Al sur del Veleta

Caratula-AV-Hoyos

2 Agosto 2016

Hay ocasiones en las que uno duda entre difundir un lugar digno de visitarse o callar y reservar para unos pocos un paraíso privado. Dado que la zona central de Sierra Nevada, entre la Carihuela y el Mulhacén, se convierte en verano en algo así como la Gran Vía, he estado muy tentado de hacer lo segundo en este caso. Al final, ha ganado el goce de compartir -o la vanidad- a la hora de contaros esta ruta, poco transitada, que discurre más abajo del camino habitual… al sur del Veleta.

Imprimir

Hay que decir, en todo caso, que los paraísos hay que ganárselos, y no hay que lanzarse a tontas y a locas por sitios como estos. Aunque comienzo y final son por asfalto o carril, al igual que la vuelta desde Río Seco, todo el resto transcurre fuera de caminos y sendas, por terreno pedregoso y canchales, que no son demasiado difíciles en general, pero tienen un par de puntos delicados y alguna pendiente brutal, como podrá verse. Nada que espante a un montañero avezado, pero sí a un caminante ocasional o a personas con vértigo. Y a perros, lamentablemente.

Comenzamos desde las Posiciones del Veleta, donde nos deja la Lanzadera del Servicio de Interpretación de las Altas Cumbres, facilidad utilísima gestionada de forma amable y abnegada por su personal, con base en el Albergue Universitario. Ya andando, un tramo llano de asfalto, seguido de otro de tierra (pues el asfalto acaba subiendo hacia el Veleta) nos dejan en el Collado de la Carihuela, divisoria entre la vertiente norte y sur de la Sierra. Desde sus inmediaciones, echamos un primer vistazo a lo que será nuestro campo de operaciones:

A nuestros pies la Laguna de Aguas Verdes, nuestro primer objetivo. A su derecha el formidable precipicio del circo glaciar del Río Veleta, y al fondo el terreno quebrado al que queremos dirigirnos.

A nuestros pies la Laguna de Aguas Verdes, nuestro primer objetivo. A su derecha el formidable precipicio del circo glaciar del Río Veleta, y al fondo el terreno quebrado, bajo los Raspones de Río Seco, al que queremos dirigirnos. Por encima asoman la cabeza el Mulhacén y la Alcazaba.

Ahora, una de topinimia: ese “terreno quebrado” se resiste a una denominación universalmente aceptada. En algunos mapas figura como “Hoyos del Veleta”, nombre que se hace extensivo para el lagunillo que cobijan, aunque este último puede llamarse con más propiedad “Laguna del Púlpito”, tomando prestado el nombre del vistoso cerro que los culmina hacia el sur. En otros planos, como el 1:10.000 de la Junta que he insertado más arriba, la zona recibe el nombre de “Chancales del Púlpito”. Al otro lado del citado Púlpito -que es denominado “La Morra” por algunos, atendiendo al nombre del riachuelo que nace a sus pies- se encuentra la Laguna de las Cabras… o de La Morra. Como se ve, haría falta una Comisión Geográfica que pusiera orden en todo este embrollo. Yo me limito a tomar nota de la diversidad de alternativas.

Bajaremos a la Laguna de Aguas Verdes abandonando el camino en su segunda revuelta -curva a izquierdas- para avanzar primero paralelos a Loma Puga (o Púa, que en esto también hay diversidad) y enseguida torciendo a la izquierda por terreno que, sin tener senda digna de ese nombre, se presenta bastante franco hasta la laguna.

La laguna es profundamente azul, aunque verde es el precioso prado que la rodea…

La laguna es profundamente azul, aunque verde es el precioso prado que la rodea…

La chorrera o emisario de la laguna, verdadera fuente del Río Veleta, está bajo mínimos en este seco y cálido verano, pero un hilillo de agua acierta todavía a bajar entre las rocas.

La chorrera o emisario de la laguna, verdadera fuente del Río Veleta, está bajo mínimos en este seco y cálido verano, pero un hilillo de agua acierta todavía a bajar entre las rocas.

La chorrera desciende un tramo fácil por un inclinado prado, antes de despeñarse por el precipicio que sigue, parte del majestuoso circo del Río Veleta:

Aquí el terreno se hunde en un pavoroso cortado, modelado por el glaciar que en tiempos modeló todo el valle, cuya forma en "U" es de las más características de la Sierra, aunque esté orientado al Sur.

Aquí el terreno se hunde en un pavoroso cortado -que solo llegamos a intuir-, tallado por el glaciar que en tiempos modeló todo el valle, cuya forma en “U” es de las más características de la Sierra, aunque esté orientado al Sur.

Volvemos hacia la laguna, pues somos jóvenes para el suicidio. Veleta y Cerro de los Machos, como telón de fondo, nos verán cruzar la chorrera y echar a andar hacia la derecha, a una distancia prudencial del precipicio, pero siguiendo su contorno hacia el Este.

Volvemos hacia la laguna, pues somos aun jóvenes para el suicidio. Veleta y Cerro de los Machos, como telón de fondo, nos verán cruzar la chorrera y echar a andar hacia la derecha, a una distancia prudencial del precipicio, pero siguiendo su contorno hacia el Este.

El terreno es cómodo, en ligera subida, y adornado, entre los huecos de las piedras…

…por numerosísimos ejemplares de Siemprevivas, apretujadas en las fisuras de la roca, desde donde emiten sus espectaculares flores rojas.

…por numerosísimos ejemplares de Siemprevivas, apretujadas en las fisuras de la roca, desde donde proyectan sus espectaculares flores rojas.

Conforme progresamos hacia el Este, va desplegándose bajo nosotros la zona que hemos dado en llamar de Los Hoyos… Es un precioso ejemplo de modelado glaciar, con lomos de esquisto pulidos por el hielo y surcados por vaguadas en la dirección

Conforme progresamos hacia el Este, va desplegándose bajo nosotros la zona que hemos dado en llamar de Los Hoyos… Es un precioso ejemplo de modelado glaciar, con lomos de esquisto suavizados por el hielo y surcados por vaguadas en la dirección que debió llevar el glaciar -luego el agua- en tiempos remotos. En su centro destaca una laguna orlada de verde que hace de imán para nuestro anhelo… En su vertical, la Atalaya del Púlpito.

Hay un punto, desde un repunte de la ladera, en el que parece haber una bajada fácil al ancho vallecito que nos separa de esa zona. Luego descubriremos que esa hubiera sido la ruta más cómoda, pero, en cambio, movidos por el deseo de no bajar para luego subir, y buscando la intensidad dramática de entrar desde arriba, seguimos a cota adentrándonos hacia la cabecera del vallecito. Eso nos llevará a un rocoso terreno inclinado, último de los escalones que defienden el valle, de donde acabaremos escapando por una notoria melladura que lo corta en perpendicular y cuyo borde desgastado permite el descenso. Así llegamos casi a la cabecera del primer vallecito:

…que forma unos someros prados antes de dar paso a las fajas de roca. No es difícil encontrar un paso que nos interna en estas últimas, hacia la derecha, por donde progresaremos de través buscando la siguiente vaguada, que debe ser la que nos guíe hasta la laguna…

…que forma unos someros prados antes de dar paso a las fajas de roca. No es difícil encontrar un paso que nos interna en estas últimas, hacia la derecha, por donde progresaremos de través buscando la siguiente vaguada, que debe ser la que nos guíe hasta la laguna…

Y, en efecto, pronto descubrimos que hemos enfilado el camino correcto. Frente a nosotros, "nuestra" laguna nos llama como las sirenas a Ulises… y nos dejamos llevar.

Y, en efecto, pronto descubrimos que hemos enfilado el camino correcto. Frente a nosotros, “nuestra” laguna nos llama como las sirenas a Ulises… y nos dejamos llevar (Bruno el primero, que ya va sediento, pobre…)

Desde dentro, contemplamos el trabajo del hielo: en clima glaciar era una masa sólida que pulió las rocas. Cuando se retiró, con clima periglaciar, el agua entra en las fisuras, y al transformarse en hielo y dilatarse, las fractura.

Desde dentro, contemplamos el trabajo del hielo: en clima glaciar era una masa sólida que pulió las rocas por abrasión. Cuando se retiró, con clima periglaciar, el agua entra en las fisuras, y al transformarse en hielo y dilatarse, las fractura.

Más cerca, atravesamos una turbera, encharcada de agua, donde Bruno mete las patas hasta el corvejón (con deleite, hay que decirlo).

Más cerca, atravesamos una turbera, encharcada de agua, donde Bruno mete las patas hasta el corvejón (con deleite, hay que decirlo).

Pero para deleite, el nuestro al aterrizar en este maravilloso prado, henchido de agua, coronado por la laguna…

Pero para deleite, el nuestro al aterrizar en este maravilloso prado, henchido de agua y coronado por la laguna, en la que se refleja el profundo azul del cielo…

Que quede claro que lo de "henchido de agua" no es exageración retórica… Destilada por la roca, filtrada por la hierba y el musgo, no se ha visto cosa más pura y transparente…

Que quede claro que lo de “henchido de agua” no es exageración retórica… Destilada por la roca, filtrada por la hierba y el musgo, no se ha visto cosa más pura y transparente…

(La pena es que millones de diminutas arañas de vientre claro corretean por cada centímetro de prado, lo que refrena nuestro impulso de revolcarnos por el verde… 😦 Así es Natura… hermosa y viva)

La Laguna del Púlpito, o de los Hoyos del Veleta. Tiene poco fondo, apenas un espejo contenido por el suave limo que impermeabiliza el fondo.

La Laguna del Púlpito, o de los Hoyos del Veleta. Tiene poco fondo, apenas un espejo contenido por el suave limo que impermeabiliza el fondo.

Vista hacia atrás, con el Cerro de los Machos a la izquierda y el inicio de los Raspones a la derecha.

Vista hacia atrás, con el Cerro de los Machos a la izquierda y el inicio de los Raspones a la derecha.

Desde la elevación que cierra el valle consigo una panorámica completa de la laguna, con la mole de los Raspones al fondo. Esta elevación se prolonga hasta terminar en un espolón sobre el valle del Río Veleta, que permite una buena vista del circo y la chorrera de la laguna de Aguas Verdes.

Desde la elevación que cierra el valle consigo una panorámica completa de la laguna, con la mole de los Raspones al fondo. Esta elevación en la que estoy se prolonga hasta terminar en un espolón sobre el valle del Río Veleta, que permite una buena vista del circo y la chorrera de la laguna de Aguas Verdes.

Durante nuestro merecido descanso en este hermoso paraje, unas nubecillas volanderas nos regalan un breve espectáculo de luces y sombras sobre la montaña.

Durante nuestro merecido descanso en este hermoso paraje, unas nubecillas volanderas nos regalan un fugaz espectáculo de luces y sombras sobre la montaña.

Tras el breve descanso continuamos en dirección a la laguna de las Cabras: hacia la izquierda si miramos en el sentido descendente del valle (en la dirección del poco notorio desague de la laguna). Tendremos que ascender el collado que forma la Atalaya del Púlpito con la cuerda de los Raspones.

Antes de la subida atravesamos un segundo rellano herboso, donde un minúsculo lagunillo está en proceso de colmatación…

Antes de la subida atravesamos un segundo rellano herboso, donde un minúsculo lagunillo está en proceso de colmatación…

Una foto en dicho rellano, bajo la mirada de Veleta y Cerro de Los Machos.

Una foto en dicho rellano, bajo la mirada de Veleta y Cerro de Los Machos.

La subida es un canchal de cierta pendiente, aunque afortunadamente corta…

A mitad de ascenso, una mirada atrás sobre los dos rellanos sucesivos que acabamos de atravesar.

A mitad de ascenso, una mirada atrás sobre los dos rellanos sucesivos que acabamos de atravesar.

Enseguida estamos en el collado, con el Púlpito destacado oscuro a nuestra derecha.

Enseguida estamos en el collado, con el Púlpito destacando oscuro a nuestra derecha, los Raspones a la izquierda.

La bajada es un cómodo zigzag, que enseguida nos da perspectivas sobre la laguna.

La bajada es un cómodo zigzag, que enseguida nos da perspectivas sobre la laguna…

… que un poco más abajo ya vemos completa. Es más pequeña, aunque tal vez algo más profunda que la del Púlpito, asentada como aquella en la típica cubeta glaciar, punto donde se acumuló el hielo antes de desbordarse valle abajo.

… que un poco más abajo ya vemos completa. Es más pequeña, aunque tal vez algo más profunda que la del Púlpito, asentada como aquella en la típica cubeta glaciar, punto donde se acumuló el hielo antes de desbordarse valle abajo.

Aquí estamos casi a su nivel, con los Raspones al fondo. El canchal que asciende diagonalmente desde el centro de la foto hacia la izquierda, culminando en una melladura de la cresta será -¡glups!- nuestro camino para salir de aquí.

Aquí estamos casi a su nivel, con los Raspones al fondo. El canchal que asciende diagonalmente desde el centro de la foto hacia la izquierda, culminando en una melladura de la cresta será -¡glups!- nuestro camino para salir de aquí. 150 m de desnivel, entre un 40% de pendiente en su parte media y casi un 60% al final.

La vista hacia atrás nos encandila: un vasto lomo de roca redondeado por el hielo deja paso al vistoso cerro del Púlpito (o de La Atalaya del Púlpito, pues algún mapa reserva el primer nombre para una elevación de la loma de los Raspones, algo más abajo

La vista hacia atrás nos encandila: un vasto lomo de roca redondeado por el hielo deja paso al vistoso cerro del Púlpito (o de La Atalaya del Púlpito, pues algún mapa reserva el primer nombre para una elevación de la loma de los Raspones, algo más abajo).

Aquí comemos, aprovechando la exigua sombra de un peñasco, donde alguien ha construido un breve murete para vivaquear. Nos lo hemos merecido, y Bruno más que ninguno, que anda un poco cojo y se tiende a la sombra como si fuera a quedarse aquí, diciendo “seguid sin mí”, pobrecito. Me temo que, como a nosotros, le queda lo más duro…

Y, a la vuelta de un rato, queda claro que lo es:

Nada menos que este canuto de pendiente feroz, erizado de piedras… Pero… ¿quién es el primero en afrontarlo con entusiasmo? Pues sí, ahí lo tenéis en la foto, valiente y animoso…

Nada menos que este canuto de pendiente feroz, erizado de piedras… Pero… ¿quién es el primero en afrontarlo con entusiasmo? Pues sí, ahí lo tenéis en la foto, valiente y animoso…

Aquí en la parte del 40%. La roca viva se va acercando por ambos lados conviertiendo el canchal en un estrecho cahorro…

Aquí en la parte del 40%. La roca viva se va acercando por ambos lados conviertiendo el canchal en un estrecho cahorro…

Y conforme ascendemos, la laguna va empequeñeciendo allá abajo, y el Púlpito bajando a nuestra altura.

Y conforme ascendemos, la laguna va empequeñeciendo allá abajo, y el Púlpito bajando a nuestra altura.

Sobre los cortados de la derecha una cabra -diminuta en la distancia- sestea asomada a su inaccesible balcón.

Sobre los cortados de la derecha una cabra -diminuta en la distancia- sestea asomada a su inaccesible balcón.

Ascendemos con tiento la parte más complicada, donde la pendiente de lajas sueltas nos decide a pegarnos a la roca viva, más practicable. Ahora nos vemos obligados a usar las manos… Bruno empieza a gimotear como cuando se siente incómodo en un terreno que no domina, when de repente

¡Zas! Un imponente macho montés se yergue sobre nosotros, seguramente despertado de la siesta en lo alto de su roca. Bruno y él se miran, el perro con deseo mal contenido y la cabra con sorpresa de ver a unos humanos en su casa…

¡Zas! Un imponente macho montés aparece sobre nosotros, seguramente despertado de la siesta en lo alto de su roca. Bruno y él se miran, el perro con deseo mal contenido y la cabra con sorpresa de ver a unos humanos en su casa…

Por un momento tememos que Bruno lo busque y aquél lo embista; podría ser una escena de Sergio Leone, todo miradas, que termina cuando el macho abandona el campo con un par de poderosos saltos y corre a reunirse con su grupo, al otro lado del canchal:

Uno…

Uno…

… y dos.

… y dos.

El resto de la familia espera del otro lado…

El resto de la familia espera del otro lado…

Por un momento nos olvidamos de dónde estamos, la sangre llena de adrenalina pulsando en nuestras venas… ESTO ES VIDA! Luego retomamos el ascenso, ya sin más sobresaltos…

… hasta la victoria final.

… hasta la victoria final.

Lo cual es un decir, porque queda la bajada, que siempre es más truculenta:

El otro lado es estrecho y aun más pendiente… en un primer momento no vemos el terreno que tenemos que pisar; luego sí, te asomas y descubres un par de destrepes, por donde descolgarse apoyando las manos y dejando caer los pies…

El otro lado es estrecho y aun más pendiente… en un primer momento no vemos el terreno que tenemos que pisar; luego sí, te asomas y descubres un par de destrepes, por donde descolgarse apoyando las manos y dejando caer los pies…

… pero Bruno, que no tiene manos ni nuestra altura, no ve dónde aterrizar, y recula. Siguen unos minutos angustiosos en los que llegamos a pensar en que tendremos que volver por donde vinimos, hasta que, combinando amorosas solicitudes con exabruptos, conseguimos echarle mano al collar y lo convencemos con un par de tirones para que baje el par de pequeños saltos que se le resisten. Luego, ya está hecho lo difícil y el resto de la bajada, mucho más corta, será coser y cantar:

… aunque no deja de tener su aquel…

… aunque no deja de tener su aquel…

Prometo firmemente no volver a colocarlo en situación semejante.

Allá abajo, la cabecera de Río Seco luce mucho más dulce y cómoda, aunque aun debamos atravesar el caos de bloques desprendidos de la cresta.

Allá abajo, la cabecera de Río Seco luce mucho más dulce y cómoda, aunque aun debamos atravesar el caos de bloques desprendidos de la cresta.

Una mirada atrás nos coloca con la imaginación en el camino de los hobbits bajando a Mordor…

Una mirada atrás nos coloca con la imaginación en el camino de los hobbits bajando a Mordor…

Pero lo que acabamos encontrando es el profundo lago de Kheled-Zâram… aka Laguna de Río Seco, donde olvidar nuestras penas y reparar cuerpos y espíritus…

Pero lo que acabamos encontrando es el profundo lago de Kheled-Zâram… “aka” Laguna de Río Seco, donde olvidar nuestras penas y reparar cuerpos y espíritus…

Hemos llegado aquí, después de nuestras aventuras, a la hora en que habíamos convenido en que nos recogiera la lanzadera… a hora y media de camino como poco. Intentamos infructuosamente conectar para evitarles un viaje en balde, y al final nos resignamos a aparecer para el siguiente turno, siquiera para disculparnos y volver andando por nuestra mala cabeza. Se verá.

De momento, ascendemos la cuesta que separa las lagunas del camino, desde donde tomamos la tantas veces repetida instantánea de laguna y Raspones, ahora para nosotros más significativa, pues de allí venimos, de la profunda escotadura cerca del extremo izquierdo…

De momento, ascendemos la cuesta que separa las lagunas del camino, desde donde tomamos la tantas veces repetida instantánea de laguna y Raspones, ahora para nosotros más significativa, pues de allí venimos, de la profunda escotadura cerca del extremo izquierdo…

Lo que queda ya es más tedioso: andar el carril de vuelta a la Carihuela, y de allí a las Posiciones, mientras rumiamos las emociones de la jornada.

Saludamos desde arriba a "nuestra" laguna, engastada en el fondo de los Hoyos…

Saludamos desde arriba a “nuestra” laguna, engastada en el fondo de los Hoyos…

– y todavía una última vigilante, inmóvil como estatua, nos verá pasar, de vualta a casa…

– y todavía una última vigilante, inmóvil como estatua, nos verá pasar, de vuelta a casa…

Hay que decir que llegamos al úlimo retorno de la lanzadera, gracias a la vista penetrante y la santa paciencia de su conductora, que aceptó devolver a la civilización -a pesar del anterior viaje en balde- a “esos que creo que son de los míos”, y que éramos nosotros. Qué orgullo pertenecer a ese afortunado grupo. Gracias.

Anuncios

4 pensamientos en “Al sur del Veleta

  1. Íkaro

    Pasea uno por el mar de internet en busca de algún tesoro que alivie la tarde. Me he topado con este blog casualmente: calidad a la altura del viejo papel y los libros de viajes. De esta ruta que relatas, tengo también oído el nombre de Laguna de Vasares,para esta que llamas del Púlpito, por añadir riqueza o confusión a las toponimias de vuestra Sierra. Con la rotundidad de tus fotos he volado como águila sobre riscos o gorrión sobre árboles. Gracias blogguero

    Responder
  2. José Ramon

    Una vez más emanando más aventura, sorpresas e intriga que a cada paso y lectura nos ofreces con este magnifico Blog con ese Bruno siempre valiente y dispuesto.
    FELICIDADES INFINITAS!…por ello.

    Responder
    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Sí. Uno de los microbuses tiene jaula para animales. Conviene avisar. De hecho, conviene reservar en cualquier caso, pero la posibilidad de los perros está contemplada.

      Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s