Umbrías: La Mora

Caratula-Umbria-Mora

5 Enero 2014

Track de la ruta en Google Maps

Desde la Sierra de la Yedra hasta la Cuerda de los Gitanos vengo de umbría en umbría los últimos meses (las umbrías de aquí en invierno me hacen creerme en otros climas y otros bosques…). En la última ocasión, llegamos al Collado del Cigarrón antes de volver atrás, pero nos quedamos a la vista de una última umbría, que desde allí se despliega sugerente ante nosotros: la que desde el Cortijo del Chorrillo trepa hasta las inverosímiles crestas del Puntal de la Mora. Encendióseme, pues, el deseo de visitar aquel lugar, y no tardando me ví, solo, andando en su busca…

El problema del sitio era que, viniendo de Las Mimbres o de Las Minas, has de hacer bastante camino sólo para aproximarte. Buscando una alternativa más directa, caí en la cuenta de que la salida de la Autovía A-92 a Las Mimbres y Prado Negro queda a tiro de piedra de estos cerros. Malo sería que no hubiera camino fácil, por el llamado Llano de los Fabiares, para llegar al Chorrillo y a mi objetivo. Y así era.

Así que dejo el coche en la misma salida mencionada, tras cruzar por arriba la autovía, y colarme a la izquierda en la cerrada curva que enlaza con la antigua carretera de Murcia. Voy hasta el final del apéndice de asfalto que quedó allí paralelo a la autovía, y que acaba en la valla metálica de ésta… y en el comienzo de un carril terrero cerrado con cadena.

Dicho carril discurre algo más de 1 km paralelo a la A-92, y tiene dos desvíos a la derecha, hacia el bosque: el último, que no es desvío, sino el propio carril que tuerce y va a buscar el camino del Puerto de la Mora al Chorrillo, y el primero, que hace lo propio pero a pocos metros de comenzar a andar. Ese es el que tomo:

Como a 50 m del fin del asfalto, surge esta entrada a la derecha. Hay que fijarse, pues entre la hierba y la pinocha está lejos de ser evidente…

Como a 50 m de comenzar a andar paralelo a la autovía, surge esta entrada a la derecha. Hay que fijarse, pues entre la hierba y la pinocha está lejos de ser evidente…

La pinada tiene un toque catedralicio pasado por agua, pero para alcanzar el recogimiento necesario habrá que alejarse de la carretera, cuyo fragor nos acompaña un trecho, afortunadamente breve.

La pinada tiene un toque catedralicio pasado por agua, pero para alcanzar el recogimiento necesario habrá que alejarse de la carretera, cuyo fragor nos acompaña un trecho, afortunadamente breve.

Luego es una delicia caminar en el frío de la mañana, pisando en blando por estas naves sombrías, el aliento dibujando nubecillas, mientras Bruno corre como si le fuera la vida en ello…

El camino procede sin desvíos hasta un punto, a unos 500 m del comienzo, en el que, aunque curva a la derecha, parece intuirse un ramal que continúa a la izquierda. Lo descarto y sigo el camino más marcado. 100 metros más allá llego, en terreno algo más abierto, a una encrucijada:

Aquí claramente hay dos opciones: la derecha nos llevaría, por el Llano de Los Fabiares hacia el Arroyo de las Perdices, alejándonos del Chorrillo. La izquierda es la buena.

Aquí claramente hay dos opciones: la derecha me llevaría por el Llano de Los Fabiares hacia el Arroyo de las Perdices, alejándonos del Chorrillo. La izquierda es la buena.

El camino es ahora más marcado, y continúa por la pinada un breve tiempo, antes de salir al extremo Este de los Llanos del Chorrillo:

En este rincón encontramos el camino que viene al Chorrillo desde el Puerto de la Mora. El nuestro discurre paralelo a él unos metros, antes de juntarse.

En este rincón encuentro el camino que viene al Chorrillo desde el Puerto de la Mora. El mío discurre paralelo a él unos metros, antes de juntarse ambos.

Todo ha cambiado de repente, y en lugar de un cerrado bosque de pinos transito por un ampísimo llano herboso. Superando el mínimo collado que hace más adelante me embobo con la panorámica:

Los fastuosos prados del Chorrillo descienden suavemente hacia el arroyo, con el Majalijar como telón de fondo. Las encinas ganan presencia en la loma cercana, tras la que ya asoma el blanquísimo cortijo.

Los fastuosos prados del Chorrillo descienden suavemente hacia el arroyo, con el Majalijar como telón de fondo. Las encinas ganan presencia en la loma cercana, tras la que ya asoma el blanquísimo cortijo. La Cuerda de los Gitanos aparece justo por encima del mismo.

Continúa el carril pegándose a la loma de la izquierda, para ingresar en el vallecito que el Arroyo del Chorrillo hace antes de la loma en la que se alza el Cortijo. Por el fondo de ese mismo valle, a la izquierda, abandono el camino, alentado por una débil trocha entre la hierba.

Desde aquí, apenas entreveremos el edificio, custodiado por quejigos cada vez más desnudos.

Desde aquí, apenas entreveo el edificio, custodiado por quejigos cada vez más desnudos.

Ante mí se abre un coqueto vallecito, totalmente cubierto por la hierba y por una profusión de majuelos y escaramujos, entre los que habrá que culebrear un poco. La ruta a partir de aquí es a elección, sabiendo que en todo caso hay que acompañar al arroyo un buen trecho hacia arriba:

Yo, por ejemplo, enfilaré por lo despejado hasta la loma verde del fondo, que abordaré por la izquierda a media altura…

Yo, por ejemplo, enfilaré por lo despejado hasta la loma verde del fondo, que abordaré por la izquierda a media altura, para no subir innecesariamente.

En un repliegue de esa loma, un quejigo solitario desafía todavía al invierno. Al fondo a la izquierda, el objetivo: el Puntal de la Mora.

En un repliegue de esa loma, un quejigo solitario desafía todavía al invierno. Al fondo a la izquierda, el objetivo: el Puntal de la Mora.

Más adelante, las trochas que vengo siguiendo se aproximan al arroyo, que aquí lleva un hilillo de agua. Precedido por Bruno, decido cruzar para investigar si hay camino en la umbría.

El Arroyo del Chorrillo, densamente escoltado por espinos, que me invitan amablemente a abandonar el cauce.

Después de cruzar el Arroyo del Chorrillo, densamente escoltado por espinos que me invitan amablemente a abandonar el cauce.

Subo unos metros hasta alcanzar el terreno llano de una terraza sobre el arroyo, donde, efectivamente, encuentro lo que debió ser un camino en tiempos, y que prosigue, muy desdibujado, paralelo al cauce. Aquí ya le echo un ojo a una vereda hacia la umbría, pero decido llegar hasta donde el camino cruza el arroyo, aguas arriba. Por aquello de fijar posiciones…

Por fin llego a ese punto, donde el camino hace una amplia curva al cruzar el arroyo. El ramal que asciende del otro lado va a juntarse con el principal del Chorrillo al Polvorite en la divisoria de esa loma. Aquí miro arroyo abajo.

Llego enseguida a ese punto, donde el camino hace una amplia curva al cruzar el arroyo. El ramal que asciende del otro lado va a juntarse con el principal del Chorrillo al Polvorite en la divisoria de esa loma. Aquí miro arroyo abajo.

Vuelvo entonces por donde he venido, descendiendo el camino por la umbría como si hubiera llegado desde el Cortijo. Atravieso primero una zona despejada con un minúsculo arroyito surgiendo entre espinos, y pocos metros más allá, vuelvo al punto donde sale la trocha que antes localicé:

De nuevo, es poco más que pinocha un poco más pisada. Dos cartelitos de coto ayudan a ubicarla.

De nuevo, es poco más que pinocha un poco más pisada. Desde el camino -que es poco más consistente-, se desgaja a la derecha en fuerte ascenso. Dos cartelitos de coto ayudan a ubicarla.

Es un ascenso fuerte, pero fuerte. Casi tengo que poner la reductora para no deslizar con las agujas de pino. Dura poco, eso sí, antes de arribar a un rellano:

Emocionante salida hacia la luz, codificada por estilizados arbustos de mil ramas. Son guillomos (Amelanchier ovalis), que en gran cantidad voy a encontrar a partir de ahora.

Emocionante salida hacia la luz, codificada por estilizados arbustos de mil ramas. Son guillomos (Amelanchier ovalis), que en gran cantidad voy a encontrar a partir de ahora.

Salgo a un claro de pendiente más suave (que me esperaba, pues lo tenía estudiado), donde la trocha que sigo parece afirmarse.

Salgo a un claro de pendiente más suave (que me esperaba, pues lo tenía ortofichado). Había pensado continuar por el borde superior del claro, y hacia la derecha (adonde mira la foto)…

… pero la senda, que por un momento parece afirmarse, sugiere lo contrario, y abandona el claro por la izquierda. Tras deliberar, decido seguirla, pues suelen ser sabias. Enseguida se interna en otra pinada semejante a la anterior, aunque no tan pendiente y de troncos -me parece- algo más gruesos.

Allí se deshilacha mientras asciende de través una ladera ligeramente cóncava, hasta alcanzar un altozano que destaca apenas por la izquierda:

Tal que así. Corono el altozano y diviso de nuevo Sierra Arana. Estoy por apostar que el sentido de esta trocha es rodear toda la cuerda de La Mora por el Norte, para salir a la Fuente

Tal que así. Corono el altozano y diviso desde allí de nuevo Sierra Arana. Estoy por apostar que el sentido de esta trocha es rodear toda la cuerda de La Mora por el Norte, para salir a la Fuente del mismo nombre con el menor gasto…

Pero eso no es lo que me interesa, que busco la umbría y las crestas. Así que desde aquí giro 120º a la derecha (el punto es muy evidente en el track de la ruta) y, manteniendo más o menos la misma tasa de ascenso, progreso en ese nuevo rumbo (una bordada, en términos náuticos).

De nuevo la luz que se intuye loma arriba me avisa de que salgo a un segundo claro, igualmente cubierto de guillomos y espinos de diversos tipos.

Se trata ahora de un terreno ruiniforme, de lapiaz con hondonadas herbosas donde se refugian pinos o encinas solitarias.

Se trata ahora de un terreno ruiniforme, de lapiaz con hondonadas herbosas donde se refugian pinos o encinas solitarias.

Andar por aquí es entretenido, todo rodeo. Evito el rumbo más empinado, y voy en cambio ascendiendo suave hacia la derecha. Pronto me convenzo de que he hecho bien, pues el entorno se me aclara mientras el terreno bajo mis pies se hace un poco menos… kárstico:

He venido a salir al extremo del lomo rocoso que me tiene entretenido, y parece haber terreno practicable tanto a la izquierda, rodeando el lomo, como a la derecha, bajo las crestas.

He venido a salir al extremo del lomo rocoso que me ha tenido entretenido, y parece haber terreno practicable tanto a la izquierda, rodeando el lomo, como a la derecha, bajo las crestas. En estas últimas se aprecia una melladura entre dos cortados, que parece menos vertical que el resto…

De hecho, descubro veredas con todas las de la ley, que discurren en sentido paralelo a la cresta. Por la derecha apuntan hacia el final de los tajos y por la izquierda se internan en la vaguada que se abre tras el lomo que acabo de superar. Esa debería ser mi ruta, hacia el Collado de la Mora que parte en dos la cresta, si fuera pastor queriendo llevar mi rebaño a la fuente. Pero no es el caso. “¿Y si…?” Si siguiera hacia la derecha, podría acercarme a esa melladura en la cresta, sólo por echar un vistazo, tú sabes…

Así que eso hago, recorriendo la vereda a no mucha distancia de los tajos. Esta ladera es hermosa. Empinada pero no peligrosa, las trochas haciendo como escalones en la pendiente, bordeados de piornos, de carrasquillas, de abundantísima salvia (oxyodon o lavandulifolia subesp. vellerea), y por supuesto de guillomos, majuelos, agracejos, junto a los que descubro algún otro invitado de incógnito:

En invierno todos los troncos están desnudos, pero… por sus hojas los conoceréis: cantidad de mostajos (Sorbus aria)

En invierno todos los troncos están desnudos, pero… por sus hojas los conoceréis: cantidad de mostajos (Sorbus aria) dan el contrapunto a los espinos. Aun desnudos, se distinguen: algo más altos que los guillomos, de troncos algo más gruesos, y menos intrincados que espinos y rosales. También alguna errante hoja me avisa de la cercanía del Acer granatense, como no podía ser menos.

Para levantar la vista es conveniente pararse, eso sí, pero también merece la pena:

Pues dominamos todo el valle del Chorrillo, y más allá el "falso llano" donde se destacan la colina del Cortijo de las Chorreras, Las mimbres o la pelada alameda de la Fuente del Potro.

Pues dominamos todo el valle del Chorrillo, y más allá el “falso llano” donde se destacan el prado del Cortijo de las Chorreras, Las Mimbres o la pelada alameda de la Fuente del Potro. Por encima, Sierra Arana toa, toa.

Héteme aquí que llego a la base de la melladura:

Caramba, caramba: no parece ser tan complicado: si voy subiendo escalones, como si de una escalera se tratara…

Caramba, caramba: no parece ser tan complicado: si voy subiendo escalones, como si de una escalera se tratara…

…me encuentro entonces en una pala o canuto bastante amplio que, con pendiente más que razonable, apunta hacia lo más alto de la cresta. Conforme subo, los cortados van quedando atrás, y yo en las nubes:

Aquí estoy casi en lo alto, y la cosa no ha pasado de cuestarrón. Más aparente la pendiente vista desde arriba, en realidad no han hecho falta ni las manos.

Aquí estoy casi en lo alto, y la cosa no ha pasado de cuestarrón. Aunque es más aparente la pendiente vista desde arriba, en realidad no han hecho falta ni las manos. Los últimos metros son de más intríngulis (con hielo, supongo que truculentos), pero por la izquierda (la derecha en la foto), se traspone fácil hasta el llanillo donde crece la encina que asoma por detrás.

Y ese es el final de la subida porque, en cuanto rodeamos la encina y miramos al Sur…

¡Zaca! Ahí está Sierra Nevada de nuevo, como tantas otras veces. Aquí empinándose por encima del Cerro de los Pollos para dejarse ver.

¡Zaca! Ahí está Sierra Nevada de nuevo, como tantas otras veces. Aquí empinándose por encima del Cerro de los Pollos para dejarse ver.

La cima en este punto es un llanillo despejado, centrado por un grupo de encinas. Hacia el Sur desciende ligeramente, también acompañado de encinas. Hacia el Norte, toda esta parte de la sierra está a nuestros pies, y Sierra Arana detrás. Pero es hacia el Oeste donde las perspectivas son más estimulantes:

La línea de la cresta parece una ola a punto de romper. No estoy en el punto más alto, compruebo, pero me privaré prudentemente de intentar esa airosa cima. Al fondo aparece el Peñón de la Mata, y a la derecha del todo el Majalijar. Los gallitos de la sierra…

La línea de la cresta parece una ola a punto de romper. No estoy en el punto más alto, compruebo, pero me privaré prudentemente de intentar esa airosa cima. Al fondo aparece el Peñón de la Mata, y a la derecha del todo el Majalijar. Los gallitos de la sierra…

El sitio merece la foto oficial.

El sitio merece la foto oficial.

Paso un rato deleitándome con las vistas y con la cámara, en esta culminación que no estaba (del todo) prevista. Pero luego caigo en la cuenta de que hay que bajar… ¿por dónde?

Explorando sin prisas, desciendo un tramo del llano hacia el sur, hasta que tropiezo con su borde:

En ese punto, el terreno se fractura y se despeña. Las vistas sobre la hoya que hace el Barranco de la Mora son todo una densa masa forestal. Pero bajar no parece fácil.

En ese punto, el terreno se fractura y se despeña. Desde un castillejo con encinas, las vistas sobre la hoya que hace el Barranco de la Mora abarcan toda una densa masa forestal. Pero bajar no parece fácil.

Vuelvo hacia arriba y me percato de que el terreno ahora a mi izquierda, el que baja desde el canuto de acceso, es más alomado y seguramente puede conducirme al valle. Pero es todo aulaga y romero sobre piedras y terreras calizas. No mola. Decido investigar si seguir la cresta hacia el Este me conduce a algún sitio.

De vuelta al borde Norte, echo a andar con el cortado a mi izquierda. De momento la cresta parece practicable…

De vuelta al borde Norte, echo a andar con el cortado a mi izquierda. De momento la cresta parece practicable…

… aunque cada asomada a la izquierda conduce a un "por aquí no…". De todos modos aprovecho para estudiar el terreno de abajo: veo claramente el lomo rocoso que me tropecé al salir de la pinada, y cómo contornea la vaguada con aspecto de dolina que lo separa de la cresta. Por ahí es por donde iría cualquier senda con un mínimo sentido común. hacia un collado que se abre entre el sitio donde estoy y el otro tramo de cresta, al fondo a la derecha.

… aunque cada asomada a la izquierda conduce a un “por aquí no…”. De todos modos aprovecho para estudiar el terreno de abajo: veo claramente el lomo rocoso que me tropecé al salir de la pinada, y cómo contornea una vaguada con aspecto de dolina que lo separa de la cresta. Por ahí es por donde iría cualquier senda con un mínimo sentido común, hacia un collado que se abre entre donde estoy y el otro tramo de cresta, al fondo a la derecha.

Al final, como a Frodo y sus colegas en el Bosque Negro del Tornasauce, el terreno sólo me deja girar a la derecha, y en esa dirección desciendo un tramo de roca, para llegar a un laberinto:

A las complicaciones de la roca se une ahora la de la vegetación: estoy en un paraje de bloques de piedra y profundas trincheras, atestadas de encinas…

A las complicaciones de la roca se une ahora la de la vegetación: estoy en un paraje de bloques de piedra y profundas trincheras, atestadas de encinas…

Revoloteo por aquí y por allá, mitad buscando, mitad disfrutando, y por fin me decido a un último intento de permanecer junto a la cresta. Subo una rampa, contorneando un peñasco, y encuentro una repisa de piedra, más despejada, aunque parece no conducir a ningún sitio. Me acerco a su borde izquierdo -de nuevo en la divisoria- y miro:

La cresta está aquí dividida por un profundo hoyo, de fondo fecundamente verde donde se atisba el negro de alguna sima aun más profunda. Un grupo de guillomos explotan desde su interior, rodeado de paredes verticales e inverosímiles pináculos. Un espectináculo.

La cresta está aquí dividida por un profundo hoyo, de fondo fecundamente verde donde se atisba el negro de alguna sima aun más profunda. Un grupo de guillomos explotan desde su interior, rodeado de paredes verticales e inverosímiles pináculos. Un espectináculo.

Me desplazo por la piedra inclinada que cierra este lado del hoyo, buscando la mejor toma, antes de retirarme para bajar por la otra vertiente, cuando de repente veo a Bruno olisqueando allí abajo cerca del hoyo. ¿Cómo ha bajado este, que no tiene manos? Él mismo me lo muestra subiendo en un periquete al momento siguiente. Mirando con ojos de perro, me percato entonces de que, junto a la empinada roca en la que estoy, comienza un terraplen terroso que conecta con la ladera bajo los tajos, sin discontinuidades de importancia. Visto y hecho, en un momento estoy yo también abajo, frente a la puerta del hoyo:

Que aquí se muestra. Pena de que la foto no llegue a captar la integridad del espacio, ni el misterio que lo impregna (creo que he visto un goblin detrás del agracejo…)

Que aquí se muestra. Pena de que la foto no llegue a captar la integridad del espacio, ni el misterio que lo impregna (creo que he visto un goblin detrás del agracejo…)

Así, sin comerlo ni beberlo, he escapado de la cresta y estoy en la ladera que lleva al Collado de la Mora, que queda a mi derecha si miro hacia abajo. Me desplazo hacia allá, intentando no perder altura, pero el terreno es complicado, a la par de hermoso:

Aquí da gusto estar perdido, el musgo abrazando a la roca que dialoga con el tronco, que vela claridades más allá…

Aquí da gusto estar perdido, el musgo abrazando a la roca que dialoga con el tronco, que vela claridades más allá…

No es fácil progresar a la derecha, sobre todo debido a espesas hileras de arbustos que descienden la ladera. Debo descender también yo unos metros para encontrar paso, pero al final lo consigo, y rehago unos metros hacia arriba, hasta llegar al collado:

El Collado de la Mora, verde y suave entre las aristas de piedra. Creo que los pináculos de la derecha son los que cerraban el hoyo por este lado. Son algo más grandes y lejanos de lo que aparenta en la foto.

El Collado de la Mora, verde y suave entre las aristas de piedra. Creo que los pináculos de la derecha son los que cerraban por este lado el hoyo que he visitado. Son algo más grandes y lejanos de lo que aparenta en la foto.

Este sitio es precioso, va. En otoño, toda esta maraña de arbolillos debe ser un fuego, y la hierba entre estas paredes de piedra se disfruta más.

Del otro lado, el terreno es más dócil. El prado se prolonga unos metro, punteado de encinas, antes de comenzar los pinos que ya ocupan toda la solana.

Del otro lado, el terreno es más dócil. El prado se prolonga unos metros, punteado de encinas, antes de comenzar los pinos que ya ocupan toda la solana.

Desde aquí, la Fuente de la Mora me queda abajo y hacia la izquierda, y es esa la dirección que tomo, prácticamente sin sendas:

Primero entre pinos; luego con un claro a mi derecha, y por fin, conforme voy encontrando líneas de vaguada, me dejo llevar por ellas…

Primero entre pinos; luego con un claro a mi derecha, y por fin, conforme voy encontrando líneas de vaguada, dejándome llevar por ellas…

… hasta que de nuevo la luz al final de ltúnel me avisa de la situación del claro de la Fuente.

… hasta que de nuevo la luz al final de ltúnel me avisa de la situación del claro de la Fuente.

Alcanzo por fin el escondido claro donde se ubica la Fuente de la Mora:

Los pinos lo rodean como si quisieran engullirlo, fila tras fila de sombríos centinelas. Pero en su centro ríe una fuente, que luego derrama su agua en una delicada estructura de pozas de piedra.

Los pinos lo rodean como si quisieran engullirlo, fila tras fila de sombríos centinelas. Pero en su centro ríe una fuente, que luego derrama su agua en una delicada estructura de pozas de piedra, para que beba el rebaño.

De aquí se sale caminando hacia la parte más baja del prado, donde una veredita se adosa al reborde de tierra y piedras que le han hecho a una goma de conducción de agua. Hasta salir del barranco no ofrece dudas, pero tras llegar a un altozano despejado tiende a perderse bastante… como me pierdo yo, que me desvío innecesariamente a la derecha (en ese punto el track no es recomendable). La senda buena, aprenderemos luego, permanece pegada a los pinos de la izquierda y después se convierte en un acertijo señalado aquí y allá por montoncitos de piedras (yo ayudé con alguno, pero siguen siendo escasos). En todo caso, es imposible perderse, pues manteniendo la dirección acabamos en el llano, con la A-92 a la derecha paralela a nuestra ruta, que no nos dejará extraviarnos. Junto a ella llegamos de nuevo al vehículo, ya con ganas de volver, cosa que vendremos a hacer pronto, como se verá próximamente… (continuará).

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3 pensamientos en “Umbrías: La Mora

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