Carbonales-Sarguillas-Pararrayos

21 Abril 2018

Salgo en compañía de Bruno para hacer lo que acaba convirtiéndose en una montaña rusa: mi idea era llegarme al cortijo de Carbonales, en la parte de la Sierra de Huétor que queda al Este de la A-92, y explorar la umbría de la cuerda del Sabinal-Las Sarguillas; pero caminos propicios me llevaron a coronar las tres sierras que, paralelas entre sí, dominan la zona: cerro de Carboneras-La Mina, Cuerda de las Sarguillas y, de postre inesperado, el Cerro del Pararrayos, una de las grandes alturas del Parque Natural. Os cuento.

Tomo la A-92 hasta la salida de Las Mimbres-Prado Negro. A poco de comenzar la bajada hasta el río Fardes, paso bajo la propia autovía por el carril de Carbonales, por el que recorro 1,5 km hasta encontrar un sitio propicio para aparcar, poco antes del punto en el que otro carril, que viene de la Venta del Molinillo, se une al que vengo siguiendo. Comienzo allí a andar, en dirección Este, por el cómodo carril de Carbonales. Aquí tenéis la ruta en Wikiloc

El campo está fresco. Los pinares, recientemente aclarados, van exhibiendo árboles de buen porte.

En alguna vaguada, al amparo de la mayor humedad, crecen los quejigos, apenas despertados tras el invierno.

Dejo a la derecha la desviación que lleva hacia la Casa Forestal del Pozuelo y los Llanos del Potro (por donde espero volver) y continúo hasta una nueva bifurcación:

A la derecha el camino principal que se adosará al Arroyo de Carbonales; a la izquierda, el que lleva a la casa forestal y cortijo del mismo nombre. Ambos confluirán de nuevo algo más abajo. Tomo a la izquierda…

… y en pocos minutos estoy junto a la Casa Forestal, pena de hermoso edificio presto a desplomarse…

Sigo el camino, y luego un segundo ramal que vuelve a salir por la izquierda, para llegar a la fuente:

En un amplio claro señoreado por un imponente nogal, a la vera de un depósito alimentado por la propia fuente, unos metros por encima.

Un rebaño de cabras pasta tranquilamente, vigilado por su pastor dentro de un vehículo. Tranquilamente… hasta que llegamos, yo y Bruno, y se vuelven todas hacia nosotros, acercándose incluso cuando me paro a hacer una foto (los perros las fascinan). De repente, por esos prontos de las cabras, dos o tres de ellas deciden correr hacia el monte, seguidas un instante después por el rebaño al completo, lo que obliga al pobre pastor a seguirlas para hacerlas entrar en razón (supongo que acordándose entretanto de mi familia). Están como cabras. Mientras tanto, los causantes del desaguisado bebemos de la fuente y decidimos tomar la vereda que arranca por encima de la misma, confiando en poder ayudar a reconducir la desbandada, que arrancó campo a través, paralela a la vereda.

Este es el llano de la fuente, desde la vereda que arranca junto a la misma.

Y esta es la vereda; como se ve, notable y bien marcada ¿quién no la tomaría?

El caso es que no tengo muy claro el final de la aventura, pues en la ortofoto la senda parece terminar abruptamente en una espesura a media ladera ¿qué sentido tiene? Lo averiguo pronto:

Pues encuentro en su extremo una arqueta de captación de agua…

… la cual viene sin duda de esta oquedad en las rocas. La página de Conoce tus Fuentes me confirma que la fuente de abajo en realidad recibe el agua de aquí, y que esta es la auténtica Fuente de Carbonales.

¿Qué hacer ahora? Tengo visto que, casi a esta misma altura y unos 400m más adelante, un carril que viene por el siguiente barranco se asoma a la ladera, por un terreno relativamente despejado; así que me echo al monte para buscarlo…

No es un terreno demasiado complicado, siempre que acierte con el carril. Sigo, pues, a cota confiando en mi instinto…

… disfrutando mientras tanto de amplias vistas, Sierra Nevada al fondo y los cerros entre La Peza y Diezma perdiendo altura a la izquierda hacia el altiplano de Guadix.

Y… ¡bingo!, al aproximarme al barranco compruebo que he calculado bien, y que el final del carril me queda solo unos metros por debajo.

De forma que tomo el carril, que se adentra en el barranco, donde hace un giro de 180º para seguirlo en sentido descendente. Pero en esa cerrada curva observo una cosa, que no quedaba clara en la ortofoto:

Y es que, aparte del sentido descendente, un ramal toma el sentido ascendente. Con lo poco que queda de ascenso, y ante un camino tan expedito, cambio de parecer sobre la marcha y enfilo hacia arriba.

Tiene una pendiente considerable, pero, como he dicho, es poco trecho. En unos minutos llego a su final:

En esta explanada, mientras el curso del barranco gira a la derecha, por la izquierda continúa una senda que mantiene la dirección que llevaba el carril, trepando el último tramo de loma…

… con lo cual llego a la divisoria del cerro en un pispás. Dicha divisoria viene recorrida por una trocha, por la cual se puede progresar tanto a derecha como a izquierda. Zascandileo en ambas direcciones, asomándome a la otra vertiente, hasta encontrar un mirador propicio para sacar una buena panorámica:

Toda la Solana de los cerros del Picón y Cucadero queda frente a mí, y a su izquierda aun llego a divisar el Arroyo de Prado Negro y la línea de cumbre por detrás, desde Majalijar al Jinestral, pasando por Orduña y Peñón de la Cruz.

Tras un rato de contemplación, vuelvo sobre mis pasos hasta el final del carril, que ahora tomo en sentido descendente, pasando por la curva que hacía el principal, y sigo descendiendo por el mismo, barranco abajo.

En el suelo, en mitad del carril, me maravillo ante los narcisos, embebidos en su autocontemplación.

Y después de un rato de descenso, acabo aterrizando en los prados del fondo del valle, que vuelve a ser el del Arroyo de Carbonales:

Aquí el verde no durará mucho, pero de momento se mantienen frescos y lozanos, con los majuelos que todavía se demoran en florecer.

Giro a la derecha, siempre por carril, remontando el poco pendiente fondo del valle, en dirección nuevamente hacia el Cortijo de Carbonales.

Bordeado por un buen encinar, el fondo de valle se presenta abierto y verdeante.

Creo que estoy en la finca del Señorío de Rías, que en dirección contraria a la que llevo alberga un cortijo reconvertido en Hotel rural, que se asoma al valle del Fardes y tiene acceso desde la carretera que viene de Diezma, por encima de la A-92. Sea esta u otra, lo cierto es que al final acabo topándome con un bien marcado límite…

… en forma de bien conservada cerca que cruza todo el valle interrumpiendo mi camino. Tendré que arrojar a Bruno, con todo su peso, por encima de la misma, antes de cruzar yo mismo haciendo algún que otro equilibrio.

Del otro lado, los forestales han echado el resto disponiendo una nutrida plantación de cedros que se mezclan con altos pinos, sobre un terreno completamente llano donde el arroyo, en perezosos meandros, se filtra en un suelo por momentos casi arenoso.

Llego así hasta las inmediaciones del Cortijo de Carbonales. Pero unos 100m antes del desvío que lleva al mismo, y por mi izquierda, arranca un discreto carril:

Verde de hierba, es el camino que me conducirá hasta la cuerda de las Sarguillas, continuación de la Cuerda del Sabinal, que es la sierrecilla que me separa de los Llanos del Potro.

Tenía ganas de hacer este camino, que no conozco, y que de momento empieza con buen pie:

Verde y con muy poca pendiente, arranca entre pinos y encinas…

… y pronto se adorna con quejigos,indicadores de umbría, conforme el carril se va tornando senda.

Tampoco este camino lleva a ninguna parte

… pues viene a morir en un llanillo poblado de jaras, a poca distancia de la divisoria y en la confluencia de dos vaguadas.

Manteniéndome en el curso de la vaguada de la izquierda, por trochas que vacilaría en llamar senda, acabo sin embargo por completar el ascenso hasta la Cuerda de las Sarguillas, asomándome al otro lado:

Estoy rodeado de un monte bajo bastante espeso, mientras miro frente a mí el carril que viene de los Llanos del Potro, que se interna -a la izquierda- en la zona fronteriza con Rías, que quedó devastada por el incendio del 96 y va recuperándose poco a poco. Por encima asoman los pelados cerros de la cabecera del Arroyo de Orcalate, y aun más allá las nieves de Sierra Nevada.

Ese carril es mi objetivo, y la forma de acceder a él viene a ser “tal que por aquí”, descendiendo lo mejor posible una ladera bastante incómoda, primero hacia la derecha, luego a la izquierda, sorteando ásperos arbustos hasta llegar a la cinta salvadora. Menos mal que son solo un ciento de metros, y que no puedo perderlo porque recorre toda la base de la loma en la que me encuentro. Quedará para otra vez investigar si es posible acceder a la cuerda de las Sarguillas tomando hacia la derecha desde el llano de las jaras, y si desde allí hay un descenso más cómodo.

De momento, consigo llegar al carril y lo tomo hacia la derecha, en dirección a la cabecera del Polvorista, con idea de tomar antes de eso el que le entra -de nuevo por la derecha- desde los Llanos del Potro. Lo que ocurre después es que, explorador impenitente, no me resisto a atajar esa ruta (ya que el carril de los Llanos del Potro hace unas revueltas en ascenso algo pesadas) y, antes de llegar al mismo, sigo recto por el Barranco de los Reventones:

Por el que, no me lo negaréis, se ve una trocha bastante evidente.

Este Barranco -no confundir con la Rambla de los Reventones, que es por donde va el carril que lleva hacia el Polvorista- se toma siguiendo recto desde la primera curva que hace el camino, y luego va girando a la izquierda para salir al de los Llanos del Potro ya en su tramo llano. Su primera parte es bastante plana y cómoda. Luego hay que coger un poco de altura para superar un estrechamiento, para luego volver al barranco donde este se ha convertido ya en suave vaguada:

Tal que aquí. Continuando la vaguada acabamos topándonos de nuevo con el carril, en los Llanos del Potro.

Carril de los Llanos del Potro. Por contraste con lo anterior, me parece ir por autopista.

En principio, siendo un buen chico, debería volver por este carril hasta el Arroyo de Carbonales y enlazar desde allí con el que tomé esta mañana… pero viendo el Cerro del Pararrayos muy al alcance de la mano, me digo ¿por qué no? y vuelvo a salirme, esta vez hacia la izquierda, para ver si puedo coronarlo, con lo cual haré tres sierras por el precio de una.

Este es el punto en el que me desvío, por una zona arrasada del pinar (¿un meteorito, un tornado?) con mi nuevo objetivo asomando por encima de los pinos.

El Cerro del Pararrayos (1.658m) culmina una sierrecilla que dibuja una media luna en dirección Este-Oeste, con la concavidad orientada a los Llanos del Potro, concavidad atravesada por el barranco del mismo nombre. Pero al Este del mismo se desgaja de la cresta un cerrillo de menor altura -de las Calaveras, según el mapa-, que proporciona un acceso más tendido a la cuerda. Por su flanco Norte, bastante despejado, comienzo a subir, encontrando enseguida el final de un cortafuegos que sube desde el valle. Desde allí derivaré a la izquierda para rodear el cerro buscando el collado que lo une a la divisoria.

Acabo adosándome a un barranquito que sube desde el llano, donde se alternan pinos, encinas y quejigos, con el suelo alfombrado por matas de gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), la “uva del oso” por sus globosos y pálidos frutos que recuerdan al fruto de la vid.

Guiado por el barranquito, desemboco en un llano al pie de la cima del cerrillo:

Con el cerro a la derecha, voy rodeando en busca del collado en su parte trasera…

… al que acabo llegando sin mayores contratiempos. Arenal calizo sembrado de piornos y aulagas, desde aquí la cuerda principal me queda al alcance de la mano.

Accederé a la cresta por su lado derecho en el sentido de mi marcha (Norte), dominando la panorámica de los Llanos del Potro y con el Majalijar asomando al fondo. No hay senda, pero el terreno es lo suficientemente despejado como para hacerlo con comodidad.

Llegado a la divisoria, en cambio, caigo unos metros del otro lado, donde el terreno es algo más llano…

A mitad del trayecto, una falsa cima rocosa pide ser rodeada a cota por el mismo lado izquierdo.

Y en unos minutos llego a la cima, coronada por el sempiterno vértice geodésico:

… donde hago la foto oficial de nuestro reducido grupo de dos.

Las vistas son amplias, de un lado hacia los Llanos del Potro, con Sierra Arana al fondo…

… y del otro con los valles del Polvorista y el Aguas Blancas, presididos por Sierra Nevada. Pena que el día esté brumoso, lo que le quita encanto y nitidez.

Aun así, disfruto con la lejana vista del Tocón de Quéntar en su bellísima hoya. La línea de prados verdes que se ve por debajo es la loma que arranca desde el Cortijo del Polvorista.

Tras el pertinente ratillo de descanso y contemplación, continúo mi transcurso por la cresta, que es cómodo y estimulante…

En segundo plano, por debajo de Sierra Arana, destaca el Cerro del Calabozo, que cobija a su izquierda el Hoyo de Orón y la Casa Forestal del Pozuelo.

No seguiré la divisoria hasta el final. Como el terreno es despejado, me deja ver con claridad el momento en el que desviarme a la derecha, dejándome caer hacia el final de los Llanos, en dirección Norte-Noroeste.

A pesar de internarme en el pinar, no puedo dejar de llegar al carril, que rodea toda la base del cerro, pero siempre será mejor derivar un poco a la derecha, por lo que ahora explicaré…

Y es que, si veis el mapa, el carril a partir de este punto hace una amplísima revuelta (primero hacia el Sur, luego hacia el Norte) para aterrizar en el barranco de los Toriles/Carbonales. Yo la voy a atajar por el barranco del Potro, que es mejor tomar donde se encuentra con el carril, al comienzo -o final- del llano. Para ello, cuando llego al carril, lo tomo hacia la derecha, aparentemente en contra de mi dirección natural. Serán solo unas decenas de metros, porque he salido muy cerca de su cruce con el Barranco del Potro:

En una curva a la derecha lo dejo irse (se adivina al fondo) y me dejo caer por esta vaguadita que me dejará en el cauce.

Gracias a toda el agua que ha absorbido el monte en estos meses, encuentro una pequeña charca en su misma cabecera, al fondo de la vaguada.

Ahora solo me queda dejarme caer barranco abajo. Lo de barranco es un poco exagerado, porque se trata de un vallecito poco profundo, surcado por débiles sendas, que es mucho mejor alternativa que el rodeo del carril:

Valga una muestra como ejemplo…

En un recodo me sorprende un movimiento entre la fronda: un poderoso jabalí (o jabalina, más bien), arranca a correr delante de mí. Bruno se para, muy excitado, y consigo a duras penas mantenerlo a mi lado (imagino que el porte del animal le ha impresionado y no las tiene todas consigo). Peor es cuando, como suele suceder en estos casos, a la huida de la madre le sigue, en ordenada desbandada en paralelo, la de su camada de tres o cuatro jabatos. “¡Con estos sí que puedo!”, parece expresar Bruno, y debo emplear mi tono más imperativo para evitar que se lance a corretearlos, lo que podría tener consecuencias funestas. Menos mal que se va haciendo un perro maduro y razonable, y se deja convencer. En unos segundos, todo ha pasado y continuamos nuestro descenso sin mayores sobresaltos.

El vallecito acaba muriendo dulcemente en el valle principal, donde reencontramos el carril que vuelve después de su revuelta. Tomamos a la derecha.

Tras la primera curva, entra por la izquierda de este el que viene del Pozuelo, que descartamos olímpicamente para seguir por el fondo del barranco.

Sobrepasamos seguidamente, en la otra margen, esta loma despejada conocida como los Calarillos del Potro.

La tarde se alarga y las sombras también, mientras continuamos nuestro plácido discurrir por el fondo.

En un momento dado, el carril abandona el fondo del valle y trepa hasta los llanos de su izquierda.

Es posible continuar por el barranco, y sería lo más corto si quisiéramos llegar a Carbonales de nuevo, pero no tiene mucho sentido porque ya hemos estado esta mañana. El carril que seguimos, en cambio, desembocará en el que hicimos esta mañana, cerrando así el círculo, cuyo rabillo desandaremos hacia la izquierda.

Este es el plácido tramo de poco antes de la confluencia…

Como nuestro carril gira a la derecha antes de desembocar en el otro, que debemos seguir hacia la izquierda, decido trochar esa revuelta:

… por una última vaguadita que sale por la izquierda, y que se ve pisada. Todo sea por caminar por donde las bestias, en lugar de por donde las personas…

Sin más que dejarse llevar por la vaguada, volvemos a salir al carril, ya muy cerca del vehículo, al que acabamos llegando sin novedad. ¡’ta güeeno! Nos vemos.

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