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Atajo hacia el Dúrcal

11 Noviembre 2018

El curso medio del Río Dúrcal -a la altura de la Dehesa de Teatinos- es un extraordinario lugar, que poco tiene que envidiar a valles más conocidos como el del Genil o el del Monachil. Hasta el advenimiento del sendero Sulayr, la forma más habitual de llegar allí era el espantoso carril de Nigüelas a los cortijos de Dúrcal, poco recomendable para coches normales. El Sulayr (2ª etapa) permite ahorrarse esa experiencia, pero resulta un poco largo para ir y volver (andando), aparte de tener una subida fuerte -y diríamos innecesaria– por la umbría del Dílar hasta la cota 2.000, desde donde ya llanea. La alternativa es abandonar el Sulayr en favor de la vereda que atraviesa el robledal del Dílar hasta el Collado del Pino, aunque, a su vez, supone un rodeo enojoso para llegar al Dúrcal. Así que me propuse usar esa vereda, pero atajándola para evitar dicho rodeo. Esta es la historia…

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Wicklow Mountains (Irlanda). Glendalough

Caratula-Irlanda

13-22 Marzo 2015

Ocurrió que me encontré en Irlanda, no diré sin comerlo ni beberlo, porque lo comí y lo bebí amorosamente atendido por hermano y cuñada, que me trataron a cuerpo de rey y me sacaron a pasear tanto como pude desear. Vivían ellos en Wicklow, a la vista de las montañas del mismo nombre, una de las zonas altas más extensas de Irlanda. Digo “zonas altas” porque allí se conforman con llamar montañas a colinas de no más de 1.000 metros. En relieves, cualquier sierrecilla bética les da varias vueltas, pero hay un par de detalles que inclinan la balanza…

En primer lugar, debido a la diferencia de latitud, lo que encuentras en Irlanda a esas alturas es lo que aquí puedes ver si subes a los 2.500 m. de altitud en Sierra Nevada: un paisaje glaciar con valles en “U”, profundos lagos, sinuosos y caudalosos ríos, fabulosos bosques en las partes bajas y arquetípicos páramos en las desoladas zonas altas, donde el brezo y el helecho marcan con abruptos cambios de color el paso de las estaciones.

Y luego, esos bosques… Uno no comprende lo que es un árbol en su salsa, un roble, un haya, un abeto, una pícea, un alerce… hasta que no has visto aquéllos. Llueve mucho, está nublado buena parte del tiempo, claro, pero es que si no, ¿de qué iban a beber esos colosos para desarrollarse como lo hacen? Los vais a ver. Buen provecho.

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Dehesa de Dúrcal: por la senda de los Abedules

Como que el otoño no acaba de despegar, hay que buscar sus matices en valles recónditos, donde la humedad de ríos y barrancos compense lo que el cielo, de momento, nos regatea. Sólo nos quedaba un robledal cercano por conocer, y es el que adorna la umbría del Río Dúrcal, aguas arriba del Cortijo de la Magara. A los caducifolios habituales se une aquí una rara avis, que ya llevaba tiempo queriendo investigar: el abedul, del que aquí se encuentra la población más nutrida, casi única, de la Sierra.

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