De Peñas Cabreras al Cortijo de Cañada Espinosa

Caratula-Caniada-Espinosa

13 Abril 2014

Con la primavera haciendo de las suyas, volvemos a Cañada Espinosa para completar una aproximación que ya había planteado en un par de ocasiones sin conseguir realizarla: acceder al mismo nacimiento de la cañada rodeando por fuera el Cerro del Castillo y el propio de Cañada Espinosa, y bajarla toda luego, incluyendo su Cortijo -con espectaculares vistas- y el prado con el río de majuelos que le queda por debajo. Sin olvidar Los Chorros, por supuesto…

Como en la anterior ocasión, llegamos por la A-92 hasta Diezma y retrocedemos por la antigua carretera hasta superar, primero el Cortijo de la Fuente de la Higuera, y luego el desvío del Hotel Señorío de Rías. Justo después, donde la carretera está machacada por un deslizamiento, estacionamos los vehículos en un lateral.

Tras el tramo embarrado y sin asfalto, arranca a la derecha un carril florido, cerrado por una sólida barrera metálica verde. Lo tomamos, aunque se puede ir por el prado de su izquierda y reencontrarlo más arriba. El carril asciende toda la vaguada que forma aquí la ladera, buscando la cima de las Peñas Cabreras, que es el cerro en el que estamos. Tiene varios escapes a la izquierda, para comenzar a contornearlo a una u otra cota. La verdad es que yo pretendía tomar el segundo de dichos escapes, y buscar una subida más tendida hasta la divisoria, pero se nos fue el santo al cielo y acabamos subiendo de tirón hasta arriba:

O sea, casi el cielo. Sobre la loma verdeante, encinas y nubes se comparan, fractalmente semejantes.

O sea, casi el cielo. Sobre la loma verdeante, encinas y nubes se comparan, fractalmente semejantes.

No está mal haber subido hasta aquí, pues las perspectivas, mientras vamos recorriendo la divisoria hacia la izquierda, son estimulantes:

De un lado, la Aldea de Sillar Baja -perteneciente a Darro- en el valle que nos separa de Sierra Arana, cuyas últimas crestas vemos al fondo.

De un lado, la Aldea de Sillar Baja -perteneciente a Darro- en el valle que nos separa de Sierra Arana, cuyas últimas crestas vemos al fondo.

Del otro, el altivo Cerro del Castillo, con el morrón vertical y vertiginoso que los escaladores conocen como "Naranquito".

Del otro, el altivo Cerro del Castillo, con el morrón vertical y vertiginoso que los escaladores conocen como “Naranquito”.

Mi idea, como decía, era haber ascendido por el borde más próximo del secano/prado del centro de la foto, hasta el collado de la derecha. Ahora debemos incluso perder unos metros de altitud para alcanzar ese punto. Llegados al collado, recibimos por la izquierda el camino que sube pegado a la base del cerro, y nos dejamos caer a la derecha, a la umbría del Cerro del Castillo.

Enseguida descartamos un carril blanquecino que baja con decisión por la derecha, para seguir pegados a la ladera, en bajada mucho más suave.

Conforme rodeamos el macizo, se amontonan los cerros delante de nosotros: en primer término el de Cañada Espinosa; por encima el del Cucadero, tras el cual se asoman para el ‘selfie’ los de Jinestral y Peñón de la Cruz.

Conforme rodeamos el macizo, se amontonan los cerros delante de nosotros: en primer término el de Cañada Espinosa; por encima el del Cucadero, tras el cual se asoman para el ‘selfie’ los de Jinestral y Peñón de la Cruz.

Mucho más cerca, las orquídeas van a la Feria (de Abril). Orchis mascula.

Mucho más cerca, las orquídeas van a la Feria (de Abril). Orchis mascula.

La bajada concluye por fin al borde de otro secano verde. El carril más marcado sale del mismo al poco de entrar, por la derecha, pero nosotros nos mantenemos en la traza que progresa por el borde, en ligerísima subida.

Este es el secano, mirando hacia atrás. Vemos el camino por el que hemos llegado, y en el centro la espalda del Cerro del castillo.

Este es el secano, mirando hacia atrás. Vemos el camino por el que hemos llegado, y en el centro la espalda del Cerro del castillo. que acaba abruptamente sobre el paraje de Los Chorros.

Donde el secano se va estrechando, las rodadas que seguimos giran a la izquierda y lo cruzan -y también el arroyito que discurre por su centro- hasta llegar a la loma de encinas, estribación del Cerro de Cañada Espinosa, que hay al otro lado. Allí vuelve a girar a la izquierda, para contornear la loma por donde menos duele…

… entre encinas, agracejos, aulagas, retamas…

… entre encinas, agracejos, aulagas, retamas, gamones…

… y así nos acerca al mencionado paraje de Los Chorros, que vemos desde arriba. No nos sumergiremos en él -todavía-, pues completando un giro a la derecha el camino…

… y así nos acerca al mencionado paraje de Los Chorros, que vemos desde arriba. No nos sumergiremos en él -todavía-, pues completando un giro a la derecha el camino…

…el camino se introduce, aguas arriba, en el valle que viene desde Los Chorros.

… se introduce, aguas arriba, en el valle que viene desde Los Chorros.

El fondo del arroyo está tapizado por una profusa vegetación de encinas, majuelos, retamas y juncos, pero se hacen amablemente a un lado en el punto en el que el camino lo cruza para pasar a la margen izquierda:

Tal que aquí. En otra ocasión habíamos ascendido desde los Chorros por el fondo del valle, y la verdad es que los espinos lo hacen trabajoso. Pero por aquí es bastante cómodo.

Tal que aquí. En otra ocasión habíamos ascendido desde los Chorros por este fondo de valle, y la verdad es que los espinos lo hacen trabajoso. Pero por aquí es bastante cómodo.

Por dicha margen izquierda y a prudente distancia del agua y lo más denso, el avance es agradable, aunque en ligera subida. El terreno se despeja después, y nos permite reubicarnos en el terreno:

Caminamos por una vaguada que se aplana cada vez más, en dirección a un par de collados frente a nosotros: a la izquierda, hacia donde gira el camino -pero fuera de la foto- se intuye el Collado de Anapera, por donde accederíamos directamente al Cortijo de Cañada Espinosa. A la derecha, termina la loma de ese lado en otro collado, que nos llevaría hacia el Cerro de Cañamaya y la Loma del Zar. Pero entre los dos hay un tercero -a la izquierda del cerro del centro de la foto- que es el que nos interesa.

Caminamos por una vaguada que se aplana cada vez más, en dirección a una serie de collados frente a nosotros: a la izquierda, hacia donde gira el camino -pero fuera de la foto- se intuye el Collado de Anapera, por donde accederíamos directamente al Cortijo de Cañada Espinosa. A la derecha, termina la loma de ese lado en otro collado, que nos llevaría, entre el Cerro de Cañamaya y la Loma del Zar, hacia el Arroyo de Sillar. Pero entre los dos hay un tercero -a la izquierda del cerro de Cañamaya, en el centro de la foto- que es el que nos interesa.

Para llegar a ese punto dejaremos el camino por la derecha, cruzando el arroyo para tomar el collado de ese lado. Tras una empinada y corta cuestecilla, y justo en el mencionado collado, en lugar de traspasarlo giraremos a la izquierda -cruzando una desvencijada cerca de alambre- y buscaremos una trocha que más o menos nos lleve en dirección perpendicular a la anterior hasta el paso que nos interesa.

Antes cruzaremos el camino que viene de la base del Cucadero -y en definitiva de Prado Negro- hacia Cañada Espinosa.

Antes cruzaremos el camino que viene de la base del Cucadero -y en definitiva de Prado Negro- hacia Cañada Espinosa.

En el mismo punto en el que accedemos al camino volvemos a abandonarlo por el lado contrario, por la senda que se ve en la foto anterior…

En un momento llegamos al collado propiamente dicho, que da paso a una cabecera de cuenca, que baja hacia la izquierda. redondeada

…y en un momento llegamos al collado propiamente dicho, que da paso a una cabecera de cuenca redondeada, que baja hacia la izquierda. Esta es justamente la cabecera de Cañada Espinosa, o del Arroyo de la Garduña según la toponimia oficial.

No tenemos más que dejarnos caer con la pendiente…

Si nos pegamos a la izquierda, los últimos metros los haremos por la linde del encinar, gustosamente a la sombra.

Si nos pegamos a la izquierda, los últimos metros los haremos por la linde del encinar, gustosamente a la sombra…

…para acabar saliendo al vértice de la hondonada, ameno prado cuajado de majuelos…

…para acabar saliendo al vértice de la hondonada, ameno prado cuajado de majuelos…

… que viene a conducirnos al punto del paraíso en el que hemos concertado que el catering de SanPe lo tenga todo dispuesto para la comida:

Y a fe que el equipo de escenografía se ha superado a sí mismo: no podemos soñar con algo mejor que este prado rutilante con su hermosa fuente al fondo…

Y a fe que el equipo de escenografía se ha superado a sí mismo: no podemos soñar con algo mejor que este prado rutilante con su hermosa fuente al fondo…

… que mana leche y miel para el caminante. Curiosamente, esta fuente famosa no figura en el listado de "Conoce tus fuentes", pese a que se la cita, por ejemplo, en algún folleto de la Junta sobre el Parque Natural de la Sierra de Huétor. Habrá que subsanar ese olvido, claramente injusto con la bondad del lugar y los generosos caños de la fuente.

… que mana leche y miel para el caminante. Curiosamente, esta fuente famosa no figura en el listado de “Conoce tus fuentes”, pese a que se la cita, por ejemplo, en algún folleto de la Junta sobre el Parque Natural de la Sierra de Huétor. Habrá que subsanar ese olvido, claramente injusto con la bondad del lugar y los generosos caños de la fuente.

Huelga decir que comemos aquí, sin que falte una siestecilla por encima de la media. Aparte de las encinas y los espinos, las peonías están asomando la cabeza, prestas a florecer en una o dos semanas.

La foto oficial, como no podía ser menos.

La foto oficial, como no podía ser menos.

Otra de la fuente, con sus coquetos bebederos escalonados.

Otra de la fuente, con sus coquetos bebederos escalonados.

Tras la sabrosa parada, continuamos valle abajo, buscando el camino que, tras rodear por fuera el Cerro de Anapera, se adosa a la Cañada a pocos metros de este punto.

Justo sobre el camino, una balsa de obra rebosa del agua que recibe de la fuente.

Justo sobre el camino, una balsa de obra rebosa del agua que recibe de la fuente.

Sea por la derecha o por la izquierda, rodeamos la balsa y llegamos al camino, que tomamos hacia la derecha, casi bajando.

Y si hemos disfrutado del recoleto encanto de lo cerrado, ahora  lo haremos aun más de la inmensidad que se nos despliega al frente, hacia la que enfila nuestra -se diría- pista de despegue. Toda Sierra Nevada al fondo; a la izquierda asoma el Cerro del Castillo; y a la derecha, en el punto más estatégico del valle, el Cortijo de Cañada Espinosa.

Y si hemos disfrutado del recoleto encanto de lo cerrado, ahora lo haremos aun más de la inmensidad que se nos despliega al frente, hacia la que enfila nuestra -se diría- pista de despegue. Toda Sierra Nevada al fondo; a la izquierda asoma el Cerro del Castillo; y a la derecha, en el punto más estatégico del valle, el Cortijo de Cañada Espinosa.

… que languidece en su atalaya soñando tiempos pasados, de campos cultivados y almendros y frutales en producción, rodeados de ovejitas… en fin, un pasado humildemente glorioso.

… que languidece en su atalaya soñando tiempos pasados, de campos cultivados y almendros y frutales en producción, rodeados de ovejitas… en fin, un pasado humildemente glorioso.

Inspeccionamos el cortijo y luego seguimos valle abajo. Aquí el camino va girando a la derecha, para recorrer toda la ladera que llaman La Solana, por el cortijo del mismo nombre y algunos más, hacia el Arroyo de Prado Negro. Pero nosotros vamos a abandonarlo por la izquierda. Siguiendo la pendiente llegamos hasta la cerca que rodea los campos, y la seguimos hacia abajo…

Aquí ya hemos abandonado el camino y echamos una última mirada al Cortijo.

Aquí ya hemos abandonado el camino y echamos una última mirada al Cortijo.

Donde el campo termina abruptamente la cerca gira a la izquierda, resiguiendo su final y dejándonos camino libre al frente. Desde esa esquina derivaremos un poco hacia la derecha, buscando las trochas que nos emboquen a un empinado cahorro que discurre entre los dos segmentos del rocoso escalón que nos separa del llano inferior.

Yo, que soy un poco cabra, me desvío a la izquierda para llegar a la cima del cortado de este lado. Caminando hacia allí gano perspectiva sobre el estrechamiento que hemos de superar, y el rellano que se adivina al fondo.

Yo, que soy un poco cabra, me desvío a la izquierda para llegar a la cima del cortado de este lado. Caminando hacia allí gano perspectiva sobre el estrechamiento que hemos de superar, y el rellano que se adivina al fondo.

Ese rellano no es otro que el prado atravesado por un río de majuelos que nos había impresionado en la anterior ocasión. Entramos por su derecha y descendemos paralelos a los espinos hasta que el prado viene a acabarse en un barranquito (que ya es propiamente el Arroyo de la Garduña), momento en el que acometemos el río por su parte más practicable, que cruzamos tras algunas revueltas. Cuidado con el barro y con un alambre de espino al principio, que, caído casi a ras de suelo, es un peligro para hombres y bestias.

Una vez al otro lado gozamos de la vista del conjunto: los escarpes de arriba, bajo los que brota incontenible el verde río de espinos. que deja libre el final del prado, flanqueado por unos vistosos peñascos.

Una vez al otro lado gozamos de la vista del conjunto: los escarpes de arriba, bajo los que brota incontenible el verde río de espinos, que deja libre el final del prado, flanqueado por unos vistosos peñascos.

Desde aquí se puede bajar hacia el Cortijo de Lozanillo y la carretera, o cruzar el arroyo que viene de Los Chorros para volver a media ladera hacia Peñas Cabreras. Pero hoy vamos a escoger la alternativa más alta, que pasa por los mismos Chorros y por la base del Cerro del Castillo. Para ello evitamos dejarnos caer desde el reborde del prado, y lo seguimos sin perder altura -incluso ganándola en algún momento- hacia la izquierda. Entramos en una zona de suelos profundos atravesados por cárcavas rojizas que han excavado los arroyos, entre espinos y retamas. Nos mantendremos al borde de las encinas que comienzan por nuestra derecha, ocupando un escalón rocoso del terreno, hasta que en algún momento veamos clara una bajada hasta los prados que recomienzan más abajo. Superado el escalón, todo es seguir a la izquierda, no lejos de las rocas, dejando a la derecha el prado que desciende hasta el arroyo.

Nuestra senda y el mencionado arroyo vienen a confluir un poco más adelante, pues el amplio prado se estrecha obligado por las rocas de uno y otro lado, embocando el paraje de Los Chorros.

Un vistoso álamo, el único de los contornos, marca la entrada al desfiladero y puede servirnos de faro.

Un vistoso álamo, el único de los contornos, marca la entrada al desfiladero y puede servirnos de faro.

De los Chorros no hice muchas fotos, que ya lo tengo algo repe, pero os adjunto algunas de temporadas pasadas:

De repente estás bajo las encinas -e incluso bajo las zarzas que las colonizan-, al borde de un susurrante arroyito que va deslizándose de poza en poza…

El Paraje de Los Chorros. De repente estás bajo un dosel de encinas -y de las zarzas que las colonizan-, al borde de un susurrante arroyito que va deslizándose de poza en poza…

Mientras labra meticulosamente sus edificios de toba.

… mientras labra meticulosamente sus edificios de toba, al pie del viejo sauce.

Son pocos los árboles típicos de ribera, y más las encinas y los espinos, pero su efecto, junto al agua, es el de un bosque galería:

Tierra de duendes…

Tierra de duendes…

La senda que sigue el cauce siempre por la margen izquierda acabaría llevándonos al secano (verde) que cruzamos a la ida tras rodear el Cerro del Castillo. Pero no queremos rehacer esa ruta, ahora en subida, así que escaparemos del valle por la derecha, tras cruzar el arroyo. Hay dos puntos para hacerlo, en que la espesura en torno al agua se aclara: el primero, cerca del principio, nos salta a la vista tras superar un lomo rocoso, en un punto donde parece más clara la vereda que cruza el arroyo que la que sigue al frente. La que cruza se abre paso por un encinar húmedo de líquenes hasta salir del cañón…

Se pueden trepar unos peñascos a la derecha, desde donde regocijarse con las vistas: venimos casi en línea recta del prado en el centro-derecha de la foto hasta el álamo-guía, y luego de subir un poco el barranco, hemos vuelto un poco hacia atrás.

Se pueden trepar unos peñascos a la derecha, desde donde regocijarse con las vistas: venimos casi en línea recta del prado en el centro-derecha de la foto hasta el álamo-guía, y luego de subir un poco el barranco, hemos vuelto un poco hacia atrás.

Pero no es esta la vereda que yo quería tomar. Supongo que prosigue cómodamente hasta salir al camino de Peñas Cabreras, pero no la hemos hecho. En cambio, volvemos al desfiladero para cumplimentar la otra alternativa, que nos ha de llevar por encima de un escalón rocoso en la ladera del Cerro del Castillo. De regreso a la vereda que asciende el cañón por la izquierda del cauce, volvemos a estar atentos, al cabo de unos 100 m, a otro claro en el espinar que protege el arroyo. Si lo cruzamos, encontraremos una débil trocha que asciende, alejándose del agua pero en el sentido de subida del barranco, hasta que al cabo de unos 25m entronca con otra algo más marcada, que ya sí tomamos en la dirección de salida del valle, a la derecha.

La seguimos mientras sale al rellano despejado que hay por encima del escalón que mencionaba antes (la otra alternativa va justo por debajo del mismo). En el rellano la vereda se difumina: conviene ascender, derivando si acaso a la izquierda, para salir de la zona despejada por su borde superior, donde se vuelve a afirmar la vereda al adentrarse en el encinar.

Desde el rellano, las vista vuelven a ser espectaculares,nuestra Cañada Espinosa-luminosa desde un poquito más arriba. Al fondo, el poderoso Majalijar.

Desde el rellano, las vistas vuelven a ser espectaculares, nuestra Cañada Espinosa-luminosa desde un poquito más arriba. Al fondo, el poderoso Majalijar.

Esta vereda es una preciosidad. No que sea cómoda y evidente todo el rato, que es un poco cabruna, pero las panorámicas que se disfrutan a uno y otro lado, y las ocasionales hoyas verdes que atraviesa cerca del final la convierten en un placer.

Superada la primera cima, el sendero se aproxima a la base del "Naranquito". Oimos voces, luego vemos spidermanes colgados de la pared (a la derecha del todo).

Dejada atrás la primera cima, el sendero se aproxima a la base del “Naranquito”. Oimos voces, luego vemos spidermanes colgados de la pared (a la derecha del todo).

Y más gente en esta redondeada pared.

Y más gente en esta redondeada pared.

La cara Este se extraploma en un 6º superior, o más.

La cara Este se extraploma en un 6º superior, o más.

En fin, todo acaba y esta vereda también, saliendo al camino que desde el Cortijo de Peñas Cabreras sube hasta las cimas (donde nosotros lo cogimos esta mañana).

Queda atrás este poderoso cerro, Meca de escaladores de todo pelaje.

Queda atrás este poderoso cerro, Meca de escaladores de todo pelaje.

Para volver al coche cruzamos directamente el secano (verde) que nos separa del Cortijo de Peñas Cabreras -poco más que un corralón venido a menos, hoy en día- y proseguimos luego a cota por la ladera, hasta que la vereda llega a la última puerta:

Un hueco entre encinas por donde desembocamos en la vaguada del comienzo de la ruta.

Un hueco entre encinas por donde desembocamos en la vaguada del comienzo de la ruta.

Hacia la derecha nos dejamos caer por la vaguada hasta la carretera, y eso es todo, de momento. Adeus.

 

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