Río Verde que te quiero verde

Hace ya tiempo que deseaba hacer esta ruta: la bajada a Río Verde por la senda de los Chortales, para subir luego a la pantaneta y volver por el Cortijo de la Cueva de Funes y el carril que desde allí asciende de nuevo a la carretera. La Semana Santa trajo a la familia segoviana, que esta vez sí se apuntó con entusiasmo (unos más que otras) al evento. La primavera recién estrenada, la más lluviosa del siglo, prometía duplicar el disfrute…

Así que unos desde Granada y otros desde Almuñecar, quedamos más o menos en el punto medio: el arranque del sendero señalizado que parte del collado de Los Chortales (km. 32 de la Carretera de la Cabra (SO-02)).

Antes de llegar, paro en una recacha bajo los Pollos del Pescado para sacar esta panorámica del campo de operaciones. Tras el feroz incendio del 1999, la vida va rebrotando, joven pero incontenible…

Antes de llegar, paro en una recacha bajo los Poyos del Pescado para sacar esta panorámica del campo de operaciones. Tras el feroz incendio del 1999, la vida va rebrotando, joven pero incontenible. Enfrente y algo a la izquierda, por encima de un conspicuo cortafuegos, vemos el Cerro de Martos, por cuya falda discurre la vereda de bajada.

En el collado hay una extensión para aparcar, en la vecindad de un panel indicador del sendero. Estamos en la divisoria entre los barrancos de Río Verde y Lentegí. Sopla un viento fuerte y fresco, lo cual no vendrá mal a la hora de subir, aunque inquieta un poco en la aérea vereda de bajada. Cuando la abordamos, sin embargo, el propio cerro de Martos hace de cortavientos y la situación mejora. El día es, por lo demás, luminoso y claro como corresponde a una tregua primaveral entre jornadas de lluvia.

Comprobamos que los escasos pinos que hace unos años medían un metro, hoy se han multiplicado y entrado en la adolescencia. Junto a ellos, el típico matorral de romero y aulaga que es el primero en colonizar las zonas incendiadas.

Comprobamos que los escasos pinos que hace unos años medían un metro, hoy se han multiplicado y van entrando en la adolescencia. Junto a ellos, el típico matorral de romero y aulaga que es el primero en colonizar las zonas incendiadas.

Conforme rodeamos el cerro, aparece ante nosotros el Navachica, coronado de nubes, con el Cerro de Cabañeros a la derecha y luego el Cerro de Lopera (fuera de la imagen).

Conforme rodeamos el cerro, aparece ante nosotros el Navachica, coronado de nubes, con el Cerro de Cabañeros a la derecha y luego el Cerro de Lopera (fuera de la imagen).

La vereda está muy bien trazada y mantenida. Aunque transita por una ladera bastante pendiente, es segura siempre que uno mire dónde pone los pies (como alguno tuvo ocasión de comprobar, afortunadamente sin consecuencias).

Y ofrece una perfecta panorámica de lo que será nuestro camino de vuelta: el carril que se trenza con el Barranco de Los Chortales, que aquí vemos desde arriba.

Y ofrece una perfecta panorámica de lo que será nuestro camino de vuelta: el carril que se trenza con el Barranco de Los Chortales, que aquí vemos desde arriba.

Sin descender demasiado, la senda llega a la esquina del cerro, marcada por unos vistosos cortados…

Sin descender demasiado, la senda llega a la esquina del cerro, marcada por unos vistosos cortados…

…tras los cuales hay un rellano desde el que se puede subir a un mirador. Espectaculares paredes fracturan el paisaje aquí y allá…

…tras los cuales hay un rellano desde el que se puede subir a un mirador. Espectaculares paredes fracturan el paisaje aquí y allá…La senda principal deja el mirador a la izquierda, rodeándolo…

…ofreciéndonos el primer vislumbre del río: aquí todavía Barranco de Los Chortales, pero ya Río Verde a efectos prácticos.

…ofreciéndonos el primer vislumbre del río: aquí todavía Barranco de Los Chortales, pero ya Río Verde a efectos prácticos. El carril de las Cabrerizas hiere el terreno con su blancura como lavado con Ariel.

Tras un segundo rellano, la vereda se apura a bajar todo lo que no ha querido bajar antes, y se retuerce sobre sí misma en fuerte pendiente hasta convertirse en escalera, defendida por barandas de madera:

En su punto álgido, a los húmedos pies del cerro que le da sombra, hay colocado incluso un cable fijo como pasamanos.

En su punto álgido, a los húmedos pies del cerro que le da sombra, hay colocado incluso un cable fijo como pasamanos.

De repente, en una revuelta, queda a la vista el primer hito del camino: la Cascada de los Árboles Petrificados:

Aquí la vemos en contexto, pequeñita bajo las paredes que la rodean. De no ser por ese salto, la bajada lógica sería por el propio barranco de los Chortales, una rambla cómoda hasta aquí…pero sin salida.

Aquí la vemos en contexto, pequeñita bajo las paredes que la rodean. De no ser por ese salto, la bajada lógica sería por el propio barranco de los Chortales, una rambla cómoda hasta aquí…pero sin salida. La última vez que pasé se veía la poza desde aquí; ahora la tapan los pinos, que eventualmente taparán la cascada, pues no hay mal sin bien y viceversa, mis queridos pitufos…

Acabamos la bajada con unos cuantos tramos de empinada escalera. Para muestra, un botón.

Acabamos la bajada con unos cuantos tramos de empinada escalera. Para muestra, un botón.

Y por fin, la cascada. Pensaba yo que los troncos que la adornan eran del incendio, pero un panel informa de que son restos de la saca de madera que se hacía allá por los años 20, por el río. En todo caso, un espectáculo.

Y por fin, la cascada. Pensaba yo que los troncos que la adornan eran del incendio, pero un panel informa de que son restos de la saca de madera que se hacía allá por los años 20, por el río. En todo caso, un espectáculo.

Y el lugar más indicado para la foto oficial, aunque con algún problema de espacio…

Y el lugar más indicado para la foto oficial, aunque con algún problema de espacio…

Dejamos la cascada bajando a lo abierto:

13-Llaneando

Todavía tendremos que cruzar el Arroyo de las Cabrerizas para llegar al carril, que seguimos a la derecha, río abajo, para dejarlo en su primera curva cerrada, antes de que cruce el río. Nuestra senda sigue por la margen izquierda, y se entrelaza con el agua en unas cuantas revueltas, que nos sitúan junto al segundo hito de la jornada, las Cascadas de Funes:

Las cascadas son la salida del Barranco de la Cueva de Funes al de los Chortales. Encontrándose el agua en lo alto de un cerro, y sin poder decidirse por un curso concreto, horadó aquí y allá y acabó desparramada por la ladera, formando pequeñas pozas y saltos de toba en el entretanto.

Las cascadas son la salida del Barranco de la Cueva de Funes al de los Chortales. Encontrándose el agua en lo alto de un cerro, y sin poder decidirse por un curso concreto, horadó aquí y allá y acabó desparramada por la ladera, formando pequeñas pozas y saltos de toba en el entretanto.

Lo cierto es que esperaba más agua, después de este marzo hiperhúmedo, pero estaban muy modositas. Estas formaciones son (geológicamente) cambiantes, y lo mismo gran parte del agua ha encontrado un sumidero para ahorrarse el salto y salir más abajo ¿qui lo sà?

Lo cierto es que esperaba más agua, después de este marzo hiperhúmedo, pero estaban muy modositas. Estas formaciones son (geológicamente) cambiantes, y lo mismo gran parte del agua ha encontrado un sumidero para ahorrarse el salto y salir más abajo ¿qui lo sà? En lo alto hay potentes coladas de travertino que indican por dónde llegaba a caer el agua en algún momento pasado.

Al pie de las cascadas, en una pequeña hoya, el río recibe al Barranco de los Madroñales, que en esta parte es un profundo corte de navaja a través del monte. En la hoya, sauces, almeces, alguna higuera, quejigos en la ladera dialogando incluso con algún palmito: batiburrillo supra-meso-termomediterráneo, si tal cosa existiera…

Al pie de las cascadas, en una pequeña hoya, el río recibe al Barranco de los Madroñales, que en esta parte es un profundo corte de navaja a través del monte. En la hoya, sauces, almeces, alguna higuera, quejigos en la ladera dialogando incluso con algún palmito: batiburrillo meso-termomediterráneo, si tal cosa existiera…

Pero no bajamos a la hoya, que queda cien metros más abajo, que luego habría que subir. Como la excursión se ha planteado mañanera, es hora de retroceder un poco para subir a la pantaneta de Funes. El camino fácil sería desandar lo andado hasta donde el carril cruza el río, para cruzarlo con él. Pero tengo entrevista una alternativa: una trocha que trepa por la ladera hasta situarse por encima de las cascadas, y abordar el Barranco de la Cueva de Funes por debajo de la presa. Es empinada y pinchosa, algo abandonada a su suerte; pero el entusiasmo nos lleva arriba en un par de momentos.

Sobre las cascadas, el riachuelo se remansa antes de precipitarse montaña abajo. Se diría uno en un tepui venezolano…

Sobre las cascadas, el riachuelo se remansa antes de precipitarse montaña abajo. Se diría uno en un tepui venezolano…

A partir de aquí el terreno es más dulce: a la vera del arroyo y entre prado progresamos hacia la presa.

La última umbría parece haber sido limpiada un poco a la brava del exceso de aulagas. Ya estamos casi en la presa.

La última umbría parece haber sido limpiada un poco a la brava del exceso de aulagas. Ya estamos casi en la presa.

Superado el dique, se ofrece a nuestra vista el idílico laguito que origina:

Juncos junto al agua color turquesa, patos solazándose al sol… Alguien se atreve a compararlo a un ibón pirenaico; excesivo, pero deja que crezcan los pinos en las laderas y ya veremos…

Juncos junto al agua color turquesa, patos solazándose al sol… Alguien se atreve a compararlo a un ibón pirenaico; excesivo, pero deja que crezcan los pinos en las laderas y ya veremos…

Por una sendita a la derecha retornamos al carril, y con él nos desplazamos hasta la cola del embalse. Un ramal cruza el Arroyo y trepa por la ladera opuesta, pero nosotros seguimos río arriba…

La pantaneta desde el norte. A la derecha vemos el carril descartado, que más arriba cruza el Barranco de Madroñales y se intrena en la umbría del Navachica.

La pantaneta desde el norte. A la derecha vemos el carril descartado, que más arriba cruza el Barranco de Madroñales y se interna en la umbría del Navachica.

Hacia arriba, una hermosa sauceda, situada estratégicamente al borde de la zona inundable.

Hacia arriba, una hermosa sauceda, situada estratégicamente al borde de la zona inundable.

Por momentos, el carril se disuelve en el cauce, lo que nos obliga a chapotear con alegría. Recuerda este tramo a otros ríos de la sierra, como el Chíllar o el Cebollón, y dan ganas de cambiar las botas por chanclas de goma…

Por momentos, el carril se disuelve en el cauce, lo que nos obliga a chapotear con alegría. Recuerda este tramo a otros ríos de la sierra, como el Chíllar o el Cebollón, y dan ganas de cambiar las botas por chanclas de goma…

El carril progresa en ligero ascenso por un valle de buena anchura…

…que deja espacio inluso para algún que otro prado, inesperado entre estas alturas de dolomías y mármoles.

…que deja espacio inluso para algún que otro prado, inesperado entre estas alturas de dolomías y mármoles.

Vistosas agujas de piedra destacan aquí y allá…

Vistosas agujas de piedra destacan aquí y allá…

…mientras mimbres y chopos despuntan al toque de la primavera recién estrenada.

…mientras mimbres y chopos despuntan al toque de la primavera recién estrenada. Me imagino las laderas cubiertas de pinos de quince metros: ¡Qué paraíso será esto si le dejamos!

En las inmediaciones del Cortijo de la Cueva de Funes se amplían los espacios. Desde la carretera cuesta imaginar que las bravías crestas guarden semejantes rincones…

En las inmediaciones del Cortijo de la Cueva de Funes se amplían los espacios. Desde la carretera cuesta imaginar que las bravías crestas guarden semejantes rincones…

Y llegamos al cortijo. Ignoro si la cueva en cuestión forma parte del cortijo, como parece, o es alguna otra de las cercanías. En todo caso, el paraje en esta primavera parecería más bien de la Sierra de Huétor, aunque sea un prado estacional sobre suelo reciente de aluvión.

Y llegamos al cortijo. Ignoro si la cueva en cuestión forma parte del mismo, como parece, o es alguna otra de las cercanías. En todo caso, el paraje en esta primavera parecería más bien de la Sierra de Huétor, aunque sea un prado estacional sobre suelo reciente de aluvión.

En este punto, el carril principal se desvía a la izquierda y cruza el arroyo (de nuevo, y van…). De seguirlo, saldríamos de la cuenca de Río verde para llegar al cortijo de la Almijara, y conectar con los carriles de esa sierra. Se podría incluso subir a los Prados de Lopera por el oeste. Es muy tentador, pero excesivamente largo; lo apunto en “pendientes”. Nuestro camino, en cambio, rodea el cortijo, hacia la derecha, y emprende una subida sin miramientos en busca del collado de los Chortales.

Y cuando digo sin miramientos, sé lo que me digo…

Y cuando digo sin miramientos, sé lo que me digo…

"El camino que serpea, y débilmente blanquea…" tiene afortunadamente unos cuantos rellanos, desde los que recuperar el resuello y mirar atrás. Hemos perdido de vista el valle escondido y caminamos entre crestas y vaguadas…

“El camino que serpea, y débilmente blanquea…” tiene afortunadamente unos cuantos rellanos, desde los que recuperar el resuello y mirar atrás. Hemos perdido de vista el valle escondido y caminamos entre crestas y vaguadas…

… donde comprobamos, con inmensa alegría, cómo el monte se regenera incontenible.

… donde comprobamos, con inmensa alegría, cómo el monte se regenera incontenible. Pinos carrascos y pinaster se hacen sitio entre aulagas, romero y jaras. La salvia y los tomillos acaban de tapizar los huecos…

Desde un segundo collado, apreciamos ya la carretera, bajo los cerros de la izquierda, y el cerro de Martos, por el que bajamos hace un rato.

Desde un segundo collado, apreciamos ya la carretera, bajo los cerros de la izquierda, y el cerro de Martos, por el que bajamos hace un rato, a la derecha.

El carril es un sube (mucho)-y-baja (poco) que hace las delicias de algunas miembros del grupo. En un momento dado, se sumerge en el propio barranco de los Chortales:

Aquí, en modo rambla y sin agua. Pero siempre he tenido debilidad por estas autopistas sedimentarias, azarosas vías de comunicación natural (siempre que consiga uno poder salir de ellas).

Aquí, en modo rambla y sin agua. Pero siempre he tenido debilidad por estas autopistas sedimentarias, azarosas vías de comunicación natural (siempre que consiga uno poder salir de ellas).

En este caso no es difícil, pues tras unos cientos de metros el carril recomienza a la derecha:

En este preservado rincón con quejigo, desde donde aborda la última y dura pendiente.

En este preservado rincón con quejigo, desde donde aborda la última y dura pendiente.

Aun queda casi un kilómetro de carril pedregoso al 20%. Pero al que algo quiere, algo le cuesta, y si bajas, tienes que subir, y si no bajas, no conoces, y si no conoces no disfrutas. He dicho. Caritativamente, os ahorro las fotos del sufrimiento. Al menos teníamos viento de popa fresquito, y eso ayudó bastante. Y la espaldilla de cordero en Los Prados de Lopera también. En conjunto, un día redondo. Hasta otra.

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