Albuñuelas-El Sequero

Caratula-Albunuelas

16 Febrero 2014

Con la temporada de las naranjas en su apogeo, y con un día que amenazaba nubes hacia el interior, decidimos el domingo 16 acercarnos al valle de Lecrín. Acercarnos para poder alejarnos de él, cierto, y recorrer la frontera entre el dominio campesino y el forestal por el carril que desde el pueblo remonta el río Saleres hacia el Cañuelo. Sin adentrarnos demasiado, y volviendo por la margen opuesta del cañón que el río ha construido aguas arriba del pueblo, tuvimos poca sierra, pero mucha naturaleza, paisajes extraordinarios tocados por la mano del hombre… y naranjas.

El punto de partida va a ser el mencionado carril del Cañuelo, en las últimas casas del pueblo. Para llegar aquí, tomamos, desde la salida 153 de la A-44,  la carretera GR-3208 a Cónchar y Albuñuelas. Curvas enlazadas por una paramera inhóspita, hasta que los valles empiezan a acercarse…

…primero con olivos y almendros en flor.

…ofreciendo de entrada olivos y almendros en flor.

No hay que llegar al pueblo. 1 o 2 Km antes, tras cruzar el vistoso barranco de Luna (con los primeros naranjos), la carretera sale a la loma de nuevo antes de introducirse ya en el valle del río Saleres. En ese punto arranca a la derecha una carretera empinada que gana altura en un par de revueltas, y progresa luego hasta un barrio o urbanización aislada. Dejándola a la izquierda, proseguimos por lo que ya es carril terrero, hasta situarnos por encima del pueblo. Estamos en el camino que lleva al cruce de Jayena en la Carretera de la Cabra, el cual progresa por las lomas. Para tomar el nuestro, que se introduce en el valle, hay que desviarse más adelante a la izquierda. No tiene pérdida porque se ve desde lejos el antiguo tejar -con su enhiesta chimenea de ladrillo- por el que pasa nuestra ruta.

Un poco más allá del tejar aparcamos los vehículos y echamos a andar.

Como puede verse, no faltan amplios horizontes. El día sigue indeciso, pero de momento nos regala unos rayitos de sol tímido, y una temperatura muy agradable para andar.

Como puede verse, no faltan amplios horizontes a nuestra espalda. El día sigue indeciso, pero de momento nos regala unos rayitos de sol tímido, y una temperatura muy agradable para andar.

Pese a que se supone que bajamos al río, el comienzo es un repechín, que abordamos animosos.

Pese a que se supone que bajamos al río, el comienzo es un repechín, que abordamos animosos.

Entre los pinos del borde del camino, una sorpresa: una buena colección de setas (que parecen ser Lepista nuda, con su delicado tono violáceo), no sabemos si las últimas del otoño o las primeras de la primavera, que El Valle tiene estas cosas…

Frente a nosotros, la ladera opuesta -por donde pensamos volver- se resuelve en bien ordenadas paratas pobladas de olivos, almendros y nogales, entre ocasionales pinos, encinas y quejigos en los ribazos.

Frente a nosotros, la ladera opuesta -por donde pensamos volver- se resuelve en bien ordenadas paratas pobladas de olivos, almendros y nogales, entre ocasionales pinos, encinas y quejigos en los ribazos.

Conforme el camino desciende hacia el río, la solana se enriquece con las vistosas pitas, para completar este mosaico montano-subtropical.

Conforme el camino desciende hacia el río, la solana se enriquece con las vistosas pitas, para completar este mosaico montano-subtropical.

El carril emboca por fin el barranco, aunque a la vista del cauce se empina de nuevo para superar unos cortados que hay más arriba. Un ramal, sin embargo, desciende a la rambla y, aconsejados por un amable lugareño, lo tomamos para proseguir por el fondo del valle:

Que aquí es amplio, adornado de altos álamos, y con un curioso adelfar entre los guijarros, intentando sobrevivir a la próxima crecida.

Que aquí es amplio, adornado de altos álamos, y con un curioso adelfar recién nacido entre los guijarros, intentando sobrevivir a la próxima crecida.

Mirando hacia atrás en esta amplia playa de cantos rodados.

Mirando hacia atrás en esta amplia playa de cantos rodados.

Tras el espacioso vestíbulo sigue un estrechamiento poblado de pinos…

…al que sigue esta peculiar arboleda de plátanos de sombra.

…al que sigue esta peculiar arboleda de plátanos de sombra. Algún eucalipto añade exotismo al lugar.

Despreocupados por la dirección correcta, ya que no hay otra que seguir la rambla, disfrutamos de las bizarrías del paisaje:

Como este lugar (la foto es de vuelta; a la ida queda a nuestra izquierda). Se diría que todo un escarpe rocoso se vino abajo en un solo episodio, dejando este dantesco espectáculo de inmensos bloques de piedra…

Como este lugar (la foto es a la vuelta; a la ida queda a nuestra izquierda). Se diría que todo un escarpe rocoso se vino abajo en un solo episodio, dejando este dantesco espectáculo de inmensos bloques de piedra…

Un poco más allá, un hilillo de agua corre por el fondo del cauce antes de filtrarse. Enseguida, a nuestra izquierda, aparecen los hornos del Sequero:

Aquí, nos explicarían en el pueblo, se obtenía un alquitrán a partir de la resina del pino, y también la miera, sustancia antiséptica para el ganado, destilada del enebro. Son dos enormes calderos sobre sendas cámaras de combustión, que se alimentarían probablemente con las aulagas que pueblan la zona, de alto poder calorífico.

Aquí, nos explicarían en el pueblo, se obtenía un alquitrán a partir de la resina del pino, y también la miera, sustancia antiséptica para el ganado, destilada del enebro. Son dos enormes calderos sobre sendas cámaras de combustión, que se alimentarían probablemente con las aulagas que pueblan la zona, de alto poder calorífico. Desde los hornos, dos canalizos llevaban el producto al caldero que vemos en primer plano.

Por encima de los hornos hay una casilla, y a la derecha un arroyo con un hilillo de agua que se abre paso entre adelfas:

De repente se diría que estamos en una selva o manglar, lejos del reseco sureste andaluz.

De repente se diría que estamos en una selva o manglar, lejos del reseco sureste andaluz.

Del otro lado del arroyo, tres paratas de sólidos muros se disponen paralelas a la rambla:

En ellas se han plantado chopos y nogales. Ignoramos si son infraestructuras industriales o recreativas, pero el lugar tiene su encanto umbrío (al menos en Febrero).

En ellas se han plantado chopos y nogales. Ignoramos si son infraestructuras industriales o recreativas, pero el lugar tiene su encanto umbrío (al menos en Febrero).

Tras un rato de inspección, retomamos la rambla hacia arriba (algunos por el camino, que en este punto corre muy cerca del fondo). En un rato más llegamos a una amplia confluencia de barrancos:

Aquí se juntan el barranco de la Cruz Chiquita, por donde sigue el camino, con el que, entrando por la derecha, recoge todo un intrincado conjunto de escorrentías (Rambla de la Venta, Rambla Huida…)

Aquí se juntan el barranco de la Cruz Chiquita a la izquierda, por donde sigue el camino, con el que, entrando por la derecha, recoge todo un intrincado conjunto de escorrentías (Rambla de la Venta, Rambla Huida…). Por este último no hay camino en este punto. El de la Cruz Chiquita nos permite acceder al puerto de la Toba, dirección Los Guájares, pero antes se desgaja de él un ramal que vuelve a Rambla Huida por un collado, para seguir hacia el Cañuelo.

Pero todo eso quedará para otra ocasión, ya que estamos interesados en el cañón que hemos dejado atrás, y ya es casi la hora de comer. Así que nos ponemos a ello, en un rudimentario prado a la vera de la rambla, antes de emprender el regreso.

Ya de vuelta, nos acordamos de la foto oficial, para la que aprovechamos las verdes paratas del Sequero.

Ya de vuelta, nos acordamos de la foto oficial, para la que aprovechamos las verdes paratas del Sequero.

De vuelta a los plátanos, nos llama la atención la manera posesiva en que esta raíz aferra el pedrusco que soporta el peso del árbol ¿por cuánto tiempo?

De vuelta a los plátanos, nos llama la atención la manera posesiva en que esta raíz aferra el pedrusco que soporta el peso del árbol ¿por cuánto tiempo?

Llegados al punto en el que el camino bajaba -y cruzaba- el río, tomamos ahora el ramal derecho, por la umbría. Este tramo coincide con el GR-7 de Albuñuelas a Jayena, y veremos sus marcas aquí y allá. De momento, comienza con una subida empinada hasta una bifurcación, donde tomamos el camino de la izquierda, más bajo.

Enfrente, vamos viendo el camino que recorrimos esta mañana, y por encima el espectacular conjunto de cuevas y abrigos que corona los tajos.

Enfrente, vamos viendo el camino que recorrimos esta mañana, y por encima el espectacular conjunto de cuevas y abrigos que corona los tajos.

Después de una curva que cruza un barranquito el camino vuelve a subir, para luego bajar por la divisoria de una lomilla. Nosotros nos queremos ahorrar la subida y tomamos un carril poco usado a la izquierda, que baja entre almendros para luego girar a la derecha y proseguir a cota, ya metidos entre las paratas.

Entre almendros y pinos, el camino como tal viene a morir en una espesura de encinas y quejigos que se asoma a un barranquito al que sigue un terreno quebrado.

Entre almendros y pinos, el camino como tal viene a morir en una espesura de encinas y quejigos que se asoma a un barranquito al que sigue un terreno quebrado.

Por aquí no hay salida…

Por aquí no hay salida…

Descendemos un par de niveles, hasta encontrar una senda -parece que el cauce de una antigua acequia-, que supera el barranco y rodea por abajo los cortados, pegándose a la roca en un paso un poco expuesto…

Mirando hacia atrás, colgados en la delgada línea verde de la senda, a la izquierda.

Mirando hacia atrás, colgados en la delgada línea verde de la senda, a la izquierda.

Por debajo, a más distancia de la que resulta tranquilizadora, divisamos este hermoso puente (¿o acueducto?) sobre el río.

Por debajo, a más distancia de la que resulta tranquilizadora, divisamos este hermoso puente (¿o acueducto?) sobre el río.

Progresamos ahora por una zona menos antropizada, entre pinos, encinas, quejigos y arbustos de variado porte:

Aquí un aladierno (Rhamnus alaternus), preparánsose para florecer. Hay también durillos, y algún otro que no identifico…

Aquí un aladierno (Rhamnus alaternus), preparándose para florecer. Hay también durillos, y algún otro que no identifico…

A continuación empiezan los olivos y, por fin, los naranjos. Por sus paratas caminamos, y al final debemos ascender un nivel a la derecha para salir a un camino, que enseguida llega a la divisoria de la loma para recibir al que baja desde el que habíamos abandonado antes. La vista aquí es espectacular:

Albuñuelas toma el sol en la ladera de enfrente, bajo la mirada del nevado Cerro del Caballo. El río a la izquierda y un barranquito lateral a la derecha estrechan la loma donde nos encontramos. Volvemos a encontrar las marcas del G-7, que nos instan a proseguir entre dos vallados a ambos lados del camino.

Albuñuelas toma el sol en la ladera de enfrente, bajo la mirada del nevado Cerro del Caballo. El río a la izquierda y un barranquito lateral a la derecha estrechan la loma donde nos encontramos. Volvemos a encontrar las marcas del GR-7, que nos instan a proseguir entre dos vallados a ambos lados del camino.

La senda, preciosa, baja haciendo revueltas entre olivos, naranjos, almendros y vides…

…sin olvidar las pitas.

…sin olvidar las pitas.

Cuando se acerca al barranco, ofrece vistas espectaculares de los tajos de enfrente:

Y ya que hablamos de pitas… aquí resisten colgadas sobre el abismo, donde nadie puede disputarles el sitio.

Y ya que hablamos de pitas… aquí resisten colgadas sobre el abismo, donde nadie puede disputarles el sitio.

La vista de conjunto impresiona…

La vista de conjunto impresiona…

La senda, tras un tramo de bajada más o menos recto, aborda el tramo final en varias procelosas revueltas apoyadas sobre un contrafuerte rocoso:

al pie de este escarpe, una enorme roca desprendida -el garbanzo- se apoya sobre la pared, dejando una sorprendente ventana sobre el paisaje de más allá.

Al pie de este escarpe, una enorme roca desprendida -el garbanzo- se apoya sobre la pared, dejando una sorprendente ventana sobre el paisaje de más allá.

El fondo del barranco está tapizado de mil verdes escalonados.

El fondo del barranco está tapizado de mil verdes escalonados.

Almendros y naranjos.

Almendros y naranjos.

Al final llegamos al fondo del asunto, donde un puentecillo salva el río en la vecindad de unas casas.

Al final llegamos al fondo del asunto, donde un puentecillo salva el río en la vecindad de unas casas.

La palmera le da un toque norteafricano a este oasis.

La palmera le da un toque norteafricano a este oasis.

O de las mil y una noches. Lo que tienen que vigilar es que no se desplome el suelo sobre sus cabezas…

O de las mil y una noches. Lo que tienen que vigilar es que no se desplome el suelo sobre sus cabezas…

Sigue ahora la subida más dura de la excursión, por las calles del pueblo. La sobrellevamos charlando con algún vecino mientras recuperamos el resuello. En esta parte, las casas se espacian dejando huertos entre medias…

…con lo que la subida, pese a lo duro, es un deleite de recoletas perspectivas.

…con lo que la subida, pese a lo duro, es un deleite de recoletas perspectivas…

…con la parte baja del pueblo apareciendo y desapareciendo entre los árboles.

…con la parte baja del pueblo apareciendo y desapareciendo entre los árboles.

Llegamos por fin a un mirador, desde el que dominar casi todo el pueblo:

El caserío es alargado como un lagarto al sol. Al fondo, bajo las lomas de Sierra Nevada, destaca el barrio de Fernán Nuñez, por donde hemos entrado con el vehículo.

El caserío es alargado como un lagarto al sol. Al fondo, bajo las lomas de Sierra Nevada, destaca el barrio de Fernán Nuñez, por donde hemos entrado con el vehículo.

Desde el mirador enfilamos por la calle que asciende, que en pocos metros nos deja en el camino del principio, cerca del tejar. Siguiéndolo a la izquierda llegamos poco después a los coches. De vuelta a casa, la tarde se despide con efectos especiales:

Parece que en Granada no han visto mucho sol hoy. Aquí, solo un cendal de leve bruma acaricia la loma de Nigüelas, dándole las buenas noches.

Parece que en Granada no han visto mucho sol hoy. Aquí, solo un cendal de leve bruma acaricia la loma de Nigüelas, dándole las buenas noches.

Buenas noches.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s