Castillejo-Umbría del Huenes

Tres fines de semana sin salir, en el otoño más lluvioso de los últimos lustros, es casi una condena. Como llevábamos dos, y el próximo se anunciaba pasado por agua, decidí aprovechar mi condición de autónomo -que trabaja los fines de semana- y me eché al monte el jueves 15 de noviembre. Quería completar un recorrido por la umbría del Huenes, entrando por el cerro del Castillejo, que tenía ya ojeado de una vez anterior.

Dejo el plano para cuando (si) completo una ficha de ruta en condiciones; pero puedes ubicar todos los puntos y senderos en el mapa que editó el Ayuntamiento de Monachi, que puedes descargar aquí. Es la ruta verde y luego roja que discurre bajo el rótulo “Tajo del Contadero”.

Baste decir que, tras dejar a los niños en el cole, enfilé hacia Monachil, subí el carril de la Umbría hasta arriba, y llevé el coche, con cierta aprensión, hasta poco antes de los cortijos del Barranco Encantado, de evocador nombre y aun más sugerente paisaje. Es la ruta más lógica al Cerro del Castillejo, que es un repunte de la ladera del Huenes que domina los Cahorros por el sur.

De Barranco Encantado se sube la colina que acoge la cámara de carga del agua que alimenta la Eléctrica de Tranvías, debajo, en los Cahorros. Del prado que la une a la ladera sale una buena vereda que pronto, en fuerte pendiente, deja atrás colina y cortijo.

Dejo abajo la colina y su cortijo. El sendero es un perfecto mirador sobre la vega de Monachil.

Algo más arriba, la pendiente se suaviza y entramos en una amena ladera donde los pinos alternan con los prados.

La verdad es que salir algo más temprano de lo habitual tiene su recompensa en estas luces rasantes de la mañana. Todo parece fresco y por estrenar.

Tras algún cresteo fuera de programa, acabo llegando al Castillejo por el oeste:

El Castilllejo son varios prados en torno a unos cuantos dientes de piedra. Los he conocido alfombrados de caca de oveja, pero hoy están verdes y lozanos como el primer día.

Donde el Cerro se une a la ladera, un poste indicador marca una bifurcación:

Una vereda sigue ladera arriba. Justo bajo el poste, y hacia la izquierda, llanea otra, difusa por la pinocha, que, entre dos pinos…

…nos introduce en un agreste paisaje, donde los barrancos han quebrado la abombada ladera del Huenes.

Llana al entrar en los barrancos, pero con fuertes pendientes al dejarlos, la vereda entra en el pinar.

Es otro mundo. Bajo un dosel de pino carrasco, el suelo rojizo por la pinocha exhala humedad con olor a tierra y a hongo.

Tras una última subida, de repente el suelo desaparece a nuestra izquierda, y parece que fuéramos a despegar.

Estamos al borde del Tajo del Contadero. Por arriba y por debajo es impracticable, pero donde nos encontramos, una repisa en rampa permite a la vereda bajar hasta su base. Un bosquete de cornicabra (Pistacia therebintus) nos saluda en amarillo.

Tajo del Contadero en una foto de Marzo pasado.

Bajo la pared, arraigando en los movedizos canchales, se desarrolla el espinar caducifolio propio de estas situaciones:

Distingo agracejo (Berberis Hispanica), majuelo (Crataegus monogyna), guillomo (Amelanchier ovalis), endrinos, y hasta algún pequeño arce granatense en pocos metros de terreno.

La senda abandona el canchal y entra en un amplio rellano cubierto de pinos, donde se aprecian troncos cortados y trabajos forestales. Entre los pinos vislumbro los tajos y las notas de color de los arbustos en su base. La última vez vi un par de ardillas aquí, pero hoy mi fiel Bruno se encarga de espantar todo bicho viviente en un radio de unos 100m a mi alrededor.

Convertido en carril, el camino aborda la empinada subida de la ladera.

Conforme subo, el otoño dispara fogonazos entre los pinos.

Tras una rampa como las de la última Vuelta a España, desemboco en un rellano despejado:

A mi izquierda, el Cerro de los Poyos tiene aquí apostura (pre)pirenáica.

Pero al otro lado me llaman la atención unos llamativos amarillos, a los que me acerco, atraido como un imán, para encontrarme…

…un grupo de castaños y chopos en un claro del pinar…

…que rodean un pulcro pilar al que alimenta una fuente.

Rebusco en Conoce tus fuentes y encuentro que esto se llama Fuente del Lobo. En verdad es un pequeño Shangri-La en este océano de pinos.

El carril que he seguido se bifurca aquí. Su rama más importante atraviesa el paraje y sigue adelante sin subir, que sería mi ruta prevista, pero antes de entrar en el claro se desgaja otra rama a la izquierda. Como me he aplicado y se me ha hecho temprano, decido subir por ésta un rato. Un poco más arriba, otra grata sorpresa:

Al principio lo tomo por un fresno, pero es un serbal (Sorbus domestica), con los frutos en sazón.

Las hojas atravesadas por el sol son de un color imposible (no creáis que es Photoshop: esta puede ser de las pocos fotos que no he corregido en absoluto)

Sigo el carril en otro repecho del 30%, y ya me siento “Purito” Rodríguez. Luego, otro rellano.

Las paredes que veo son ya del Tajo de la Sabina.

No pretendía subir tanto, así que acepto una senda llana que sale a la derecha, pero tras unos metros vuelve a subir, acercándome a la base de los cortados. De nuevo el espinar domina este paisaje de cabras, de las que entreveo unas cuantas.

La vida no debe ser fácil aquí, siempre pendiente de que el cielo se desplome sobre tu cabeza o el suelo bajo tus pies…

La especie de rodada grande que sigo acaba abruptamente en mitad de ninguna parte, así que decido bajar para encontrar el carril que salía de la fuente, del que sé que cruza la ladera hasta los tajos, con lo que no se me puede escapar. En efecto, lo encuentro unos metros más abajo y lo tomo a la izquierda, cómodo y agradable.

Lo mismo que antes en el Contadero, el camino aprovecha el único paso practicable en toda esta línea de cantiles que parte en dos la ladera del Huenes.

Desde aquí hay buena vista de parte de la umbría, con el Cerro de los Poyos y el Cerrajón del Purche al fondo.

Superado el tajo, el carril se une a una cerrada curva del que zigzaguea por toda la falda. Pensaba originalmente tomar el ramal derecho, descendente, pero como voy bien de tiempo opto por la izquierda, en dirección a Fuente Fría. No temo emboscadas, pues mi fiel Bruno despeja el camino muchos metros por delante (y por detrás).

Refugio forestal de Fuente Fría, bajo sus característicos cipreses. En la foto de la página 150 del Libro de Sierra Nevada del Padre Ferrer, el refugio se alza por encima de los entonces diminutos arbolillos.

Y ¿quién no se llega a la Fuente, estando aquí? Pues eso, tomo por la vaguada arriba a buscar aquellos parajes de juventud…

Pero, afortunadamente, tiene poco que ver aquel raquítico pinar con las espesuras actuales.

Un claro antes de la fuente. Antiguamente te podías guiar por los chopos que sobresalían por encima de los pinos. Hoy los pinos sobrepasan a los chopos, pero el color los delata.

Junto a la fuente, la estampa es plenamente otoñal.

Queda dicho…

Vista desde la fuente, que mana sólo un hilillo de agua, a pesar de lo que está cayendo.

En las fotos del Padre Ferrer no se ven más árboles que los chopos. Queda claro que si contamos desde hace treinta años, la masa forestal de nuestros montes se ha incrementado. Mi duda es si daría el mismo resultado contando desde los últimos diez o quince años.

Tras una barrita de chocolate y una mantecada de almendras que comparto con Bruno, tomo el camino de vuelta, que salen los niños del cole ya mismo. Bajo por la senda hasta el refugio, y por ella continúo hasta el collado de Migueletes, donde un poste indica varios caminos alternativos. Perplejo, veo que el que me correspondería reza “C. de la Vega”. ¿Cenes de la Vega por aquí? me pregunto, antes de caer en la cuenta de que se refiere a la Central (eléctrica) de la Vega, la que hay por encima de Los Cahorros. En todo caso, es esta ruta:

Por la derecha viene el carril de la umbría. A la izquierda, la ruta habitual desde el Cortijo de la Umbría, y de frente, la que debe llevarme, por la loma, hasta el Castillejo (es la tenue línea blanquecina bajo un tocón de pino tumbado).

La vereda es franca, aunque a veces se camufla bajo la pinocha. El criterio, en todo caso, es mantenerse siempre cerca de la divisoria, sin caer  a derecha ni a izquierda. Algún poste va indicando el camino (pero en el sentido de subida). En todo caso, llego en poco tiempo al Castillejo, y prosigo hacia abajo por donde vine, hasta la colina de la tubería, y el Barranco Encantado…

…que con esta luz revienta de colores. Junto a los sempiterno chopos, en sus hazas hay cerezos, membrillos, caquis, higueras y vides… Un pequeño edén.

Y un intenso paseo. Hasta la próxima.

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