Juia

Así de corta y pintoresca es la palabra. Juia es el nombre de un paraje en el término municipal de Albuñuelas, al lado de la carretera de la Cabra Montés. Entre los Prados de Lopera y el Cañuelo, se metió en nuestro camino al planear una ruta que recorriera aquellos altiplanos sin subir ni bajar demasiado (para no perjudicar a las perjudicadas). No teníamos ninguna referencia propia ni ajena, más allá de un nombre en el mapa. Lo curioso es que tampoco he encontrado ninguna después, aunque el lugar -placeres inesperados de la exploración- bien merecería unas cuantas…

Plano de la ruta. En línea continua, carril; en discontinua, trochas o nada.

Plano de la ruta. En línea continua, carril; en discontinua, trochas o nada.

Al grano: Domingo 13, carretera de La Cabra, última curva (a derecha) antes del Restaurante Los Prados. Un amplio espacio a la izquierda permite aparcar cómodamente, junto a un prado rabiosamente verde:

Alegría de verdes primaverales para empezar. ¿Quién rehusaría echar a andar por aquí?

Alegría de verdes primaverales para empezar. ¿Quién rehusaría echar a andar por aquí? De hecho hasta el GR-7 ha elegido esta ruta para conectar Jayena y Albuñuelas.

El camino asciende suavemente por el pinar. Comprobamos que los forestales han plantado  encinas por un tubo (sí, esos tubos de malla rígida que emergen del suelo, cada uno con un plantón de encina dentro). De aquí a 30 años será un bosque mixto.

Mirando hacia atrás, empezamos a ganar vistas del Cerro de Lopera y Navachica.

Mirando hacia atrás, empezamos a ganar vistas del Cerro de Lopera, Cabañeros y Navachica.

En unos minutos, el terreno se allana, y desembocamos en el carril que, desde la carretera, se dirige al Cañuelo. Lo cruzaremos para seguir en la dirección que llevábamos.

Estamos entrando precisamente en los llamados Llanos de Juia. Aun sin florecer, gran cantidad de gamones alfombran el suelo, pedregoso pero por el momento verde y lozano.

Estamos entrando precisamente en los llamados Llanos de Juia. Aun sin florecer, gran cantidad de gamones alfombran el suelo, pedregoso pero por el momento verde y lozano.

Hacemos un pequeño excurso por la derecha, con aventura entre aulagas incluida, para echar una ojeada a una coqueta hoya con algo más de suelo…

…que nos da una primera visión de Sierra Nevada al fondo.

…que nos da una primera visión de Sierra Nevada al fondo.

Retornando al camino principal, volvemos a abandonarlo enseguida, esta vez por la izquierda, para pasar por un secano -ahora prado- que ocupa el centro de los llanos. Cruzándolo, encontramos del otro lado un nuevo carril, que tomamos a la derecha, y que volverá a unirse con el que habíamos dejado. Pero antes de eso comienza a bajar, y eso significa que el horizonte queda a la vista… ¡y vaya horizonte!:

Divisamos buena parte de la Sierra de Albuñuelas, culminando en el Pico Giralda (a la derecha). Detrás, Sierra Nevada con ínfulas de Klimanjaro.

Divisamos buena parte de la Sierra de Albuñuelas, culminando en el Pico Giralda (a la derecha). Detrás, Sierra Nevada con ínfulas de Klimanjaro.

El camino baja por la divisoria que los Llanos de Juia proyectan hacia el este, ofreciendo en algún momento vistas de la parte alta del Barranco del Cañuelo:

El terreno es como podía esperarse: relieves quebrados cubiertos de pinos, aclarados aquí y allá por los incendios, sobre la blancura de mármoles y dolomías…

El terreno es como podía esperarse: relieves quebrados cubiertos de pinos, aclarados aquí y allá por los incendios, sobre la blancura de mármoles y dolomías…

En una zona de bosque más espeso, encontramos curiosos pinos:

Entre ellos este ejemplar triple, uno de cuyos troncos ha descendido a nivel del suelo antes de volver a subir. Tienen cicatrices de haber sido resinados, y nos da la impresión de que los más deformes son precisamente los "cosechados".

Entre ellos este ejemplar triple, uno de cuyos troncos ha descendido a nivel del suelo antes de volver a subir. Tienen cicatrices de haber sido resinados, y nos da la impresión de que los más deformes son precisamente los que presentan las heridas de la extracción.

De repente, todo va a cambiar. Salimos del bosque por una pronunciada cuesta sobre gravas calizas, y divisamos ya el Cortijo de La Juia…

…sobre unas lomas verdeantes que contrastan fuertemente con las ásperas alturas que las rodean.

…sobre unas lomas verdeantes que contrastan fuertemente con las ásperas alturas que las rodean.

Mirando valle arriba, se acentúa la impresión de haber saltado a otro lugar: esos suaves relieves y profundos suelos tapizados por la hierba lo convierten en un verdadero oasis.

Mirando valle arriba, se acentúa la impresión de haber saltado a otro lugar: esos suaves relieves y profundos suelos tapizados por la hierba lo convierten en un verdadero oasis.

Según el mapa geológico, la parte superior del valle es una mancha de calcarenitas, arenas calizas compactadas, que reposan sobre los mármoles y dolomías de la zona. No sé si eso tendrá que ver, o es más bien un asunto de topografía: un hundimiento kárstico relleno de sedimentos arcillosos al disolverse las calizas. Lo cierto es que contrasta vivamente con el Barranco del Cañuelo que veíamos hace un rato.

Este es el cortijo, tristemente abandonado. Ocupa un realce del terreno que parece cerrar el que sería el sentido longitudinal -"natural"- del valle.

Este es el cortijo, tristemente abandonado. Ocupa un realce del terreno que parece cerrar el que sería el sentido longitudinal -“natural”- del valle.

Esto pide una parada, y aprovechamos para la foto oficial:

Valle abajo, con la Sierra al fondo.

Valle abajo, con la Sierra al fondo.

Desciendo la suave pendiente al este del cortijo: hay todavía espacio para el prado, antes de abarrancarse el valle. El cortijo me da la impresión de haber sido construido sobre un dique…

Desciendo la suave pendiente al este del cortijo: hay todavía espacio para el prado, antes de abarrancarse el valle. El puente de terreno sobre el que se asienta, de consistencia arenosa, sigue dándome la impresión de no ser “lógico” geodinámicamente hablando…

…impresión que se refuerza al mirar desde el otro lado. Sugiere una laguna desecada o algo parecido…

…impresión que se refuerza al mirar desde el otro lado. Sugiere una laguna desecada o algo parecido…

Cavilando todavía en ello, reemprendemos la marcha por el carril que asciende el valle hacia la Casa Forestal de La Juia. Vemos algunos pinos de formas torturadas, como este peculiar ejemplar:

Un ent de los chungos…

Un ent de los chungos…

Un poco más adelante, nos llama la atención una preciosa charca, o balsa, que azulea en el valle, al pie de la ladera. Verla y bajar a ella es todo uno -o dos, para los más lentos.

15-Charca-en-Juia

La charca está totalmente rodeada de juncos -no me preguntéis la especie- y de Typha latifolia, la espadaña, totora o anea con la que se tejían las sillas de antaño.

La charca está totalmente rodeada de juncos -no me preguntéis la especie- y de Typha latifolia, la espadaña, totora o anea con la que se tejían las sillas de antaño.

En la hondonada, un hermoso nogal. Discutimos sobre si la charca es natural o artificial. La presencia de este vallecito, a donde vuelve el agua que desagua mansamente por un lateral, apunta a que ha sido cerrado con un dique, al menos de tierra, como la del Arroyo de Prado Negro.

En la hondonada, un hermoso nogal. Discutimos sobre si la charca es natural o artificial. La presencia de este vallecito, a donde vuelve el agua que desagua mansamente por un lateral, apunta a que el curso natural ha sido cerrado con un dique, al menos de tierra, como la del Arroyo de Prado Negro.

Es inmejorable lugar para comer, por lo que nos ponemos a la tarea. Aprovechando las siestas que siguen, me pierdo valle abajo para flipar un poco más:

Valle abajo, y mirando hacia arriba, me creo en Asturias…

Valle abajo, y mirando hacia arriba, me creo en Asturias… La tierra parece buena arcilla, organizada en amplias terrazas escalonadas. Chopos, álamos y fresnos dialogan con almendros y olivos.

El fondo del valle hace una media luna siguiendo el recorrido del arroyo, que tuerce a la izquierda obligado por la elevación en la que se alza el cortijo que acabamos de visitar. En el centro, un pequeño altozano adornado de aulagas:

19-Verde-y-amarillo

Rodeando el altozano, llego a la parte más baja, donde hay, bajo un grupo de nogales, una mesa de piedra con bancos y una (1) barbacoa, en lo que parece ser una micro-área recreativa.

El más grande parece la mano de Bárbol después de un atracón de líquenes…

El nogal más grande parece la mano de Bárbol después de un atracón de líquenes…

Siguiendo el arroyo, encuentro un pequeño salto, ocasionado por lo que parece un estratégico murete de piedra, totalmente mimetizado con el paisaje, que está literalmente sujetando la tierra para que no se vaya por el desagüe:

Aguas abajo, el paisaje cambia radicalmente, convirtiéndose en el típico barranco calizo de la zona. Me barrunto que toda esta hoya fuera endorreica hasta que la erosión remontante de este barranco le abrió una salida. Y no parece muy difícil que siga excavando…

Aguas abajo, el paisaje cambia radicalmente, convirtiéndose en el típico barranco calizo de la zona. Me barrunto que toda esta hoya fuera endorreica hasta que la erosión remontante de este barranco le abrió una salida. Y no parece muy difícil que siga excavando…

De hecho, encuentraré luego, en las laderas del altozano central, una curiosa obra de ingeniería:

Grupos de delgados chopos ha sido pulcramente cortados dejando sólo los tocones, dispuestos en línea al borde de las paratas, con intervalos de 50 cm, como sujetando con sus raíces la tierra en pendiente. Pero ¿por qué los cortaron?

Grupos de delgados chopos ha sido pulcramente cortados dejando sólo los tocones, dispuestos en línea al borde de las paratas, como sujetando con sus raíces la tierra en pendiente. Pero ¿por qué los cortaron?

De nuevo en el área recreativa. Arroyo y camino van por el mismo sitio. De todos modos el carril, que viene del cortijo, muere aquí mismo, como el camión del fondo.

De nuevo en el área recreativa. Arroyo y camino van por el mismo sitio. De todos modos, este carril, que viene del cortijo, muere aquí mismo, como el camión del fondo.

El otro extremo de la media luna es un prado sin interrupciones hasta la parte alta del valle.

El otro extremo de la media luna es un prado sin interrupciones hasta la parte alta del valle.

Vuelvo a la laguna, donde el personal se despereza. Reemprendemos el camino por el fondo del valle, junto al arroyo, en dirección a una vistosa puerta que éste se ha abierto en una muralla rocosa que corta transversalmente el valle:

No puedo evitar trepar un poco. Este es el frente de la molasa (calcarenitas) que el mapa geológico sitúa aquí. Las molasas son areniscas de cemento calcáreo, resultado del depósito en condiciones marinas someras de la erosión inicial de una cordillera durante el plegamiento. Contienen restos de organismos. Es el tipo de material que conforma, por ejemplo, el Tajo de Ronda.

Llegados a ella, no puedo evitar trepar un poco. Este es el frente de la molasa (calcarenitas) que el mapa geológico sitúa aquí. Las molasas son areniscas de cemento calcáreo, del Mioceno (unos 12 millones de años), resultado del depósito en condiciones marinas someras de la erosión inicial de una cordillera durante el plegamiento. Es el tipo de material que conforma, por ejemplo, el Tajo de Ronda.

Sin mayores dificultades llegamos al tercer hito de este sorprendente valle:

La Casa Forestal de la Juia. Es un conjunto de edificios, que incluye algo que debió ser un refugio similar al del Cañuelo, entremezclados con un vistoso conjunto arbóreo: cerdos, nogales, sabina y hasta un sauce llorón…

La Casa Forestal de la Juia. Es un conjunto de edificios -que incluye algo que debió ser un refugio similar al del Cañuelo- entremezclados con un vistoso conjunto arbóreo: cerdos, nogales, sabinas, frutales y hasta un sauce llorón…

…vecinos a una alberca de agua purísima -pues nace unos metros más arriba- donde nadan indolentes unos pececillos.

…avecinados a una alberca de agua purísima -pues nace unos metros más arriba- donde nadan indolentes unos pececillos.

Tras apuntar el lugar un nuestra lista de cortijos para la vejez, continuamos por el carril en dirección a unos destacados cipreses:

Le dan un toque toscano al paraje…

Le dan un toque toscano al paraje…

Aunque en la foto casi no se distingue, en su centro vemos el Cortijo de la Juia, enrasado en altura con esta parte superior de los llanos.

Valle abajo desde los cipreses. Aunque en la foto casi no se distingue, en su centro vemos el Cortijo de la Juia, enrasado en altura con esta parte superior de los llanos.

Tras un vistazo a los cipreses, abandonamos el carril por la izquierda, pues sale a la carretera medio km más allá en dirección Granada, y nosotros queremos ir en dirección contraria. Atravesamos una mancha de monte donde encontramos gamones, orquídeas y narcisos, para volver a la vaguada que en definitiva es el arranque de la zona de llanos, y que podríamos haber seguido desde la casa forestal:

Y que viene a morir justo en el punto donde el carril del Cañuelo arranca desde la carretera.

Y que viene a nacer justo en el punto donde el carril del Cañuelo arranca desde la carretera.

Tomamos pues el carril -hacia la izquierda- que asciende ligeramente por las faldas del Alto de Juia…

…dando vistas al valle que acabamos de recorrer, donde destacan poderosamente los anaranjados de las arcillas.

…dando vistas al valle que acabamos de recorrer, donde destacan poderosamente los anaranjados de las arcillas.

Tras un breve ascenso, el carril se estabiliza:

Y disfrutamos de un agradable paseo junto a altos pinos.

Y disfrutamos de un agradable paseo junto a enhiestos pinos…

…entre los que los forestales han dejado caer algunos cedros, e incluso -otra p'al zurrón- alguna sequoya.

…entre los que los forestales han dejado caer algunos cedros, e incluso (otra p’al zurrón) alguna sequoya.

Llegamos en poco tiempo al punto en el que, a la ida, cruzamos este mismo carril. Allí, el prado nos abduce y nos obliga a refocilarnos un rato entre la hierba. Luego, en lugar de bajar por el carril por el que vinimos, como la prudencia aconsejaría, tomamos otro que parte a la izquierda de aquél, para demorarnos un poco en las alturas:

Asciende este todavía un poco, entre buenos pinos, antes de estabilizarse…

Asciende éste todavía un poco, entre buenos pinos, antes de estabilizarse.

Y en algún momento nos asoma a la vertiente del Barranco del Cañuelo, aquí en su misma cabecera, arrimada a lo que son los Poyos del Pescado por su cara fácil.

Y en algún momento nos asoma a la vertiente del Barranco del Cañuelo, aquí en su misma cabecera, arrimada a lo que son los Poyos del Pescado por su cara fácil. El Pico Guindalera, de la Sierra de los Guájares, se deja ver en el centro. El mar se intuye en la distancia.

El camino desemboca abruptamente en un cortafuegos que por un momento nos despista, pues repunta a la derecha en un cerrillo de aspecto antipático. El truco es rodear su punta por la derecha, pegados al pinar, para recuperar el cortafuegos del otro lado. Si lo siguiéramos, nos llevaría casi a la altura del Restaurante Los Prados, con algo de carretera de vuelta a nuestro comienzo. Así que aprovechamos una trocha que sale a la derecha para atajar hacia el Punto A. Pero antes…

El Panoramicón: a la izquierda, el Cerro de la Cruz, al que siguen las crestas donde acaban los Prados y empieza la cuenca de Río Verde. Tras ellas, el Navachica, interrumpido por la inclinada mesa del Cerro de Lopera (con los Prados de su nombre al pie). En el centro el paraje de Las Cabañuelas, seguido por la carretera, y a su derecha los pinares del Alto de Juia que acabamos de recorrer. Sierra Nevada saluda desde el extremo derecho.

El Panoramicón: a la izquierda, el Cerro de la Cruz, al que siguen las crestas donde acaban los Prados y empieza la cuenca de Río Verde. Tras ellas, el Navachica, interrumpido por la inclinada mesa del Cerro de Lopera (con los Prados de su nombre al pie). En el centro el paraje de Las Cabañuelas, seguido por la carretera, y a su derecha los pinares del Alto de Juia que acabamos de recorrer. Sierra Nevada saluda desde el extremo derecho.

La senda de bajada se muestra esquiva, y hay que caracolear un poco:

Procelosa, pero estimulante bajada, que nos dejará directamente en el prado del comienzo.

Procelosa, pero estimulante bajada, que nos dejará directamente en el prado del comienzo.

Una Última Merienda a la sombra de los pinos (como en El Rocío), y de vuelta a casa, con la alegría del descubridor y la expectativa de nuevas aventuras. À bientôt.

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Un pensamiento en “Juia

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