Collado Martín-Collado de Matas Verdes

Caratula-Cortijuela

31 Mayo 2015

Tiempo ha que especulaba sobre la posibilidad -que se me antojaba necesidad– de que hubiera una vereda que recorriera la parte baja de la Loma de Dílar -o de Los Panaderos-, entre el Collado de Martín donde el Trevenque se apoya en la loma, y que da paso al valle del Dílar, y el de Matas Verdes, que se asoma al Monachil por encima de la Cortijuela. La idea era recorrer el carril que lleva desde la Cortijuela a Collado Martín, y desde allí buscar el paso para volver a Matas Verdes sin perder ni ganar altura. Hay que decir que, de nuevo, el resultado de la exploración superó mis más locas esperanzas…

… como suele suceder cuando vas de buena fe. La vereda existe y subsiste, seguramente mantenida por un ejército de disciplinados rumiantes que, en el tránsito más directo entre valle y valle encuentran, además,  delicias y alimento suficientes en el camino mismo. Os cuento.

Esta es la Cortijuela, casa forestal reconvertida en centro de interpretación del arboretum o jardín botánico que se extiende en el lado opuesto del camino.

Esta es la Cortijuela, casa forestal reconvertida en centro de interpretación del arboretum o jardín botánico que se extiende en el lado opuesto del camino.

Por si alguien anda despistado, aquí se llega por el carril que parte desde collado Sevilla, paraje por encima del Hervidero donde, junto al trazado del Canal de La Espartera, el Parque ha habilitado un aparcamiento y algunas mesas. El carril sigue desde allí bajando al valle del Arroyo de Huenes y, tras cruzarlo por el famoso Puente de los Siete Ojos, remonta todo el valle hasta la casa. Desde el 15 de Junio al 15 de Septiembre cada año se cierra con cadena en prevención de incendios forestales, así que hay que ir fuera de esas fechas si se quiere llegar en coche a la Cortijuela.

Eso hicimos, y desde allí seguimos el carril -cerrado este sí con cadena- que lleva al Collado Martín y al de Chaquetas…

Comenzamos por una alta pinada, que por momentos me recuerda a los bosques irlandeses, que no todo va a ser alabar lo de fuera…

Comenzamos por una alta pinada, que por momentos me recuerda a los bosques irlandeses, que no todo va a ser alabar lo de fuera…

Al frente y a la derecha, el Trevenque emerge de la espesa masa de pino silvestre.

Al frente y a la derecha, el Trevenque emerge de la espesa masa de pino silvestre.

El campo está de dulce. Gamones y peonías se disputan el terreno. Aquí un arreglo floral de Polygala boissieri sobre lecho de gayuba, con contorno de salvia. ¡Para comérselo!

El campo está de dulce. Gamones y peonías se disputan el terreno. Y entre medias un arreglo floral de Polygala boissieri sobre lecho de gayuba, con contorno de salvia. ¡Para comérselo!

Completamos el ascenso del collado, en un par de revueltas del camino, y ya a la vista del cambio de rasante apreciamos a la izquierda esta peculiar formación del terreno:

Si llegamos a este desnudo lomo rocoso, de deleznable material dolomítico, es que ya nos hemos pasado. La vereda "buena" sale antes de ese contrafuerte, pero la podemos tomar subiéndonos a él y dejándonos caer del otro lado, y luego a la izquierda.

Si llegamos a este desnudo lomo rocoso, de deleznable material dolomítico, es que ya nos hemos pasado. La vereda “buena” sale antes de ese contrafuerte, pero la podemos tomar subiéndonos a él y dejándonos caer del otro lado, y luego a la izquierda.

Nosotros no lo teníamos claro, así que seguimos andando unos metros por el camino, evitando el árbol caido de la derecha, y luego salimos por la izquierda. No diré que fuera un rodeo inútil…

… ya que el espectáculo de esta cascada de piornos amarillos (Genista versicolor)…

… ya que el espectáculo de esta cascada de piornos amarillos (Genista versicolor)…

… afluyendo a esta preciosa pradera de gamones y espinos era suficiente para merecer unos metros de más.

… afluyendo a esta preciosa pradera de gamones, espinos y agrecejos, era suficiente para merecer unos metros de más.

Lo cierto es que, rehuyendo la inclinación natural a  seguir de frente, a cota, y buscando los vislumbres de sendas que había intuido en la ortofoto, volvimos hacia abajo, a la izquierda…

Atravesando esta pradera (que está justamente a la altura del contrafuerte dolomítico del que hemos hablado).

Atravesando esta pradera (que está justamente a la altura del contrafuerte dolomítico del que hemos hablado).

Y esa trocha, loma abajo, acaba dejándonos, ahora sí, en la "vereda buena", que viene de nuestra izquierda (del carril, en algún punto antes del lomo pelado) y prosigue a la derecha buscando la vaguada).

Y esa trocha, loma abajo, acaba dejándonos, ahora sí, en la “vereda buena”, que viene de nuestra izquierda (del carril, en algún punto antes del lomo pelado) y prosigue a la derecha buscando la vaguada).

Una vez tomada, la vereda se va a comportar como está mandado, y no nos va a abandonar en ningún momento. Cómoda y con pocos desniveles, nos internará de momento en un florido espinar:

10-Espinar

 

Que por momentos se adensa a nuestro alrededor formando paradisíacas espesuras.

Que por momentos se adensa a nuestro alrededor formando paradisíacas espesuras.

Luego es el turno del pinar. Fácil de andar, la vereda tenue entre la pinocha, pero previsible. Encontramos gran cantidad de árboles tronchados, seguramente por algún furioso vendaval:

Este pobre quedó así, hendido  por la tremenda fuerza del crujido fatal. La madera está en buenas condiciones, lo que indica que el zarandeo tuvo que ser de órdago.

Este pobre quedó así, hendido por la tremenda fuerza del crujido fatal. La madera está en buenas condiciones, lo que indica que el zarandeo tuvo que ser de órdago.

No dejamos de ver los resultados del cataclismo. Aquí, tres de un golpe, casi como las moscas del sastrecillo valiente.

No dejamos de ver los resultados del cataclismo. Aquí, tres de un golpe, casi como las moscas del sastrecillo valiente.

Entre tanto destrozo las peonías nos indican que la vida sigue, año a año renovada.

Entre tanto destrozo las peonías nos indican que la vida sigue, año a año renovada.

Algún que otro ejemplar decidió de pequeño que no quería ser recto, como los demás, y dio en crecer retorcido. Tal vez algún trauma infantil… Lo cierto es que un crecimiento así seguramente disminuye las posibilidades de un crujido fatal.

Algún que otro ejemplar decidió de pequeño que no quería ser recto, como los demás, y dio en crecer retorcido. Tal vez algún trauma infantil… Lo cierto es que un crecimiento así seguramente disminuye las posibilidades de un crujido fatal.

Salimos de la pinada hacia arriba, a terreno más abierto donde la vereda se marca mejor.

Salimos de la pinada hacia arriba, a terreno más abierto donde la vereda se marca mejor.

Fuera de la umbría, la delicada flor del lino se apodera del paisaje.

Fuera de la umbría, la delicada flor del lino se apodera del paisaje.

Progresamos un rato por terreno más abierto, en el límite superior del bosque y con buenas vistas sobre el valle. La vereda no deja de ofrecernos sabrosos guiños:

Como este túnel que atraviesa un guillomo (Amelanchier ovalis).

Como este túnel que atraviesa un guillomo (Amelanchier ovalis).

Dentro del túnel, elegante como si fuera de Calatrava (pero mucho más barato).

Dentro del túnel, elegante como si fuera de Calatrava (pero mucho más barato).

Más adelante, otra linda sorpresa (vihte?): un grupo de arces (Acer granatense), que llegan a formar casi un bosquecillo.

Más adelante, otra linda sorpresa (vihte?): un grupo de arces (Acer granatense), que llegan a formar casi un bosquecillo.

Aquí desde dentro…

Aquí desde dentro…

Tras los arces volvemos a terreno sin arbolado, aunque poblado de espinos y piornos amarillos a la vera de un rozagante prado:

Aquí la vereda deriva un poco a la izquierda, pero apostaría algo a que es posible seguir al frente ganando altura para salir al Collado del Cerro del Mirador en lugar de a Matas Verdes.

En el claro la vereda deriva un poco a la izquierda, pero apostaría algo a que es posible seguir al frente ganando altura para salir al Collado del Cerro del Mirador en lugar de a Matas Verdes. Quedará para otra ocasión.

En todo caso, nosotros seguimos nuestra vereda, que se dirige…

A este bello conjunto de árboles y arbustos, verdadero jardín inglés que hubiese sido dispuesto estéticamente ex-profeso.

A este bello conjunto de árboles y arbustos, verdadero jardín inglés que hubiese sido dispuesto estéticamente ex-profeso.

Detrás y a la izquierda, el Trevenque nos mira, coronado de nubes.

Detrás y a la izquierda, el Trevenque nos mira, coronado de nubes.

Y así seguimos, maravillados, entre arces y gamones.

Y así seguimos, maravillados, entre arces y gamones (bueno, y agracejos, rosales, majuelos, espino negro, piorno amarillo, eléboro, peonías, mejorana y salvia y tomillo… ¡qué sé yó!

Por fin nos internamos de nuevo en el pinar, ya cerca de un brazo del barranco de Benalcázar que corta nuestra ruta…

… y que la senda aborda en breve bajada para luego volver a ascender.

… y que la senda aborda en breve bajada para luego volver a ascender.

Este era el último obstáculo antes de alcanzar la vereda que viene de la Cortijuela, que enseguida aparece delante de nosotros:

La encontramos justo al coronar la pendiente del barranco, entre pinos. ¡prueba superada!

La encontramos justo al coronar la pendiente del barranco, entre pinos. ¡Prueba superada!

Si ocurre que alguien quiere hacer la ruta en sentido contrario, estas tres piedras bajo el pino marcan -yo diría que con intención- el punto en el que se bifurcan: Cortijuela a la derecha, loma a la izquierda.

Si ocurre que alguien quiere hacer la ruta en sentido contrario, estas tres piedras bajo el pino marcan -yo diría que con intención- el punto en el que se bifurcan las veredas: Cortijuela a la derecha, loma a la izquierda.

La que hemos tomado ahora, que es vereda con todas las de la ley, no deja de ofrecer bucólicas estampas al caminante, siendo además el tramo menos pendiente entre Cortijuela y Matas Verdes, con lo que caminarla es una delicia.

La que hemos tomado ahora, que es vereda con todas las de la ley, Sulayr y GR-7, no deja de ofrecer bucólicas estampas al caminante, siendo además el tramo menos pendiente entre Cortijuela y Matas Verdes, con lo que caminarla es una delicia.

Al final avistamos un horizonte entre los pinos… pero habitado:

La guardiana del lugar nos mira con suspicacia; ¿ande irán estos?

La guardiana del lugar nos mira con suspicacia; ¿ande irán estos?

Pues aquí: al mismísimo Collado de Matas Verdes. Uno de los más hermosos de la Sierra, del que las vacas forman parte como los pinos o los gamones.

Pues aquí: al mismísimo Collado de Matas Verdes. Uno de los más hermosos de la Sierra, del que las vacas forman parte como los pinos o los gamones.

Comoquiera que nuestro transcurso por la loma había sido plácido y sin entretenimientos, nos encontramos con tiempo de sobra, lo que aprovecho para proponer la subida a las Peñas del Tesoro, el cerro que campea a la izquierda del collado.

Y allá que vamos, caracoleando entre piornos y matas de Astragalus granatensis. A nuestra espalda el sol juguetea con los relieves y descansa un momento en el prado del Collado.

Y allá que vamos, caracoleando entre piornos y matas de Astragalus granatensis, agracejos y rosales silvestres. A nuestra espalda el sol juguetea con los relieves y descansa un momento en el prado del Collado.

En llegando arriba comprendemos por qué se le llama “Peñas” en vez de “Peña”: Donde debería estar la cima hay un hueco: una dolina rodeada de dientes de piedra, asomados a los cuatro puntos cardinales. Desde alguno de ellos saco diversas panorámicas:

Hacia el Norte, el valle del Monachil se abre paso entre las cimas blanquecinas del Huenes -Cerro Gordo, Cocón, Los Poyos…- y la poderosa ladera de la solana de la Dehesa de S Jerónimo, donde el Cortijo de Diéchar y el Convento de las Adoratrices sestean bajo el Dornajo.

Hacia el Norte, el valle del Monachil se abre paso entre las cimas blanquecinas del Huenes -Cerro Gordo, Cocón, Los Poyos…- y la poderosa ladera de la solana de la Dehesa de S Jerónimo, donde el Cortijo de Diéchar y el Convento de las Adoratrices sestean a los pies del Dornajo.

Hacia el Sur domina la Loma de los Panaderos, cuya base acabamos de recorrer, con el Trevenque a la derecha y los Alayos asomándose por detrás.

Hacia el Sur domina la Loma de los Panaderos, cuya base acabamos de recorrer, con el Trevenque a la derecha y los Alayos asomándose por detrás.

Recorridas casi todas las cimas, bajamos de nuevo hacia el collado.

Y en su vecindad nos hacemos la foto oficial, que ya tocaba.

Y en su vecindad nos hacemos la foto oficial, que ya tocaba.

Comemos, y durante la siesta me asomo de nuevo al prado:

… sembrado de vacas (y algún macho pacífico).

… sembrado de vacas (y algún macho pacífico).

Saldremos de aquí no hacia abajo, sino en la dirección de la base de las Peñas del Tesoro, por donde una cómoda vereda-carril se alarga hacia Collado Ruquino, que es el comienzo del Huenes. Fallamos en encontrar la vereda que, desde ésta, baja directo a la Cortijuela, así que completamos el trecho hasta Ruquino, donde tomamos a la izquierda el carril que vuelve al de la Cortijuela.

Ya en las inmediaciones de la Casa, el sol se divierte en el Arboretum…

Ya en las inmediaciones de la Casa, el sol se divierte en el Arboretum…

… y nosotros nos iremos, pero seguramente para volver antes o después. Hasta entonces, o antes.

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