Descubriendo Monte La Sierra (Jaén)

Hacía ya un par de años que habíamos hecho una “localización de exteriores” por el río Quiebrajano y el castillo de Otíñar, al sur de Jaén, donde una montería nos había echado para atrás. Aquel fugaz vislumbre del profundo y frondoso valle auguraba rutas espectaculares. Aprovechando que sólo Lourdes había respondido a la convocatoria dominical, decidimos volver, con la intención de profundizar la exploración de la zona. Constituida como parque periurbano de la ciudad -Monte la Sierra-, en realidad es un trozo de naturaleza abrupta y rica que alberga múltiples atractivos…

Para un giennense es cerca, claro; para nosotros, incluye llegar hasta Jaén, de donde se sale luego por la carretera de Los Villares para enseguida tomar el desvío señalizado como Monte la Sierra. Esta estrecha carretera asfaltada baja hasta Puente la Sierra, y luego asciende un escalón del terreno, evitando una espectacular garganta del río, cuyas paredes bien merecen una parada contemplativa. Baja luego al valle, que recorre hacia arriba hasta el embalse del Quiebrajano, que procura el abastecimiento de la ciudad de Jaén. Pero antes se encuentra, a la derecha y sobre un airoso cerro, el castillo de Otíñar, a cuyos pies es frecuente encontrar aparcados los coches de algunos visitantes del lugar.

Desde donde aparcamos, un profundo barranco hiende la sierra, llamándonos.

Desde donde aparcamos, un profundo barranco hiende la sierra, llamándonos. El de la izquierda es el cerro donde se ubica el castillo.

Lo vertical de las paredes no debe asustarnos: poco después del primer estrechamiento se abre a la izquierda una plácida vaguada, por donde una cómoda senda nos lleva a la parte superior del cerro:

La luz de la mañana hace brillar los verdes de esta primavera en Diciembre.

La luz de la mañana hace brillar los verdes de esta primavera en Diciembre.

Desembocamos pronto en un llano, entre la ladera de la sierra a la derecha, y los escarpes sobre los que se sitúa el castillo. Desde estos últimos, la vista sobre el valle es impresionante:

El río Quiebrajano o Valdearazo ha tallado impresionantes paredes en las calizas y margocalizas liásicas. Un denso pinar de pino carrasco, mezclado con encinas, cubre todo lo que no es estrictamente vertical, salvo la vega del río, que estuvo cultivada y hoy es verde pradera.

El río Quiebrajano o Valdearazo ha tallado impresionantes paredes en las calizas y margocalizas liásicas. Un denso pinar de pino carrasco, mezclado con encinas, cubre todo lo que no es estrictamente vertical, salvo la vega del río, que estuvo cultivada y hoy es verde pradera.

El castillo, de construcción cristiana (s. XIII-XIV), seguramente sobre alguna base andalusí, une su esbelta torre a los de por sí verticales escarpes.

El castillo, de construcción cristiana (s. XIII-XIV), seguramente sobre alguna base andalusí, une su esbelta torre a los de por sí verticales escarpes.

Llama la atención la cantidad de cornicabras (Pistacia therebintus) que pueblan la zona, junto a algún acebuche y sabina. Como el castillo ha sido tomado por un par de familias con sus cachorros, huímos sin presentar batalla…

…embridando nuestros corceles, que querrían hacer la guerra por su cuenta.

…embridando nuestros corceles, que querrían hacer la guerra por su cuenta.

Bajamos por donde subimos y, tomando el coche, conducimos hasta el embalse del Quiebrajano, punto de partida de interesantes rutas que algún día recorreremos.

El agua es de un intenso color turquesa. Enfrente, olivos y quejigos bajo las primeras paredes de la Sierra de Alta Coloma. A la derecha, La Pandera, techo de la sierra, con sus 1872 m.

El agua es de un intenso color turquesa. Enfrente, olivos y quejigos bajo las primeras paredes de la Sierra de Alta Coloma. A la derecha, La Pandera, techo de la Sierra Sur de Jaén, con sus 1872 m.

Una vez fichado el camino que nos llevará algún día hasta el Quejigo del Amo, volvemos en coche a Otíñar para tomar la carretera que lleva, por el arroyo de las Azadillas (o Hazadillas: no está claro si son campos o herramientas) hasta el área recreativa y el aula de naturaleza allí ubicadas.

El pino carrasco (Pinus halepensis) es el más pequeño de los que se pueden encontrar por nuestras tierras, pero aquí no parecen darse por aludidos. En combinación con una fresca hierba no tan habitual, crean un conjunto delicioso.

El pino carrasco (Pinus halepensis) es el más pequeño de los que se pueden encontrar por nuestras tierras, pero aquí no parecen darse por aludidos. En combinación con una fresca hierba no muy habitual, crean un conjunto delicioso. Varias fuentes salpican -nunca mejor dicho- su recorrido.

Reponemos un poco de fuerzas, que se nos ha hecho casi la hora de comer. Pero preferimos andar un poco antes de ponernos a ello.

Reponemos un poco de fuerzas, que se nos ha hecho casi la hora de comer. Pero preferimos andar un poco antes de ponernos a ello.

Bruno, así que se vió sin ataduras, corrió a acosar a un perrillo que paseaba por allí con su dueño. Pero los dos se lo tomaron bien.

Bruno, así que se vió sin ataduras, corrió a acosar a un perrillo que paseaba por allí con su dueño. Pero los dos se lo tomaron bien.

Junto al arroyo, los chopos están desnudos, pero todavía algún guillomo e incluso arces de Montpellier nos regalan sus últimos fulgores.

Junto al arroyo, los chopos están desnudos, pero todavía algún guillomo, algún espino e incluso arces de Montpellier nos regalan sus últimos fulgores.

Aquí tenía yo oculto mi as en la manga: ascender por el Arroyo del Fresno, que entra en esta zona por la izquierda, hasta los Llanos de Palomares, desde donde el carril principal nos bajaría de nuevo a este punto. Rodeamos, pues, el Aula de Naturaleza por la izquierda y, tras algún titubeo, cruzamos el mencionado Arroyo del Fresno y seguimos una desdibujada senda por su derecha (subiendo). Y tanto que subiendo, pues en muy poco espacio asciende unos 70 m, manteniéndose separada del arroyo hasta que, superado un repunte, se pega a su cauce y dulcifica su pendiente.

Desde dicho repunte gozamos ya de algo de horizonte.

Desde dicho repunte gozamos ya de algo de horizonte.

Pinus halepensis, con sotobosque de coscoja, jara blanca, romero, aulaga… típicamente esclerófilo.

Pinus halepensis, con sotobosque de coscoja, jara blanca, romero, aulaga… típicamente esclerófilo.

Roídos por el hambre, aprovechamos un rincón soleado para ponernos a la tarea…

Asiento, sol y hambre. Así que…

Asiento, sol y hambre. Así que…

A partir de este punto el camino es mucho más agradable: la pendiente es casi nula y la vegetación da signos de cambio: un par de quejigos junto al arroyo, más encinas…

El arroyo aquí ha excavado suelos de aluvión, que se han depositado gracias a la poca pendiente, anunciando ya el llano que viene.

El arroyo aquí ha excavado suelos de aluvión, que se han depositado gracias a la poca pendiente, anunciando ya el llano que viene.

Al indiscreto arroyo no le ha importado desnudar impúdicamente las raíces del pino.

Al indiscreto arroyo no le ha importado desnudar impúdicamente las raíces del pino. Un geólogo podría contarnos de varias buenas riadas en el paraje, a tenor de los niveles de gravas gruesas.

Al final, el barranco se convierte en un surco, mientras el terreno se allana.

Al final, el barranco se convierte en un surco, mientras el terreno se allana.

Bajo un rodal de jóvenes encinas, una nota de color…

Bajo un rodal de jóvenes encinas, una nota de color…

¿Se comerán?

¿Se comerán?

Por fin nuestro barranco-surco viene a morir a un llano herboso -buy herboso-, que es el sitio donde deberíamos haber comido: los llanos de Palomares:

Hay algo paradójico en culminar un pronunciado ascenso… en un llano. Pero en este caso nos maravilla.

Hay algo paradójico en culminar un pronunciado ascenso… en un llano. Pero en este caso lo aceptamos de muy buen grado.

Los Llanos son una amplia hondonada entre varios cerros. El pinar desaparece, sustituido por un encinar, adehesado en la parte baja, más denso en las alturas…

Un paisaje que nos recuerda a Júrtiga, en Alhama, donde estuvimos la semana pasada.

Un paisaje que nos recuerda a Júrtiga, en Alhama, donde estuvimos la semana pasada.

Aprovechamos para hacer la foto oficial, aunque la combinación de luz arriba y sombra abajo me obliga a meter flash de relleno. El resultado es un poco extraño, pero consigue su propósito.

Aprovechamos para hacer la foto oficial, aunque la combinación de luz arriba y sombra abajo me obliga a meter flash de relleno. El resultado es un poco extraño, pero consigue su propósito.

Por la derecha del llano circula un ancho carril, que es el que viene desde el área recreativa, y se dirige desde estos llanos al pueblo de Carchelejo (o viceversa: me apunto como asignatura pendiente llegar aquí entrando desde Carchelejo). Tomamos el carril hacia la derecha, en una ligera subida que, mirando hacia atrás, nos ofrece el despliegue de los llanos:

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Sòlo nos queda dejarnos caer por el camino hasta el vehículo.

A esta hora, la luz rasante transfigura el paisaje. Altos pinos…

A esta hora, la luz rasante transfigura el paisaje. Altos pinos…

…creando luces y sombras…

…creando luces y sombras…

Que al final, en una hondonada del terreno, dan paso a los quejigos.

Que al final, en una hondonada del terreno, dan paso a los quejigos.

Con el camino llaneando, es una delicia pasear por aquí.

Con el camino llaneando, es una delicia pasear por aquí.

Contraluces.

Contraluces.

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Dejamos dos caminos a la izquierda (de momento: nos llamaban con cantos de sirena, y quedan apuntados para otra visita). El nuestro abandona este precioso rellano y vuelve a bajar entre pinos.

El valle forma un pequeño estrechamiento, mientras empezamos a ver las altas paredes que cuelgan sobre el Arroyo de las Azadillas.

El valle forma un pequeño estrechamiento, mientras empezamos a ver las altas paredes que cuelgan sobre el Arroyo de las Azadillas.

Muy poco después estamos de vuelta en Las Azadillas, descansados pero insatisfechos. Vemos fuentes sombreadas por nogales, arces, cipreses, entre los álamos desnudos…

Muy poco después estamos de vuelta en Las Azadillas, descansados pero insatisfechos. Vemos fuentes sombreadas por nogales, arces, cipreses, entre los álamos desnudos…

En resumen: hay que volver más pronto que tarde. Ciao.

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Un pensamiento en “Descubriendo Monte La Sierra (Jaén)

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