Cycling in the New Forest

Caratula-New-Forest

14 Julio 2014

La cabra tira al monte allí donde se encuentre. Tanto más si ese monte son antiguas tierras de caza de los monarcas de la verde Inglaterra. Así que hemos aprovechado unas (muy) cortas vacaciones en el Reino Unido (de momento) para cumplir un sueño: pedalear en familia por un bosque de leyenda. De leyenda artúrica, por ejemplo; o de Harry Potter, más al gusto de la chiquillería…

No voy a poneros un itinerario porque no procede, pero sí voy a situaros en el mapa: Hay que ir a Lyndhurst (Hampshire, no New Jersey), que está al suroeste de Londres, como tirando hacia Bournemouth y muy cerquita de Southampton. A esta última es a donde hay que llegar si viajáis en tren, como nosotros, y desde allí tomar el autobús Bluestar nº 6, que en su camino a Lymington os deja en Lyndhurst.

Esto es la High Street de Lynhurst, que es todo lo que uno puede esperar de uno de estos pintorescos pueblecitos ingleses: con sus tiendecitas, sus pubs y sus franquicias de comida italiana.

Esto es la High Street de Lyndhurst, que es todo lo que uno puede esperar de uno de estos pintorescos pueblecitos ingleses: con sus tiendecitas, sus pubs, sus Bed&Breakfast… y sus franquicias de comida italiana.

Por cierto que no sólo comida italiana: en Lyndhurst puedes comprarte -si llevas algo de dinero suelto- un Ferrari o un Masseratti, ya que, por caprichos inescrutables del lujo, hay un concesionario de la marca (“…not for the locals” nos decía nuestra hostess Jenny). Además, en la iglesia de St Mary and All Angels podéis buscar la tumba de Alicia, la Alice Lydell a la que Lewis Carroll dedicó su maravillosa historia.

Lyndhurst está en el centro de lo que es el reciente Parque Nacional de New Forest: un área de bosque que fue terreno de caza establecido por Guillermo el Conquistador en 1079 (¡pena de muerte si cazabas un venado real!), y luego una zona con leyes especiales, usada bajo estrictas normas por los “commoners”, que podían llevar sus ganados a pastar en sus prados y obtener leña y otros materiales del bosque. Sobre estos derechos ancestrales se ha instalado, desde 2005, la figura administrativa del Parque nacional, y está por ver que todo discurra por sus cauces, pues no todo el mundo está igual de convencido del invento. En todo caso, de momento se respetan esos derechos y, por otro lado, el Parque ha potenciado un turismo sostenible, una de cuyas ideas más luminosas es la que da nombre a la entrada: Cycling in the New Forest.

En efecto: se han acondicionado kilómetros de “gravel tracks”, caminos de tierra, cerrados a cualquier tráfico distinto de la bicicleta o del coche… de San Fernando. Además, se han señalado con postes de madera numerados las intersecciones de los caminos -que son una verdadera maraña-, de forma que, provisto de un mapita que puedes conseguir en el Centro de Interpretación (junto al aparcamiento en Lyndhurst), puedes lanzarte a la aventura con razonables expectativas de no perderte. Como además en Inglaterra ignoran lo que son verdaderas montañas -y más en el Sur- el terreno es mayormente llano o con dulces ondulaciones estupendas para la bici. A esto se le une la existencia de negocios de alquiler de bicicletas en varios de los pueblos (en Lyndhurst, por detrás del Centro de Interpretación) y la posibilidad de montar las bicis en los autobuses del “New Forest Tour”, que recorren la zona en plan tranquilo. ¿Quién se resistiría?

De modo que, provistos de bicicletas (10£ la grande, 7£ la chica), mapa y cámara… ¡acción!

Salimos de Lyndhurst por Chapel lane y luego por Pinkney lane, que lleva a Bank, y que resulta ser este precioso túnel verde.

Salimos de Lyndhurst por Chapel lane y luego por Pinkney lane, que lleva a Bank, y que resulta ser este precioso túnel verde, aunque todavía sobre asfalto.

Según el mapa, debemos encontrar un camino exclusivo a la izquierda en cierto punto. Y allí aparece; cerrado por un portillo de madera practicable, el poste indicador nos confirma el lugar donde vamos a entrar en una “enclosure”, una de las áreas cerradas del Parque:

Esta entrada, orillada de altivos robles, estimula la imaginación. Los caminos son un primor, anchos sin exceso y lisos como culito de bebé (con lo que llueve aquí…)

Esta entrada, orillada de altivos robles, estimula la imaginación. Los caminos son un primor, anchos sin exceso y lisos como culito de bebé (con lo que llueve por aquí… ).

Apenas unos metros, ya estamos embobecidos como un niño con una piruleta. Salen a los lados senderos que se adentran en lo espeso. Bien sabéis que los seguiría, pero ¡ay! está prohibido, por no perturbar a las bestias.

Apenas unos metros, ya estamos embobecidos como un niño con una piruleta. Salen a los lados senderos que se adentran en lo espeso. Bien sabéis que los seguiría, pero ¡ay! está prohibido, por no perturbar a las bestias. Además, he prometido solemnemente a la asamblea familiar que seré bueno y no iré por sitios difíciles…

De trecho en trecho, atravesamos las cercas que segmentan las diversas zonas. El bosque cerrado torna por momentos a bucólica campiña, los helechos bajo los árboles y sobre la hierba.

De trecho en trecho, atravesamos las cercas que segmentan las diversas zonas. El bosque cerrado torna por momentos en bucólica campiña, los helechos bajo los árboles y sobre la hierba.

Hablando de árboles: no quise dedicarme a la cosa taxonómica por no romper el ritmo, pero a vuela pluma reconocí robles (robur y rubra, por lo menos), hayas, abedules, fresnos de hoja ancha, muchos arces, seguramente tilos (abundantes en el pueblo), algún álamo temblón, acebos, y qué se yo qué más, todo esto antes de llegar a las coníferas… En cuanto a animales, vimos algún conejo, alguna gran rapaz y la grupa de una familia de ciervos que huyeron a nuestro paso (creo que hacíamos demasiado ruido).

De momento, un robledal casi puro. Mirad los helechos arracimándose en la base de los troncos…

Un robledal casi puro. Mirad los helechos arracimándose en la base de los troncos…

… y comparad con la avariciosa haya, de cuya base exprimida huyen estos.

… y comparad con la avariciosa haya, de cuya base exprimida huyen estos.

Eventualmente, llegamos a las coníferas: hay altos pinos silvestres, abetos de Douglas, sequoyas, me parece ver cedros, y seguramente cantidad de especies que desconozco.

Eventualmente, llegamos a las coníferas: hay altos pinos silvestres, abetos de Douglas, sequoyas, me parece ver cedros, y seguramente cantidad de especies que desconozco. Algunos ejemplares pasan por ser de los más altos de Gran Bretaña.

La verdad es que me recuerda un sitio más cercano. Os voy a poner dos fotos, una de allí y otra de la provincia de Granada, pa que adivinéis cuál es cual. Premio adicional para el que sepa la zona en concreto:

1

1

2

2

Bah, era fácil, pero ¿a que no se diferencian tanto?

El camino ciclable nos lleva a una ruta motorizada: la conocida Rhinefield ornamental drive, famosa por sus abetos de Douglas y sus majestuosos rododendros, que no apreciamos por no estar en flor. Los coches no pueden pasar de 40, y hay pocos, así que casi agradecemos el asfalto, que retiene menos las ruedas. En una esquina de la carretera se abre la entrada a una antigua mansión señorial, hoy convertida en hotel: Rhinefield.

El camino de acceso es un prodigio. Me recuerda un poco a La Granja, en Segovia (que también tiene sequoyas).

El camino de acceso es un prodigio. Me recuerda un poco a La Granja, en Segovia (que también tiene sequoyas).

Impulso vertical…

Impulso vertical…

Y aquí el palacete desde la carretera.

Y aquí el palacete desde la carretera.

La carretera que seguimos nos acerca a Brockenhurst, el otro pueblo importante del bosque y el único con estación de tren. Para alcanzarlo atravesamos una zona de pastos comunales donde se solazan algunos de los afamados caballos del parque.

Los pastos…

Los pastos…

… y los caballos.

… y los caballos.

La ruta propuesta en el mapa rodea el pueblo por unos caminillos deliciosos…

… donde no falta el tradicional cottage con techo de paja.

… donde no falta el tradicional cottage con techo de paja (algunos de éstos serán alojamientos rurales, fijo).

Seguimos rodeando, y cualquiera diría que estamos a unos metros de las casas y de la guardería del pueblo.

Seguimos rodeando, y cualquiera diría que estamos a unos metros de las casas y de la guardería del pueblo…

Acabamos entrando en el pueblo, cerca de la estación de tren. Como es hora de comer (española), hacemos un alto para aprovisionarnos, en un supermercado local, de los característicos sandwiches ya preparados que nos están salvando el presupuesto del viaje. Luego, saliendo por el Este, buscamos un sitio gracioso para comer. Creo que tomamos la carretera de Beaulieu –bello lugar que no conoceremos-, para llegar enseguida a una intersección con otro ramal que vuelve al pueblo. Allí, junto al puentecito que salva un arroyo, descubrimos un primoroso rincón para hacer el dominguero:

Todo bucólico y tal… lástima de que el arroyo, como avisa un cartelito, baja guarro por alguna planta de tratamiento más arriba, y no hay ni que tocar el agua.

Todo bucólico y tal… lástima de que el arroyo, como avisa un cartelito, baja guarro por alguna planta de tratamiento más arriba, y no hay ni que tocar el agua. En todas partes cuecen beans…

Recuperadas las fuerzas y cortos de tiempo, tomamos la carreterita que vuelve al pueblo, pasando por un espectacular hotel llamado Balmerlawn y el camping de Hollands Wood, donde volvemos a tomar los senderos exclusivos del Parque:

El camping se ubica bajo un esplendoroso robledal, alfombrado de hierba, donde aquí y allá se ubica alguna que otra tienda de campaña. Igualico que algunos que yo me sé…

El camping se ubica bajo un esplendoroso robledal, alfombrado de hierba, donde aquí y allá se ubica alguna que otra tienda de campaña. Igualico que algunos que yo me sé…

De nuevo en las enclosures, atravesamos, creo yo, la parte más frondosa y espectacular del bosque, desgraciadamente con la urgencia de devolver las bicis antes de las 17h30.

De nuevo en las enclosures, atravesamos, creo yo, la parte más frondosa y espectacular del bosque, desgraciadamente con la urgencia de devolver las bicis antes de las 17h30.

Con la velocidad que llevamos los árboles se inclinan a nuestro paso…

Con la velocidad que llevamos los árboles se inclinan a nuestro paso… (lo cierto es que tuvimos que desmontar en algún momento, pues la cuestecilla y los kilómetros recorridos empezaban a pesar en nuestras piernas poco entrenadas).

Hay que decir que llegamos a tiempo de devolver el equipo al hosco y peculiar individuo que regenta el negocio, y que nos regalamos una cena fuera para recompensar a nuestros valientes cachorros y a nosotros mismos, qué caramba. Al día siguiente, a casa, con el tiempo justo para un par de instantáneas:

Aquí las vacas a la entrada del pueblo, rumiando lo suyo como destacados miembros de la comunidad.

Aquí las vacas a la entrada del pueblo, rumiando lo suyo como destacados miembros de la comunidad.

Y aquí la razón de que Beatrix Potter pintara las cosas que pintaba. ¡Cómo no te vas a encandilar!

Y aquí la razón de que Beatrix Potter pintara las cosas que pintaba. ¡Cómo no te vas a encandilar!

En fin. No es como para decir “me voy a llegar este fin de semana…”, pero si ocurre que viajáis por esas latitudes, no dejéis de echarle un vistazo a este pequeño paraíso. Bye.

Anuncios

2 pensamientos en “Cycling in the New Forest

  1. Anónimo

    Pero que envidia¡¡ hacía sol y hasta el alquiler de las bicis tiene muy buen precio
    esta es de las que nos apuntaríamos si se repite, aunque yo estoy muy verde en inglés y
    ¿la comida y la gente?

    Responder
    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Hola, Anónimo/a (qué tal un nombrecito, pa orientarnos…). Lo bueno no es que hiciera sol, sino que, haciéndolo, la temperatura no pasaba de 22°. Lo que es de repetir, pues eso, que si incluyes el precio del avión y la subsistencia resulta un poco caro (je). La comida es cara en restaurantes, pero en todas partes encuentras supermercados con cosas hechas, tipo sandwiches, pastelillos salados, fish and chips y cosas así, que para unos días trae mucha cuenta. En gente hay de todo; el de las bicicletas era un lobo solitario algo… eh, pinchoso. Pero la mujer de nuestro alojamiento (Rosedale B&B) era un verdadero encanto. Por lo demás, encuentras cantidad de italianos y españoles en los negocios relacionados con el turismo o la alimentación, los servicios culturales, etc.

      Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s