El Gallego de Aldeire

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9 Octubre 2016

Como el calor no se acaba de ir y las lluvias no acaban de llegar, pero el otoño continúa su marcha imperturbable, se imponía buscar un fondo de barranco sombreado pero practicable. Me acordé entonces de que, en mi metódico escaneo de los valles del Marquesado, se me había quedado sin visitar uno de los barrancos de Aldeire, tributario del Arroyo Benéjar, al que se une aguas abajo del pueblo: el Barranco del Gallego, que había despertado mi imaginación hace tiempo al ver sus vistosos tajos desde las alturas del Sulayr. Así que allá que fuimos, pocos pero buenos…

Para llegar allí nos desplazamos a Aldeire y, a la entrada del pueblo, pasado el ayuntamiento, tomamos siempre la calle de la derecha en las dos bifurcaciones que encontramos. Paralelos al arroyo Benéjar, encontramos un puente que nos permite cruzarlo y, atravesado el barrio de Triana, embocamos un carril que progresa entre secanos con almendros. Una bifurcación más, que ahora tomamos a la izquierda y pronto damos vista a nuestro valle. Como el carril es bastante estrecho, descendemos por un ramal que baja al cauce a la altura de la balsa de Ana Marín, ya seca, donde tenemos espacio de sobra para aparcar a la escueta sombra de un sauce:

Aquí queda el vehículo sin molestar a nadie.

Aquí queda el vehículo sin molestar a nadie.

Para adentrarnos en el valle retrocedemos, ya andando, hasta el carril principal, que va a seguir paralelo al arroyo, por su izquierda según subimos.

Horizonte de promesas. El carril apunta a lo que va a ser nuestro objetivo: ese escalón en sombra que no es otro que el Tajo del Gallego, a cuyos pies discurre el carril principal del Marquesado, que pretendemos sea nuestra salida del barranco.

Horizonte de promesas. El carril apunta a lo que va a ser nuestro objetivo: ese escalón en sombra que no es otro que el Tajo del Gallego, a cuyos pies discurre el carril principal del Marquesado, que pretendemos sea nuestra salida del barranco.

Este tramo más abierto ofrece alguna interesante curiosidad, como este venerable castaño, su enorme tronco completamente hueco, pero aun sobreviviendo al tiempo y la sequía.

Este tramo más abierto ofrece alguna interesante curiosidad, como este venerable castaño, su enorme tronco completamente hueco, pero aun sobreviviendo al tiempo y la sequía.

Un poco más allá, Bruno suspira de deseo frente al rebaño que se apelotona en el cortijo que flanquea el barranco de Mina Rica.

Un poco más allá, Bruno suspira de deseo frente al rebaño que se apelotona en el cortijo que flanquea el barranco de Mina Rica, en la margen opuesta del nuestro. Pero se tendrá que aguantar.

En poco menos de 1,5 km, el carril que seguimos acaba llegando al cauce en la vecindad de un cortijo abandonado. Lo cruza y prosigue por la otra margen, a la sombra de una arboleda donde se mezclan chopos y alisos, como no deja de ser habitual en la zona.

Los secos almendros han dejado paso ya a un paisaje más estimulante, en el que a alisos y chopos se unen los sauces (Salix atrocinerea) y los castaños.

Los secos almendros han dejado paso ya a un paisaje más estimulante, en el que a alisos y chopos se unen los sauces (Salix atrocinerea) y los castaños.

No quedaba claro en la ortofoto que hubiera camino en este tramo; sin embargo lo hay, pues el carril continúa paralelo al cauce, aunque a una cierta distancia…

…atravesando alguna que otra ruina, testimonio de tiempos mejores.

…atravesando alguna que otra ruina, testimonio de tiempos mejores.

El carril deja a la derecha otro barranco lateral -el de Hoya Cueva, creo-, mientras atraviesa una zona de pinos de sorprendente porte. Unos metros más allá, decide que ya ha ayudado bastante (más de lo que yo esperaba, desde luego) y muere confundido con el cauce del arroyo:

Bueno, esto es lo que uno podía esperar, y no a otra cosa hemos venido. El lugar posee una magia recóndita y vetusta…

Bueno, esto es lo que uno podía esperar, y no a otra cosa hemos venido. El lugar posee una magia recóndita y vetusta…

Mientras tanto, el agua ha hecho su aparición, apenas unos charcos perezosos entre las piedras…

Ahora el avance va a ser algo más entretenido -como puede suponerse- pero nunca excesivamente penoso. Lo compensa el frescor de esta verde y evocadora galería.

Ahora el avance va a ser algo más entretenido -como puede suponerse- pero nunca excesivamente penoso. Lo compensa el frescor de esta verde y evocadora galería.

Un poco más allá llegamos a un primoroso recodo:

Una claridad a la izquierda indica que la ladera, que venía abarrancada, se abre en un vallecito lateral: es el Arroyo de Benabre, que luego esperamos cruzar bastante más arriba, por el carril que cruza todo el Marquesado a media altura.

Una claridad a la izquierda indica que la ladera, que venía abarrancada, se abre en un vallecito lateral: es el Arroyo de Benabre, que luego esperamos cruzar bastante más arriba, por el carril que cruza todo el Marquesado a media altura.

Aquí evitamos tomar el Benabre, completamente seco, y seguimos el hilo de agua según tuerce decididamente a la derecha:

Casi, casi tiene cierta alegría el agua en este punto.

Casi, casi tiene cierta alegría el agua en este punto.

A partir de aquí el valle es estrecho y solitario, apenas marcadas débiles trochas sobre las hojas que, más por secas que por heladas, tapizan el suelo…

A partir de aquí el valle es estrecho y solitario, apenas marcadas débiles trochas sobre las hojas que, más por secas que por heladas, tapizan el suelo…

Vamos descubriendo entonces que nos hemos trasladado sin advertirlo a algún remoto lugar de las Rocosas: junto a los sempiternos alisos aparecen, naturalizados como guiris en pueblecito andaluz, variedad de coníferas exóticas: píceas, tsugas…?

…tuyas. Nuestras.

…tuyas. Nuestras.

Sin olvidar los cedros de nuestro vecino atlas… Creatividad forestal, no compartida por los puristas pero, qué caramba, somos tierra de acogida. El resultado es una selva que alimenta nuestra imaginación, mientras buscamos nuestro breve camino…

Un farallón rocoso proporciona la base ideal para el trípode, así que decidimos que este puede ser un sitio ideal para la foto oficial.

Un farallón rocoso proporciona la base ideal para el trípode, así que decidimos que este puede ser un sitio perfecto para la foto oficial. Queme el sol allá afuera, que aquí disfrutamos de nuestra húmeda selva.

Se suceden los rincones, siempre cambiantes. Variaciones de un tema oscuro y sugestivo… órgano sonando en una catedral de árboles.

Se suceden los rincones, siempre cambiantes. Variaciones de un tema oscuro y sugestivo… órgano sonando en una catedral de árboles.

Aliso.

De alisos…

Los helechos se acercan a beber del agua oscura…

Los helechos se acercan a beber del agua oscura…

Sonrío por dentro, prendido en una oscura afinidad con esta vida que, lejos del sol, se afana en arrancar su mineral sustento… ¿qué demonio ctónico me atrae a estas profundidades…?

¿Qué fuego en las entrañas resuena con este ferruginoso fuego en las entrañas de la tierra?

¿Qué fuego en mis entrañas resuena con este ferruginoso fuego en las entrañas de la tierra?

Hay un volcán bajo la arboleda…

Hay un volcán bajo la arboleda…

Salimos del ensimismamiento conforme el valle va proponiendo pruebas cada vez más exigentes: entramos y salimos del cauce, cruzamos a uno y otro lado buscando paso…

…hasta que el caucese encajona en una trinchera atestada de vegetación, obligándonos a circular por la ladera, algo más despejada.

…hasta que se encajona en una trinchera atestada de vegetación, obligándonos a circular por la ladera, algo más despejada.

Es el momento de buscar la luz, entrevista tras los pinos de la ladera.

Es el momento de buscar la luz, entrevista tras los pinos…

Decidimos abandonar el fondo del barranco, ya tan espeso, porque además empezamos a entrever unas poderosas paredes de piedra por la izquierda, lo que nos indica que estamos casi a la altura del Tajo del Gallego. Eso significa que el carril no puede estar lejos, y que subiendo debemos tropezarnos necesariamente con él, dado que cruza de lado a lado nuestro rumbo actual. Elegimos la ladera de la derecha, más practicable aunque empinada, y en unas decenas de metros salimos de la espesura:

Ya desde el carril, dominamos desde arriba el bosque que nos dominaba, apretujado bajo el sombrío tajo del Gallego. Hay cedros, y pinos silvestres que han sustituido en algún momento a los pinaster de más abajo.

Ya desde el carril, dominamos desde arriba el bosque que nos dominaba, apretujado bajo el sombrío tajo del Gallego. Hay cedros, y pinos silvestres que han sustituido en algún momento a los pinaster de más abajo.

Estamos ya muy cerca del punto en el que el carril cruza el barranco; llegamos enseguida:

Y descubrimos a un nuevo exótico invitado, que tiene toda la pinta de ser una sequoya, joven pero prometedora.

Y descubrimos a un nuevo exótico invitado, que tiene toda la pinta de ser una joven pero prometedora sequoya.

En este rincón, en el límite entre la pura naturaleza y las obras del hombre, decidimos comer. Luego, aprovechando la pausa de sobremesa y saciado de cuerpo, pero no de espíritu, decido remontar unos metros el arroyo…

… que aquí vuelve a ser bastante practicable.

… que aquí vuelve a ser bastante practicable.

Ando ahora dentro del Parque Nacional de Sierra Nevada, cuyo límite Norte es precisamente el carril. Y compruebo que a las antiguas repoblaciones de coníferas exóticas han añadido los nuevos gestores un toque más autóctono: serbales, arces, cerezos… que prosperan a la sombra de aquellas.

Recodos oscuros…

Recodos oscuros…

… y rellanos donde prosigue el juego entre alisos y coníferas.

… y rellanos donde prosigue el juego entre alisos y coníferas. Hay una en particular, de ramitas colgantes con acículas cortas a ambos lados, que no acabo de identificar, pero que descubriré más adelante -tiempo al tiempo-.

No todos sobreviven, pero los caidos alimentarán al resto.

No todos sobreviven, pero los caidos alimentarán al resto.

Por momentos vuelvo a transitar por catedrales…

Por momentos vuelvo a transitar por catedrales…

Tras unos cientos de metros de avance cómodo decido que no voy a hacer esperar más a mis compañeros. Renuente, vuelvo a bajar, apuntando en pendientes el resto del barranco. De vuelta al carril, tomamos la dirección de Aldeire -a la derecha según bajo, izquierda según veníamos subiendo-:

El otoño va tomando posiciones entre los olmos que bordean el camino.

El otoño va tomando posiciones entre los olmos que bordean el camino.

Desde una curva contemplamos el hermoso espectáculo de la arboleda que sombrea el Barranco de Benabre, cuyo final habíamos sobrepasado en el fondo del valle.

Desde una curva contemplamos el hermoso espectáculo de la arboleda que sombrea el Barranco de Benabre, cuyo final habíamos sobrepasado en el fondo del valle. El que corre a nuestros pies, bajo los tajos de enfrente, es el Barranco de Prado Estaca.

En el repliegue del camino a la vera de dicho barranco es más otoño que en la loma…

En el repliegue del camino a la vera de dicho barranco es más otoño que en la loma…

… y la aproximación al Barranco de Benabre no deja de corroborarlo.

… y la aproximación al Barranco de Benabre no deja de corroborarlo.

En la cercanía del barranco volvemos a disfrutar de un denso macizo de coníferas, algunas de altura apreciable. Vuelvo a ver aquella que me llamaba la atención en el fondo del valle ¿qué podrá ser…?

En la cercanía del barranco volvemos a disfrutar de un denso macizo de coníferas, algunas de altura apreciable. Entre algunos cedros, vuelvo a ver aquella que me llamaba la atención en el fondo del valle ¿qué podrá ser…?

Por fin, las características piñas de una de ellas me darán la solución: se trata de Pseudotsuga menziesii, conocida vulgarmente como Abeto de Douglas, especie norteamericana que pasa por ser -en su hábitat- el árbol más alto del mundo después de la Sequoya.

Por fin, las características piñas de una de ellas me darán la solución: se trata de Pseudotsuga menziesii, conocida vulgarmente como Abeto de Douglas, especie norteamericana que pasa por ser -en su hábitat- el árbol más alto del mundo después de la Sequoya.

Superado el Barranco de Benabre, el camino asciende ligeramente hasta la divisoria de la loma siguiente. Por ella vamos a encontrar nuestro camino de vuelta:

Que se desgaja del principal en este punto, marcado por un poste junto al signo dde coto de caza.

Que se desgaja del principal en este punto, marcado por un poste junto al signo de coto de caza.

Comprobaremos enseguida la diferencia entre las lomas del Marquesado, de carácter más bien seco y pobladas por pinos y encinas, y los fondos de barranco húmedos y variados que acabamos de recorrer. Pero las vistas más amplias están aquí:

El inmenso tapiz forestal del Marquesado se extiende alrededor de nosotros, bajo el ceño sombrío del Alto de San Juan (2.786m).

El inmenso tapiz forestal del Marquesado se extiende alrededor de nosotros, bajo el ceño sombrío del Alto de San Juan (2.786m).

Al frente, vamos teniendo vislumbres del valle, con su pétreo centinela: el Castillo de la Calahorra.

Al frente, vamos teniendo vislumbres del valle, con su pétreo centinela: el Castillo de la Calahorra.

Junto a los restos del pasado, los signos de lo nuevo: ese mar de espejos que semeja agua: la estación solar Andasol 3, parte del mayor complejo termosolar de Europa, capaz de proporcionar electricidad a medio millón de personas. Con 0 emisiones de CO2.

Junto a los restos del pasado, los signos de lo nuevo: ese mar de espejos que semeja agua: la estación solar Andasol 3, parte del mayor complejo termosolar de Europa, capaz de proporcionar electricidad a medio millón de personas. Con 0 emisiones de CO2.

La loma que seguimos viene a morir a la conluencia entre el Barranco del Gallego y el de Los Olmos, que venimos teniendo a nuestra derecha (otro pendiente). Como si bajáramos por la trompa del elefante, nos deja a nivel del suelo sin mayor esfuerzo:

Reencontramos a nuestro (ya) viejo conocido, en el punto en que el carril cambiaba de margen junto a la alameda/aliseda que vemos en la foto.

Reencontramos a nuestro (ya) viejo conocido, en el punto en que el carril cambiaba de margen junto a la alameda/aliseda que vemos en la foto.

Ya solo queda desandar el poco más de un kilómetro hasta el coche, y vuelta a casa. Bien estuvo. À bientòt!

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Un pensamiento en “El Gallego de Aldeire

  1. Ícaro

    No sabía que en Granada hubiera, tal y como nombras aquí, sequoyas, abetos douglas, cedros, olmos, serbales, arces, pinos silvestres, bueno, en Granada o en cualquier otro lugar, que para verlos hay que nombrarlos y/o viceversa…faltó investigar el árbol del que procede el poste del coto de caza, jeje. Broma. Flipante darse de vez en cuando una vuelta por aquí: Poesía y Ciencia. Música de catedral. Entonces, por mi pare, Salud y gracias

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