La Cerradura (Sierra de la Yedra)

Caratula-La-Cerradura

7 Septiembre 2014

Cuando se entra a la Sierra de Huétor por la carretera de la Alfaguara y, dejando el asfalto a la derecha se continúa al frente por el carril que lleva a La Fuente de Los Potros, se abre enseguida a nuestra izquierda la umbrosa cabecera del Arroyo de la Alfaguara, que baja hasta Río Bermejo cerca de Carialfaquí. Mirando hacia abajo en esa concavidad densamente arbolada, se aprecia un estrechamiento del valle donde al arroyo atraviesa un poderoso muro de calizas y dolomías; un sitio de aspecto tan denso que se llama, apropiadamente, La Cerradura. Se trataba de averiguar si existía la llave que la abriese…

Así que aprovechando esos domingos tontos de verano, y saliendo temprano para volver a media mañana, nos pusimos -Giu y yo- a la tarea. El punto de partida es la amplia explanada-helipuerto-aparcamiento que se abre a la izquierda del camino justo antes de que comience el mencionado valle, que el carril contornea por la derecha sin descender. Nosotros sí ibamos a hacerlo. O, al menos, a intentarlo.

La explanada viene seguida, al fondo, por una amplia vereda, casi un camino, que sube hacia los nidos de ametralladora que se encuentran en la cresta de la derecha (que es una de las que conforman la Cerradura propiamente dicha). Pero, antes de acabar el llano y tomar ese camino, trillado por numerosos visitantes, vamos a internarnos por unos arenales con pretensión de senda, que se abren a la derecha:

Tal que por aquí. Los limos rojizos que colorean el terreno nos avisan de que estamos sobre el manto maláguide

Tal que por aquí. La textura y los tonos rojizos del terreno nos avisan de que estamos sobre filitas rojas y grises del manto de la Alfaguara, que no todo van a ser calizas. Quejigos y pinos se disputan el terreno…

… pero de momento dejan pasar a la prensa, por lo que parece una vereda con todas las de la ley.

… pero de momento dejan pasar a la prensa, por lo que parece una vereda con todas las de la ley.

Pero no va a ser tal.

Al tiempo que la vereda se divide y desdibuja, vamos bajando del nivel de las copas de los árboles. La impresión es como de ir a sumergirse, y casi aspiramos una bocanada de aire antes dde zambullirnos.

Al tiempo que la vereda se divide y desdibuja, vamos bajando del nivel de las copas de los árboles. La impresión es como de ir a sumergirse, y casi aspiramos una bocanada de aire antes de zambullirnos.

Como digo, la vereda se divide, y temiendo ir a parar a la cresta de las ametralladoras, opto por tirar hacia abajo hasta encontrarnos en mitad de un berenjenal:

A estas alturas ya no hay vereda que valga. Estamos en mitad de una umbría hernosa y procelosa a parts iguales.

A estas alturas ya no hay vereda que valga. Estamos en mitad de una umbría hermosa y procelosa a partes iguales.

Si esto fuera un monte atlántico, supongo que sería más suave lo de frotarse con los arbustos. En nuestro caso, la mitad de éstos es de aulaga -no sé que pinta en esta umbría-, que deja algún hueco para el majuelo, la zarza y el rosal silvestre. Todo bajo un caótico dosel de pinos y quejigos, aferrados a unas pendientes que se empinan en la vecindad del arroyo… Un gusto, vamos. Yo estoy disfrutando. No hay prisa.

Ya metidos en lo espeso, decido llegar al fondo del barranco, por ver si por el propio cauce se puede progresar. Y así lo hacemos:

Durante unos metros parece que se puede. Estamos en el Valle de los Caídos, los árboles que, derribados por la edad y los azares de la erosión, van re(des)integrándose a la tierra que los parió.

Estamos en el Valle de los Caídos, los árboles que, derribados por la edad y los azares de la erosión, van re(des)integrándose a la tierra que los parió.

Durante unos metros parece que se puede, ya que las deleznables filitas se erosionan con pocos recovecos. Pero…

Durante unos metros parece que se puede, ya que las deleznables filitas se erosionan con pocos recovecos. Pero…

… como era de temerse, al entrar en las dolomías, una combinación de peñascos y zarzas nos va a sacar de nuevo a la ladera sin más remedio ( a la izquierda, más suave). Volveremos a zigzaguear, guiados por el cauce pero manteniendo algo de altura. Retama, jara y torvizco se unen a la fiesta. Y en estas… ¡tate!:

¡Esto parece una senda! Bueno, en la foto no se aprecia mucho pero, comparado con lo de antes, este tramo más despejado parece una autopista.

¡Esto parece una senda! Bueno, en la foto no se aprecia mucho pero, comparado con lo de antes, este tramo más despejado parece una autopista.

Este vistoso peñasco, sin duda caído desde la cresta hace muchos, muchos años, puede servir de guía a navegantes perdidos, pues entre él y la ladera discurre nuestra senda, que realmente ahora lo es, y baja con decisión hacia lo más estrecho de la Cerradura.

Este vistoso peñasco, sin duda caído desde la cresta hace muchos, muchos años, puede servir de guía a navegantes perdidos, pues entre él y la ladera discurre nuestra senda, que realmente ahora lo es, y baja con decisión hacia lo más estrecho de la Cerradura:

Este es el tramo. Bruno sube contento a confirmarnos que hay paso. Empezamos a vislumbrar entre los árboles la Sierra de Cogollos, con el Peñón de la Mata haciéndose el interesante por la izquierda…

Este es el tramo. Bruno sube contento a confirmarnos que hay paso (y seguramente que huele a cabra). Muestra de que casi estamos es que empezamos a vislumbrar entre los árboles la Sierra de Cogollos, con el Peñón de la Mata haciéndose el interesante por la izquierda…

De repente hemos doblado la primera esquina y, aunque a cierta distancia del cauce, estamos en lo más estrecho de la Cerradura. Dicho cauce, por cierto, debe tener algín que otro escalon justo debajo nuestro, porque  del otro lado se ve sensiblemente más abajo.

De repente hemos doblado la primera esquina y, aunque a cierta distancia del cauce, estamos en lo más estrecho de la Cerradura. Más accesible por este lado, la ladera de enfrente exhibe algunos tajos y dientes de piedra. El cauce, por cierto, debe tener algún que otro escalón justo debajo nuestro, porque del otro lado se ve sensiblemente más abajo.

Completamos, pues, la bajada, por un terreno bastante más practicable de lo que podría esperarse. Lo que saco de esto es que, probablemente, es mejor mantener la altura al principio para quedarse no lejos de la cresta, que de todas maneras va bajando al inclinarse sobre el estrechamiento. Puede que incluso desde los nidos de ametralladora haya alguna bajada hasta aquí. Que haya una senda tan -relativamente- visible que viene de abajo lleva a pensar que debe continuar hacia arriba de forma más cómoda que lo que hemos hecho. Pero que nos quiten lo bailao.

Llegamos enseguida al cauce, que sigue bajando seco, y lo que más pinta tiene de sendero lo cruza y prosigue por la margen derecha.

Superados los cortados, el valle es un poco más amplio pero igualmente denso de vegetación, acogedora umbría aquí con más encinas que quejigos.

Superados los cortados, el valle es un poco más amplio pero igualmente denso de vegetación, acogedora umbría aquí con más encinas que quejigos.

Por las pintas, creo que andamos por alguna vetusta cañada ganadera (de hecho acabo de mirar el mapa del Sigpac FEGA y encuentro dibujada por toda la cresta de la Sierra de la Yedra la Cañada Real de Alfacar a Cogollos, que parece pasar por la mismísima Cerradura y reaparecer por los Llanos del Fraile. Aunque astutamente no está dibujada en la zona en que estamos, parece lógico que transcurra por aquí, en lugar de enfrentar la inverosímil escalada de los tajos que acabamos de sobrepasar).

Pasamos junto a una mimbrera de estrechas hojas. Un poco más allá, el olfato o el oído de Bruno lo llevan hacia el cauce, de donde regresa al punto ¡con las patas mojadas! Entonces escuchamos nosotros también el levísimo rumor del agua, y bajamos para encontrar el milagro:

Al pie de unas rocas, y aun en este verano infernal, todavía acierta a brotar un agua cristalina que llena y rebosa una diminuta poza, tras la que sigue canturreando valle abajo.

Al pie de unas rocas, y aun en este verano infernal, todavía acierta a brotar un agua cristalina que llena y rebosa una diminuta poza, tras la que prosigue canturreando valle abajo. Calizas porosas sobre filitas impermeables. Podía esperarse, pero igual es un placer.

Y eso no es todo: miro el arbolillo que bebe de la poza, y no acierto a ubicarlo: me parece semejante al mostajo, aunque el fruto recuerda más al durillo:

Consultados los Supercicutas, llego a la conclusión de que se trata de Viburnum lantana, efectivamente pariente del durillo, pero bastante más raro. En todo caso, en Granada se lo referencia precisamente en la "Sierra de Alfacar". O sea,aquí.

Consultados los Supercicutas, llego a la conclusión de que se trata de Viburnum lantana, efectivamente pariente del durillo, pero algo más raro. En todo caso, en Granada se lo referencia precisamente en la “Sierra de Alfacar”. O sea, aquí.

En la cercanía del agua, la hiedra prodiga su amor asfixiante a la encina…

En la cercanía del agua, la hiedra prodiga su amor asfixiante a la encina… Torvizco, eléboro y zarza le hacen de carabina.

Aquí no tenemos claro dónde vamos a ir a parar: si la vereda sigue río abajo, la seguiremos. Si lo abandona, haremos lo propio. Y eso es lo que sucede: en suave giro a la derecha, y aprovechando que las pendientes se van suavizando de ese lado, la trocha y nosotros nos vamos separando del barranco y ascendiendo por la ladera…

Desde unas peñas que despuntan por nuestra izquierda nos asomamos al valle. Aunque no llegamos a ver el fondo, sí aparece ya en todo su desarrollo el Peñón de la Mata.

Desde unas peñas que despuntan por nuestra izquierda nos asomamos al valle. Aunque no llegamos a ver el fondo, sí aparece ya en todo su desarrollo el Peñón de la Mata.

A nuestra espalda, la selva de la que estamos saliendo, la Cerradura enmedio, centinelas de piedra a cada lado.

A nuestra espalda, la selva de la que estamos saliendo, la Cerradura en medio, centinelas de piedra a cada lado. El enebro, que ha venido apareciendo poco a poco, aprovecha las peñas para solearse.

La senda se desdibuja luego en una serie de claros enlazados, de dirección muy evidente…

Es una cicatriz en el denso monte bajo, seguramente mantenida abierta por los ávidos dientes del ganado.

Es una cicatriz en el denso monte bajo, seguramente mantenida abierta por los ávidos dientes del ganado.

Casi sin subir, la Cañada nos deja al borde de una zona aun más despejada:

Es el cortafuegos que, desde los altos que cierran al Norte el Llano del Fraile, discurre hacia abajo hasta río Bermejo.

Es el cortafuegos que, desde los altos que cierran al Noroeste el Llano del Fraile, discurre hacia abajo hasta río Bermejo.

Con más tiempo, igual hubiéramos tirado hacia abajo, para subir por la senda de Los Torcales, pero la mañana transcurre, y la carroza se puede convertir en calabaza, así que decidimos completar la (media) jornada volviendo por los Llanos del Fraile.

Antes, aprovechamos que nos han quitado los árboles que nos impedían ver el bosque. echando una mirada al Majalijar y el Peñón del Jorobado, que asoman tras el Cerro del Tamboril.

Antes, aprovechamos que han quitado los árboles que nos impedían ver el bosque para echar una mirada al Majalijar y el Peñón del Jorobado, que asoman tras el Cerro del Tamboril. Todo Río Bermejo está a nuestros pies, aunque el fondo del valle siga hurtándose a la vista.

Donde el cortafuegos tuerce ostensiblemente a la derecha y se empina, aun intentamos progresar al frente, buscando trocha que nos condujera a cota hasta la vereda que baja de los Llanos del Fraile a Carialfaquí. Pero nuestro empeño es vano (o, por lo menos, suficientemente incierto como para dejarlo para otro momento). Pero la inmersión en la espesura nos regala todavía alguna botánica sorpresa:

El Cotoneaster granatensis, que tan raro es de ver en otras partes, aparece aquí con cierta profusión, sus hojas enteras y el porte más irregular de las ramas diferenciándolo claramente del Amelanchier ovalis, al que recuerda.

El Cotoneaster granatensis, que tan raro es de ver en otras partes, aparece aquí con cierta profusión, sus hojas enteras y el porte más irregular de las ramas diferenciándolo claramente del Amelanchier ovalis, al que recuerda.

De hecho, a la sombra de las encinas llega por momentos a formar macizos… ¡es la primera vez que veo más de un ejemplar en el mismo sitio!

De hecho, a la sombra de las encinas llega por momentos a formar macizos… ¡es la primera vez que veo más de un ejemplar en el mismo sitio!

Pero en fin; mi querencia por las umbrías debe someterse a la dura necesidad:

… que es pegarse este subidón hasta la cúspide del cortafuegos.

… que es pegarse este subidón hasta la cúspide del cortafuegos.

Afortunadamente, poco antes de llegar a las peñas, aparece claramente por la izquierda esta senda -que probablemente tiene correspondencia al otro lado del cortafuegos- y que nos invita a abandonar la subida de una forma que no podemos resistir.

Afortunadamente, poco antes de llegar a las peñas, aparece claramente por la izquierda esta senda -que probablemente tiene correspondencia al otro lado del cortafuegos- y que nos invita a abandonar la subida de una forma que no podemos resistir.

La vereda llanea unos metros, evitando la cima rocosa, y luego tuerce a la derecha, para llegar a un coqueto repunte junto a unas peñas:

Desde allí contemplamos el barranco que arranca justo desde los Llanos del Fraile. Tiene pinta de poderse superar sin mucho padecimiento, y llanear para buscar la vereda de Carialfaquí que mencionaba antes…

Desde allí contemplamos el barranco que arranca justo desde los Llanos del Fraile. Tiene pinta de poderse superar sin mucho padecimiento, y llanear para buscar la vereda de Carialfaquí que mencionaba antes…

… pero la hora nos hace desistir del empeño. Seguiremos hacia la derecha, ya casi sin senda pero por un terreno relativamente más cómodo. Llegados a la primera vaguada que cruza nuestro rumbo, la ascendemos -siempre a la derecha- hasta culminar en la divisoria, donde encontramos de nuevo el cortafuegos. En definitiva, hemos rodeado la cima rocosa que lo interrumpía, pero vuelve a ser nuestro camino.

Por el mismo ascendemos un nuevo escalón de la cuerda, que ya es el último, pues nos deja…

… en el amplio rellano en que culmina la ladera. Estamos justo sobre la línea de crestas que forman la Cerradura, que ahora nos queda al frente y a la derecha. Del otro lado vemos la cresta de las ametralladoras, al lado de la cual hemos bajado al fondo.

… en el amplio rellano en que culmina la ladera. Estamos justo sobre la línea de crestas que forman la Cerradura, que ahora nos queda al frente y a la derecha. Del otro lado vemos la cresta de las ametralladoras, a cuya sombra hemos bajado al fondo.

Dando la espalda a lo anterior, seguimos el cortafuegos/senda hacia la izquierda:

Que en menos que canta un pollo nos encamina con total seguridad a los Llanos del Fraile.

Y en menos que canta un pollo nos encamina con total seguridad a los Llanos del Fraile, junto a los que encontramos el carril principal.

Tomamos el carril hacia la derecha, y en unos minutos, pues realmente no hemos hecho más de un par de kilómetros en semicírculo, estamos en el vehículo. Corta pero intensa. Ahoj.

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4 pensamientos en “La Cerradura (Sierra de la Yedra)

  1. Joseme Caminos del Sur

    Muy buenas Miguel, un poco más y das con la Fuente de la Cerradura, a la que le tengo ganas. Aquí llevas el enlace de la web de “Conoce Tus Fuentes” http://www.conocetusfuentes.com/ficha_detalle.php?id_fuente=2470. Si algún día das con ella, me lo comunicas y me das norte exacto. Yo he bajado un montón de veces por el barranco de la Cerradura y hasta la fecha ni gota, porque la zona está más emboscada que la herencia de Jordi Puyol (jejeje)
    Un saludo y ya me contarás. Las coordenadas, tal y como en la web, UTM (ETRS89) son X: 452950.114; Y:4124845.019. por si tienes GPS y mira tú por dónde la localizas con el aparatejo.
    Un saludo y recuerdos de mi parte para tu hermano Juan, por si hablas con él o lo ves.

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    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Hola, Joseme. La verdad es que no consulté “Conoce tus fuentes” porque dí por supuesto que el agua que encontré era un aporte difuso al cauce que variaría según la estación y no merecía la consideración de fuente. La que viene señalada en dicha página, si las coordenadas no engañan, estaría situada bastante más arriba, en la ladera izquierda y no muy lejos de la cresta, con lo cual la ruta de acceso sería más bien por la vereda que desde el collado de las trincheras baja hacia Carialfaquí. En todo caso, las coordenadas las carga el diablo, y no sería la primera vez que están tomadas en un sistema de referencia y proyectadas sobre una ortofoto con otro distinto. De todos modos, serás puntualmente avisado si se produce el avistamiento (¡pero tienes que revisar los comentarios en tu blog, que tienes uno sin contestar en la del Misteriosos de 29 de Junio!).

      Un abrazo, y a ver cuándo me llevas a los veredones del Veleta…

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      1. Joseme Caminos del Sur

        Perdona Miguel por no haber contestado a tu comentario del que ya he dejado constancia. En cuanto a las coordenadas llevas toda la razón que las carga el diablo (jejeje). Por la parte que me toca, tengo que decir que todas las fuentes que he subido a esa estupenda web (la de “Conoce Tus Fuentes”), que ya he subido algunillas, las he tomado a pie de fuente. Y en cuando a lo de los Veredones del Veleta, este año ya hemos dado por finalizadas nuestras escapadas a Sierra Nevada, a ver si para el que viene nos ponemos en contacto y la volvemos a repetir. Pero eso no quita para cuando quieras darnos una vueltecilla por el Parque Natural de la Sierra de Huétor que tenemos tan a mano y cambiar impresiones. Si lo prefieres puedes mirar en la web de nuestro “Club de Senderismo El Bastón” en el apartado de salidas de este último trimestre del año, y si alguna de ellas te atrae, me lo dices y nos acompañas si te apetece. Un saludo y muchas gracias de nuevo por las palabras de elogio hacia esta, también tu casa de “Caminos del Sur”.

  2. Pingback: Cerro de los Pollos desde La Mora | elcaminosigueysigue

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