De Pinsapos y quejigos (Torrecilla por el Saucillo)

26 Marzo 2017

El Plato fuerte de nuestro fin de semana en El Burgo fue la ascensión al techo de la Sierra de las Nieves: el Pico Torrecilla (1.919m). No sólo por las extraordinarias panorámicas que pueden divisarse desde su cumbre, sino porque el itinerario de ascensión resulta ser un compendio de las bondades de este extraordinario macizo montañoso: desde los pinos y encinas de sus laderas bajas, pasando por los pinsapos que cubren las zonas altas, hasta los peculiares quejigos de montaña que sobreviven en los desolados roquedos alrededor de las cumbres…

Hay un movimiento en curso que busca la declaración de esta sierra como Parque Nacional. No sería descabellado, pues en ningún otro lugar del mundo pueden contemplarse sus vastas extensiones de ese superviviente de otras épocas que es el pinsapo. Rey indiscutible de sus paisajes, sus poderosos troncos y sus portes característicos, entre la forma piramidal de muchos ejemplares y la más ramificada y tortuosa de los árboles más viejos, nos permiten creernos en cualquier sierra de las Rocosas, que mirara al Mediterráneo en lugar de al Pacífico.

Haremos una de las rutas clásicas de ascenso (que puedes encontrar repetidísima en Wikiloc, así que no añadiré otra), desde el Puerto del Saucillo, al que se accede por un cómodo carril desde el pueblo de Yunquera:

Esta es la vista desde el Mirador del Saucillo. Estamos a 1.200 m de altitud, justo en la zona en que los pinos van dejando paso a los pinsapos.

La mañana está incierta, las nubes justo sobre nuestras cabezas, las copas de los árboles haciéndoles cosquillas…

La senda progresa desde el collado por el interior de la Cañada del Saucillo, colmada de airosos pinsapos.

La niebla pone un punto de suspense respecto al objetivo, pero crea maravillosos efectos al siluetear las formas de los árboles. Al fin y al cabo, son estas nieblas que condensan el aire húmedo del mar las que crean el ambiente necesario para el crecimiento del pinsapo.

Todavía los altos pinos se entremezclan con los abetos.

La senda es clara y cómoda, acolchada por las agujas de las coníferas…

Conforme vamos subiendo, el cielo parece aclararse poco a poco.

La cañada viene a morir contra la ladera de la parte alta de la Sierra, y la senda se asoma al collado que hace la loma que nos separaba del valle, permitiéndonos un vislumbre del Arroyo de Zarrazalones, uno de los principales aportes de lo que será el Río Grande.

La senda zigzaguea ahora por la ladera, ganando altura sobre la Cañada del Saucillo que acabamos de recorrer:

Al fondo, Yunquera se deja ver entre las nubes.

Frente a nosotros, un pinsapar ya huérfano de pinos tapiza la ladera. Giraremos con la senda hacia la derecha…

… hasta el collado desnudo que da paso a la vertiente de la Cuesta de Los Hornillos, cuenca ya del Turón. Las nubes bajas se disuelven, dejando una espectacular pirotecnia de cirros sobre un cielo intensamente azul.

Casi desnudo de árboles, el terreno se cubre de vegetación almohadillada.

Al fondo y a nuestros pies, el Peñón de Ronda domina el curso alto del Río Turón, por donde andábamos ayer.

Girando suavementa a la izquierda, la vereda se encamina al punto culminante de esta cuerda:

El Peñón de los Enamorados, distintivo tocón sobre el mar de piornos, en el que hemos comenzado a advertir una intensa labor de reforestación, mayormente de quejigos, rodeados por las mallas que los protegen del ramoneo del ganado. La nieve se demora en las zonas altas de umbría.

La vereda alcanza la divisoria y se deja caer suavemente del otro lado, enfrentando por primera vez nuestro objetivo:

El Pico Torrecilla, que se alza como culminación de un desolado altiplano, donde, también por primera vez, vemos los añosos quejigos de montaña que le son tan característicos.

Oteamos desde aquí lo que pretendemos sea nuestro camino de vuelta: la cabecera del Arroyo de las Carnicerías -en sombra- que da paso a una serie de prados escalonados que suben hasta este punto.

Majestuosos buitres nos sobrevuelan, cabalgando las corrientes térmicas que produce el calor del sol rebotado por las rocas desnudas.

Podemos ahora examinar con detenimiento los quejigos que salpican el altiplano. “Quejigos de montaña” quiere decir árboles torturados por el frío y el sol, que desarrollan poderosos troncos pero esqueléticas ramas: su periodo de crecimiento es apenas de pocos meses entre primavera y verano, en los que los brotes pueden prosperar, entre las heladas del invierno y la tórrida insolación del estío.

Ya es milagroso que puedan sobrevivir, centinelas de la vida en las alturas…

En una hondonada encontramos este pintoresco conjunto, compendio de la vegetación de esta zona superior: sobre un lecho de sabina rastrera y enebro, el pinsapo y el quejigo adoptan un porte achaparrado, mientras alrededor, forman almohadilas la Vella spinosa, Genistas, bolina, astrágalus…

Cobijado por el grueso tronco doble de un venerable quejigo.

De camino a la cima, observamos gran cantidad de rasgos del paisaje kárstico: dolinas, lapiaces, simas (pasamos junto a la GESM, la más profunda de Andalucía con más de 1 km de profundidad), e incluso un pequeño torcal:

Como si un fragmento del de Antquera hubiera sido trasplantado aquí, a 500 m más de altitud.

La conjunción de un pinsapo y un quejigo ante el telón de fondo del Torrecilla nos decide a hacer la foto oficial.

El camino ha serpenteado por este peculiar altiplano hasta llegar a un punto característico de la zona:

El Pilar de Tolox, destacado mogote de roca a cuyos pies mana el agua en una pequeña fuente.

Algo más allá, a los pies de otro farallón rocoso, el hermano mayor de aquel: fuente esta con antiguo pilar de sólida mampostería.

Desde el Pilar ya solo queda la última raspa, cuyo punto culminante es el Torrecilla. El ascenso sería originalmente un único sendero que, salvo un par de revueltas, sigue la dirección longitudinal de la raspa, pero la afluencia de senderistas, cada uno buscando  su abordaje más cómodo, ha convertido la ladera en un dédalo de trochas en el que no es fácil encontrar el camino “oficial”. Algo parecido a lo que sucede en el Mulhacén, y que constituye una preocupación de los gestores de los parques, que intentan encauzar buenamente el torrente de pisadas, en beneficio de la conservación de la vegetación y el paisaje. En este último tramo, la vegetación mezcla quejigos, pinsapos, enebros y sabinas; en cuanto al paisaje…

… conforme ascendemos se amplía, desde el desnudo altiplano a los valles de alrededor: aquí la nava de San Luis y el acceso desde la carretera de Ronda-Marbella.

Llegamos por fin a la divisoria, airosa cresta que mantiene restos de nieve, tras la cual empezamos a divisar el amplísimo paisaje del valle del Río Grande y la costa malagueña.

Unos metros más y estamos en la cima. 1.919 m, segunda cima de la provincia, tras la Maroma, compartida con Granada.

Hemos triunfado, y el tiempo nos ha respetado, al menos de momento, permitiéndonos alargar la mirada hasta Estepona, aunque algunas nubecillas prendidas en las cumbres nos hurtan la vista de Gibraltar, que podría verse en mejores condiciones.

Más de 180º en esta panorámica, desde Sierra Cabrilla y Prieta por la izquierda, pasando por las Sierras de Mijas, Alpujata, Blanca, Real y Palmitera frente a nosotros, Sierra Bermeja ya en el extremo derecho…

Realizamos el descenso por el mismo sendero de subida (o al menos lo intentamos) hasta el collado que une el pico con el Pilar de Tolox. A partir de ahí haremos una variante, tomando la Cañada de Froncaire, como hacia Tolox, para luego cruzar la cabecera del Barranco de las Carnicerías buscando de nuevo la falda del Peñón de los Enamorados.

El comienzo de la Cañada de Froncaire, más desnuda en esta parte alta, pero con una prometedora masa de pinsapos en su extremo inferior.

Por una sendilla no excesivamente marcada nos vamos aproximando, a media ladera, hacia el pinsapar…

Por fin un quejigo algo más proporcionado, antes de que la senda pique hacia el cauce, adentrándose entre los pinsapos…

¡Y vaya pinsapos! Árboles con troncos de más de un metro de diámetro y alturas cercanas a los 30 m.

Ya enfilados al cauce seco de la vaguada, nos sobrecoge el porte catedralicio de estas columnas vegetales.

Nave de una catedral nos parece el espacio entre esta doble alineación…

En unos minutos alcanzamos el límite de la cañada:

Marcado por un solitario pinsapo, allí donde los muros de piedra y árboles se acercan formando una puerta sobre el vacío.

Del otro lado, un vertiginoso desplome sobre el Arroyo de las Carnicerías, que viene remontando la Sierra desde Tolox.

En este punto, la senda se pierde un poco sobre las rocas de la izquierda, por donde avanzamos siguiendo unos pequeños hitos de piedra…

… que nos conducen a este aéreo paso, asegurado con una cadena. No es que haya que usarla para avanzar, pero proporciona un plus de seguridad que no viene mal.

Enseguida aterrizamos sobre una faja de terreno más llano, al pie de los cortados que el cerro a nuestra izquierda hace sobre nuestras cabezas.

Allí, algunos pinsapos y este par de quejigos se codean con el abismo.

Y entonces nos regalamos con algo que no pensábamos ver, por lo nuboso de la mañana. Ahora ha despejado, y allí aparece: Sierra Nevada haciendo honor a su nombre. 150 km en línea recta nos separan de ella. Y por delante, confundiéndose con lo que serían sus laderas, vemos en realidad Sierra Tejeda, que quiere taparla pero no llega.

La senda resigue toda la faja al pie de los tajos, progresa luego por un extenso canchal, mientras va girando hacia la izquierda, y al final afronta el Arroyo de las Carnicerías…

Llegados a la loma en mitad de la foto, la subiremos por una senda zigzagueante, atentos a los hitos de piedra, hacia el collado en solysombra de la derecha, que da paso a la zona de prados bajo el Peñón de los Enamorados.

… que aquí podemos ver conforme la vereda ingresa en ellos.

El primer prado viene adornado por un coqueto centro de mesa de pinsapo, quejigo, majuelos y piornos.

Desde aquí tenía varias posibilidades en la cabeza, que había barajado en función del tiempo (el de reloj y el meteorológico): volver por el arroyo -hacia la izquierda- hasta el camino, ascender  por entre los escalones recto hacia el Peñón de los Enamorados, o derivar, ascendiendo, hacia la derecha, habida cuenta de que la senda principal recorre toda la cuerda de la foto y era posible encontrarla más adelante sin volver hacia atrás. En vista del tiempo espléndido, nos decidimos por la última opción.

Saliendo del prado por la derecha, sobre una senda que entiendo que enfila el Puerto de las Boas y el Tajo de la Caina, accedemos a un segundo prado:

Cuidadosamente ribeteado de piedra, lo superamos igualmente por su lateral rocoso, desde donde saco la foto hacia atrás.

Sigue un ascenso por una loma entre almohadillada y pedregosa…

… que nos proporciona unas estupendas vistas, desde el Torrecilla a la costa malagueña.

Accedemos a un tercer prado, salpicado de quejigos de notable grosor…

…desde el que las maravillosas vistas se realzan con la luz rasante de la tarde…

Acabamos llegando a un aprisco que tenía localizado en la ortofoto, y por la vaguada que le sigue -y ayudados por el gps, porque el terreno es algo más truculento de lo que parecía-, acabamos llegando a la vereda principal, que hicimos esta mañana.

La luz de la tarde revoluciona el paisaje plano de esta mañana con sombras dramáticas que destacan cada elevación. Abarcamos desde la Peña de los Enamorados, que llega a asomar la nariz por entre las sierras de la derecha, hasta la Sierra de Grazalema ocultándose en las brumas de la izquierda, pasando por la lámina azul de los pantanos del Guadalhorce.

En un recodo del camino nos sorprende… ¡el monstruo delas Galletas!

Y por si fuera poco, cuando superamos el collado que nos emboca de nuevo a la Cañada del Saucillo…

… la otra mitad de Málaga se ofrece a nuestra vista, todo luces y sombras…

La cara Este de la sierra, despojada de luz, se viste en tonos fríos antes de irse a dormir.

Y en la Cañada del Saucillo, al reclamo de la noche que se avecina, los pinsapos salen a bailar…

Llegamos al coche con el último sol. Nos queda un entretenido retorno hasta Granada, pero lo aceptamos con gratitud y ánimo esforzado; obtenemos mucho más de lo que pagamos. Salud.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s