedregosa sobre el valle, donde ya estuvimos en otra ocasión:

Hemos casi completado el rodeo de la cresta, cuyo frente poderoso vuelve a aparecer frente a nosotros. De allá arriba venimos…

Hemos casi completado el rodeo de la cresta, cuyo frente poderoso vuelve a aparecer frente a nosotros. De allá arriba venimos…

Tomando el carril a la izquierda, en pocos metros lo volvemos a abandonar para acceder a la mencionada terraza, amplio llano pedregoso que termina abruptamente en una nueva serie de tajos. Nos asomamos a su borde:

…para disfrutar de la vista, que el sol de la tarde vuelve aun más esplendorosa.

…para disfrutar de la vista, que el sol de la tarde vuelve aun más esplendorosa. El cielo se ha ido despejando, y divisamos perfectamente, a la derecha, la cresta que hemos coronado, y tras ella, la Peña de Jaén.

Al igual que en aquella ocasión, caminaremos hacia el borde Sur del rellano, ascendiendo una cuestecilla antes de buscar uno de los canutos que nos permiten bajar al camino. La bajada vuelve a ser empinada y sin senda hasta que, conforme el terreno se nivela, se hace más cómoda y marcada por trochas de ganado. Al igual que para bajar de la cresta superior, vamos girando a la derecha, sin alejarnos demasiado de los cortados, buscando el camino por el que subimos, que discurre por su base.

Un proceloso mar de olas montañosas a nuestros pies…

Un proceloso mar de olas montañosas a nuestros pies…

Ya en el camino, desandamos lo hecho esta mañana, entre quejigos de oro…

Ya en el camino, desandamos lo hecho esta mañana, entre quejigos de oro…

… y de fuego…

… y de fuego…

Cerca de Mata Begid, los árboles parecen guardar el rescoldo de la luz moribunda.

Cerca de Mata Begid, los árboles parecen guardar el rescoldo de la luz moribunda.

El ocaso nos sorprende, ya muy cerca del final, poniéndose el sol tras la cresta de Ventisqueros, en la Sierra Sur, con la Pandera asomando a su derecha, bajo la nube.

El ocaso nos sorprende, ya muy cerca del final, poniéndose el sol tras la cresta de Ventisqueros, en la Sierra Sur, con la Pandera asomando a su derecha, bajo la nube.

Nos quedan 20 minutos de luz para llegar a la carretera y, ya de noche, volver a casa. Ha sido un espléndido paseo, cuyas imágenes guardaremos en la retina durante mucho tiempo… Adieu.

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