Borreguiles del Dílar

Este verano amenaza con disolvernos la neurona; sólo se soporta a más de 2.500 m de altitud. Pero, teniendo los tresmiles al alcance de la mano, eso no es un problema. Lo malo de la Estación de Esquí de Solynieve, hasta donde se llega en coche, es que el entorno es más bien pedregoso y afeado por las infraestructuras del esquí, y tienes 400m de ascenso antes de llegar a algún sitio interesante. Desde las pistas de Borreguiles, ves, ya la cosa cambia… Por eso hay que saludar con entusiasmo la iniciativa de Cetursa que, por fin, ha decidido mantener remontes abiertos en verano: concretamente el telecabina de Borreguiles y el telesilla Veleta I. Con ambos en un solo billete te puedes plantar en los 3.000m -o los 2.700 de Borreguiles- lo que pone a tiro de piedra un campo de operaciones de lo más estimulante…

De tan estimulados, fuimos el domingo 7 de Julio San Fermín, y repetimos el siguiente. El objetivo: abandonar la arrasada cabecera del Monachil para deslizarnos a la mucho más atractiva del río Dílar. La primera vez (en rojo en el mapa) salimos desde Borreguiles para hacer la ruta hacia arriba y dejarnos caer desde el Collado de las Yeguas de nuevo al telecabina. La segunda (en verde), subimos con el telesilla y la hicimos hacia abajo, aunque hay que decir que la subida final por el carril se nos hizo un poco penosa.

Plano-Borreguiles-Dilar

Ruta roja

En fin, por partes: el primer día tomamos el telecabina hasta Borreguiles. Saliendo de la estación de llegada encuentras una carretera a la izquierda que rodea el edificio por debajo y se encamina hacia la divisoria de la Loma de Dílar. Puede irse por ahí, pero a costa de bajar primero y subir más después. Nosotros optamos por tomar a la derecha, por delante de los edificios, para, por zona llana, salir a esa carretera sin perder altura. Una vez en ella, ganamos enseguida la divisoria de la Loma, donde el asfalto sigue ascendiendo hacia los observatorios, mientras se desgaja a su derecha un carril, que tomamos.

Desde el comienzo del camino se nos ofrece ya una amplia panorámica de la cabecera del Dílar. En el centro, la mancha verde de los prados del Barranco de la Loma de Enmedio. A la izquierda, los prados de la Virgen de la Ermita. Por encima, la cuerda entre los Tajos de la Virgen y el Pico del Cartujo, en el centro.

Desde el comienzo del camino se nos ofrece ya una amplia panorámica de la cabecera del Dílar. En el centro (como su nombre indica), la mancha verde de los prados del Barranco de la Loma de Enmedio. A la izquierda, los prados de la Virgen de la Ermita. A la derecha, los borreguiles que desaguan por las Chorreras del Molinillo. Por encima, la cuerda entre los Tajos de la Virgen y el Pico del Cartujo, en el centro.

En esta dirección, el camino es muy agradable (no tanto a la inversa). Enseguida nos lleva a circular por encima de los prados de la solana del Dílar:

En la ladera, el piorno amarillo (genista versicolor) en flor alegra la monotonía del esquisto. En la parta baja, donde la pendiente se suaviza y el agua circula, se desarrolla el prado. Al fondo se aprecia la cascada que hacen los borreguiles del Dílar antes de verter al río.

En la ladera, el piorno amarillo (Genista versicolor) en flor alegra la monotonía del esquisto. En la parta baja, donde la pendiente se suaviza y el agua circula, se desarrolla el prado. Al fondo se aprecian las Chorreras del Molinillo, cascada que hacen los borreguiles del Dílar antes de verter al río.

La cascada. Preciosa trenza de caballo con tres mechas, que ríete tú de la de Ordesa. De acuerdo con el plano, mediría unos 100m. de altura, y podría ser la más alta de la provincia.

Las Chorreras. Preciosa trenza de caballo con tres mechas, que ríete tú de la de Ordesa. De acuerdo con el plano, mediría unos 100m. de altura, y ¿podría ser la más alta de la provincia?

Espectaculares prados junto al río Dílar. Una acequia situada estratégicamente distribuye parte del agua del río desde su parte superior, manteniéndolos verdes y frescos.

Espectaculares prados junto al río Dílar. Una acequia situada estratégicamente distribuye parte del agua del río desde su parte superior, manteniéndolos verdes y frescos.

El camino atraviesa el recorrido de un telesilla y luego hace una curva cerrada al cruzar el río.

El río Dílar desde el camino. Aquí sólo cuenta con el agua de la chorrera de la Laguna de las Yeguas. Vemos los primeros metros de la acequia que irriga los prados, que nace bajo la misma curva del camino.

El río Dílar desde el camino. Aquí sólo cuenta con el agua de la chorrera de la Laguna de las Yeguas. Vemos los primeros metros de la acequia que irriga los prados, que nace bajo la misma curva del camino.

Tras la curva, evitamos bajar hasta los edificios que hay más abajo, y nos salimos por la izquierda, atravesando un piornal, para no perder altura. Enfrente, una chorrera que discurre en diagonal bajo un prado de un verde imposible va a ser nuestro punto de referencia.

Tras el piornal, se cruza en nuestro camino un nuevo arroyo, en este caso el que baja de los Lagunillos de la Virgen. Lo cruzaremos por encima de unas peñas que estrechan su cauce…

Tras el piornal, se cruza en nuestro camino un nuevo arroyo, en este caso el que baja de los Lagunillos de la Virgen. Lo cruzaremos por encima de estas peñas que estrechan su cauce.

En las zonas de prado, la estrella de las nieves (Plantago nivalis), se mezcla con gencianas, botón de oro, violetas de montaña…

En las zonas de prado, la estrella de las nieves (Plantago nivalis), se mezcla con gencianas, botón de oro, violetas de montaña…

Enfilamos luego, por el cascajar, hacia la parte superior de la chorrera mencionada, a la que llegamos enseguida:

la chorrera del prado hiperverde. Véase a Giulia arriba a la izquierda para hacerse idea de la escala.

La chorrera del prado hiperverde. Véase a Giulia arriba a la izquierda para hacerse idea de la escala.

La chorrera desde arriba. No es tan fiero el león como lo pintan: si hemos ascendido por el cascajar hasta su parte alta, lo que queda es poca cosa.

La chorrera desde arriba. No es tan fiero el león como lo pintan: si hemos ascendido por el cascajar hasta su parte alta, lo que queda es poca cosa. Este agua viene de los Lagunillos inferiores de La Virgen, a donde acabaremos llegando.

Tras cruzar la chorrera, accedemos a un rellano herboso (pero que buy herboso), que hace las delicias de humanos y vacunos:

Es una gozada andar por aquí, y tenemos que refrenar el impulso de seguir prado arriba. En cambio, derivamos hacia la derecha por una zona algo más pedregosa, sin dejar de ganar altura…

Es una gozada andar por aquí, y tenemos que refrenar el impulso de seguir prado arriba. En cambio, derivamos hacia la derecha por una zona algo más pedregosa, sin dejar de ganar altura…

Hasta que un nuevo arroyo -Arroyo de la Ermita- deprime el terreno delante de nosotros. No bajaremos, no, que bastante queda por subir; así que, torciendo a la izquierda, vamos a buscarlo conforme sube hacia nosotros por una zona de grandes bloques de piedra. When de repente:

…entre el caos de bloques emerge un discreto lagunillo. Estacional, por estar situado en lo que debe ser una zona de morrena, cuya agua se filtra con rapidez, lo veremos menguar de una semana a otra.

…entre el caos de bloques emerge un discreto lagunillo. Estacional, por estar situado en lo que debe ser una zona de morrena, cuya agua se filtra con rapidez, lo veremos menguar de una semana a otra.

Pero hoy está aquí, turquesa, claro y frío ante nuestros ojos.

Pero hoy está aquí, turquesa, claro y frío ante nuestros ojos.

Un poco más arriba, y ya metidos en la ensoñación de este mundo morrénico de piedra y agua, otra bofetada de belleza:

Un nevero puesto a descongelar alimenta este otro, que a la piedra une un florido prado en su extremo.

Un nevero puesto a descongelar alimenta este otro, que a la piedra une un florido prado en su extremo.

14-El-resplandor

“a crack in the ice…” una grieta en el hielo resplandece azul por la difusión de la luz en su interior.

Aprovechamos para hacer aquí una paradinha y, ya puestos, una foto oficial con poca gente pero mucho entusiasmo:

(y más cosas…). De aquí saldremos arroyo arriba, para enseguida  ganar la loma pelada del centro de la foto.

(y más cosas…). De aquí saldremos arroyo arriba, para enseguida ganar la loma pelada del centro de la foto.

El último lagunillo queda atrás conforme empezamos el ascenso.

El último lagunillo queda atrás conforme empezamos el ascenso.

Esta es la parte más pesada de la ruta: unos 120m. de ascenso por una loma pedregosa, con el arroyo a nuestra derecha:

Aquí es donde se aplica el dicho de "quien algo quiere, algo le cuesta". Pero es inexcusable llegar a los Lagunillos de la Virgen.

Aquí es donde se aplica el dicho de “quien algo quiere, algo le cuesta”. Pero es inexcusable llegar a los Lagunillos de la Virgen. Y además siempre se puede caracolear como ciclista en Alpe d’Huez…

El premio: tras un último repecho, un extenso nevero abraza, celoso, nuestro objeto de deseo:

Estos son los que llamaré Lagunillos de la Virgen inferiores. Se siguen en una pequeña vaguada o repisa perpendicular a la pendiente de la loma, recién nacidos bajo la nieve que se retira poco a poco…

Estos son los que llamaré Lagunillos de la Virgen inferiores (aunque hay quien los conoce por Lagunillos de La Ermita). Se siguen en una pequeña vaguada o repisa perpendicular a la pendiente de la loma, recién nacidos bajo la nieve que se retira poco a poco…

Siguiendo la vaguada, hacia la izquierda, nos sumergimos en un pequeño paraíso de agua, hierba y nieve:

El nevero se fractura sobre el agua mientras el prado, entumecido por el hielo reciente, pasa del amarillo al verde cuanto más alejado de aquél.

El nevero se fractura sobre el agua mientras el prado, entumecido por el hielo reciente, pasa del amarillo al verde cuanto más alejado de aquél.

El mismo prado desde el otro lado. En el otro recorrido veremos una foto del mismo lugar una semana después, ya más desentumecido.

El mismo prado desde el otro lado. En el otro recorrido veremos una foto del mismo lugar una semana después, ya más desentumecido.

La vaguada prosigue, pero ya picando un poco hacia abajo:

El arroyo recién nacido culebrea por el prado, las "aguas tuertas" que dicen en el Pirineo…

El arroyo recién nacido culebrea por el prado, las “aguas tuertas” que dicen en el Pirineo… Aquí abandonamos la vaguada por la derecha, para progresar por el canchal ganando suavemente altura para llegar a algún hueco en las fajas de piedra que se ven en el extremo superior.

A cierta altura sobre el último prado, miramos hacia atrás. En el centro de la foto está la vaguada por la que hemos circulado. Si hubiéramos seguido ascendiendo la loma, llegaríamos a los Lagunillos de la Virgen superiores, unos 80m más altos. Pero como vamos justos de tiempo, lo dejamos para el próximo día.

A cierta altura sobre el último prado, miramos hacia atrás. En el centro de la foto está la vaguada por la que hemos circulado. Si hubiéramos seguido ascendiendo la loma, llegaríamos a los Lagunillos de la Virgen superiores, unos 80m más altos. Pero como vamos justos de tiempo, lo dejamos para el próximo día.

Estamos ahora en un lomo rocoso que parece complicarse si bajamos, por lo que ganamos altura para llegar a su parte superior, por donde progresamos en la misma dirección norte que venimos siguiendo desde los Lagunillos. En realidad estamos a tiro de piedra del represamiento de la Laguna de las Yeguas, y casi a su altura, pero pasamos de ella -por fea- y empezamos a bajar, muy suavemente, del otro lado. A nuestra derecha aparece luego la chorrera de la laguna, que cruzamos cuando atraviesa nuestra ruta. Un poco más allá, nos espera otra bofetada de naturaleza:

(Bueno, naturaleza y tecnología radioastronómica). El espectacular Prado de las Yeguas está de traca. Si vienes desde Borreguiles por el collado, puedes ascender todo este rosario de prados hasta la Laguna, pero nosotros lo cruzamos en perpendicular, hasta el camino que discurre al otro lado.

(Bueno, naturaleza y tecnología radioastronómica). El espectacular Prado de las Yeguas está de traca. Si vienes desde Borreguiles por el collado, puedes ascender todo este rosario de prados hasta la Laguna, pero nosotros lo cruzamos en perpendicular, hasta el camino que discurre al otro lado.

Hacia atrás. Hemos cruzado los dos neveros horizontales viniendo de la zona llana de detrás. Al fondo, los tajos de la Virgen.

Hacia atrás. Hemos cruzado los dos neveros horizontales viniendo de la zona llana de detrás. Al fondo, los tajos de la Virgen, cobijando los Lagunillos.

No nos queda más que alcanzar el collado, tras el cual nos dejamos caer por la zona de pistas, teniendo siempre a la vista nuestro objetivo: el telecabina de Borreguiles que nos devolverá a casa… por el momento.

Ruta verde

Nos habíamos quedado prendados, y queríamos que los chavales también lo disfrutaran, así que repetimos al domingo siguiente. En esta ocasión aprovechamos el billete completo -que de todas maneras pagas- para salir desde la estación de llegada del telesilla Veleta I, a más de 3.000m de altitud.

Coincidimos con un señalado evento: la subida al Veleta, carrera de montaña que congrega a un montón de deportistas y aficionados cachas, que sufren de lo lindo por esas empinadas cuestas. Desde el telesilla podríamos retransmitir en directo el evento…

Coincidimos con un señalado evento: la subida al Veleta, carrera de montaña que congrega a un montón de deportistas y aficionados cachas, que sufren de lo lindo por esas empinadas cuestas. Desde el telesilla podríamos retransmitir en directo la prueba… ( a pesar de todo, no era mucha la gente tomando los remontes. Un plácido goteo).

Mi idea había sido entrar por el collado del día anterior y subir los prados hasta la Laguna de las Yeguas, pero, tan altos, el camino nos dejó al borde justamente del llamado Collado Alto, desde el que se puede bajar también -sin subir- hasta la Laguna. Y eso hicimos.

Así disfrutamos de los prados desde arriba, maravillándonos con los verdes… y los naranjas.

Así disfrutamos de los prados desde arriba, maravillándonos con los verdes… y los naranjas.

De la Laguna de las Yeguas poco hay que decir; era la más grande y de más calado de esta vertiente, con un hermoso prado alrededor, pero además tenía la desdicha de estar en una hondonada que era posible cerrar… total, que pagó el pato de la necesidad de agua de la Estación de Esquí. Se le construyeron dos diques en piedra de la zona y hala, a inaugurar un pantano (vale, el progreso y todo eso, pero es fea). Llegados al borde del agua, surge a la izquierda una vereda que asciende paralela al costado de la laguna, y luego se adentra en la vaguada de donde le viene el agua…

Que aquí vemos, recién licuada de los neveros, que forman túneles de hielo sobre la chorrera, pero demasiado pequeños para circular por ellos.

Que aquí vemos, recién licuada de los neveros, que a trechos forman túneles de hielo sobre la chorrera, demasiado pequeños para circular por ellos.

Tras superar unos 50m de desnivel, accedemos a las Lagunillas (superiores) de la Virgen:

Todavía con bastante nieve a pesar de ser una semana más tarde, los prados están todavía recuperándose del invierno.

Todavía con bastante nieve a pesar de ser una semana más tarde, los prados están todavía recuperándose del invierno, y la mitad de las lagunas está todavía bajo los neveros.

Seguimos la dirección de la vaguada hasta un último y extenso nevero, que cruzamos guiándonos por las huellas de anteriores caminantes:

Bajo la nieve está la senda que lleva a Elorrieta y el Cartujo, que aparece en cuanto salimos del nevero.

Bajo la nieve está la senda que lleva a Elorrieta y el Cartujo, que aparece en cuanto salimos del nevero.

Pero nosotros pasaremos de la vereda y la abandonaremos por la derecha, asomados al valle:

La cabecera del Dílar a nuestros pies. En el extremo izquierdo del alargado nevero del centro están los Lagunillos inferiores. Algo más abajo destaca la mancha azul del lagunillo morrénico donde estuvimos el otro día, y por donde volveremos a pasar, así que no tenemos pérdida.

La cabecera del Dílar a nuestros pies. En el extremo izquierdo del alargado nevero del centro están los Lagunillos inferiores. Algo más abajo destaca la mancha azul del lagunillo morrénico donde estuvimos el otro día, y por donde volveremos a pasar, así que no tenemos pérdida.

Nos deslizamos por la pendiente (literalmente, aprovechando las palas deslizadoras que sabiamente hemos traido para la ocasión), hasta las lagunillas inferiores…

…donde comprobamos que hay menos nieve y más verde (ver foto 20).

…donde comprobamos que hay menos nieve y más verde (ver foto 20).

Un precioso detalle: sobre el muro de nieve sobre el agua, el reflejo del sol proyecta las ondas que una solitaria gota de deshielo crea en la superficie.

Un precioso detalle: sobre el muro de nieve sobre el agua, el reflejo del sol proyecta las ondas que una solitaria gota de deshielo crea en la superficie.

El lugar se merece la foto oficial del día.

El lugar se merece la foto oficial del día.

De aquí bajamos por la loma que subimos el otro día, hasta los lagunillos de la morrena. Llegados al primero y más alto, lo dejaremos a nuestra derecha para progresar por la morrena sin subir ni bajar. Algún esforzado montañero ha ido dejando hitos entre el caos de bloques y hondonadas. Por esta meseta caminamos un cuarto de hora, hasta que el terreno empieza a bajar, abocados ya al Arroyo de la Loma de Enmedio:

Es otro rosario de borreguiles, donde pastan indolentes algunas vacas y un torillo chico. Bajaremos por la vaguada del primer plano, con idea de alcanzar el más alto de los prados, a la izquierda.

Es otro rosario de borreguiles, donde pastan indolentes algunas vacas y un torillo chico. Bajaremos por la vaguada del primer plano, con idea de alcanzar el más alto de los prados, a la izquierda.

Tras ese último prado podría ocultarse la hondonada donde estaría nuestro último objetivo: el Lagunillo Misterioso. Nos acercamos hacia allá, aunque el torito se interpone en nuestro camino, y fuerza el abandono del grueso del grupo, receloso del carácter del machito. Así que sigo solo -sin ser molestado por el animal, que me mira bovinamente- hasta coronar la verde lomilla. Tras ella descubro con alborozo que la hoya está ahí, y el lagunillo también:

Lagunillo Misterioso o del Cartujo. Cuánta razón tenía Rafael María Rojas cuando, ya en 1923, destacaba la transparencia de sus aguas. Si no fuera por la refracción, dirías que no están ahí. El agua proviene del canchal o cascajar del Cartujo, y no se une a los borreguiles de la Loma de Enmedio, sino que acaba como una de las hebras de las Chorreras del Molinillo.

Lagunillo Misterioso o del Cartujo. Cuánta razón tenía Rafael María Rojas cuando, ya en 1923, destacaba la transparencia de sus aguas. Si no fuera por la refracción, dirías que no están ahí. El agua proviene del canchal o cascajar del Cartujo, y no se une a los borreguiles de la Loma de Enmedio, sino que acaba como una de las hebras de las Chorreras del Molinillo.

Rendido homenaje al lugar, salgo chorrera abajo para dejarla enseguida por la derecha y volver a los prados de la Loma de Enmedio. Me reúno aquí con la familia, a la que descubro encaramada a un nevero ante la amenaza del torete. Al parecer, éste les ha visto parados y ha comenzado a acercarse, seguramente para pedir una pizca de sal, o algo. Afortunadamente, no fue más allá.

El lugar es un despiporre de agua circulando por todos lados entre el verde. Quién fuera vaca.

El lugar es un despiporre de agua circulando por todos lados entre el verde. Quién fuera vaca.

Arroyo de la Loma de Enmedio hacia abajo. Tras un primer rellano viene un segundo, y luego se empina buscando el Dílar cerca de las Chorreras del Molinillo.

Arroyo de la Loma de Enmedio hacia abajo. Tras un primer rellano viene un segundo, y luego se desploma buscando el Dílar cerca de las Chorreras del Molinillo. Nosotros, con cierto pesar, lo dejamos en seguida por la derecha, buscando el cascajar del fondo para rodear el altozano de la morrena sin volver a subirlo.

Tras rodear el cascajar, entramos de nuevo en los Prados de la Ermita, aquellos que cruzamos la semana pasada tras la chorrera hiperverde. A ella nos dirigimos, para calcar el recorrido del otro día, pero a la inversa, hacia Borreguiles.

Y descubrimos en nuestras carnes que no es lo mismo bajar que subir. Nunca lo es, pero en este caso la diferencia es escandalosa. Comparad esta foto con la primera, si no me creéis.

Y descubrimos en nuestras carnes que no es lo mismo bajar que subir. Nunca lo es, pero en este caso la diferencia es escandalosa. Comparad esta foto con la primera, si no me creéis.

En fin. Que esté escribiendo esto es muestra de que sobrevivimos -incluido Lucas-. Paladeando unos cafés y unos helados en la Estación se nos pasó el sofoco, hasta el punto de querer volver más pronto que tarde. Hasta pronto, pues.

Anuncios

2 pensamientos en “Borreguiles del Dílar

  1. Pingback: De borreguiles y cascadas | elcaminosigueysigue

  2. Pingback: Cuenca alta del Dílar | elcaminosigueysigue

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s