Asperones-Peñón de la Mata

Caratula-Asperones-Mata

Hay que decir, para que nadie se llame a engaño, que no subimos al Peñón de la Mata. La propuesta era rodearlo, partiendo del Cortijo de Los Asperones, previo devaneo (para despistar) por ciertos deliciosos rincones del Río Blanco. Se cumplió entera; no perfecta por cierto despiste en la umbría del Peñón, pero la primavera en su apogeo la convirtió en una de las que se recuerdan.

Llegamos al punto de partida por el bastante cómodo Camino de las Acequias, que arranca por la derecha en rampa ascendente desde la carretera que lleva de Cogollos al Instituto, a unos 300 m del pueblo. Cuando los (aparentemente) interminables olivos y almendros dan paso a una amplia y despejada zona de prados, sabemos que estamos cerca de Los Asperones, que nos aspera en el extremo más alejado de los mismos.

Poco antes de llegar ya nos encandila el paisaje, dominado por ese majalijar invertido donde el Peñón del Jorobado hace las veces de cima principal.

Poco antes de llegar ya nos encandila el paisaje, dominado por ese majalijar invertido en el que el Peñón del Jorobado hace las veces de cima principal.

El Cortijo de los Asperones es una digna ruina, orillada por la acequia de Moroz, que todavía usa algún pastor con sus perros…

El Cortijo de los Asperones es una digna ruina, orillada por la acequia de Moroz, que todavía usa algún pastor con sus perros…

… y sus caballos.

… y sus caballos.

Comenzamos a andar por el camino que continúa, pasado el cortijo, en dirección al Cortijo de Moralejo.

El valle es aquí verde y despejado. El suelo fresco y la mañana llena de promesas.

El valle es aquí verde y despejado. El suelo fresco y la mañana llena de promesas. El Peñón de la Mata, nuestro centro de gravedad, queda a nuestra espalda. Sierra Elvira y el Pantano del Cubillas azulean (uno más que la otra) en la lejanía.

En efecto, caminamos alejándonos del objetivo con idea de echar una descubierta sobre el Río Blanco a la altura de Moralejo, y de paso ganar suavemente altura para volver atrás por encima de un llano que domina el Cortijo de los Asperones, y que ofrece una subida muy cómoda a la cresta donde se enclava el Peñón de la Mata.

De momento, no nos defrauda enfilar hacia Moralejo, joya multicolor engastada en el extremo del valle, rodeada por los adustos cerros entre el Peñón del Jorobado y el macizo de Orduña.

De momento, no nos defrauda enfilar hacia Moralejo, joya multicolor engastada en el extremo más alto del valle, rodeada por los adustos cerros entre el Peñón del Jorobado y el macizo de Orduña ¡Cómo se parece esta primavera a un otoño glorioso! Si acaso más verde.

Desde algo más arriba se impondrá una panorámica más contundente.

Desde algo más arriba se impondrá una panorámica más contundente.

Antes de bajar una cuestecilla que nos lleva a la verja (cerrada) del Cortijo debemos salir por la derecha, por lo que es el curso de la mencionada Acequia de Moroz (aquí entubada). Nosotros nos despistamos y tuvimos que alcanzarla desde la misma verja, en 15 m de subida algo más abrupta. El resultado es el mismo: descubrir que la valla del cortijo deja fuera este tramo de acequia, de lo cual nos congratulamos…

… y que dicho curso, aunque sin agua a la vista, es una deliciosa "vía verde" hacia un sospechado paraíso.

… y que dicho curso, aun sin agua a la vista, es una deliciosa “vía verde” hacia un sospechado paraíso.

Por no faltar, no falta ni un bosquete de arces bajo el que pasa la senda como bajo palio (que ríete tú del del Corpus).

Por no faltar, no falta ni un bosquete de arces bajo el que pasa la senda como bajo palio (que ríete tú del del Corpus).

De esta guisa va la acequia buscando su origen, en el Río Blanco. Habremos de pasar un portillo de ganado al pie de un prominente peñasco, aunque es practicable sin dificultad.

… a la sombra de fantásticos castillos de piedra (con ventanas).

… a la sombra de fantásticos castillos de piedra (con ventanas), asediados por un paciente ejército de espinos.

Por fin llegamos al punto en el que la acequia -que en este su primerísimo tramo va descubierta-, nace desviada del río por un modestísimo dique de piedras.

Por fin llegamos al punto en el que la acequia -que en este su primerísimo tramo va descubierta-, nace desviada del río por un modestísimo dique de piedras ¿Por qué miran hacia arriba?

Por el atractivo de esta Ciudad Encantada de Pascua que domina el lugar.

Por el atractivo de esta Ciudad Encantada de Pascua que domina el lugar, a la luz de la luna.

El Río Blanco se entretiene aquí brincando entre terrazas de travertino, todo juguetón.

El Río Blanco se entretiene aquí brincando entre terrazas de travertino, todo juguetón.

Descubrimos que el río, que yo temía más abrupto, permite el cruce en ese punto donde nace la acequia, y que progresar por el otro lado es fácil, lo que despeja la posibilidad de alcanzar el camino que sube desde Moralejo hasta el collado de Las Buitreras y el mismo Majalijar.

Antes, una última mirada al valle del Río Blanco, hacia arriba, donde Tajo Redondo vigila los contornos.

Mirada al valle del Río Blanco, hacia arriba, donde Tajo Redondo vigila los contornos. A sus pies pasa el mencionado camino, que alcanzaríamos por la izquierda y que progresa por esa margen del río.

Otro día será. Porque en este punto comenzamos a volver, orientándonos ahora ya sí hacia el Peñón de La Mata.

Como que la primavera está en su esplendor, vemos prímulas picinas a la sombra de los riscos, y violetas, y margaritas y manzanillas, y romero y aulaga en flor…

Como que la primavera está en su esplendor, vemos prímulas picinas a la sombra de los riscos, y violetas, margaritas y manzanillas, y romero y aulaga en flor…

Deseando no perder altura buscamos la curva de nivel. Esto nos obliga a ciertas acrobacias para pasar la valla que antes hemos atravesado por el portillo (creo que es más simple volver hasta el bosquete de arces y de allí enfilar hacia el llano superior, pero nos pudo la topografía).

Nuestro desvío, de todas maneras, no carece de alicientes, como este prado alfombrado de gamones, esperando la invisible señal que los hará erizarse de varas blancas.

Nuestro desvío, de todas maneras, no carece de alicientes, como este prado alfombrado de gamones, esperando la invisible señal que los hará erizarse de varas blancas.

Sin perder altura, ganamos el llano por encima de los Asperones, en esta época prado verde aunque sembrado de piedras. Caminando hasta su borde ganamos una espléndida vista sobre el valle:

En primer término los prados que atravesamos en coche antes de Los Asperones. A un lado el Peñón de la Mata, al otro las estribaciones del Orduña. Al fondo la Vega y la Sierra de Parapanda.

En primer término los prados que atravesamos en coche antes de Los Asperones. A un lado el Peñón de la Mata, al otro las estribaciones del Orduña. Al fondo la Vega y la Sierra de Parapanda.

Desde ese extremo del llano parten dos veredas paralelas. Ascendemos un poco hacia la izquierda para tomar la más alta, que se acerca a una línea de pinos y luego prosigue, en muy suave ascenso, en dirección de la cresta.

El cojín de monja (Erinacea anthyllis) nos ve pasar en ruta hacia nuestro objetivo.

El cojín de monja (Erinacea anthyllis) nos ve pasar en ruta hacia nuestro objetivo.

Esta panorámica refleja perfectamente nuestra ruta: a la derecha el valle con sus prados, en cuyo extremo derecho vemos aparecer el Cortijo de Los Asperones; a la izquierda, al alcance de la mano, la cresta que se prolonga hasta el Peñón de la Mata.

Esta panorámica refleja perfectamente nuestra ruta: a la derecha el valle con sus prados, en cuyo extremo derecho vemos aparecer el Cortijo de Los Asperones; a la izquierda, al alcance de la mano, la cresta que nos llevará hasta el Peñón de la Mata.

Poco después llegamos a la mencionada cresta, tras la cual comenzamos a ver los cerros que delimitan el valle de Río Bermejo, y por encima Sierra Nevada, que nos va a acompañar como telón de fondo el resto del camino.

Poco después llegamos a la mencionada cresta, tras la cual comenzamos a ver los cerros que delimitan el valle de Río Bermejo, y por encima Sierra Nevada, que nos va a acompañar como telón de fondo el resto del camino.

Justo antes de enfilar la cresta, el Peñón del Jorobado adquiere su silueta más bravía. No es de extrañar que su tajo norte concite la atención de escaladores de todo pelaje.

Justo antes de enfilar la cresta, el Peñón del Jorobado adquiere su silueta más bravía. No es de extrañar que su tajo norte concite la atención de escaladores de todo pelaje.

Al collado por el que accedemos llega, por el otro lado, la senda que viene desde el Collado de La Zorra y la cabecera de Río Bermejo, y hacia la derecha continúa la que resigue la cresta, que tomamos con decisión…

… constituyendo toda ella un espléndido balcón panorámico sobre Río Bermejo y el Parque Natural de la Sierra de Huétor, cuyo límite norte marca precisamente la cresta por la que andamos.

… constituyendo toda ella un espléndido balcón panorámico sobre Río Bermejo y el Parque Natural de la Sierra de Huétor, cuyo límite norte marca precisamente la cresta por la que andamos. Por momentos nos creeríamos en la ladera del Majalijar, aunque aquel recorrido, algo más alto, revela más rincones del Parque que éste, circunscrito al Río Bermejo y Carialfaquí.

Un rato de subeybaja y unas cuantas vacas más allá, avistamos el Collado de San Agustín, tras el cual se levanta el Peñón como inexpugnable castillo de piedra.

Un rato de subeybaja y unas cuantas vacas más allá, avistamos el Collado de San Agustín, tras el cual ya sólo queda el Peñón de la Mata como inexpugnable castillo de piedra.

En el mismo collado, donde sorprendemos a un nutrido rebaño de ovejas, la combinación del verde de los gamones y el blanco de Sierra Nevada nos pide sellarlo con la foto oficial. Somos poc@s, pero aguerrid@s.

En el mismo collado, donde sorprendemos a un nutrido rebaño de ovejas, la combinación del verde de los gamones y el blanco de Sierra Nevada nos pide sellarlo con la foto oficial. Somos poc@s, pero aguerrid@s.

Desde aquí parte la ruta de ascenso más habitual al Peñón: en línes recta hacia la base de los tajos, dejando a la izquierda los más verticales que se ven en sombra y luego por el cahorro fracturado que se les adosa por la derecha. Pero no hay convencimiento en el grupo, aparte de que hemos zascandileado más de la cuenta y el tiempo empieza a apremiar…

Desde aquí parte la ruta de ascenso más habitual al Peñón: en línea recta hacia la base de los tajos, dejando a la izquierda los más verticales que se ven en sombra y luego por el cahorro fracturado que se les adosa por la derecha. Pero no hay convencimiento en el grupo, aparte de que hemos zascandileado más de la cuenta y el tiempo empieza a apremiar…

Así que completaremos la circunvalación, como estaba previsto: por el llano vamos a progresar hasta el resalte rocoso que se ve a la izquierda, donde conversamos un rato con el pastor que vigila las ovejas. Dura vida, aunque con indudables recompensas. Tras despedirnos, nos llegamos hasta un nuevo resalte, al borde del prado y festoneado de majuelos, bajo los que comemos con hambre y alegría.

Después de esto continuamos en paralelo al Peñón, por una vereda que al final baja decididamente hacia los Prados del Rey. En el punto donde comienza el descenso nosotros la abandonamos y nos mantenemos a cota, por trochas menos definidas pero con idea clara del rumbo:

Esta verdeante cuestecilla nos llevará sin pérdida hasta el extremo Oeste del castillo…

Esta verdeante cuestecilla nos llevará sin pérdida hasta el extremo Oeste del castillo…

Mientras las peonías recién estrenadas nos alegran la vista.

…mientras las peonías recién estrenadas nos alegran la vista.

La verdad es que, en cuanto a vistas, no dejamos de tener alegrías: a nuestros pies los Prados del Rey, por donde hemos andado en alguna ocasión.

La verdad es que, en cuanto a vistas, no dejamos de tener alegrías: a nuestros pies los Prados del Rey, por donde hemos andado en alguna ocasión.

Henos aquí en el extremo, a punto de doblar la esquina que nos devuelve al valle del Río Blanco. Piedra, gamones y dos bellas florecillas de dos patas…

Henos aquí en el extremo, a punto de doblar la esquina que nos devuelve al valle del Río Blanco. Piedra, gamones y dos bellas florecillas de dos patas…

Las vistas sobre la Vega de Granada son aquí amplias y espectaculares, aunque panorámicas tan amplias acaban quedando disminuidas en una foto, así que os las ahorro. Desde aquí buscamos una vereda que nos permita completar el círculo. Hay que decir que nos equivocamos lastimosamente, bajando por la divisoria con el convencimiento de que la encontraríamos a menor altura. No es así: la ruta fetén comienza justo en la base de los peñascos, para luego mantener la altura a una cierta distancia de éstos. La opción que nosotros tomamos nos lleva por un terreno pedregoso, a ratos casi un lapiaz en pendiente, que nos obligará a volver a ascender con cierta incomodidad hasta encontrar la vereda buena. No se puede acertar siempre, pero ya lo sabemos para otra vez.

De nuevo con Río Blanco a nuestra izquierda, Orduña y Majalijar se convierten en nuestro nuevo horizonte.

De nuevo con Río Blanco a nuestra izquierda, Orduña y Majalijar se convierten en nuestro nuevo horizonte.

Una vez en el camino correcto, completar la vuelta es un suspiro. En menos que canta un pez gallo estamos de nuevo en el collado de San Agustín:

Desde donde gozamos de la panorámica más rotunda del Parque y Sierra Nevada. Hice los 360º, que la ocasión lo merecía, pero esta es la parte más vistosa (el filtro polarizador le pone un plus de contraste que convierte la Sierra en algo sobrenatural).

Desde donde gozamos de la panorámica más rotunda del Parque y Sierra Nevada. Hice los 360º, que la ocasión lo merecía, pero esta es la parte más vistosa (el filtro polarizador le pone un plus de contraste que convierte la Sierra en algo sobrenatural).

Manteniéndonos a la izquierda del llano, descubrimos la vereda que nos va a llevar abajo:

La vemos a media ladera, por sobre la descarnadura blanquecina de la izquierda.

La vemos a media ladera, por sobre la descarnadura blanquecina de la izquierda.

Es una vereda cómoda que, conforme bajamos, nos va dando vistas de los bellos rincones del valle…

… a la vera del Camino de las Acequias que discurre por su centro.

… a la vera del Camino de las Acequias, por donde accedimos en coche, que discurre por su centro.

Al llegar a nivel del valle, unas cercas nos impiden tomar el camino más cómodo que nos dejaría en el mencionado carril. Habrá que afanarse por los aulagares que se encuentran por encima de las fincas, hasta encontrar el recorrido de nuestra conocida, la acequia de Moroz, por el que completaremos el circuito.

Poco antes del final, los prados del Cortijo de los Asperones constituyen un dignísimo colofón a una maravillosa jornada.

Poco antes del final, los prados del Cortijo de los Asperones constituyen un dignísimo colofón a una maravillosa jornada.

Y esto fue todo, y no poco ¡viva la primavera! Hasta pronto.

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