Camarate escondido

Caratula-Camarate

7 Noviembre 2015

Bueno, ir al Camarate en otoño dista mucho de ser una originalidad. Pudimos comprobarlo ese domingo, cuando los agentes del AMA nos hicieron dejar el coche (con buen criterio) a 1,5 km de la cancela de la finca. Eran 3 km de más que se revelaron importantes, pero al que algo quiere… etc. Ríos de personas atestaban el camino, andando sobre sus pies o rodando sobre sus bicicletas. Podría pensarse que sería difícil disfrutar de la soledad de los bosques, pero eso sería desconocer la idiosincrasia del senderista medio andaluz. En efecto: si sales del camino trillado, la soledad y las maravillas se suceden. Y eso hicimos…

Como las fotos del Camarate son ya un clásico en Internet y además el otoño de repente se había pasado de rosca, no abundaré en las vistas tradicionales. Tampoco seré explícito en cuanto a los lugares exactos por los que pasamos; visto lo visto, habrá que preservar algunos rincones de la curiosidad general y reservarlos sólo para los genuinos exploradores. Así que aquí vamos: un conjunto de fotos que muestran que, aparte de lo ya ampliamente conocido, el paraje guarda todavía maravillas sin cuento (sino de verdad).

Bueno, esta sí está a la vista de todo el mundo: las alamedas del Río Alhama. Pero la luz era perfecta y los chopos estaban en su punto.

Bueno, esta sí está a la vista de todo el mundo: las alamedas del Río Alhama. Pero la luz era perfecta y los chopos estaban en su punto.

El bosque de ribera es más rico en esta parte que dentro del Camarate. Hay sauces de varios tipos, chopos, alisos, majuelos, encinas, todo entreverado por clemátides -y zarzas, todo hay que decirlo-. Por cierto que nos sorprendió observar repoblaciones junto al río: acá un aliso, allá un serbal… Volvimos a verlas más arriba, dentro de la finca, en sitios donde se diría que no falta nada. Pero están hechas con un criterio muy distinto al habitual: nada de pino, sino toques de diversidad para añadir discretamente a la ya existente: hemos visto jóvenes abedules -que ignoro si los había originalmente-, serbales distintos del doméstico, y en general especies que pueden encontrarse como en casa, pero que igual habían desaparecido o eran muy escasas.

Esta es desde el camino, ya dentro del Camarate. Viene a ilustrar que el robledal estaba en su óptimo de amarillos, pero que cerezos y mostajos estaban prácticamente pelados, con lo que sus rojos intensos faltaban de la paleta. En cambio el verde de la hierba, ves, estaba en su punto.

Esta es desde el camino, ya dentro del Camarate. Viene a ilustrar que el robledal estaba en su óptimo de amarillos, pero que cerezos y mostajos estaban prácticamente pelados, con lo que sus rojos intensos faltaban de la paleta. En cambio el verde de la hierba, ves, estaba en su punto.

Hay que decir que Manolo, convaleciente, asumió con entereza los km de más, pero vino a rendirse a media subida, así que se volvió con Pino desde allí. Quede constancia de que estuvieron con la foto oficial del grupo completo:

Verdes y amarillos, aunque seguíamos echando de menos los rojos.

Verdes y amarillos, aunque seguíamos echando de menos los rojos.

El resto continuamos desde allí, a pesar de los callos de alguno, y resolvimos explorar un poco…

Robles cerca del agua.

Robles cerca del agua.

Por la misma zona. Rocas y robles crean un conjunto vistoso y bastante "limpio" a la vers del arroyo.

Por la misma zona. Rocas y robles crean un conjunto vistoso y bastante “limpio” a la vera del arroyo.

Más de lo mismo, con sol.

Más de lo mismo, con sol.

La ladera, una delicia de verdes y amarillos.

La ladera, una delicia de verdes y amarillos.

Cambiamos los robles por arces. El poco follaje permite que el ojo del sol nos mire.

Cambiamos los robles por arces. El poco follaje permite que el ojo del sol nos mire.

Arroyo, abriéndose paso entre rocas y un mar de hojas secas.

Arroyo, abriéndose paso entre rocas y un mar de hojas secas.

Bofetada de color en la intimidad. Arces en su mayoría.

Bofetada de color en la intimidad. Arces en su mayoría.

When de repente…

¡zas! ¡Eso es un tejo! Bueno, un tejo que abraza a un arce, creciendo juntos en amorosa compaña.

¡zas! ¡Eso es un tejo! Bueno, un tejo que abraza a un arce, creciendo juntos en amorosa compaña.

Las hojas secas son un motivo en sí mismo, pero con troncos y saltito de agua son de nota.

Las hojas secas son un motivo en sí mismas, sobre todo con el afelpado envés blanco del mostajo, pero con troncos, musgo y saltito de agua son de nota.

Aquí se aprecia mejor el arroyo, a los pies del vigilante arce.

Aquí se aprecia mejor el arroyo, a los pies del vigilante arce.

Y luego a un tejo sigue otro, y otro un poco más allá…

… y no cualquier cosa, que hablamos de nudosos troncos de más de 1 metro de diámetro…

… y no cualquier cosa, que hablamos de nudosos troncos de más de 1 metro de diámetro…

Las postales se suceden: aquí un contrapicado al que solo falta la frasecita espiritual…

Las postales se suceden: aquí un contrapicado al que solo falta la frasecita espiritual…

Hay un punto en el que un arce se ha vencido sobre el arroyo, recuperando sus ramas la vertical perdida.

Hay un punto en el que un arce se ha vencido sobre el arroyo, recuperando sus ramas la vertical perdida.

En determinado momento el terreno se complica más de lo deseable para el callo de Antonio. Remonto yo solo unos metros, con el ansia viva de más maravillas. Accedo a este rellano:

Donde otro tejo centenario se recorta sobre el brillante fondo de arces y robles.

Donde otro tejo centenario se recorta sobre el brillante fondo de arces y robles.

Bajo el tejo, el arroyo se diría trasplantado a las Rocosas…

Bajo el tejo, el arroyo se diría trasplantado a las Rocosas…

Y un final apoteósico: el último tejo (hasta aquí) dialogando con los arces entre las flechas de luz que el sol dispara entre las hojas.

Y un final apoteósico: el último tejo (hasta aquí) dialogando con los arces entre las flechas de luz que el sol dispara entre las hojas.

Una celosía viva tamiza la luz del otro lado.

Una celosía viva tamiza la luz del otro lado.

Los dedos del tejo agarrando la piedra. Podría ser Bárbol disponiéndose a destruir Isengard.

Los dedos del tejo agarrando la piedra. Podría ser Bárbol disponiéndose a destruir Isengard.

Vuelvo hacia atrás, con el sol ahora en la espalda, regalando contraluces:

Una fuente de ramas.

Una fuente de ramas.

Durante la comida asciendo la ladera, buscando camino para no volver por el mismo sitio…

… ganando vistas sobre el valle, el pueblo de Lugros, la Hoya de Guadix y la Sierra de Cazorla al fondo.

… ganando vistas sobre el valle, el pueblo de Lugros, la Hoya de Guadix y la Sierra de Cazorla al fondo.

Cerca de la cresta los árboles despliegan sus estructuras fractales, desnudos de follaje.

Cerca de la cresta los árboles despliegan sus estructuras fractales, desnudos de follaje.

Total que sí: optamos por salir por la loma, en lo alto de la cual miramos, hacia atrás, la cabecera del arroyo que hemos recorrido:

Naranja de los robles y verde de la hierba. Lo gris son los cerezos, arces y mostajos ya en los huesos.

Naranja de los robles y verde de la hierba. Lo gris son los cerezos, arces y mostajos ya en los huesos.

Del otro lado, los prados del cortijo. Diríase uno en Asturias. No faltan ni las vacas.

Del otro lado, los prados del cortijo rodeados por la arboleda. Diríase uno en Asturias. No faltan ni las vacas.

Levantando un poco la toma divisamos el Picón de Jérez, centinela del valle.

Levantando un poco la toma divisamos el Picón de Jérez, centinela del valle.

Ya en el camino, el robledal se retroilumina con el sol de la tarde.

Ya en el camino, el robledal se retroilumina con el sol de la tarde.

Cruzando el arroyo con el camino.

Cruzando el arroyo con el camino.

Desde arriba, el arroyo dibuja misterios entre la arboleda.

Desde arriba, el arroyo dibuja misterios entre la arboleda.

La luz de la tarde intensifica los colores, bajo airosos dientes de piedra.

La luz de la tarde intensifica los colores, bajo airosos dientes de piedra.

Y final: luz rasante que ilumina lo que descuella, sobre un fondo de sombras.

Y final: luz rasante que ilumina lo que descuella, sobre un fondo de sombras.

Y es el final por hoy. Unas cervezas (y un café) en Lugros nos permiten adivinar lo que puede suponer la creciente fama del lugar en la economía local. Que sea para bien. Hasta la próxima.

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