La Sierra (es) del Marqués

Caratula-Marques

29 Diciembre 2013

Es broma. En realidad no es toda la Sierra del Marqués (entre Colomera y Los Olivares), sino sólo la mitad (la más chula). Tampoco es de un marqués, hasta donde yo sé, sino de los socios del extenso coto privado de caza que ocupa sus cerros más enjundiosos. Lo que pasa es que cuando andas los cuatro o cinco kilómetros de aproximación al cogollo donde parece (sobre el mapa) estar lo mejor… y te encuentras una interminable valla que te veda el acceso, pues te da rabia, y dices cualquier cosa. Pero vamos con el asunto…

Como decía, planeé una excursión mañanera atípica por esa zona de Los Montes entre Colomera, Olivares y Tózar, que algunos llaman Sierra del Marqués, otros Sierra del Morrón o, en fin, de Colomera, de Tózar… según la parte que consideremos. Sobre la ortofoto se veía, en la zona más occidental que se asoma al río Velillos y a Moclín, una masa boscosa que cantaba cantidad a encinar de los buenos. Así que pergeñé un recorrido desde Colomera, que me pareció que alcanzaba la zona en cuestión más gradualmente que desde Los Olivares, y allá que nos fuimos. Sólo dos, pero bien avenidos.

Conseguimos -y ya es mérito- entrar a Colomera y salir por su parte más alta sin encajar el vehículo en ningún empinado callejón sin salida. Si San Google no miente, el truco es seguir hasta su final la Calle Nuestra Señora del Pilar (según la carretera NO-7 llega al pueblo, tomamos la calle principal que se desgaja a la izquierda, para enseguida tomar la mencionada, que vuelve a salir por la izquierda, en cuesta arriba). Al final de la misma, rodeamos en fuerte pendiente un cerrillo, girando a la izquierda, y ya estamos en el carril que lleva derecho a la sierra, que seguiremos a lo largo de un vallecito hasta que éste se allana entre olivares. Junto al desvío de otro carril que sale por la izquierda, estacionamos.

Aquí nuestra brava Gwendoline, contra el fondo de la Sierra del Campanario. El pueblo queda justo detrás -y debajo- del edificio del fondo, acurrucado en la ladera.

Aquí nuestra brava Gwendoline, contra el fondo de la Sierra del Campanario. El pueblo queda justo detrás -y debajo- del edificio del fondo, acurrucado en la ladera.

Mientras ultimamos los preparativos de marcha, nos sale al paso una comitiva a caballo: turistas de algún remoto lugar de Europa peleándose con sus bestias bajo la guía de un supersimpático lugareño -es un suponer- al que comentamos por encima nuestros planes…

Mientras ultimamos los preparativos de marcha, nos sale al paso una comitiva a caballo: turistas de algún remoto lugar de Europa peleándose con sus bestias bajo la guía de un supersimpático lugareño -es un suponer- al que comentamos por encima nuestros planes: Cañada del Morrón, Cañada del Zancarrón…

… y que nos comenta algo sobre que “se puede caminar junto a la valla” que encontraremos. ¡Ay, no haberle prestado más atención! Pero tampoco dijo que no fuéramos, por lo que echamos a andar hacia la Sierra, tal que por aquí:

No es que sean los Alpes, pero esperamos que las perspectivas mejoren significativamente al entrar en el vallecito que se intuye.

El mismo camino que seguíamos, hacia adelante. No es que sean los Alpes, pero esperamos que las perspectivas mejoren significativamente al entrar en el vallecito que se intuye.

Dejamos atrás unos caballos ocupados en sus cosas. El día claro (y el nuevo filtro polarizador) le dan a la escena una sobria rotundidad…

Dejamos atrás unos caballos ocupados en sus cosas. El día claro (y el nuevo filtro polarizador) le dan a la escena una sobria rotundidad…

El camino supera un collado y comienza a discurrir paralelo a un vallecito. Los pinos pueblan la ladera de enfrente:

Hacia atrás, vemos la Sierra del Campanario ahora con un marco más entretenido.

Hacia atrás, vemos la Sierra del Campanario ahora con un marco más entretenido.

Había leído que hay en algún lugar de esta umbría, muy cerca del camino, una fuente que llaman Las Fuentezuelas, pero, enfrascados en conversación, la dejamos pasar sin una mirada (peccato!). Cuando el camino cruza un primer barranquito que le entra por la izquierda, nosotros abandonamos el carril y tomamos el barranco, que apenas es merecedor de ese nombre y sí, en cambio, del que en realidad lo identifica: Cañada del Morrón:

Hélo aquí, un poco más arriba. Es una vaguada venida a más entre el Cerro del Morrón, a la izquierda y el del Mosquito a la derecha. Todos los valles se llaman por aquí cañadas, lo que indica tanto su cariz como su presumible uso ganadero.

Héla aquí, un poco más arriba. Es una vaguada venida a más entre el Cerro del Morrón, a la izquierda y el del Mosquito a la derecha. Todos los valles se llaman por aquí cañadas, lo que indica tanto su cariz como su presumible uso ganadero.

Nos rodea un encinar sobre calizas, de aspecto más bien seco, aunque a ello colabora, sin duda, este otoño cicatero en lluvias. La pendiente es moderada, pero el día frío nos la hace casi apetecible.

Un momento de la subida. La densa umbría se diferencia claramente de la más despoblada solana.

Un momento de la subida. La densa umbría se diferencia claramente de la más despoblada solana.

Al cabo de unos minutos, entrevemos al frente los restos de lo que fue el Cortijo de la Majada.

Al cabo de unos minutos, entrevemos al frente los restos de lo que fue el Cortijo de la Majada.

Aquí ya empezamos a disfrutar: un terreno donde verdea el prado rodea la edificacion de lo que debió ser un lugar de importancia, con amplio patio central y numerosas dependencias. La vista quiere otear por encima de los cerros, pero aun nos queda un poco de subida y sólo lo consigue valle abajo.

Aquí ya empezamos a disfrutar: un terreno donde verdea el prado rodea la edificacion de lo que debió ser un lugar de importancia, con amplio patio central y numerosas dependencias. Aun nos queda un poco de subida y sólo tenemos vistas valle abajo.

Ascendemos hasta el cercano Collado de los Mosquitos un poco a la buena de Dios: no hay vereda clara, o hay más de la cuenta. Tampoco ayuda que el collado sea muy amplio y poco marcado:

Es de esta guisa: un llano entre los cerros, cubierto de chaparras, con pocas referencias.

Es de esta guisa: un llano entre los cerros, cubierto de chaparras, con pocas referencias.

Así que mantenemos la dirección, hasta que el terreno comienza a bajar, y la dirección a tomar se va presentando más clara:

Esta es la Cañada del Zancarrón, que forma luego, con otras, el Barranco Seco, que nos llevaría a Tózar. Al fondo vemos la Sierra de Parapanda, y antes de ella la de Madrid, más baja. Hemos derivado un poco a la derecha y, aunque vemos vereda, decidimos descender hasta el fondo, buscando algo de humedad.

Esta es la Cañada del Zancarrón, que forma luego, con otras, el Barranco Seco, que nos llevaría a Tózar. Al fondo vemos la Sierra de Parapanda, y antes de ella la de Madrid, más baja. Hemos derivado un poco a la derecha y, aunque vemos vereda, decidimos descender hasta el fondo, buscando algo de humedad.

No es mala elección: junto al cauce discurre también una cómoda trocha, y las encinas ofrecen por momentos unas nemorosas espesuras:

Aparte de plantas herbáceas y alguna aulaga despistada, el dominio de la encina es absoluto. Es casi un bosque monoespecífico…

Aunque aparte de plantas herbáceas y alguna aulaga despistada, el dominio de la encina es absoluto. Es casi un bosque monoespecífico…

Conforme  bajamos, la vaguada se amplía. De frente vemos, ya relativamente cerca, el pequeño pueblo de Tózar…

…desparramado en su solana, frente a un característico peñón coronado por una atalaya (de la frontera nazarí que discurrió por esta zona).

…desparramado en su solana, frente a un característico peñón coronado por una atalaya (de la frontera nazarí que discurrió por esta zona).

Ahora, la loma que venimos llevando a la izquierda se retira, haciendo más amplio el valle. Vamos a acercarnos a ella -hacia la izquierda pues-, por un terreno casi llano, para descubrir una nueva cañada, que confluye casi en perpendicular con la que llevábamos. Esta tiene un curioso nombre: Cañada de Fandangómez, y vuelve a ascender a lo alto de la sierra, pero esta vez al suroeste del Cerro del Morrón. Mi intención es subir por ella un corto trecho, antes de abandonarla por la derecha, por lo más denso de la umbría de encinas, hasta la divisoria. Pero…

Nuestro gozo en un pozo: por el mismo fondo de la cañada discurre, imperturbable, una señora valla. No la típica cerca ganadera, sino una potente valla de doble acción: mantener dentro a los animales, y fuera a furtivos y paseantes.

Nuestro gozo en un pozo: por el mismo fondo de la cañada discurre, imperturbable, una señora valla. No la típica cerca ganadera, sino una potente valla de doble acción: mantener dentro a los animales, y fuera a furtivos y paseantes. Unos ominosos carteles avisan de que está vigilada electrónicamente, y un simpático logo con una bala refuerza el efecto disuasorio.

Decidimos seguirla por fuera (a esto se refería el paisano del principio), esperando que acabe en algún momento…

Decidimos seguirla por fuera (a esto se refería el paisano del principio), esperando que acabe en algún momento…

…aunque me barrunto que el gran edificio con piscina que en la ortofoto se apreciaba al pie de la sierra por la otra vertiente, ya cerca de Olivares, va a ser el club social de la finca (luego comprobaré que así es). Y eso es tela de lejos.

El paisaje, sin ser espectacular, tiene un claro sabor montero (de montería, se entiende), aunque la zona más espesa queda fuera de nuestro alcance. Subiendo, subiendo, vamos dejando Tózar en la lejanía y acercándonos al collado…

El paisaje, sin ser espectacular, tiene un claro sabor montero (de montería, se entiende), aunque la zona más espesa queda fuera de nuestro alcance. Subiendo, subiendo, vamos dejando Tózar en la lejanía y acercándonos al collado…

…que ya intuimos, sin que la valla se haya movido lo más mínimo del centro de la cañada.

…que ya intuimos, sin que la valla se haya movido lo más mínimo del centro de la cañada.

Por fin, un poco de recompensa, en forma de pelotazo visual:

¡Woah! De repente Sierra Nevada está ahí, tendida al sol sobre lo que parece la Vega, en una vista que recuerda a la de Parapanda. Pero lo más cercano no es la Vega (del Genil), sino los llanos al norte del río Cubillas, como se encarga de recordarnos la presencia de Sierra Elvira a la derecha de la foto. Estamos más al Este que en Parapanda, y la vista de los tresmiles es mejor, más de frente„ también Sierra de Huétor y Sierra Arana están más cerca, Deifontes mirándonos de frente desde su piedemonte.

¡Woah! De repente Sierra Nevada está ahí, tendida al sol sobre lo que parece la Vega, en una vista que recuerda a la de Parapanda. Pero lo más cercano no es la Vega (del Genil), sino los llanos al norte del río Cubillas, como se encarga de recordarnos la presencia de Sierra Elvira a la derecha de la foto. Estamos más al Este que en Parapanda, y la vista de los tresmiles es mejor, más frontal; también Sierra de Huétor y Sierra Arana están más cerca, Deifontes mirándonos de frente desde el piedemonte.

Pero la valla sigue ahí. Incluso se permite avanzar un poco hacia la izquierda, acotando más monte frente a nosotros, antes de empezar a retroceder hacia la derecha, pegada a un camino, bastante más abajo. Inútil intentar llegar a su hipotético final. Creo que desde Olivares se puede subir por un barranco hasta la parte superior de los cerros, en lo que es el borde Oeste de la finca, y aun pillar algo de monte. Pero lo comprobaremos en otro momento. Por ahora, nos tragamos la frustración con alguna mandarina, y aprovechamos para la foto oficial:

Marco incomparable, sin duda…

Marco incomparable, sin duda…

Luego emprendemos el regreso, descendiendo por la ladera hacia la izquierda, primero por una sendilla poco clara, y al fin campo a través hasta unos olivares donde se ve camino.

Dejamos atrás el coto, del que aquí vemos su borde Este, que discurre pegado al camino que ocupa el centro de la foto.

Dejamos atrás el coto, del que aquí vemos su borde Este, que discurre pegado al camino que ocupa el centro de la foto.

Llegados a los olivares, ganamos el camino que, cómodo y en ligera bajada nos va a llevar de vuelta al comienzo:

En invierno es agradable; supongo que en verano no tanto…

En invierno es agradable; supongo que en verano no tanto…

Estamos en la época de la aceituna. Hay bastante gente afanándose bajo las copas: aquí empleados con máquinas vibradoras, allá familias enteras vareando a mano. Todo el mundo currando en su rodal, afanosa pero relajadamente, se diría. Aceituneros ¿altivos? Buena gente.

El camino es el que salía a la izquierda desde donde dejamos el vehículo, así que allí lo encontramos, listo para la vuelta. Hasta otra, esperemos que menos limitada.

Anuncios

6 pensamientos en “La Sierra (es) del Marqués

  1. juan martin muñoz

    Preciosas fotografias, esta sierra me la anduve cuando era joven, Estuve de cabrero y me la conozco al dedillo,Me a gustado en la forma que la as descrito y fotografiado. Que pena ponerle puertas al campo. Gracias

    Responder
    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Gracias por el comentario, Juan.
      Lo de los cotos daría para mucho comentario, bueno y malo. ¿Sabes si se puede subir desde Los Olivares por un barranco (de Salinas, creo que se llama) hasta la parte de arriba? Me da que la valla empieza justo desde ahí, pero no lo sé con seguridad. Habrá que ir a explorarlo un día.

      Un cordial saludo.

      Responder
  2. Anónimo

    Lo de los cotos os guste o no, si son fincas privadas, el dueño hace con ellas lo que quiere. Así, que si al susodicho le apetece alambrarla pues puede hacerlo, que para eso es de él.
    Eso de que el monte es de todos, no es del todo cierto.

    Responder
    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Hola, anónimo visitante, y gracias por comentar.

      Habrás visto que mi postura no es rabiosamente “anti”. Reconozco que hay muchos montes que se han conservado de manera excepcional gracias a que procuran rentabilidad con la caza. No es un mundillo del que me sienta muy cercano, pero sé que en muchos pueblos hay sincera afición entre gente de lo más normal, y que cumplen una función de conservación del entorno. Pero lo mismo que decir “el monte es de todos” tendría muchos matices, también los tiene el decir: “es mi finca y hago lo que quiero”. Lo harás si eso que quieres es compatible con la función y usos que la ordenación del territorio permite: no puedes poner una industria contaminante en el entorno de un parque natural o -por ejemplo y ciñéndonos al tema-, cortar caminos que tengan servidumbres de paso, atravesar arroyos y cursos de agua con alambradas, y cosas semejantes que, por desgracia, ocurren con demasiada frecuencia en nuestros montes.
      El tema de las alambradas cinegéticas tiene relación con la seguridad de las personas y sería absurdo jugarse la vida desafiándolas al tun-tun, pero creo que en la mayoría de los casos el uso cinegético sería compatible con el senderista, si tuviéramos buena disposición, buena información y las monterías se vigilaran y señalizaran con el debido cuidado.

      En fin, convivamos. Pero a todo aquel que diga con orgullo de propietario “esta tierra es mía” habría que recordarle que la tierra estuvo ahí mucho antes de que los hombres llegáramos a parcelarla con alambradas -y estará después de que deje de interesar económicamente-, y que los efectos de un monte concreto -sobre el paisaje, sobre el clima, sobre el oxígeno que respiramos- impiden considerarlo exclusivamente como una propiedad privada sin más.

      Dispuesto a seguir debatiendo con argumentos, si te apetece. Un saludo y gracias de nuevo.

      Responder
    2. David

      Amigo, la finca será de su dueño y podrá vallarla, pero lo que no pueden hacer es cerrar el acceso a la Cañada Real de la Cueva de Romero que cruza la sierra, la cual por ley deberían respetar y no tenerla cerrada con un portón y un candado, el Ayuntamiento o la Junta de Andalucía no deberían permitirlo….

      Responder
      1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

        Pues totalmente de acuerdo. Si la Administración es la que debe garantizar la compatibilidad entre los usos públicos y privados del monte, y han deslindado esa cañada, no quedaría más que hacer cumplir esa resolución. Lo malo es que legislar es relativamente fácil y resultón, pero llevar a la práctica las decisiones tropieza con los intereses de alguna gente, unos con más poder o influencia que otros, y con capacidad para prolongar hasta el infinito los litigios y de resistirse al cumplimiento de los acuerdos. Entre unos y otros, la casa sin barrer. Así nos va.

        Un saludo,
        Miguel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s