Lanteira. El Río del Barrio

Caratula-Barrio

4 Octubre 2015

Lanteira está flanqueada por dos ríos: el del Pueblo, al oeste, y el del Barrio al este. Ya habíamos remontado el Río del Pueblo  y habíamos descendido por la loma para salir al tramo inferior del Río del Barrio. Se me había metido en la cabeza hacer el círculo recorriendo los dos valles en todo el tramo que va desde el pueblo al carril principal del Marquesado. Es lo que intentamos el domingo día 4. No llegamos a completarlo porque el tiempo se nos echó encima y volvimos a descender por la loma. Pero en esta ocasión habíamos empezado por el del Barrio, así que, aunque en días distintos, el círculo se ha cerrado…

Llegamos a Lanteira desde La Calahorra y Alquife, y atravesamos todo el pueblo hasta salir por el carril que bordea el campo de fútbol. Pasado éste, aparcamos el coche a la sombra de los pinos. Estamos entre los dos ríos y continuamos, ya andando, en la dirección que llevábamos para enfilar el Río del Barrio.

Un poco antes, nos demoramos rodeando la vetusta balsa que aquí se encuentra. No es muy buena idea completar el rodeo, porque topamos con vallas y maleza que dificultan el paso. Es mejor echar un vistazo y volver por el mismo lado al camino).

Un poco antes, nos demoramos rodeando la vetusta balsa que aquí se encuentra (no es muy buena idea completar el rodeo, porque topamos con vallas y maleza que dificultan el paso. Es mejor echar un vistazo y volver por el mismo lado al camino).

En pocos metros, el camino gira a la derecha y apunta al valle, henchido de promesas de otoño:

Una luz incierta enciende y apaga los amarillos, tras resbalar -líquida- por las adustas laderas de pinos

Una luz incierta enciende y apaga los amarillos, tras resbalar -líquida- por las adustas laderas de pinos.

El carril que siguimos viene a morir en el Área recreativa de Lanteira:

Es un estrecho y coqueto rincón sombreado de chopos, con un puente sobre el arroyo, que por aquí baja reducido a su mínima expresión.

Es un estrecho y coqueto rincón sombreado de chopos y castaños, con un puente sobre el arroyo, que por aquí baja reducido a su mínima expresión.

El Área recreativa.

El Área recreativa.

Aquí era donde empezaba la exploración y la incertidumbre, al no tener constancia de que hubiera vereda río arriba. Tras una breve exploración, en el extremo superior descubrimos un paso practicable:

Junto al arroyo, una valla caída da paso a una trocha con signos de paso.

Junto al arroyo, una valla caída da paso a una trocha con signos de paso.

Comprobamos que la trocha, bien que mal, nos permite ascender junto al arroyo, aunque esquivando algún que otro obstáculo (por lo general espinoso). Se empiezan a suceder bucólicas estampas de agua y vegetación:

Jóvenes castaños junto al agua. Suponemos que el poco caudal obedece al desvío del agua por alguna acequia.

Jóvenes castaños junto al agua. Suponemos que el poco caudal obedece al desvío del agua por alguna acequia.

De vez en cuando alguna terraza fluvial que ocupa el fondo de contados ensanchamientos, se viste de árboles de diversos tipos. Aquí acacias.

De vez en cuando alguna terraza fluvial que ocupa el fondo de contados ensanchamientos, se viste de árboles de diversos tipos. Aquí acacias.

Sin olvidar las setas, que empiezan a aparecer aunque el agua caida todavía es poca. Desconocemos la mayoría, así que las dejamos en paz.

Sin olvidar las setas, que empiezan a aparecer aunque el agua caida todavía es poca. Desconocemos la mayoría, así que las dejamos en paz.

Esta nos llama la atención por su color, no sabemos si relacionado con el agua ferruginosa que a ratos brota del suelo junto al cauce. No en vano estamos cerca de una de las minas de hierro más importantes del Sureste, en Alquife.

Esta nos llama la atención por su color, no sabemos si relacionado con el agua ferruginosa que a ratos brota del suelo junto al cauce. No en vano estamos cerca de una de las minas de hierro más importantes del Sureste, en Alquife.

Esta se ha abierto como una estrella, reventada por las costuras.

Esta se ha abierto como una estrella, reventada por las costuras.

En este rellano son los castaños los que predominan.

En este rellano son los castaños los que predominan.

En algún momento, la maraña junto al cauce obliga a echarse a la ladera, pero la trocha parece comprenderlo y nos acompaña en el trance.

En algún momento, la maraña junto al cauce obliga a echarse a la ladera, pero la trocha parece comprenderlo y nos acompaña en el trance. Eso nos permite apreciar el exterior del bosque galería y jugar al “dentro-fuera”.

En esta terraza vuelven a aparecer las acacias, acompañadas del plumoso rascaviejas (Adenocarpus decorticans). Eso indicaría que estamos en territorio potencial del robledal. No sé si históricamente lo hubo, pero hoy las laderas parecen un poco más secas de lo necesario para su desarrollo.

En esta terraza vuelven a aparecer las acacias, acompañadas del plumoso rascaviejas (Adenocarpus decorticans). Eso indicaría que estamos en territorio potencial del roble. No sé si históricamente los hubo, pero hoy las laderas parecen un poco más secas de lo necesario para su desarrollo.

Encontramos un arbusto que por un momento nos desconcierta. Al final, atando cabos, concluyo que es un Cotoneaster granatensis (Durillo dulce) que por estar en fruto nos despistaba un poco. Siempre lo había visto en primavera, hojas tiernas y sin flor, y aquí está maduro como un señor… maduro.

En cambio, encontramos un arbusto que por un momento nos desconcierta con sus frutos violáceos. Al final, atando cabos, concluyo que es un Durillo dulce (Cotoneaster granatensis) que por estar en fruto nos despistaba un poco. Siempre lo había visto en primavera, hojas tiernas y sin flor, y aquí está maduro como un señor… maduro.

Hay tramos donde la alameda adquiere hechuras de catedral…

Hay tramos donde la alameda adquiere hechuras de catedral…

… y otras de laberinto para enanos…

… y otras de laberinto para enanos…

El arroyo, mientras tanto, prosigue su camino, eternamente renovado. Lo vemos aquí más alegre, con el agua que más abajo le han quitado.

El arroyo, mientras tanto, prosigue su camino, eternamente renovado. Lo vemos aquí más alegre, con el agua que más abajo le han quitado.

Quede constancia de que, sin ser el Amazonas, da para construir un pequeño ecosistema fecundado por el agua.

Quede constancia de que, sin ser el Amazonas, da para construir un pequeño ecosistema fecundado por el agua.

Y en ese ecosistema, estas delicadas colonias de vacaciones para esporas.

Y en ese ecosistema, estas delicadas colonias de vacaciones para esporas.

Hay momentos en que optamos por salir a la ladera ante un pasaje especialmente cerrado. No suele ser buena idea, pues debemos volver pronto al cauce por pasos poco claros y en pendiente. Solo cerca del final, conforme caminamos por la margen derecha (ascendiendo), por bancales de pinos, llegamos a ver un ascenso practicable…

Hay momentos en que optamos por salir a la ladera ante un pasaje especialmente cerrado. No suele ser buena idea, pues debemos volver pronto al cauce por pasos poco claros y en pendiente.

Solo cerca del final, conforme caminamos por la margen derecha (ascendiendo), por bancales de pinos, llegamos a ver un ascenso practicable, e incluso la línea regular de lo que podría ser el borde del carril, que acude al encuentro del río en horizontal desde la loma. Decidimos subir y, en efecto, llegamos al carril:

… con el Área recreativa 2 (la de arriba) a tiro de piedra. Nos faltaban sólo 200m de valle, pero se lo hemos dejado a las vacas que llevamos por delante todo el rato, a ver si dejamos de empujarlas hacia arriba.

… con el Área recreativa 2 (la de arriba) a tiro de piedra. Nos faltaban sólo 200m de valle, pero se lo hemos dejado a las vacas que llevamos por delante todo el rato, a ver si dejamos de empujarlas hacia arriba.

Conseguimos parar a las vacas con nuestra maniobra envolvente, y penetramos en el Área recreativa, situada por encima de donde el carril cruza el arroyo.

Una amplia alameda que transparenta fuegos escondidos, algún sauce junto al agua, un par de elegante cedros…

Una amplia alameda transparenta fuegos escondidos, algún sauce junto al agua, un par de elegante cedros…

Río arriba, la margen derecha se despuebla de árboles, aunque no de un cerrado y espinoso matorral, sobre el que destaca el "fuego" que nos llamaba la atención…

Río arriba, la margen derecha se despuebla de árboles, aunque no de un cerrado y espinoso matorral, sobre el que destaca el “fuego” que nos llamaba la atención…

Un joven serbal (Sorbus domestica) en el punto álgido de su coloración otoñal.

… un joven serbal (Sorbus domestica) en el punto álgido de su coloración otoñal.

Ya que comemos aquí, aprovecho para explorar un poco río arriba, buscando la conexión con un carril que sé que desciende al cauce más arriba desde la derecha, tras pasar unos corrales sobre un espolón de la ladera.

El arroyo se deja recorrer unos metros, pero luego se cierra. No consigo progresar y abandono la empresa.

El arroyo se deja recorrer unos metros, pero luego se cierra. No consigo progresar y abandono la empresa.

Hacemos la foto oficial bajo el ojo naranja que nos mira.

Hacemos la foto oficial bajo el ojo naranja que nos mira.

Tras la comida, tomamos el carril (según se sale del Área recreativa, a la izquierda)…

Desde el mismo, chopos y rocas juegan al contrapunto…

Desde el mismo, chopos y rocas juegan al contrapunto…

… mientras nos alejamos del cauce buscando el mirador del Peñón de Lanteira.

… mientras nos alejamos del cauce buscando el mirador del Peñón de Lanteira.

Son unos cientos de metros de ascenso hasta llegar al mirador, instalado con sus barandas de madera sobre un espolón rocoso a la derecha del camino.

Desde el mirador echamos el último vistazo a la ruta dorada que hemos seguido por el fondo del valle, y a la línea oscura que marca el transcurso del carril entre los pinos.

Desde el mirador echamos el último vistazo a la ruta dorada que hemos seguido por el fondo del valle, y a la línea oscura que marca el transcurso del carril entre los pinos.

El día se ha puesto tonto y una extraña neblina va velando las cumbres y apagando los contrastes. Salimos del mirador y tomamos el ramal derecho, descendente, de la bifurcación que hay unos metros más allá. Por aquí llegaríamos al río del Pueblo para completar el círculo, pero la hora nos decide a tomar el carril que, caracoleando, desciende toda la loma hasta el vehículo. Arranca algo más allá, pero no llegamos a la bifurcación porque nos dejamos tentar por una senda que arranca por la derecha, marcada por un poste de sendero. Tras unos metros paralela al carril, toma luego la dirección de la loma, con lo que nos ponemos abajo en un par de periquetes. Habremos cruzado en una ocasión el carril descendente, y tomado a la izquierda en un rellano donde sestean unas vacas tras un cercado. Venimos a salir frente al campo de fútbol, muy cerca del coche, que queda a nuestra derecha. Lanteira no tiene una marcha espectacular a estas horas, de modo que el café por el que suspiramos deberá esperar hasta La Calahorra. Pero damos por muy bien empleado -y terminado- el día. Salud.

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