Cerro de los Pollos desde La Mora

Caratula-Pollos

14 Septiembre 2014

De nuevo solo por azares de la vida, y fiel a la política veraniega de “temprano y breve”, decido sacarme otra espinita en el macizo de mi querencia, y subir al Cerro de Los Pollos -que es el que flanquea por el Oeste la A-92 en el Puerto de la Mora-, pero por el sitio más directo: desde el Puerto y por la solana, como los buenos…

La ladera del cerro que da a la autovía se quemó hace unos años a consecuencia de una chispa desprendida de una radial en unos trabajos. Afortunadísimamente se llegó a tiempo de controlar el fuego antes de que superara el cerro, tras el cual comienzan las Umbrías del Polvorite. Hubiéramos llorado cenizas.

Efecto secundario de aquello es que ahora dicha ladera, más o menos solana, en lugar de un encinar disperso es un formidable aulagar que da miedo verlo. Por fortuna, en su base y por la izquierda se escalonan unos rellanos más despejados que, encaramándose sobre los tajos que dan a la carretera, culminan en un colladito sobre el Arroyo de los Pollos. Esa debía ser mi ruta, y luego ver qué podía ofrecerme el barranco como vía de comunicación.

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De modo que, tomando la A-92, llego hasta la salida de Las Mimbres-Prado Negro y cambio de sentido para volver a la Autovía en dirección Granada. En un minuto estoy a la altura del llano precedido por un bosquete de pinos que hay de ese lado, y vuelvo a salir de la autovía por un desvío un tanto irregular que da acceso a las Casas del Puerto, al fondo del llano.

Mi primer susto es que, tras aparcar bajo los pinos, compruebo que toda la propiedad está vallada. La valla no parece gran cosa, pero las casas se ven en uso, y me entra una duda metódica…

Casas del Puerto. Por encima y a la izquierda se ve la zona quemada, hoy engañosamente verde de arbustos antipáticos con muchas espinas.

Casas del Puerto. Por encima y a la izquierda se ve la zona quemada, hoy engañosamente verde de arbustos antipáticos con muchas espinas.

Echo a andar hacia la izquierda, resiguiendo la valla, que al final viene a juntarse con la que separa la calzada del resto del mundo. Pero tiene un par de puntos en los que está abierta, ehm… por el uso. Tras un titubeo, entro y sigo de nuevo la valla, pero esta vez por dentro, hasta otra construcción en este extremo del llano:

Esta parece menos en uso, y sus cercas tampoco dan impresión de proteger mucho… Así que la dejo a la izquierda y afronto la cuesta de la derecha, para superar esa primera cresta del fondo.

Esta parece menos en uso, y sus cercas tampoco dan impresión de proteger mucho… Así que la dejo a la izquierda y afronto la cuesta de la derecha, para superar esa primera cresta del fondo.

A media subida me vuelvo. Esos pocos metros bastan para darle otra dimensión al paisaje: ¡esto es un poljé, tú! relleno de buena arcilla como está mandado.

A media subida me vuelvo. Esos pocos metros bastan para darle otra dimensión al paisaje: ¡esto es un poljé, tú! relleno de buena arcilla como está mandado.

Tras esa primera cuesta, el terreno se nivela un poco en una serie de prados escalonados moteados de pinos y encinas. Reencuentro a mi izquierda la valla de marras -que en este caso previene de despeñarse por los tajos-, pero poco después la cruzo casi sin darme cuenta porque el tramo que se hubiera cruzado en mi ruta está literalmente por los suelos. Vale. Ya estoy fuera. Sin más que seguir por lo fácil y paralelo a la autovía, llego a las inmediaciones del collado que me interesa:

Lo veis como una melladura, a la vera de los pinos.

Se ve como una melladura, a la vera de los pinos. Hasta allí me llego.

Desde el collado, la cosa cambia: el Barranco de Los Pollos cruza en perpendicular mi curso, y la senda, extrañamente excavada en el suelo, comienza a bajar hacia los primeros pinos. Al fondo vislumbro la Sierra de Alfacar, y a la izquierda Sierra (nada) Nevada.

Desde el collado, la cosa cambia: el Barranco de Los Pollos cruza en perpendicular mi curso, y la senda, extrañamente excavada en el suelo, comienza a bajar hacia los primeros pinos. Al fondo vislumbro la Sierra de Alfacar, y a la izquierda Sierra (nada) Nevada.

En el fondo de una primera depresión espero encontrar lo que quiera que sea una marcada línea que he visto sobre el terreno en la ortofoto; ¿senda? ¿acequia?…

No es tal. Es un potente muro de piedra, No va de agua la cosa porque sube y baja con los accidentes del terreno, y como linde parece un poco bestia.

No es tal. Es un potente muro de piedra. No va de agua la cosa porque sube y baja con los accidentes del terreno, y como linde parece un poco bestia. Orientado por algún que otro visitante del ciberespacio, concluyo que debe ser parte del sistema de trincheras de la Guerra Civil que abundan en toda la Sierra. Juanjo Vélez, que es todavía más “off road” que yo, documenta las de la solana del Cerro de las Víboras, que es el del fondo, así que aquí está el cacho que faltaba… (y que explicaría el curioso “hundimiento” de la vereda, en una zona tan expuesta como el collado).

Camino al lado del muro en la medida de lo posible, hasta que éste comienza a descender más de la cuenta. Entonces derivo a la derecha, por un terreno relativamente trochado, manteniendo la cota mientras voy poniéndome en paralelo al barranco.

El muro ha quedado abajo, el Veleta en todo lo alto, y yo entre medias.

El muro ha quedado abajo, el Veleta en todo lo alto, y yo entre medias.

El piso se hace aquí un poco pestoso: rocas, aulagas y romeros se reparten el espacio, dejando poco -aunque suficiente- al pie. Mejor hubieran sido pantalones largos, eso sí.

Atravesaré esta pequeña cresta, para descubrir que detrás hay algo que casi parece que recuerda a una vereda.

Atravesaré esta pequeña cresta, para descubrir que detrás hay algo que casi parece que recuerda a lo que podríamos llamar una vereda.

La casi… (etc.) vereda prosigue en leve ascenso hasta introducirse en el cauce y hace por el mismo unos cuantos metros:

Hirsuto, como poco. Pero ya empiezo a sentir la inminencia de un cambio…

Hirsuto, como poco. Pero ya empiezo a sentir la inminencia de un cambio…

… y la vegetación también da pistas: al borde del cauce y ya en la semisombra de los pinos prospera Amelanchier ovalis, el guillomo, que diferenciábamos la semana pasada del Cotoneaster por su hoja finamente serrada.

… y la vegetación también da pistas: al borde del cauce y ya en la semisombra de los pinos prospera Amelanchier ovalis, el guillomo, que diferenciábamos la semana pasada del Cotoneaster por su hoja finamente serrada.

Para evitar una tortuosidad del cauce, la vereda pasa  a la izquierda del mismo. Unos metros después, se acabó el sufrir:

De buenas a primeras, entre rosales, agracejos y majuelos, entreveo terreno llano…

De buenas a primeras, entre rosales, agracejos y majuelos, entreveo terreno llano…

… y entro en una umbrosa pinada, el suelo de pinocha apenas salpicado por algún que otro arbustillo.

… y entro en una umbrosa pinada, el suelo de pinocha apenas salpicado por algún que otro arbustillo.

Según los mapas, esta zona recibe el nombre de Majada del Arroyo (¿de cuál?). Es una alargada depresión entre los cerros que forman la cabecera del Polvorite: el Cerro de Los Pollos, el de las Víboras y, al Oeste, el que culmina en los Tajos del Buitre, que he llamado del Mirador en alguna entrada, pero que bien podría llamarse Cerro de La Majada del Arroyo. Toda ella está íntegramente cubierta de pinos, pinaster y sylvestris al alimón, algunos de ellos de buen desarrollo. Si se llega desde la Umbría del Polvorite el contraste es menos acusado, pero ingresando desde la solana el efecto es como entrar en la Sombra Prometida.

Recorro el llano en la dirección que llevaba y en pocos metros encuentro el camino que recorre el paraje (continuación del que viene de la Fuente del Polvorite).

Atravieso el llano en la dirección que llevaba y en pocos metros encuentro el camino que recorre el paraje (continuación del que viene del Polvorite o del de la Fuente de la Mora, que se juntan en el collado de los Pollos).

Aunque el Cerro de los Pollos me queda a la derecha, voy a echar una descubierta hacia la izquierda, para llegarme al borde Oeste de la depresión, que no llegué a pisar en la anterior ocasión. Así lo hago, por el camino, que poco a poco se convierte casi en senda:

… y que me lleva a una zona algo más abierta, de pinar aclarado entre lo que serán prados en su momento.

… y que me lleva a una zona algo más abierta, de pinar aclarado entre lo que serán prados en su momento.

Cerca del final, me llama la atención un boquete a la izquierda, al que me asomo buscando perspectivas:

Y a fe que las encuentro, pues es como una ventana que encuadra exactamente a Sierra (nada) Nevada, previo paso por la mitad del Parque de la Sierra dde Huétor.

Y a fe que las encuentro, pues es como una ventana que encuadra exactamente a Sierra (nada) Nevada, previo paso por la mitad del Parque de la Sierra de Huétor.

Vuelvo al llano y acabo de recorrer los escasos metros que me separan de su final: a la derecha de unas peñas hay un ínfimo colladito, al que apuntan unos hitos de piedras apiladas que han venido apareciendo en el último tramo. Y detrás…:

… se acabó el recreo: el terreno baja con decisión por un arenal dolomítico con el aspecto que tienen los arenales dolomíticos: seco y áspero como la lija.

… se acabó el recreo: el terreno baja con decisión por un arenal dolomítico con el aspecto que tienen los arenales dolomíticos: seco y áspero como la lija.

Pero vereda, haberla, hayla. Con sus hitos y todo, es más de lo que me atrevía a esperar, así que decido incluso hacer unos metros por ver que no es ilusión mía.

Un poco más abajo llego a un paraje lunar de rocas torturadas, vistoso marco de unas generosas vistas, que me ponen al alcance del ojo la autovía y el área de Los Peñoncillos.

Un poco más abajo llego a un paraje lunar de rocas torturadas, vistoso marco de unas generosas vistas, que me ponen al alcance del ojo la autovía y el área de Los Peñoncillos, antes del Alto de Casa Fuerte y la Umbría de Bolones.

Un grupo de duendes que volvieron la vista atrás…

Un grupo de duendes que volvieron la vista atrás…

Mientras ataco una barrita de chocolate y un trago de agua antes de volver, me apunto en Pendientes completar esta vereda. Mi duda es si hará toda la bajada conectando con Los Peñoncillos, o si más bien apunta a las trincheras que hay a media solana, sin ir más allá (lo que  sería un incordio, porque el terreno es pinchoso y pedregoso a partes iguales como para ir sin camino). Para la solución, creo que esperaré unos meses.

Vuelvo sobre mis pasos hacia el punto por el que entré (que es el nacimiento del Arroyo de los Pollos, drenaje principal de toda esta hondonada).

Unos peñascos marcan la última revuelta antes de ese punto.

Unos peñascos marcan la última revuelta antes de ese punto.

Llegado al llano por el que entré, continúo por el camino, colocando el Cerro de los Pollos a mi derecha. Pocos metros, pues tras una raspa de peñas el terreno hace una suave cuestecilla hacia el cerro que parece prometedora. Arranco a subir y, en efecto, encuentro algo casi…(etc.) parecido a una senda, que me deja en un pequeño espolón de la ladera:

Un estilizado guillomo marca el lugar en que el terreno desciende abruptamente entre rocas. La continuación obvia es enfrentando el cerro, a la derecha…

Un estilizado guillomo marca el lugar en que el terreno desciende abruptamente entre rocas. La continuación obvia es enfrentando el cerro, a la derecha…

Lo que me hace entrar en la pinada más espesa, que afortunadamente crea la suficiente sombra como para espantar a las aulagas y otras hierbas xerófilas que me han venido acompañando. Recupero entonces la dirección anterior, para ir hacia la parte alta del cerro, pero sin salir a la cresta demasiado pronto.

Bajo unos pinos encuentro un ejemplar de sabina rastrera. Un tanto más a la sombra de lo que cabría esperar pero, oye, cada cual…

Bajo unos pinos encuentro un ejemplar de sabina rastrera. Un tanto más a la sombra de lo que cabría esperar pero, oye, cada cual…

Tras algún conveniente zigzag, acabo por situarme casi en la base de la cresta superior:

A la sombra de un quejigo, ya intuyo el remate del cerro, con el cielo como guía.

A la sombra de un quejigo, ya intuyo el remate del cerro, con el cielo como guía.

Cruzando una última vaguada, llego a las rocas y trepo saliendo de los pinos…

… y en cuanto lo hago comienza a emerger por debajo toda la hoya que hace la Majada del Arroyo. Al retirarse los pinos, las aulagas vuelven a tomar posiciones.

… y en cuanto lo hago comienza a emerger por debajo toda la hoya que hace la Majada del Arroyo. Al fondo el Peñón de la Mata. Al retirarse los pinos, las aulagas vuelven a tomar posiciones.

Unos pasos más y estoy en la cima, con estupendas vistas en los 360º de panorama. Hacia el noroeste es más o menos como la foto anterior; hacia el sureste…

Lo primero que destaca es la amplia dolina que ocupa la parte central del cerro. Más allá, la vista va desde Sierra Arana a la izquierda, el Cerro del Calabozo, el Oscuro y el Calar Blanco, tras el que asoma Sierra (no) Nevada.

…lo primero que destaca es la amplia dolina que ocupa la parte central del cerro. Más allá, la vista va desde Sierra Arana a la izquierda, al Cerro del Calabozo, el Oscuro y el Calar Blanco, tras el que asoma Sierra (no) Nevada.

Hacia el nordeste, Sierra Arana y la Cresta de la Mora se superponen, y distingo en esta última el brilllante prado amarillo al que llegué en aquella ocasión, y a la derecha el bocado del Collado de La Mora y luego la dentada trinchera natural por la que subimos.

Hacia el nordeste, Sierra Arana y la Cresta de la Mora se superponen, y distingo en esta última el brilllante prado amarillo al que llegué en aquella ocasión, y a la derecha el bocado del Collado de La Mora y luego la dentada trinchera natural por la que subimos.

Dedico un rato a la contemplación y otro a regar a Bruno, que mira la cantimplora con ojos golositos. Luego sigo la cresta rodeando la dolina por la izquierda, y desde ese punto busco cómo bajar de las rocas.

Por aquí. Antes de que comience a repuntar de nuevo, la faja de rocas es aquí muy estrecha y ofrece algún fácil destrepe hacia la ladera.

Por aquí. Antes de que comience a repuntar de nuevo, la faja de rocas es aquí muy estrecha y ofrece algún fácil destrepe hacia la ladera.

Me sumerjo de nuevo en el pinar…

…que aquí es más fácil de andar, al no existir casi sotobosque. Unas difusas trochas siguen la dirección perpendicular a la pendiente, y de una a otra voy bajando y rodeando el cerro a un tiempo.

…que aquí es más fácil de andar, al no existir casi sotobosque. Unas difusas trochas siguen la dirección perpendicular a la pendiente, y de una a otra voy bajando y rodeando el cerro a un tiempo.

Atravieso una zona donde me llaman la atención unos mustios arbustillos que apenas levantan un palmo del suelo: son Ononis aragonensis

Atravieso una zona donde me llaman la atención unos mustios arbustillos que apenas levantan un palmo del suelo: son Ononis aragonensis o Hierba Pedreguera. Sin flores y al final del verano es evidente que han conocido mejores tiempos.

Si bajara en perpendicular, con la máxima pendiente, encontraría el carril que desde el Polvorite -por el Collado de los Pollos- llega hasta la Fuente de la Mora, que es mi objetivo (y el de Bruno). Pero no veo necesidad de bajar tan rápido, y por eso mantengo la altura, hasta acabar saliendo al borde Este del cerro:

… marcado por una banda despejada de pinos, que me permite ver los cerros de alrededor: enfrente, el Cerro de los Baldíos dando paso a la Hoya del Pozuelo y a los Llanos del Potro, entre el Pararrayos a la derecha y la Cuerda del Sabinal a la izquierda.

… marcado por una banda despejada de pinos, que me permite ver los cerros de alrededor: enfrente, el Cerro de los Baldíos dando paso a la Hoya del Pozuelo y a los Llanos del Potro, entre el Pararrayos a la derecha y la Cuerda del Sabinal a la izquierda.

Aquí se aprecia claramente una trocha que recorre este balcón, por la derecha subiendo hacia la solana y tal vez la cima, por la izquierda retrocediendo hacia la Fuente de la que viene. A por ella vamos nosotros.

En un par de minutos estamos en el prado de la fuente, rodeado por un denso muro de pinos. La fuente, con sus coquetos bebederos de piedra a ras de suelo, nos alivia la sed y el incipiente calor (a unos más que a otros).

En un par de minutos estamos en el prado de la fuente, rodeado por un denso muro de pinos. La fuente, con sus coquetos bebederos de piedra a ras de suelo, nos alivia la sed y el incipiente calor (a unos más que a otros).

Para bajar, tomamos el camino que ya hice en otra ocasión, por la senda que acompaña a un enterrado tubo de goma, que deja el barranco de la Mora a la derecha mientras sale hacia el Puerto.

Me sitúo en un momento sobre el llano desde el que comencé…

Me sitúo en un momento sobre el llano desde el que comencé…

La senda deja una meseta sin árboles a la derecha y se aleja del llano hacia Los Fabiares, pero nosotros ingresamos en la mencionada meseta y, llegando a su borde, buscamos alguna bajada que no suponga tanta vuelta. El terreno es antipático, entre pinos y alguna encina, con cierta pendiente, y las aulagas volviendo por sus fueros, pero es lo que hay. De cualquier modo, llegamos al pie del cerro y a la vecindad de la autovía. Sin haber vuelto a cruzar ninguna valla, resulta que volvemos a estar dentro del recinto por el que nos colamos al inicio; se ve que su perímetro no es muy completo.

Así que aprovechamos otro agujero para salir a la pinada de fuera. Y esto es lo que encontramos:

Creo que he entrado por el retrete. Por el interior del retrete. Pero luego el salón está más o menos igual. Quiere decirse que la gente pasa con el coche, hacen una parada, se toman el bocata y tiran el papel, beben un trago y tiran la botella, cagan y dejan la mierda, claro…

Creo que he entrado por el retrete. Por el interior del retrete. Pero luego el salón está más o menos igual. Quiere decirse que la gente pasa con el coche, hacen una parada, se toman el bocata y tiran el papel, beben un trago y tiran la botella, cagan y dejan la mierda, claro… Menos mal que hay una valla que acota los daños.

En fin. Intento olvidar lo último para quedarme con lo demás, mucho y bueno. Pa!

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Un pensamiento en “Cerro de los Pollos desde La Mora

  1. Joseme Caminos del Sur

    Vaya emboscás que te metes entre pecho y espalda, Miguel. Ya mismo te veo como el Robín de los bosques (jejeje) Un saludo campeón. Si quieres este domingo cambiar y te apetecen unos baños termales, a los de Dúrcal vamos. Pero a andar, no vayamos.

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