Del Tintín al Payoyo

3 Febrero 2018

Por fin los astros se alinearon para realizar una ruta que tenía en mente desde hace unos meses: salir desde el Barranco del Tintín, al este del pantano de Quéntar, para cruzar el Arroyo Padules y visitar el Barranco de Prado Payoyo y los Cortijos de la Cueva (Alto y Bajo), en la solana del Cerro de los Alacranes. No fue completa, porque la falta de tiempo nos impidió llegar al Cortijo de los Alacranes, pero a cambio tuvimos el día perfecto, con la nieve justa en las umbrías como para matar el gusanillo, y un sol radiante que compensó la temperatura fresca, resultando ideal para andar…

Track de la ruta en Wikiloc.

No llegamos con el vehículo hasta la presa del pantano. Aunque puede empezarse desde aquí, compromisos horarios por la tarde aconsejaban acortar la jornada empezando un poco más arriba, así que seguimos rodando por el carril que continúa tras el cruce de la presa y tomando, a la altura de la cabra montés bizarramente esculpida sobre un peñasco, el carril de la izquierda, hacia el Barranco del Tintín, dejando a la derecha el de La Argumosa. Poco después de un cartel que avisa de la existencia de una cadena (que, por lo demás, suele estar abierta), aparcamos en un apropiado ensanche al borde del camino.

El Barranco se ve esplendoroso con la nieve caida justo anoche. Estamos ya muy cerca del fondo, con el Cortijo de Tobalo frente a nosotros.

Aunque están pelados los álamos que lo adornan, la nieve confiere al valle un encanto especial. Como en todo caso no tiene más allá de un dedo de grosor, resulta perfecta para alegrarnos el día sin complicarlo.

Tras un primer carril a la izquierda cerrado con cancela, tomamos por el siguiente, que cruza el arroyo sin dificultad. Del otro lado asciende y al poco se bifurca, por la derecha hacia el Cortijo de Tobalo y por la izquierda hacia otro cortijo muy cercano. En esa bifurcación hay que estar atentos:

… porque ahí arranca nuestra senda, que tiene un aspecto poco prometedor -casi una torrentera-, pero es la buena.

Progresa los primeros metros por la derecha del barranquito que aquí comienza, que al estar en sombra conserva todavía la nieve recién caida.

Algo más adelante atravesamos un portillo ganadero, que dejaremos -abierto o cerrado- tal como lo encontremos, y luego la senda cruza el barranco y se pega un subidón espectacular durante una treintena de metros, afortunadamente ya al sol, y sin nieve. Por esa margen izquierda subirá un buen trecho, antes de volver a cruzar el barranco y ascender, entre almendros, el tramo siguiente. Luego los pinos empiezan a sustituir a los almendros, hasta llegar al collado. En total subimos unos 170m en muy poco trecho, con lo que al final, pese a lo fresco del día, debemos aligerarnos de ropa para no sudar en exceso.

Desde el collado cambia el paisaje de forma espectacular; campos y almendros dejan paso a un panorama de sabor montañero, con los pinares de los Alacranes enfrente y los cerros de la Sierra de Huétor detrás. Separándonos de todo ello, el profundo valle del Arroyo Padules, oculto a nuestros pies.

Estamos justo a los pies del Alto de Haza Redonda (1.496m), en la divisoria entre los valles del Tintín y del Padules. La senda que seguiremos -a la derecha desde el collado- circula justo por el borde superior de los pinos de la umbría del cerro, con lo que no tiene pérdida.

Esta es la senda, toda coquetona, con los colores del invierno -verde y blanco, pardo y rojo- en todo su esplendor.

Por momentos nos internamos en los pinos, aunque prácticamente sin cambiar de cota…

… hasta aparecer por esta ventana…

… sobre toda la magnitud del Arroyo Padules, con el Barranco de Prado Payoyo frente a nosotros y el Cerro del Zujeiro nevado coronando la escena. Quién fuera pájaro…

Comenzamos aquí el descenso hacia el Padules. La senda principal gira a la izquierda por lo abierto y enseguida vuelve a girar a derecha, aunque puede trocharse recta. Luego sigue bastante clara faldeando la ladera…

… y parece apuntar a la que vemos enfrente, que es la que lleva al cortijo de La Parra. Pero no es así. Bajaremos luego a la izquierda, y la conexión con aquella nos obligaría a volver a subir, pues a cota se pierde en el vallecito lateral que cruza la foto.

En todo caso, nosotros seguimos la nuestra, bastante evidente hasta un punto en el que, de seguir rectos, nos meteríamos en un espeso espinar con mal pronóstico. Aquí, aunque no es muy visible, hay que girar a la derecha por los prados más abiertos hasta poder girar de nuevo a la izquierda tras rodear lo más espeso. Pusimos un pequeño hito en ese punto y unas piedras cerrando lo que parecía la dirección natural. A ver lo que duran. En el track está indicado ese punto como “Espinar. Girar a la derecha por los prados”.

El punto donde se gira de nuevo a la izquierda es en realidad el entronque con la senda que viene del Cortijo de la Parra, que desciende recto desde la que veíamos en la foto, que lleva a un haza de almendros en mitad de ninguna parte.

Una vez en la vereda reunificada habremos de estar atentos a una nueva bifurcación:

… pues a la derecha prosigue la que lleva al Cortijo Bajo, mientras que a la izquierda aparece la que nosotros cogeremos, que cruza el Padules algo más abajo y busca luego el Cortijo Alto. Es una intersección en triángulo, pues ambos ramales desembocan en la misma vereda, que cursa unos metros más abajo siguiendo la curva de nivel.

La vereda, hoy bastante embarrada, progresa un rato hacia la izquierda para luego girar a la derecha y abordar la bajada hasta el río, por una zona algo incómoda entre retamas y otros arbustos, pero sin pérdida. En unos minutos estamos en el río:

Que baja con apreciable cantidad de agua, aunque tranquilo.

Unos metros aguas abajo encontramos un lugar propicio para cruzarlo, entre piedras y troncos. Hay que pisar con cuidado, pero no es necesario mojarse.

Del otro lado hay un prado, desde cuyo extremo parte una veredita, ocupada algo más arriba por un rebaño de ovejas, hacia las que caminamos.

Ganamos altura sobre el río. Mirando hacia atrás apreciamos el prado que acabamos de dejar.

En pocos momentos alcanzamos un repunte de la ladera, donde un a modo de balconcito de piedra se abre sobre el curso inferior del barranco.

A partir de aquí el terreno es más abierto, prados escalonados, en cuya parte más alta encontramos…

… las ruinas de lo que fue el Cortijo Alto de la Cueva, rodeado de verde, al socaire de un espolón calizo.

La vereda prosigue el ascenso de la ladera, dividiéndose en varios ramales. Tomamos el más empinado, que suponemos más directo, intentando dejar a la izquierda a las ovejas, que insisten en permanecer en el camino…

… y con las que acabamos cruzándonos, donde la vereda se interna en el pinar.

Tras unos caracoleos, la vereda acaba llegando sin contratiempos hasta el collado entre el Padules y el Aguas Blancas al que habíamos llegado en  la ocasión anterior:

Viejo conocido, vemos el comienzo del valle que baja al Aguas Blancas, a los pies del Alto del Agarradero, con el inicio de la vereda, parcialmente cubierta de nieve, que baja hasta la primera hondonada.

Nuestra ruta de hoy, sin embargo, prosigue hacia la derecha, por la divisoria:

Por una cómoda vereda, en ligero ascenso, que buscará un nuevo collado por el que se accede al Cortijo de los Alacranes.

Desde la senda, y mirando hacia atrás, divisamos el remate de la loma entre el Padules y el Tintín, donde repunta el último cerro, mirador sobre el pantano, por encima de unos abiertos prados de aspecto apetitoso (si eres herbívoro…). A la izquierda queda el collado por el que hemos accedido desde el Barranco del Tintín.

Tras algo de subeybaja con más de sube que de baja, nos internamos en una pinada…

… cuya sombra ha preservado todavía la nieve sobre el suelo. Intuimos ya el cercano collado…

… por el que pasa el carril que viene del Cortijo de los Alacranes, situado al fondo de este valle. Cerca, pero a trasmano, lo dejaremos para otro momento.

Desde este punto, y a la izquierda, arranca un carril secundario por el que se llegaría en unos minutos a la cima del Cerro de los Alacranes, domo calizo de amplísima cima y de espectaculares vistas. Pero tampoco toca hoy, ya que el objetivo es Prado Payoyo. Así que tomamos el carril hacia la derecha…

Entre altos pinos y sobre nieve fina… me recuerda el que faldea el cerro del Cárcabal por encima de Linarejos.

Conforme vamos rodeando el cerro, ingresamos de nuevo en solana, con lo que la nieve va desapareciendo…

… hasta que enfilamos ya el Barranco de Prado Payoyo, que aquí nos recuerda el carril de los Arenales del Trevenque.

El carril recorre todo el valle, primero por esta solana y luego, cruzado el cauce, por la umbría. Pero no llegaremos hasta ese punto, sino que estaremos atentos a una vereda que he intuido en la ortofoto y que algunos han trackeado, que debería seguir el sentido descendente del barranco, pero de este lado…

¡Y aquí está!. Pisada sobre la nieve reciente, está claro que algún rebaño la ha usado no hace mucho. Sale desde el borde derecho del carril, a contramano, y progresa, como esperábamos, casi en dirección contraria a la que traíamos, pero bajando para buscar la vecindad del cauce.

La nieve se ha demorado bajo los pinos, aunque el arroyo baja sin agua.

Aquí la estampa es plenamente invernal, por más que veinte metros más arriba, en el carril, la nieve brillaba por su ausencia.

Como sucede unos metros más allá, saliendo de la sombra de los pinos a unos rellanos herbosos al pie de un escarpe calizo a la derecha, que habíamos superado por arriba andando por el carril… El barranco aquí pica hacia abajo…

… mientras el escarpe a la derecha y los vistosos tajos de la margen izquierda dibujan entremedias una vistosa puerta por la que nos asomamos a la solana de más abajo y al Padules.

El risco calizo está, lo comprobamos enseguida, horadado por diversas cavidades, visitadas por los rebaños a juzgar por sus deposiciones, que alfombran el suelo. Está claro que estamos en “la Cueva” que da nombre a los cortijos de más abajo. Es un espléndido lugar, atalaya sobre el valle y reposadero cómodo y soleado, a la par que bien defendido frente a posibles alimañas. De hecho, apostaría a que el sitio ha debido conocer pobladores neolíticos o hasta paleolíticos, que disfrutarían de una envidiable posición sobre una zona que, en tiempos, pudo albergar tanto buena caza como domésticos rebaños.

Nosotros vamos a recrear la escena neolítica, comiendo a la entrada de una de las cuevas, cuya entrada ha sido estrechada con un apropiado murete de piedra seca. Bruno oficia de perro guardián.

Y, dado que el sitio nos ha encantado, le hacemos el honor de convertirlo en escenario de la inevitable foto oficial. Al fondo, el cerro de Haza Redonda.

Tras una plácida comida, buscamos la continuación de la ruta, que no tiene dificultad: varias veredas, a diversas alturas, prosiguen el rodeo del cerro mientras bajan suavemente hacia la solana…

Tras andar unos metros, nos damos cuenta al mirar hacia atrás de que la cueva tiene también su planta alta: una nueva oquedad, por encima de aquella en la que hemos comido, y que, siendo de acceso más complicado, constituiría un refugio seguro incluso contra el peligroso “dientes de sable”… o el ejército enemigo, vaya usted a saber.

La senda pasa al pie de una interesante curiosidad geológica: un plano de falla “de libro”, correspondiente a la que los mapas del IGME sitúan justo en este lugar. Ríete tú de la de Nigüelas…

La senda acaba por pegarse a la vaguada que discurría a nuestra derecha, que cruzamos por sitio relativamente despejado. Después es otra cosa, porque hay un macizo de retamas que habrá que cruzar por un coladero de ovejas, o rodear como buenamente podamos. Luego las sendas divergen: algunas ganando algo de altura a la derecha para cruzar la solana hacia el Cortijo Alto, otras más bien hacia la izquierda, hacia el centro de la ladera, por una serie de rellanos despejados.

Desde uno de esos rellanos gozamos de una buena vista sobre el Barranco de Prado Payoyo y el Padules.

Llegados a un último rellano, encontramos su base procelosamente rodeada de matorral de aspecto impenetrable. La única salida lógica parece ser una empinada trocha de pisadas de ganado por  la izquierda, aunque no vemos clara su continuación. La seguimos, hacia el arroyo de Prado Payoyo, y al poco comprobamos que era la buena, porque cerca del arroyo, defendido por un muro de arbustos, tuerce a la derecha y, en paralelo al cauce pasa por debajo de un peñasco e ingresa en unos cómodos prados que nos dejan en un periquete…

… en el Cortijo Bajo de la Cueva, precioso lugar, rodeado de un bosquecillo de lo que parecen ser almeces, a juzgar por las hojas que alfombran el suelo.

La senda cruza el arroyo antes del cortijo, haciendo una revuelta a la izquierda y luego a la derecha.

Al otro lado del arroyo prosigue un deleitoso prado, al final del cual encontraremos la vereda que se dirige a cruzar el Padules.

La senda remonta un centenar de metros el Arroyo Padules, que aquí vemos en su casi desnuda soledad.

El cruce del arroyo, al que pronto nos aboca la vereda, resulta un tanto riesgoso en un día de nieve y troncos mojados como hoy, así que lo hacemos por las piedras con el “puente” como pasamanos.

Del otro lado, la vereda aborda -hacia la derecha- una subida suave por la ladera, conforme el río baja por su lado, con lo que en poco tiempo ganamos bastante altura sobre el mismo. Se impone una panorámica de lo recorrido:

Estamos justo enfrente de la loma que discurre entre el Payoyo y el Padules, comprobando que por su divisoria discurre una trocha que podría resultar de utilidad en un futuro. A su izquierda, los prados por los que salimos del cortijo y por encima la solana por la que bajamos. Se distingue bien, casi en el centro, el risco con las cuevas en las que hemos comido.

Un poco más lejos, un poco más arriba, la panorámica se amplía. Semejante a la que tuvimos al venir, pero con menos nieve y la luz en el lado contrario. Buen final.

Ya solo queda andar atentos al entronque con la vereda que sube, porque la que seguimos, si nos dejamos llevar, vuelve a ser la que encontramos al bajar, y nos volvería a llevar al río. Si acertamos bien la vereda todavía nos queda, tras unas decenas de metros de ascenso, retomar la que sale a la derecha en la siguiente bifurcación, abandonando la que sigue subiendo hacia el Cortijo de la Parra. Si completamos correctamente estas maniobras (siguiendo el track es fácil), estaremos de nuevo en la vereda que nos trajo, que desandaremos ya sin problemas hasta el collado al pie de Haza Redonda, y por el vallecito de los almendros hasta el coche. Beautiful day, beautiful place. Later.

Un pensamiento en “Del Tintín al Payoyo

  1. Pingback: Alacranes-Perdiñel | elcaminosigueysigue

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