El Cornocal (Alhama)

Caratula-Cornocal

24 Enero 2016

Siempre resulta complicado clasificar la pujante variedad de nuestros montes, y arriesgado establecer un ranking de nuestras masas forestales; pero sin duda en cualquiera de esas clasificaciones figuraría en las primeras posiciones, en el apartado de Bosque Mediterráneo, el lugar que hoy nos ocupa. En pocos sitios puedes ver, creciendo juntos, encinas, robles, quejigos y alcornoques. Si encima lo rodeas todo de altos pinos y enhiestos cedros, y salpicas aquí y allá castaños y nogales, el resultado está muy por encima de la media…

Se trata de la finca del Cornocal (o Alcornocal), muy cerquita de la conocida área recreativa del Robledal, en la Sierra de Tejeda, en Alhama de Granada. A la variedad forestal suma la faunística, ya que se trata -entre otras cosas- de un coto de caza que alberga cabras, jabalíes y ciervos, amén de otros pequeños mamíferos y aves. No parece la típica finca cinegética inexpugnable, siendo la valla que la rodea relativamente practicable en diversos puntos, y no excesivo el celo de sus responsables en evitar la presencia humana, lo que es de agradecer.

Plano-Tejeda-Cornocal

Comenzamos la jornada en el Área recreativa del Robledal, junto al cortijo del mismo nombre. Se llega a ella por el carril que arranca desde el lugar conocido como La Alcaicería, entre Alhama y Ventas de Zafarraya (o bien, más corto, por el carril que arranca a la derecha un poco antes de llegar a la pantaneta de Alhama por la carretera de Játar, que es lo que nosotros hicimos).

Antes de tomar el camino, rendimos visita al Cortijo del Robledal propiamente dicho, hoy en ruinas. El llano herboso que hay por encima nos permite un primer y espectacular vislumbre de las alturas de la Sierra de Tejeda, sobresaliendo del denso encinar que ocupa su piedemonte.

Antes de tomar el camino, rendimos visita al Cortijo del Robledal propiamente dicho, hoy en ruinas.

2-Desde-el-Cortijo

El llano herboso que hay por encima nos permite un primer y espectacular vislumbre de las alturas de la Sierra de Tejeda, sobresaliendo del denso encinar que ocupa su piedemonte.

Desde el Cortijo volvemos a descender al camino, a su izquierda, que es el comienzo oficial de la señalizada subida a la Maroma.

Enseguida nos internamos en una de las masas de pinus pinaster que salpican el terreno aquí y allá. Altos como en pocos lugares de la provincia, aportan un toque catedralicio al paseo, que se verá reforzado algo más adelante con los cedros que fueron repoblados a su izquierda, mezclándose airosamente con hermosos robles, como ya vimos en otra ocasión.

Enseguida nos internamos en una de las masas de pinus pinaster que salpican el terreno aquí y allá. Altos como en pocos lugares de la provincia, aportan un toque catedralicio al paseo, que se verá reforzado algo más adelante con los cedros que fueron repoblados a su izquierda, mezclándose airosamente con hermosos robles, como ya vimos en otra ocasión.

El camino hace una acusada curva a la derecha (que aquí vemos mirando hacia atrás), punto donde los cedros son sustituidos por pseudo-tsugas y los robles por quejigos. al tiempo que los pinos se mezclan con las encinas.

El camino hace una acusada curva a la derecha (que aquí vemos mirando hacia atrás), punto donde los cedros son sustituidos por pseudo-tsugas y los robles por quejigos, al tiempo que los pinos se mezclan con las encinas.

Hacia la mitad del tramo bastante recto que sigue, arranca por la izquierda el carril-senda que asciende a La Maroma, señalizado con un cartel. Lo descartamos para seguir rectos por el que traemos, que primero se nivela y luego desciende suavemente para encontrarse con el Barranco de los Presillejos, en el que se interna, aguas arriba, girando a la izquierda.

Desde ese punto volvemos a otear las alturas serranas.

Desde ese punto volvemos a otear las alturas serranas.

A la derecha, junto al cauce, dejamos este espectacular quejigo, desnudo ya en este invierno, más por seco que por frío.

A la derecha, junto al cauce, dejamos este espectacular quejigo, desnudo ya en este invierno, más por seco que por frío.

Este camino lleva a las casillas conocidas como los Barrancones, planteadas como alojamiento rural por el Ayuntamiento de Alhama, pero creo que con poco uso.

Este camino lleva a las casillas conocidas como los Barrancones, planteadas como alojamiento rural por el Ayuntamiento de Alhama, pero creo que con poco uso.

A nuestra derecha queda más adelante un terreno llano, donde encontramos un par de rústicas fuentes, esta coronada con un vistoso remate de piedra.

A nuestra derecha queda más adelante un terreno llano, donde encontramos un par de rústicas fuentes, esta coronada con un vistoso remate de piedra.

Pasada la segunda fuente buscamos unas inciertas trochas que nos dirigen hacia el monte, separándonos casi en perpendicular del camino. En pocos metros encontramos la cerca de la finca del Cornocal, relativamente practicable a poco que investiguemos. Si, como fue nuestro caso, salimos a la izquierda del collado que forma la ladera con el cerro que repunta más abajo, será conveniente reseguir la cerca, por el terreno desbrozado que hay a su interior y hacia la derecha, hasta llegar al mencionado collado, donde un ramal de carril en desuso nos lleva a una curva del camino principal, a escasos 50 m. Situados en este último, tomaremos a la izquierda, pues ya conocemos lo que hay por la derecha y nuestra intención hoy es seguir el camino que, pegado a la falda de la sierra, recorre todo el borde superior de la finca.

Aquí estamos siguiendo la cerca hacia el collado.

Aquí estamos siguiendo la cerca hacia el collado.

El camino tiende a mantenerse a una misma altura, lo que no quita para que presente cortas subidas y bajadas conforme atraviesa los barranquitos que bajan de la sierra. Los puntos culminantes de este subeybaja nos ofrecen preciosas panorámicas de Tejeda, cubierta de pinos.

El camino tiende a mantenerse a una misma altura, lo que no quita para que presente cortas subidas y bajadas conforme atraviesa los barranquitos que bajan de la sierra. Los puntos culminantes de este subeybaja nos ofrecen preciosas panorámicas de Tejeda, cubierta de pinos.

Pero lo que hay en nuestro entorno no son pinos, sino un denso bosque donde encinas, quejigos, robles y alcornoques crecen juntos en amorosa compaña…

…los líquenes en los troncos mostrando la humedad propia de la umbría y, según dicen, la pureza del aire.

…los líquenes en los troncos mostrando la humedad propia de la umbría y, según dicen, la pureza del aire.

Por cierto que jaras y aulagas comparten espacio con esos líquenes y esas piedras musgosas. Qué hace la aulaga en ese entorno umbrío escapa a mi entendimiento, pero hay que reseñarlo por mor de la precisión botánica.

En otro altozano divisamos, al fondo, el llano de Zafarraya, fertilísimo poljé que limita la sierra por el Noroeste. A su derecha, la Sierra de Loja.

Desde otro altozano divisamos, al fondo, el llano de Zafarraya, fertilísimo poljé que limita la sierra por el Noroeste. A su derecha, la Sierra de Loja.

Estamos rodeados de este precioso monte, por encima del cual -justo al otro lado de la cerca que va a adosarse a la curva de nivel de los 1200m- comienzan los pinares de la Sierra.

Estamos rodeados de este precioso monte, por encima del cual -justo al otro lado de la cerca que va a adosarse a la curva de nivel de los 1200m- comienzan los pinares de la Sierra (aquí mirando hacia atrás. En el sentido de la marcha la sierra está a nuestra izquierda).

Comenzamos a ver hermosos alcornoques (no son los mayores, que quedan más abajo). Claramente se ven descorchados, regenerando su cubierta para la próxima saca, lo que indica que aquí se practica algo más que caza.

Comenzamos a ver hermosos alcornoques (no son los mayores, que quedan más abajo). Claramente se aprecian descorchados, regenerando su cubierta para la próxima saca, lo que indica que aquí se practica algo más que caza.

Asomados a la ventana…

Asomados a la ventana…

Superado el primer tramo, el camino se nivela casi por completo mientras progresa por la falda, paralelo a la alineación de las cimas.

Superado el primer tramo, el camino se nivela casi por completo mientras progresa por la falda, paralelo a la alineación de las cimas. Es una delicia recorrerlo en este día inusualmente cálido del invierno.

Al atravesar una zona más despejada, se despliega ante nosotros el paisaje, con el monte en primer término y los llanos cultivados de la Alcaicería al fondo.

Al atravesar una zona más despejada, se despliega ante nosotros el paisaje, con el monte en primer término y los llanos cultivados de la Alcaicería al fondo.

Prácticamente toda la finca del Cornocal está a nuestros pies, e incluso Sierra Nevada se asoma por la derecha para disfrutar del espectáculo.

Prácticamente toda la finca del Cornocal está a nuestros pies, e incluso Sierra Nevada se asoma por la derecha para disfrutar del espectáculo.

Así adosados a la curva de nivel completamos el tramo, superando lo que parece ser un depósito o recinto cuadrangular, hasta que, en la vecindad del Barranco de Pedro Montes, que baja en perpendicular a nuestra ruta, no vemos obligados a tomar una senda a la derecha que discurre en paralelo al mismo (de hecho intentamos cruzarlo arriba, pero lo escarpado del talud nos disuade).

Este es el barranco, profunda hendidura donde la montaña se eleva, aunque sólo unos metros de profundidad en el llano. Más arriba se convierte en el Barranco del Selladero, que trepa hasta la base del Cerro del Sol, que podemos considerar como segunda cima de la Maroma.

Este es el barranco, profunda hendidura donde la montaña se eleva, aunque sólo unos metros de profundidad en el llano. Más arriba se convierte en el Barranco del Selladero, que trepa hasta la base del Cerro del Sol, que podemos considerar como segunda cima de la Maroma.

Apeteciendo el terreno del otro lado, nos apañamos para cruzar el barranco algo más abajo, bajando y subiendo para salir a una franja herbosa por encima del talud de la otra margen. Algo que parece un puesto de observación elevado nos llama la atención, y allí nos llegamos para disfrutar con las vistas que ofrece desde su plataforma:

El mismo Barranco de Pedro Montes, que acabamos de cruzar, visto desde este lado.

El mismo Barranco de Pedro Montes, que acabamos de cruzar, visto desde este lado.

Descendemos luego, de nuevo paralelos al barranco pero por la margen izquierda, hasta llegar a una zona llana y despejada donde decidimos comer, pues estamos en la mitad del recorrido. Asomados al barranco, descubrimos en su talud un pintoresco abrigo, que hubo de ser cueva antes que la erosión del arroyo la dejara al descubierto:

Se ha cerrado su frente con un mureta, que lo convierte en un estupendo corral, a medias cubierto. Sus paredes muestran rudimentos de estalactitas y coladas deterioradas por la intemperie y la erosión… humana.

Se ha cerrado su frente con un murete, que lo convierte en un estupendo corral, a medias cubierto. Sus paredes muestran rudimentos de estalactitas y coladas deterioradas por la intemperie y la erosión… humana.

Esta es nuestra vista mientras le damos al diente, y no podríamos pedir más.

Esta es nuestra vista mientras le damos al diente, y no podríamos pedir más.

Tan es así que decidimos inmortalizarnos junto con el paisaje, en la foto oficial.

Tan es así que decidimos inmortalizarnos junto con el paisaje, en la foto oficial.

Aunque la lejana Sierra Nevada, hacia el lado contrario, también merece lo suyo, de modo que repetimos foto oficial, sin que sirva de precedente.

Aunque la lejana Sierra Nevada, hacia el lado contrario, también merece lo suyo, de modo que repetimos foto oficial, sin que sirva de precedente.

Durante la siesta deambulo por la campiña cercana, internándome entre los árboles más próximos…

Durante la siesta deambulo por la campiña cercana, internándome entre los árboles más próximos…

… para descubrir algunos alcornoques de buen porte, que por aquí parecen más numerosos y más desarrollados.

… para descubrir algunos alcornoques de buen porte, que por aquí parecen más numerosos y más desarrollados (véase a Bruno, que amablemente me ha servido de escala).

Este se diría pata de elefante, sangrando por el corte.

Este se diría pata de elefante, sangrando por el corte.

Al final todo el grupo continuamos el camino, paralelos al arroyo pero ahora por carril que se interna en el bosque. Desemboca un poco más abajo en otro que cruza en perpendicular, tomando nosotros a la derecha. Lo que significa que volvemos a cruzar el arroyo, aunque ahora mucho más comodamente. Al otro lado nos espera el terreno llano, en el que enseguida se abre una amplia zona que parece cortafuegos, antes de llegar a las ruinas del Cortijo del Alcornocal.

En las inmediaciones del cortijo se alzan algunos de los alcornoques más hermosos de la finca, como este de copa rotunda, silueteado por el sol…

En las inmediaciones del cortijo se alzan algunos de los alcornoques más hermosos de la finca, como este de copa rotunda, silueteado por el sol…

Frente al cortijo, una verde explanada rodeada de árboles. El cortijo, una vetusta ruina.

Frente al cortijo, una verde explanada rodeada de árboles. El cortijo, una vetusta ruina.

Detrás del cortijo, el abuelo de todos los alcornoques. Su tronco principal hueco, casi sólo corcho, pero aun vivo y bien plantado.

Detrás del cortijo, el abuelo de todos los alcornoques. Su tronco principal hueco, casi sólo corcho, pero aun vivo y bien plantado.

Y al otro lado del camino, un ejemplar aun más espectacular. Bifurcado desde la base, un tronco erguido y otro, más grueso, fuertemente inclinado, pidiendo "súbeme".

Y al otro lado del camino, un ejemplar aun más espectacular. Bifurcado desde la base, un tronco erguido y otro, más grueso, fuertemente inclinado, pidiendo “súbeme”.

Y esa fue la ruina del pobre Bruno. Cuando yo subí hasta la cruz del tronco inclinado el vió la ocasión de no quedarse compuesto y gimoteante como se queda cuando me subo a los árboles y no puede acompañarme. Así que, a pesar de lo prudente que suele ser cuando no controla el terreno, en esta ocasión me rebasó corriendo, llegó a la horquilla donde las ramas se separan… y siguió corriendo. Creo que pensaba que aquello no era un árbol, y que había suelo después de aquella pendiente. El caso es que de repente se encontró en el aire y, cuatro metros más abajo, con el suelo donde aterrizó con las manos por delante. Cómo lloró y gimió, y cómo nos angustiamos todos a su alrededor. La pata delantera derecha estaba lesionada y evitaba posarla, aunque es verdad que pronto dejó de llorar y que todavía, el joío, se encabritaba con algún olor apetecible en el camino…

El caso es que la vuelta programada, por el interior de la finca, quedaba prohibida. Nos llegamos a la casa o cortijo principal -claramente visible en la loma, a unos 100m- a preguntar por la salida más cercana a la que pudiera llegar un coche. Nos indicaron bajar la loma hasta topar con la valla, “fácil de cruzar”, y ganar el carril del otro lado, por donde podíamos volver al Robledal y regresar en coche.

Este es ese extremo de la finca, con la valla y el carril en cuestión. Hacia abajo encontramos un par de coladeros que nos sacaron al otro lado.

Este es ese extremo de la finca, con la valla y el carril en cuestión. Hacia abajo encontramos un par de coladeros que nos sacaron al otro lado.

Bruno estaba dispuesto a ir a tres patas, así que cuando me adelanté para buscar el coche sufrió de lo lindo por que lo hicieran quedarse, piccinino. Yo tardé menos de la hora habitual en hacer el camino…

… aunque aun me dio tiempo de sacar una foto del pintoresco Cortijo de la Viña. Tiene pinta de alojamiento rural, pero no podría asegurarlo.

… aunque aun me dio tiempo de sacar una foto del pintoresco Cortijo de la Viña. Tiene pinta de alojamiento rural, pero no podría asegurarlo.

BrunoLa vuelta en coche fue casi más penosa que la ida andando, porque el carril tiene algún tramo entretenido, pero al final volvimos a reunirnos, con gran contento del lesionado, que entró al coche y allí se acomodó, todo mustio, hasta la clínica de guardia. Al lado podéis ver el resultado. Ahora mismo se recupera de lo que no llegó a ser fractura, aunque es mal paciente porque no es… eso mismo. Es mu perro; y le quiero, qué caramba.

Pero esto significa que habrá que volver, y cerrar el círculo por lo más espeso. Así sea.

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