Noviembre: castaños

Caratula-Genal

El otoño propone fuegos siguiendo un orden inmemorial y establecido. Cada especie y cada zona tiene su momento, con lo que, igual que cazadores de tornados, podemos seguir la tormenta de colores a lo largo y ancho de la geografía y la taxonomía. En ese particular recorrido, Noviembre asiste al relevo de la antorcha de los robles a los castaños, antes de que sauces y quejigos tomen a su vez la alternativa. Y castaños podemos encontrar en Sierra Nevada -en Güejar, en el Marquesado, en la Alpujarra…-, pero para una borrachera de color en condiciones hay que desplazarse al oeste y acudir a su dominio por derecho: el Valle del Genal.

El Genal nace en la Serranía de Ronda y discurre íntegramente por el suroeste de la provincia de Málaga antes de entregar sus aguas al Guadiaro, ya en el límite con Cádiz. Un rosario de pueblecitos de nombres inverosímiles y arquitectura morisca viven buena parte del año por y para la castaña, que aquí sí se explota comercialmente. Parauta, Igualeja, Cartájima, Pujerra, Júzcar… dibujan un círculo en torno a la cabecera del río, que encierra en su seno extensos montes de castaños, alternándose con encinas, alcornoques, quejigos y bosques de ribera. La segunda quincena de Noviembre viene a marcar el punto álgido de su coloración otoñal, y en verdad que merece más de un viaje.

Nuestra incursión en este territorio algo alejado del nuestro habitual ha prescindido de invenciones sin contrastar y ha tirado de blogoteca para escoger una ruta bastante conocida de los malagueños y profusamente referenciada. Teclead en Google o en Wikiloc “Ruta de la Castaña” y lo tenéis: entre Parauta e Igualeja, un puñado de caminos y sendas nos sumergen en el castañar al punto de contentar al más exigente. Estas son las fotos, que no me dejarán mentir ni exagerar. Disfrutadlas.

Comenzamos en Parauta, a un cuarto de hora de Ronda por la carretera de Marbella y luego una carreterita "de las de antes" hasta el pueblo. Blanco caserío, iglesia morisca y algún pinsapo estratégicamente situado…

Comenzamos en Parauta, a un cuarto de hora de Ronda por la carretera de Marbella y luego una carreterita “de las de antes” hasta el pueblo. Blanco caserío, iglesia morisca y algún pinsapo estratégicamente situado…

Saliendo del pueblo por el camino de Igualeja, enseguida nos damos cuenta de lo que viene: verde y oro en las copas y pálido bermellón en el suelo.

Saliendo del pueblo por el camino de Igualeja, enseguida nos damos cuenta de lo que viene: contraluces de verde y oro en las copas y pálido bermellón en el suelo.

Al fondo, sobre la ladera, la vecina Cartájima se asoma al valle. La situación de los pueblos sigue un patrón bien definido: altos en las lomas para buscar el sol, dejando espacio a sus pies para las fincas explotadas, y con los secos roquedos calizos por encima.

Al fondo, sobre la ladera, la vecina Cartájima se asoma al valle. La situación de los pueblos sigue un patrón bien definido: altos en las lomas para buscar el sol, dejando espacio a sus pies para las fincas explotadas, y con los secos roquedos calizos por encima. En el sitio justo, vaya.

Una precisión geológica: ¿calizas y castaños? ¿No era ácida la “tierra de castaño” que venden en los viveros? Pues sí: las calizas de la Unidad de las Nieves han resistido en las alturas del oeste, pero en todo el fondo del valle han sido cabalgadas por un viejo conocido: el Manto Alpujárride que aquí exhibe, como en Sierra Nevada, esquistos y gneises que producen suelos ácidos y permiten el desarrollo del castañar.

Una vista del valle deja clara la vocación castañera de la zona. Aquí el río no se llama Genal, sino Arroyo de los Granados, uno de los que confluyen para formarlo.

Una vista del valle deja clara la vocación castañera de la zona. Aquí el río no se llama Genal, sino Arroyo de los Granados, uno de los que confluyen algo más abajo para formarlo.

Este es el arroyo, en el punto en que el camino lo vadea.

Este es el arroyo, en el punto en que el camino lo vadea.

Tras cruzar el arroyo el carril emprende una empinada subida hacia la carretera, pero nuestra ruta -ya como senda- lo abandona por la derecha y procede, en ascenso pero sensiblemente paralela al arroyo, internándose en el castañar. Hay que decir que aquí los castaños se explotan, por lo que los árboles viejos son renovados y es habitual ver ejemplares jóvenes, de porte medio y podados para que no resulta la recolección excesivamente penosa. Por ello no es fácil ver los extraordinarios troncos y poderosos desarrollos que exhiben en Sierra Nevada, aunque haberlos, haylos.

En cambio, el efecto de conjunto es abrumador…

En cambio, el efecto de conjunto es abrumador…

La senda está totalmente cubierta por hojas de castaño y no es fácil de seguir. Un track gps ayudará bastante (éste, por ejemplo). En todo caso, dado que esto es como el Camarate de Málaga, siempre podemos preguntar a alguno de los numerosos grupos que recorren el camino, que nos darán razón y guía en caso de necesidad.

Coronamos una primera estribación de la loma, jugando como niños a patear las hojas caidas.

Coronamos una primera estribación de la loma, jugando como niños a patear las hojas caidas.

El conjunto es una delicia: prácticamente no existe sotobosque al encontrarnos, en definitiva, en una plantación. Al nivel de la dehesa de encinas y alcornoques colocaría yo este antropizado ecosistema.

El conjunto es una delicia: prácticamente no existe sotobosque al encontrarnos, en definitiva, en una plantación. Al nivel de la dehesa de encinas y alcornoques colocaría yo este antropizado ecosistema.

Como parte de la fauna local habrá que considerar a los anhelantes perrazos que guardan los cortijos: suspirando en su soledad por una caricia o una palabra amable, mal parecen capaces de defender lo suyo… aunque nunca se sabe.

Como parte de la fauna local habrá que considerar a los anhelantes perrazos que guardan los cortijos: suspirando en su soledad por una caricia o una palabra amable, mal parecen capaces de defender lo suyo… aunque nunca se sabe.

Por fin coronamos un segundo collado, tras el cual comenzamos el rápido descenso hacia Igualeja…

Que entrevemos "como codificada" a través de los árboles. Los zumaques, aquí verdes, se tiñen alrededor con intensos rojos.

… que entrevemos “como codificada” a través de los árboles. Los zumaques, aquí verdes, se tiñen alrededor con intensos rojos.

No abandonamos los castaños, que se mezclan con quejigos, encinas e incluso, ya en la vecindad del pueblo, con cenicientos olivos.

No abandonamos los castaños, que se mezclan con quejigos, encinas e incluso, ya en la vecindad del pueblo, con cenicientos olivos.

Cruzando el Arroyo de Hiladero, que nos conduce al pueblo, la paleta de color despliega todos sus matices. Vamos bajando (estamos a unos 750m de altitud) y, contando con la influencia de las brisas costeras,

Cruzando el Arroyo de Hiladero, que nos conduce al pueblo, la paleta de color despliega todos sus matices. Vamos bajando (estamos a unos 750m de altitud) y, contando con la influencia de las brisas costeras, empiezan a aparecer elementos termomediterráneos como las chumberas y las pitas.

Caballos, parece que paciendo pacientemente en paz.

Caballos, parece que paciendo pacientemente en paz.

Una familia de encinas ha decidido establecerse sobre un peñasco, al que acabarán por demoler si se les da tiempo.

Una familia de encinas ha decidido establecerse sobre un peñasco, al que acabarán por demoler si se les da tiempo.

Y así, piano piano, llegamos al barrio de Igualeja, la parte norte del pueblo, encaramada en la solana de la loma de su nombre:

El Barrio se despeña ladera abajo. Al fondo, el humo de las quemas de restos vegetales se resiste a desaparecer, atrapado por el peso del aire quieto del anticiclón.

El Barrio se despeña ladera abajo. Al fondo, el humo de las quemas de restos vegetales se resiste a desaparecer, atrapado por el peso del aire quieto del anticiclón.

¿Qué decir de estos pueblos? Rendijas encaladas trazando un encantador laberinto urbano.

¿Qué decir de estos pueblos? Rendijas encaladas trazando un encantador laberinto urbano.

La ermita del Divino Pastor (s. XVIII) en estilo barroco andaluz.

La ermita del Divino Pastor (s. XVIII) en estilo barroco andaluz.

La Plaza de Igualeja, donde es posible comer sabrosos platos de …… con castañas (rellénese la línea de puntos con lo que apetezca). Mejor comer pronto, por la gente y por el sol, que huye rápido en estas fechas.

La Plaza de Igualeja, donde es posible comer sabrosos platos de …… con castañas (rellénese la línea de puntos con lo que apetezca). Mejor comer pronto, por la gente y por el sol, que huye rápido en estas fechas.

Con las baterías recargadas (las de biomasa y las solares), emprendemos la vuelta, tomando en esta ocasión la dirección de Cartájima (vamos al revés del track que os adjuntaba más arriba). Cruzamos el río que corre al pie del pueblo…

… que queda a nuestra espalda, desplegado sobre lomas y vaguadas.

… que queda a nuestra espalda, desplegado sobre lomas y vaguadas.

Vamos por una vereda tradicional, no apta para vehículos…

Con alguna bifurcación que precisa indicaciones: aquí hacia la derecha, siempre subiendo.

Con alguna bifurcación que precisa indicaciones: aquí hacia la derecha, siempre subiendo.

Acabamos saliendo al camino de Cartájima, ya cerca de la divisoria, este ya sí practicable en vehículo. Lo seguimos hacia la derecha, hasta una bifurcación donde tomamos a la izquierda.

En la parte más asolanada, chumberas y pitas vuelven a poner su contrapunto a los castaños.

En la parte más asolanada, chumberas y pitas vuelven a poner su contrapunto a los castaños.

Nuevo castañar, con algún ejemplar de robusto tronco.

Nuevo castañar, con algún ejemplar de robusto tronco.

Así llegamos a la divisoria entre los arroyos de Igualeja y los que forman el Genal, que bajan de Parauta y Cartájima:

Este es el collado que separa ambas vertientes. Al frente, los riscos de Cartájima y el Jarastepar, que guardan singulares paisajes cársticos. El "nacimiento oficial" del río queda justo a nuestros pies.

Este es el collado que separa ambas vertientes. Al frente, los riscos de Cartájima y el Jarastepar, que guardan singulares paisajes cársticos. El “nacimiento oficial” del río queda justo a nuestros pies.

Lo que ocurre es que no nos va a dar tiempo a hacer la vuelta completa, por lo que aquí decidimos tomar el carril de la derecha, que sigue la cuerda de la loma, para volver al collado por el que accedimos antes a Igualeja, y desandar desde ahí el camino de ida. No se puede tener todo…

Las vistas de Cartájima, de quitar el sentío, nos van a compensar por lo que no veremos.

Las vistas de Cartájima, de quitar el sentío, nos van a compensar por lo que no veremos.

Ampliemos el campo para incluir el castañar. La luz de la tarde intensifica amarillos y bermellones.

Ampliemos el campo para incluir el castañar. La luz de la tarde intensifica amarillos y bermellones.

Ya en la senda de esta mañana, con el sol a la espalda.

Ya en la senda de esta mañana, con el sol a la espalda.

Hay que ir volviéndose hacia atrás, hacia la luz que delinea tormentas de hojas.

Hay que ir volviéndose hacia atrás, hacia la luz que delinea tormentas de hojas a nuestro paso.

Conforme cae la tarde Cartájima se adentra en un dorado territorio de sueños…

Conforme cae la tarde Cartájima se adentra en un dorado territorio de sueños…

… al igual que nosotros.

… al igual que nosotros.

Una pulcra casita, cerca del río.

Una pulcra casita, cerca del río.

Colores. Y hablando de ritmos: los sauces del primer plano están verdes todavía.

Colores. Y hablando de ritmos: los sauces del primer plano están verdes todavía.

Ya cerca del pueblo, la sombra ha inundado el valle. Los colores permanecen como irradiando fosforescencia después de haberse recargado al sol.

Ya cerca del pueblo, la sombra ha inundado el valle. Los colores permanecen como irradiando fosforescencia después de haberse recargado al sol.

Un abuelo nos ve pasar, vertical boca desdentada.

Un abuelo nos ve pasar, vertical boca desdentada.

Y fin.

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