Parapanda para andar

Aunque las fechas navideñas son complicadas, uno siempre espera llevarse al huerto a algún hermano o cuñado animoso, que el campo en familia une mucho. No pudo ser el caso, y para el 27 ya tenía mono. Se me había metido en la cabeza revisitar la Sierra de Parapanda, recordando el peculiar y herboso rellano que hace en la Hoya del Brezal, e intuyendo por su oeste algunas espesuras dignas de visitar…

Haz click para ampliar.

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Así pues me desplacé a Alomartes, justo al sur de la sierra, para tomar una carreterita que indica “Hotel Rural Huerta Nazarí”, establecimiento que dejo enseguida a la derecha para emprender una procelosa subida que resigue el borde oeste de la sierra. Llego hasta una encrucijada justo a la altura de lo que aparece en el mapa como “Peñón de Murcia”, y escojo el ramal derecho que me deja en la misma base del Peñón, donde aparco en una recacha ad hoc.

Punto A, bajo el Peñón de Murcia, entre espeso encinar.

Punto A, bajo el Peñón de Murcia, entre espeso encinar.

Continúo el camino, ya andando, y poco después, donde muere el asfalto, asciende a la izquierda la cañada que pretendo tomar:

A mi izquierda dejo un vallado con cabras, que Bruno husmea con avidez.

A mi izquierda dejo un vallado con cabras, que Bruno husmea con avidez. Me rodea un precioso monte de encinas y quejigos.

Tras la primera cuesta, descarto un carril que baja a la derecha, junto a una preciosa era.

Tras la primera cuesta, descarto un carril que baja a la derecha, junto a una preciosa era.

Sigo ascendiendo para superar por arriba un pequeño altozano…

Desde este primer collado contemplo, hacia atrás, el cortijo que se cobija bajo el Peñón de Murcia.

Desde este primer collado contemplo, hacia atrás, el cortijo que se cobija bajo el Peñón de Murcia.

Al collado siguen unas trochas de cabras que se trenzan caprichosamente. La cerca de unas propiedades, ladera abajo, y la línea de arbolado por arriba, me mantienen en mi ruta, que me va ofreciendo estimulantes panorámicas.

El día es espectacular. El anticiclón aprieta la neblina contra los valles y azulea los montes, que se suceden cuerda tras cuerda…

El día es espectacular. El anticiclón aprieta la neblina contra los valles y azulea los montes, que se suceden cuerda tras cuerda…

Aunque la toponimia en el 1:10.000 es un poco caótica, esto podría llamarse El Hoyo.

Aunque la toponimia en el 1:10.000 es un poco caótica, esto podría llamarse El Hoyo. Al fondo, en el centro, la Sierra de la Horconera, en Córdoba; hacia la izquierda, sierras del subbético malagueño.

Las sendas me llevan a un segundo collado…

…entre encinas.

…entre encinas.

En el collado, dudo si preferiría ser vaca o pájaro. Creo que pájaro mejor.

En el collado, dudo si preferiría ser vaca o pájaro. Creo que pájaro mejor.

Aquí la senda atraviesa la línea de bosque, y discurre un rato entre pinos y alguna encina.

Predomina el pino carrasco. La senda sube, pero sin doler.

Predomina el pino carrasco. La senda sube, pero sin doler.

Al cabo, vuelvo a salir a campo abierto, junto a una vaguada a la que sigue una loma despejada cubierta de un pasto rabiosamente verde. Ovejas y cabras se dedican a lo suyo… al igual que sus guardianes: dos mastines del tamaño de caballos pequeños que se acercan ladrando a dejar claros sus derechos de propiedad: “¡No-puedes-pasar!”

Bruno recuerda que tiene cosas que hacer… (luego ambos perros suspirarán mirándose, como diciendo "no tendría por qué ser así…"

Bruno recuerda que tiene cosas que hacer… (luego ambos perros suspirarán mirándose, como diciendo “no tendría por qué ser así…”)

Afortunadamente, el rebaño está fuera de nuestra ruta, y los perrazos se conforman con vigilar nuestro camino…

…que continúa entre pinos hasta llegar a un tercer collado, más bien una hoya entre la ladera y una cresta caliza a la derecha.

…que continúa entre pinos hasta llegar a un tercer collado, más bien una hoya entre la ladera y una cresta caliza a la derecha.

La senda se desvía claramente a la izquierda, entre los pinos, pero yo subo a la cresta para ganar vistas. Junto a la alambrada que corre por su parte superior, gozo de una fantástica panorámica:

A la izquierda, la neblina delinea el Arroyo del Vilano, y tras él, el Hacho de Loja. En segundo término, la hoya de Antequera, rodeada de sierras. Al fondo la Serranía de Ronda, con los afilados dientes de las Sierras del Endrinal y del Pinar a la derecha del centro de la foto.

A la izquierda, la neblina delinea el Arroyo del Vilano, y tras él, el Hacho de Loja. En segundo término, la hoya de Antequera, rodeada de sierras. Al fondo la Serranía de Ronda, con los afilados dientes de las Sierras del Endrinal y del Pinar a la derecha del centro de la foto.

Ya que estoy aquí, decido dejar la vereda más clara para el regreso, y continúo en la dirección sur que llevaba, para cruzar el barranco de D. Pedro:

El domo calizo que es esta sierra tiene pocos barrancos dignos de ese nombre. Este de D. Pedro es el más notorio. ofreciendo un acceso privilegiado al escalón intermedio de la sierra.

El domo calizo que es esta sierra tiene pocos barrancos dignos de ese nombre. Este de D. Pedro es el más notorio. ofreciendo un acceso privilegiado al escalón intermedio de la sierra.

Siguiendo la cerca, campo a través, accedo a unos escalones sobre el barranco…

…donde un rústico corral bosteza frente a mí. Enfrente veo ya el carril que pienso seguir.

…donde un rústico corral bosteza frente a mí. Enfrente veo ya el carril que pienso seguir.

Desciendo al fondo del barranco, que es un prado apenas arañado por el curso de agua (sin agua, que en su mayoría se ha filtrado ya en el terreno a esta altura). Aquí viene a morir, tras una revuelta, el carril que asciende por la ladera opuesta, y que acometo con decisión.

Tras la revuelta, el camino enfila el llano, y tengo la primera vista del techo de la sierra: el Morrón de Parapanda, con sus antenas y repetidores. No se equivocaron al ponerlos aquí, en posición privilegiada sobre todo el surco intrabético.

Tras la revuelta, el camino enfila el llano, y tengo la primera vista del techo de la sierra: el Morrón de Parapanda, con sus antenas y repetidores. No se equivocaron al ponerlos aquí, en posición privilegiada sobre todo el surco intrabético.

Minutos más tarde, desemboco en la Hoya del Brezal:

Es una cuasi dolina que desagua por el barranco que he subido. La hierba pelea cada centímetro con la roca. Al frente, un collado nos llevaría por el camino que bordea la sierra por el este, y que conecta con la carretera de Íllora a Montefrío. A la derecha, el llano.

Es una cuasi dolina que desagua por el barranco que he subido. La hierba pelea cada centímetro con la roca. Al frente, un collado nos llevaría por el camino que bordea la sierra por el este, y que conecta con la carretera de Íllora a Montefrío. A la derecha, el llano.

Me desvío a la derecha para evitarme la “L” que hace el camino. Hay poca vegetación: el pino carrasco cede el puesto a otros como este, que me parece negral:

Es característico, en todo caso, su crecimiento achaparrado y denso, expuestos como están a todos los vientos, todos los soles y todas las aguas.

Es característico, en todo caso, su crecimiento achaparrado y denso, expuestos como están a todos los vientos, todos los soles y todas las aguas.

Rodeo por el este la parte superior del domo, rota por múltiples canteras, y progreso hacia el sur para ganar vistas de la Vega y Sierra Nevada.

Por momentos, el terreno es un incómodo lapiaz, que los tramos herbosos dulcifican.

Por momentos, el terreno es un incómodo lapiaz, que los tramos herbosos dulcifican.

Al fin encuentro un punto desde el que el horizonte hacia el sur se me despeja. Aprovecho para enhebrar una panorámica informativa:

Si se llega al extremo sur del llano la vista es más espectacular, con toda la Vega a nuestros pies; pero con este singular primer plano tiene su gracia. Media Granada a nuestro alcance.

Si se llega al extremo sur del llano la vista es más espectacular, con toda la Vega a nuestros pies; pero con este singular primer plano tiene su gracia. Media Granada a nuestra vista.

La hora me invita a ir volviendo: gano la parte más alta del llano, ya mirando hacia las antenas:

Tras el repetidor hay un llano pedregoso horadado por múltiples canteras.

Tras el repetidor hay otro llano pedregoso, horadado por múltiples canteras.

También hubo canteras en esta parte, hoy abandonadas. De ellas se extraía la "falsa ágata", roca de carbonato cálcico veteado que resulta de la recristalización de las calizas, y que tiene uso ornamental. Si no ando listo, me caigo dentro; algunas cortas son impresionantes.

También hubo canteras en esta parte, hoy abandonadas. De ellas se extraía la “falsa ágata”, roca de carbonato cálcico veteado que resulta de la recristalización de las calizas, y que tiene uso ornamental. Si no ando listo, me caigo dentro; algunas cortas son impresionantes.

Vuelvo al camino por el que entré, pero en lugar de seguir barranco abajo me desvío a la derecha, hacia la pinada en la base del Morrón. Tras unas ruinas, una senda prosigue paralela al barranco de D. Pedro.

Ya en ella, miro hacia atrás. Esta sería la ruta lógica de acceso desde el tercer rellano por el que pasé, sin necesidad de bajar al barranco.

Ya en ella, miro hacia atrás. Esta sería la ruta lógica de acceso desde el tercer rellano por el que pasé, sin necesidad de bajar al barranco.

La senda atraviesa un colladito lleno de sabor, antes de llegar al mencionado rellano.

La senda atraviesa un colladito lleno de sabor, antes de llegar al mencionado rellano.

Desde allí desando lo andado previamente. Ya en el que he llamado primer collado, reparo en un grupo de árboles que me había pasado desapercibido a la ida:

Son añosos almendros, de buen porte, creciendo casi asilvestrados…

Son añosos almendros, de buen porte, creciendo casi asilvestrados…

…que anteceden a una fotogénica era.

…que anteceden a una fotogénica era.

Al final, casi me despisto, pues la senda continúa al frente, rodeando la ladera (un objetivo pendiente, pues…). Pero enseguida me oriento a la bajada que me dejará en el vehículo.

Que con esta luz ofrece unos luminosos y jugosos verdes.

Que con esta luz ofrece unos luminosos y jugosos verdes.

Ya en el coche, decido investigar la continuación de la carreterita hacia el norte, pues espero que me deje en la general de Puerto Lope a Montefrío. No me equivoco, pues el recorrido es más corto y menos empinado que desde Alomartes, y pródigo en bellezas:

En esta fachada noroeste de la sierra, los quejigos ganan terreno a las encinas.

En esta fachada noroeste de la sierra, los quejigos ganan terreno a las encinas.

Ubico varias manchas de monte interesantes, y atravieso dos o tres grandes cortijadas, algunas casi aldeas, antes de salir a la carretera (NO-26, HO-26 en el 1:10.000) a la altura de una parada de autobús interurbano. Dirección Puerto Lope, y descartando a la derecha la bajada a Íllora, me convenzo de que ésta es mejor aproximación que por Alomartes. Ya lo sé para la próxima, que espero que no tarde. Hasta pronto.

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Un pensamiento en “Parapanda para andar

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