Umbría de Bolones-Arroyo de las Tejoneras

El 3 de Marzo, unos días después de la nevada que vistió a Granada de blanco, buscamos un sitio de acceso fácil y ruta sencilla, pues temíamos que la nieve nos limitara, o que el día saliera rana. La umbría de Bolones, con carril llano y ancho, era una opción prudente. Luego la mañana fue espléndida y la nieve se había quedado en lo justo para dar un toque de color (blanco); así que completamos bajando al Darro y subiendo por el arroyo de las Tejoneras, donde ya nos encargamos nosotros solos de complicarnos la vida…

El acceso a la ruta es por la segunda salida del Parque natural de la Sierra de Huétor, A-92, salida 259, cruzando en seguida la autovía por encima para llegar a la casa forestal de Los Peñoncillos. Allí arranca la ruta señalizada de la Cañada del Sereno, pero la nuestra hoy es en dirección opuesta, por el carril de la izquierda superada la casa forestal.

Antes, sin embargo, quisimos curiosear por las inmediaciones, y en vez de seguir por el carril que lleva a la entrada de los Peñoncillos, nos salimos por la izquierda, buscando unas huertas que tenía vistas en la ortofoto.

Andamos bajo una buena pinada, entre ocasionales manchas de nieve. La buena temperatura la mantiene blanda, y estando cerca de bolones… algunos bolones cayeron.

Andamos bajo una buena pinada, entre ocasionales manchas de nieve. La buena temperatura la mantiene blanda, y estando cerca de Bolones… algunos bolones cayeron.

Enseguida encontramos un carrilito que nos deja en las huertas:

Mas que huertas, es un pequeño Versalles abandonado.

Mas que huertas, es un pequeño Versalles abandonado.

Con una coqueta fuente y varias albercas…

Con una coqueta fuente y varias albercas…

…rodeadas de profusa vegetación: pinos, encinas, cipreses de diversos tipos y elegantes cedros.

…rodeadas de profusa vegetación: pinos, encinas, cipreses de diversos tipos y elegantes cedros.

Decidimos rodear la casa forestal por arriba, dejándola a la derecha. El terreno es cómodo, con poco sotobosque bajo los altos pinos.

En la travesía nos topamos con lo que debe dar nombre al paraje: unos airosos peñoncillos coronados de encinas.

En la travesía nos topamos con lo que debe dar nombre al paraje: unos airosos peñoncillos coronados de encinas.

Rodeamos el complejo con alguna dificultad para llegar a su fachada principal. Preciosas instalaciones… infrautilizadas como tantas y tantas en nuestros montes.

Rodeamos el complejo con alguna dificultad para llegar a su fachada principal. Preciosas instalaciones… infrautilizadas como tantas y tantas en nuestros montes.

Y enseguida tomamos el camino de la izquierda, cerrado con cadena. Dejamos para la vuelta el de la derecha, que es el que baja las Tejoneras y llega a la Fuente de la Teja.

El comienzo es glorioso: la nieve justa, un camino sin esfuerzo, y la compañía de pinos y cedros, aquí enriquecidos por castaños y nogales.

El comienzo es glorioso: la nieve justa, un camino sin esfuerzo, y la compañía de pinos y cedros, aquí enriquecidos por castaños y nogales.

En las zonas más umbrías queda más nieve, pero Pilar estrena botas y no tememos a nada.

En las zonas más umbrías queda más nieve, pero Pilar estrena botas y no tememos a nada.

Dos jóvenes cedros se han hecho hueco…

Dos jóvenes cedros se han hecho hueco…

El primer cortafuegos que atraviesa la ladera nos sirve de balcón sobre la precios hoya que forman el Arroyo de las Tejoneras y el propio río Darro.

El primer cortafuegos que atraviesa la ladera nos sirve de balcón sobre la hoya densamente arbolada que forman el Arroyo de las Tejoneras y el propio río Darro.

En 20 minutos y poco más de 1 km llegamos a la casa forestal de Bolones, otro precioso lugar abandonado (hay que desviarse 100m a la derecha del camino principal):

Desde su explanada contemplamos el Majalijar al fondo.

Desde su explanada contemplamos el Majalijar al fondo.

Y el Peñón de Viznar del otro lado, vigilando la salida del Darro hacia las tierra bajas.

Y el Peñón de Viznar del otro lado, vigilando la salida del Darro hacia las tierra bajas.

Rendimos homenaje al lugar con algo de frutos secos, y continuamos luego otro km más para llegar a la Fuente de Bolones.

En las inmediaciones de la fuente, que es (o ha sido) vivero forestal, las coníferas exóticas vuelven a dominar el paisaje.

En las inmediaciones de la fuente, que es (o ha sido) vivero forestal, las coníferas exóticas vuelven a dominar el paisaje.

Entre ellas, este grupo. Pilar dice sequoyas, yo tengo dudas, pero el examen de las guías pertinentes viene a confirmarlo: no son la Sequoia sempervirens propiamente dicha, sino Sequoiadendron giganteum, su prima cercana.

Entre ellas, este grupo. Pilar dice sequoyas, yo tengo dudas, pero el examen de las guías pertinentes viene a confirmarlo: no son la Sequoia sempervirens propiamente dicha, sino Sequoiadendron giganteum, su prima cercana. Alguna seca o enferma, vienen a plantear el mismo dilema que en el cortijo de La Losa (Huéscar): ¿es éste un lugar para sequoyas?

Tras el muro de coníferas, se abre un hermoso prado:

…sobre el collado que hace un pequeño cerrillo.

…sobre el collado que hace un pequeño cerrillo.

…tan hermoso que merece nuestra foto oficial.

…tan hermoso que merece nuestra foto oficial.

Subo hasta lo alto del cerrillo buscando vistas. Del lado del río no las hay, pues los árboles impiden ver el bosque; pero hacia atrás sí vale la pena:

Para contemplar el prado en toda su extensión, y el Cerro de Casa Fuerte de fondo.

Para contemplar el prado en toda su extensión, y el Cerro de Casa Fuerte de fondo.

Tras zascandilear un rato, desandamos camino de vuelta al arranque de un cortafuegos -tras un espectacular pinar de esbeltísimos pinos silvestres-. Lo tomamos a la iquierda, bajando…

…al principio con muy poca pendiente…

…al principio con muy poca pendiente…

…aunque luego se empina hasta parecer una pista de esquí. Menos mal que la nieve es poca y blanda.

…aunque luego se empina hasta parecer una pista de esquí. Menos mal que la nieve es poca y blanda.

Cerca ya del fondo, gozamos de una buena perspectiva del valle del Darro.

Cerca ya del fondo, gozamos de una buena perspectiva del valle del Darro.

En un momento estamos junto al río Darro, una zona que ya hemos comentado (aquí).

Pensábamos que el río vendría algo brioso, con el deshielo de toda la nieve circundante, pero seguía tan manso como de costumbre. Toda esta parte, con sustratos calizos, hace que se filtre mucho el agua, que reaparece de modo más permanente en la fuente de los Porqueros, ya cerca de Huétor Santillán.

Pensábamos que el río vendría algo brioso, con el deshielo de toda la nieve circundante, pero seguía tan manso como de costumbre. Toda esta parte, con sustratos calizos, hace que se filtre mucho el agua, que reaparece de modo más permanente en la fuente de los Porqueros, ya cerca de Huétor Santillán.

Encontramos aquí el camino que remonta el río. Aquí lo vemos mirando río abajo. Nosotros seguimos río arriba.

Encontramos aquí el camino que remonta el río. Aquí lo vemos mirando río abajo. Nosotros seguimos río arriba.

Tras unos minutos de marcha, el camino tuerce a la derecha, cruza el exiguo caudal del Darro y progresa por el Arroyo de las Tejoneras, buscando el carril que va de Los Peñoncillos a la Fuente de la Teja.

Aun sin hojas, el quejigar que ocupa la umbría ofrece, con la nieve, interesantes estampas.

Aun sin hojas, el quejigar que ocupa la umbría ofrece, con la nieve, interesantes estampas.

El terreno se abre en una zona de prados, que aprovechamos para comer.

Los prados desde la umbría. El arroyo aquí fluye, aunque más abajo desaparece como tragado por la tierra (nunca mejor dicho).

Los prados desde la umbría. El arroyo aquí fluye, aunque más abajo desaparece como tragado por la tierra (nunca mejor dicho).

El día se ha descolorido un poco, e invita más al descubrimiento que a la siesta, así que me interno en el quejigar:

Denso y umbrío. Progreso por una vaguada hasta que zarzas y rosales me invitan (alguno con malos modos) a abandonarla. La ladera no es mucho mejor, aunque llego a conectar con un claro en alto por donde había pasado bajando de la casa de Bolones en otra ocasión.

Denso y umbrío. Progreso por una vaguada hasta que zarzas y rosales me invitan (alguno con malos modos) a abandonarla. La ladera no es mucho mejor, aunque llego a conectar con un claro en alto por donde había pasado bajando de la casa de Bolones en otra ocasión. En estos montes conviene no confiarse demasiado a los fondos de valle, y optar por las divisorias de las lomas para las travesías fuera de sendero (como tendremos ocasión de comprobar más adelante).

Recogida la impedimenta, proseguimos en dirección a los Peñoncillos, ya por el carril principal:

Hay aquí algunos pinos (pinaster, creo) de estupendo porte, junto a los sempiternos cedros…

Hay aquí algunos pinos (pinaster, creo) de estupendo porte, junto a los sempiternos cedros…

…que escoltan airosas encinas.

…que escoltan airosas encinas.

Saliendo a la zona más despejada, donde el camino empieza a curvar a la derecha para subir a Los Peñoncillos, encontramos una enigmática cadena a la izquierda. No parece cerrar nada concreto, pues entre los pinos sólo un redomado optimista podría intuir un camino… Pero redomado optimismo no nos falta, y la cadena ha de estar ahí por algo. Dado que tenía el secreto propósito de continuar remontando el arroyo, agarro la ocasión al vuelo y nos desviamos por el no-camino, que en pocos metros, efectivamente nos aboca al arroyo,  que unos metros abajo había hecho un quiebro separándose del carril.

Este es el fondo del arroyo de las Tejoneras, y entendemos que también camino, aunque francamente en desuso.

Este es el fondo del arroyo de las Tejoneras, y entendemos que también camino, aunque francamente en desuso.

Poco después, salimos del cauce por la izquierda, pero progresamos en paralelo…

Entre otra buena mancha de quejigos que poco tiene que envidiar a la de más abajo.

Entre otra buena mancha de quejigos que poco tiene que envidiar a la de más abajo.

Por momentos las jaras se adueñan del ¿sendero?, hasta el punto de crearnos dudas (especialmente al guía). Pero perseveramos, y con alegría comprobamos que, más adelante, el sendero se torna inequívoco, mientras rodea un barranquito lateral y se adentra en un pinar…, con el arroyo siempre a la derecha.

Aquí ya damos por hecho que el camino existe. Seguramente, por las trazas, recorrible en vehículo en tiempos lejanos. Confiamos en que nos dejará en el Cortijo de los Corrales, junto a la vereda de la Cañada del Sereno, más pronto que tarde.

Aquí ya damos por hecho que el camino existe. Seguramente, por las trazas, recorrible en vehículo en tiempos lejanos. Confiamos en que nos dejará en el Cortijo de los Corrales, junto a la vereda de la Cañada del Sereno, más pronto que tarde.

Pero poco después nuestro gozo encuentra su pozo: en una ladera sin puntos de referencia, la senda desaparece entre encinas y arbustos. Algo debimos hacer mal en algún momento; tal vez una revuelta a la izquierda para ganar altura que no supimos ver. El caso es que nos vemos andando entre un monte bastante incómodo, contorsionándonos hacia aquí y hacia allá para ganar metros. A despecho del consejo anterior sobre los fondos de valle, derivamos a la derecha para volver al arroyo, que en este momento es nuestro único punto de referencia, pues pasa a los pies del cortijo que buscamos. No es demasiado malo si te lo tomas con filosofía. A veces por el cauce y a veces por la ladera a su izquierda, al final conseguimos salir del lío:

Este es el momento feliz en que salimos a los prados del cortijo.

Este es el momento feliz en que salimos a los prados del cortijo.

…y este es el Cortijo de los Corrales, primera estación de la vereda de la Cañada del Sereno, que discurre por encima, y que tomaremos a la derecha para volver a los Peñoncillos en unos 20 minutos.

…y este es el Cortijo de los Corrales, primera estación de la vereda de la Cañada del Sereno, que discurre por encima, y que tomaremos a la derecha para volver a los Peñoncillos.

Disfrutando de una panorámica del valle de las Tejoneras y la umbría de Bolones que recorrimos por la mañana.

Disfrutando de una panorámica del valle de las Tejoneras y la umbría de Bolones que recorrimos por la mañana.

En unos 20 minutos estamos de vuelta en la carretera, a la entrada del carril de los Peñoncillos, donde tenemos el vehículo. Ya puede llover, y nosotros a esperar la próxima. Hasta entonces.

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