Alternativas entre el Tercero y los tejos (addenda a “En la selva de Jaén)

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22 Enero 2017

Está visto que El Tercero… ni a la cuarta. Un nuevo intento frustrado de subir ese monte ha acabado en novedosas investigaciones alrededor de la tejeda del Barranco de los Tejos o del Polvero. La falta de tiempo nos hizo quedarnos en las inmediaciones del Cortijo de Los Barrancos, pero aprovechamos la ocasión para confirmar una intuición que me había surgido en la visita anterior a la tejeda, motivada por una escurridiza senda, marcada con cintas de plástico en los árboles, que en aquella ocasión dejamos de lado…

Arrancaba esa senda desde el rellano situado unos metros por debajo de la tejeda, y parecía tomar una dirección, ligeramente ascendente y hacia afuera del valle, que -pensé yo- sólo podía conducir hacia el Cortijo de los Barrancos. Dado que volvimos a salir con poco tiempo para culminar el Tercero (desconociendo, sobre todo, el cariz del barranco por donde pensábamos bajarlo), a media ascensión resolvimos volver al Cortijo y echarle una visual a esa presunta conexión. Con más o menos éxito…

Pero vayamos por partes: la ruta prevista comenzaba con el tramo que ya hicimos -en sentido descendente- en la última ocasión: la Solana del Moralejo, tomada desde el cruce del río por el carril que desde Prados Bajos se dirige a Pitillos. En sentido ascendente, me parece muy buen acceso a Moralejo, El Cortijo de los Barrancos y el Tercero:

Esta es la Solana, desde el carril, poco antes de llegar al río; entre los tajillos de la arista y la arboleda del río, sólo hay un estrecho paso, que nos encamina sin dudas en nuestra ruta.

Esta es la Solana, desde el carril, poco antes de llegar al río; entre los tajillos de la arista y la arboleda del río, sólo hay un estrecho paso, que nos encamina sin dudas en nuestra ruta.

La vez anterior habíamos llegado por la acequia que, enseguida de cruzar el río, discurre por la izquierda. En esta ocasión, apreciamos que, justo en ese punto, una sendita se echa al monte sin necesidad de continuar por la acequia. Allá que vamos.

La vez anterior habíamos llegado por la acequia abandonada que, enseguida de cruzar el río, discurre por la izquierda. En esta ocasión, apreciamos que, justo en ese punto, una sendita se echa al monte sin necesidad de continuar por la acequia. Allá que vamos.

Es una trocha de cabras, sin duda, y como tal se divide y subdivide en varias hebras que cursan a diversas alturas, pero todas con la misma orientación general, aproximadamente paralela al río. En este su primer tramo, más pendiente, discurren  a la sombra del encinar, hasta salir a terreno algo más despejado:

Marcado por la aparición de los primeros quejigos, aquí comienza un tramo más adehesado, donde la pendiente tiende a suavizarse y la senda parece más definida.

Marcado por la aparición de los primeros quejigos, aquí comienza un tramo más adehesado, donde la pendiente tiende a suavizarse y la senda parece más definida…

… entre claros que permiten buenas vistas hacia el Valdearazo.

… entre claros que permiten buenas vistas hacia el Valdearazo. ¡Hay nieve en las alturas!

En unos minutos de ascenso intermitente llegamos a la altura del Quejigo del Amo:

Que no es este, por hermoso que parezca…

Que no es este, por hermoso que parezca…

… sino el que aparece justo por detrás.

… sino el que aparece justo por detrás.

Seguimos a continuación en la misma dirección que llevábamos, dejando a la izquierda el altozano por el que accedimos a la Solana en la ocasión anterior:

Aquí vemos dicho cerrete, por el que bajaríamos hacia el Barranco de los Tejos si fuera esa nuestra intención.

Aquí vemos dicho cerrete, por el que bajaríamos hacia el Barranco de los Tejos si fuera esa nuestra intención.

En cambio, continuamos al frente, dirección Moralejo, cuyos prados comienzan en el collado que vemos al fondo, junto a una conspicua encina.

En cambio, continuamos al frente, dirección Moralejo, cuyos prados comienzan en el collado que vemos al fondo, junto a una conspicua encina.

Por un momento la senda se interna en un tramo de encinar más espeso, que ocupa un escalón que hace la ladera antes de abarrancarse por la izquierda. Hay un punto en el que un pretil de roca separa la senda de los cortados sobre el barranco. Si subimos a ese borde rocoso, obtendremos la mejor vista posible…

… de la tejeda desde este lado del barranco. Distinguimos con claridad (una vez que ya sabemos lo que hay) el perfil más picudo de los tejos frente al más redondeado de encinas y labiérnagos.

… de la tejeda desde este lado del barranco. Distinguimos con claridad (una vez que ya sabemos lo que hay) el perfil más picudo de los tejos frente al más redondeado de encinas y labiérnagos.

Sin pérdida posible, en pocos minutos ya vemos los prados de Moralejo abrirse ante nuestros ojos.

Sin pérdida posible, en pocos minutos ya vemos los prados de Moralejo abrirse ante nuestros ojos.

Justo antes de llegar allí, el terreno desciende en un vaguada. Nosotros nos mantendremos en el borde izquierdo para no tener que bajar y subir. Ese lomo nos conduce, ya por terreno abierto, hacia el cortijo derruido que corona los prados, junto al que encontraremos el carril que viene desde el de Pitillos hacia el Cortijo de los Barrancos.

Justo antes de llegar allí, el terreno al frente desciende en una vaguada. Nosotros nos mantendremos en el borde izquierdo para no tener que bajar y subir. Ese lomo nos conduce, ya por terreno abierto, hacia el cortijo derruido que corona los prados, junto al que encontraremos el carril que viene desde el de Pitillos hacia el Cortijo de los Barrancos.

En las inmediaciones del cortijo, la vista atrás se revela esplendorosa, con la Peña del Palo interrumpiendo la línea de cimas del fondo, entre Mágina y el Pico Almadén.

En las inmediaciones del cortijo derruido, la vista atrás se revela esplendorosa, con la Peña del Palo interrumpiendo la línea de cimas del fondo, entre Mágina y el Pico Almadén.

Y como dudamos de encontrar otro telón de fondo más espectacular, aprovechamos para hacer la foto oficial durante una breve (y sabrosa) parada para reponer fuerzas.

Y como dudamos de encontrar otro telón de fondo más espectacular, aprovechamos para hacer la foto oficial durante una breve (y sabrosa) parada para reponer fuerzas.

Ya en el carril, gozamos de la vista de nuestro siguiente objetivo:

El Cortijo de los Barrancos, del que nos separa precisamente el Barranco de los Tejos o Arroyo del Polvero de Navalayegua. Al fondo, hacia la izquierda el Cerro Quemado, y escondiéndose detrás, La Marceral, ambos adornados de inesperada nieve.

El Cortijo de los Barrancos, del que nos separa precisamente el Barranco de los Tejos o Arroyo del Polvero de Navalayegua. Al fondo, hacia la izquierda el Cerro Quemado, y escondiéndose detrás, La Marceral, ambos adornados de inesperada nieve. A la derecha, la Loma de los Carneros, una de las estribaciones septentrionales del Tercero, cuya cima se nos hurta, de momento.

Vamos preocupados por la hora, pues aunque nuestro ritmo no es malo, hemos salido muy tarde y son ya cerca de las 2. Superamos el barranco por el carril y, encontrando el cortijo ocupado por un rebaño de ovejas, para desesperación de Bruno decidimos acometer sin más dilaciones la subida por la loma en la que se asienta. Ganando la cuerda, no quedaría más que reseguir la línea de cimas hasta el Tercero, aunque no es poca la distancia…

Superado el primer repecho por una propicia sendita, accedemos a un primoroso rellano que hace la loma.

Superado el primer repecho por una propicia sendita, accedemos a un primoroso rellano que hace la loma.

Y, un poco más arriba, disfrutamos de una convincente panorámica del Arroyo del Parral, ruta habitual de bajada desde el Tercero. Ahora sí podemos suponer que es su cima el punto más alto de la cuerda que tenemos enfrente.

Y, un poco más arriba, disfrutamos de una convincente panorámica del Arroyo del Parral, ruta habitual de bajada desde el Tercero. Ahora sí podemos suponer que es su cima el punto más alto de la cuerda que tenemos enfrente.

Ay, demasiado lejos. Calculamos que nos pueden dar las 4 antes de llegar, sin contar con la comida. Y luego bajar por terreno desconocido, y hacer el tramo del Valdearazo hasta Prados Bajos, todo eso antes de salir en coche por un carril donde hemos encontrado nieve esta mañana, que sin duda se helará en cuanto caigan las sombras… En fin: el camino está trazado, la ruta planteada, pero la culminación tendrá que esperar momento más propicio. La prudencia se une en este caso a la atrayente posibilidad de explorar la ruta alternativa hacia los tejos, mucho más corta por cuanto supone volver al Cortijo de los Barrancos y descender desde allí… Volvemos, pues.

El Cortijo de los Barrancos se enclava en una meseta entre cerros, delimitada al norte por el Arroyo del Polvero y al sur por el del Parral. Su prado, con una preciosa era, hace las delicias de humanos y ovicápridos por igual. El rebaño que lo ocupaba se ha desplazado un poco, pero aun así debemos atar a Bruno para que no se desmande mientras comemos, lo que hacemos con gusto en mitad de la hierba.

El Cortijo de los Barrancos se enclava en una meseta entre cerros, delimitada al norte por el Arroyo del Polvero y al sur por el del Parral. Su prado, con una preciosa era, hace las delicias de humanos y ovicápridos por igual. El rebaño que lo ocupaba se ha desplazado un poco, pero aun así debemos atar a Bruno para que no se desmande mientras comemos, lo que hacemos con gusto en mitad de la hierba.

Tras el refrigerio, nos disponemos a la exploración de nuestra alternativa hacia la tejeda…

… comenzando por la vaguada que nace a la izquierda, comienzo del Arroyo de Los Barrancos. Caminaremos hasta su extremo despejado, esperando encontrar allí un camino practicable.

… comenzando por la vaguada que nace a la izquierda, comienzo del Arroyo de Los Barrancos. Caminaremos hasta su extremo despejado, esperando encontrar allí un camino practicable.

Llegados a su extremo, nos separamos del arroyo -ahora seco-, buscando algún signo de camino…

Llegados a dicho extremo, nos separamos del arroyo -ahora seco-, buscando algún signo de camino…

Rodeando por la izquierda un altozano que nos separa del cauce, que aquí se abarranca (como su nombre indica), descendemos luego unos metros por lo más abierto…

Y encontramos esta faja de terreno despejado, por la que circula lo que parece un rastro de pisadas de ganado.

Y encontramos esta faja de terreno despejado, por la que circula lo que parece un rastro de pisadas de ganado.

Dicha faja resigue la ladera, sin bajar, divergiendo suavemente del curso del barranco, que va hundiéndose por la derecha.

Por momentos, la senda se nos antoja autopista…

Por momentos, la senda se nos antoja autopista…

… que nos lleva sin sentir a este hermoso rellano. Si camináramos hacia la derecha retornaríamos al barranco, pero la trocha indica el fondo a la izquierda, donde se inicia una vaguada, casi paralela al barranco principal, donde la senda que seguimos se interna con decisión.

… que nos lleva sin sentir a este hermoso rellano. Si camináramos hacia la derecha retornaríamos al barranco, pero la trocha indica el fondo a la izquierda, donde se inicia una vaguada, casi paralela al barranco principal, donde la senda que seguimos se interna con decisión.

La senda pronto se confunde con el fondo de la vaguada. Es un terreno de cierta espesura, pero una lata aquí, una botella de plástico allá, nos indican que al menos alguien ha pasado por el lugar. Hay un punto en el que la senda claramente se bifurca: una al frente, la otra en ascenso hacia la izquierda. Como creemos estar todavía demasiado altos, la dejamos de lado de momento para continuar por el fondo, hacia abajo. Poco después, tenemos la impresión contraria: la de estar bajando demasiado, de forma que volveremos a subir hasta esa bifurcación, para tomar la senda antes descartada. Esta tiende a subir, lo que no nos resulta demasiado coherente. Y en efecto, al poco rato accedemos a la cresta de la loma ¿a qué altura estamos? Un vistazo al frente nos sitúa bastante más arriba del cerrete de la solana por el que salimos del barranco en nuestra visita anterior a la tejeda (y que estaba a bastante altura sobre los tejos). Una incursión en la umbría nos aboca a la parte superior de unos tajos:

De los tejos, ni rastro. Entendemos que quedan más abajo y a la derecha, protegidos por los tajos sobre los que nos encontramos. En todo caso, la vista es espectacular.

De los tejos, ni rastro. Entendemos que quedan más abajo y a la derecha, protegidos por los tajos sobre los que nos encontramos. En todo caso, la vista es espectacular. Enfrente podemos observar las rocas blanquecinas por donde nos asomamos esta mañana para otear la tejeda desde ese lado.

Decidimos no arriesgar la vida intentando bajar por aquí y, con cierta sensación de derrota, retornamos, no sin ciertas dificultades, a la vaguada por la que veníamos bajando. Ya estamos decididos a que nos lleve donde nos tenga que llevar, pues la tarde va declinando. Descendemos un ciento de metros, when de repente…

… llegamos a este punto del descenso. Aunque hay senda vaguada abajo, es claro que en este punto (obsérvese la terraza herbosa orillada de piedras, como cimientos de algún derruido corral), se marca una trocha bastante definida hacia la izquierda… Nos queda tiempo, veamos a dónde conduce.

… llegamos a este punto del descenso. Aunque hay senda vaguada abajo, es claro que en este punto (obsérvese la terraza herbosa orillada de piedras, como cimientos de algún derruido corral), se marca una trocha bastante definida hacia la izquierda… Nos queda tiempo, veamos a dónde conduce.

De momento parece bastante prometedora, llevándonos a "doblar la esquina" de la loma adentrándonos en la umbría…

De momento parece bastante prometedora, llevándonos a “doblar la esquina” de la loma adentrándonos en la umbría…

A los pocos metros, con inmensa alegría, encontramos las primeras cintas de plástico atadas a los árboles, que nos habían llamado la atención en el arranque de la senda desde la tejeda. Ya no albergamos dudas: tiene que ser esta. Sin embargo, todavía sufriremos un renuncio: con la inconsciencia del que cree tenerlo todo hecho, nos acabaremos precipitando hacia el arroyo, justo hacia el punto de cruce que permitía pasar a la solana. Desde allí, recordamos que todavía tuvimos que pelear con la ladera para ascender a los tejos… Esto no puede quedar así. Decidido a esclarecer el asunto, vuelvo a ascender el último tramo de senda recorrida, buscando algo que hubiéramos pasado por alto… y lo encuentro: un lugar en que la senda más marcada pica hacia abajo, pero sobre la que una humana inteligencia ha atravesado varias piedras como indicando camino cerrado. A la izquierda (mirando hacia abajo), una trocha mucho más débil prosigue rodeando la ladera sin bajar. Aquí reencontramos nuestros plásticos de Ariadna, y en poco menos de 100m accedemos al rellano en el que un bebé tejo indica la proximidad de la arboleda singular. Sólo quedaría ascender una veintena de metros para encontrar la valla y los árboles de nuestros desvelos.

Resumiendo: creo que hemos circulado por una trocha de ganado, usada seguramente por los rebaños para pasar desde el Cortijo de los Barrancos hacia la Solana de Moralejo, pero desde la que alguien, seguramente los operarios que han empezado a vallar la tejeda, han pisado -y señalado con plásticos- un acceso más cómodo a la misma, Watson.

Con el misterio resuelto, nos afanamos con la incómoda bajada, cerca del arroyo, que nos lleva hacia donde el valle se hace un poco más practicable. Hemos descartado volver por la senda hasta la terraza de piedra junto a la vaguada, pero tal vez hubiera sido lo suyo. El caso es que poco después podemos por fin caminar junto al cauce, descendiendo el último tramo del barranco de los Tejos.

Una duda me quedaba: ¿en qué punto el Arroyo de los Barrancos venía a confluir con este? Lo habíamos pasado totalmente por alto al subir el otro día, y no es extraño: pues dicha confluencia es este pequeño salto -hoy seco- que apenas deja adivinar el valle que tiene por encima.

Una duda me quedaba: ¿en qué punto el Arroyo de los Barrancos venía a confluir con este? Lo habíamos pasado totalmente por alto al subir el otro día, y no es extraño: pues dicha confluencia es este pequeño salto -hoy seco- que apenas deja adivinar el valle que tiene por encima.

Últimas y hermosas pozas del barranco nos ven pasar (y pisar), buscando la salida al carril del Valdearazo. Bruno se comporta como un valiente, aunque ha tenido momentos de estrés en los pasos complicados. Todo acaba bien y salimos zumbando con el vehículo desde Prados Bajos al Portillo de Casablanca, con la nieve a medio congelar. Por los pelos, y aun fracasando en el Tercero… ¡hemos triunfado! Salud.

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2 pensamientos en “Alternativas entre el Tercero y los tejos (addenda a “En la selva de Jaén)

  1. Jose Antonio (Granada)

    Gracias por toda la informacion. Bonito reportaje muy bien contado.
    Un enamorado de los tejos que tiene en mente ir a ver la tejeda.
    Saludos.

    Responder

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