Dehesa de S. Jerónimo-Prado de las Yeguas

Caratula-SJeronimo-alta

17 Mayo 2015

Interrumpo la serie irlandesa para dar cuenta de un precioso y poco común recorrido que discurre por la Dehesa de San Jerónimo, en la solana del Valle del Monachil por debajo de la carretera de la Sierra. Es una zona que ya hemos visitado algunas veces (aquí y aquí, por ejemplo), incluyendo un despreocupado paseo por los Prados de las Yeguas. Lo que faltaba era la conexión entre ambos, como excusa para recorrer la solana por encima del Convento de las Adoratrices, en vez de por debajo como es costumbre. El empeño se reveló no sólo practicable, sino henchido de extraordinarias recompensas…

La motivación del invento nace de un vistazo a la ortofotografía de la zona, que muestra unos cuantos rellanos de intenso verde en la ladera por encima del Convento, junto a algunos peñascos de aspecto interesante, así como difusos vislumbres de lo que podrían ser veredas. Con la primavera en su esplendor, se imponía una exploración en toda regla.

Lo que hicimos fue llegar a las inmediaciones del Convento de S. Jerónimo o de las Adoratrices (ruta de acceso en coche explicada en el primer enlace del primer párrafo). Dejando el vehículo a la sombra en el comienzo del carril que baja al Cortijo de la Solana, retomamos el del Convento durante unos 150m, hasta un punto poco antes de la última curva a derechas:

Como senda no es demasiado notable, pero nos ayudarán a identificarla los registros hidráulicos que la jalonan, pues parece ser vía de servicio de una tubería o conducción enterrada por debajo.

Como senda no es demasiado notable, pero nos ayudarán a identificarla los registros hidráulicos que la jalonan, pues parece ser vía de servicio de una tubería o conducción enterrada por debajo.

Este primer tramo es bastante empinado, como demuestra la altura que enseguida ganamos sobre el camino…

Este primer tramo es bastante empinado, como demuestra la altura que enseguida ganamos sobre el camino…

Pero es corto, pues rápidamente salimos de entre los pinos a un primer rellano herboso:

… por donde caminamos ya más relajados, disfrutando del verde del prado y de las hermosas vistas.

… por donde caminamos ya más relajados, disfrutando del verde del prado y de las crecientes vistas.

Entre ellas la vista a la derecha, que nos permite ubicarnos con propiedad: el reborde festoneado de tajos que tenemos enfrente es el que tenemos que ganar; pero como entre medias discurre, deprimiendo el terreno, el Arroyo del Saltillo, habremos de progresar a la izquierda, dejando que el prado nos lleve hacia el arroyo, y superarlo más arriba.

Entre ellas la vista a la derecha, que nos permite ubicarnos con propiedad: el reborde festoneado de tajos que vemos enfrente es el que tenemos que superar; pero como entre medias discurre, deprimiendo el terreno, el Arroyo del Saltillo, habremos de progresar a la izquierda, dejando que el prado nos lleve hacia el arroyo, y superarlo más arriba.

Eso hacemos guiados por la trocha, débil entre la hierba, y por la propia configuración del terreno, que nos lleva hacia el arroyo. Llegamos a su vecindad en una zona donde se defiende con zarzas y hiedras, pero la trocha sigue en paralelo a él, aguas arriba, hasta que de modo natural lo cruza en un punto cómodo:

Este es el sitio. El arroyo apenas lleva un hilillo de agua.

Este es el sitio. El arroyo apenas lleva un hilillo de agua y la conducción soterrada no se alimenta de ella, sino que continúa del otro lado (seguramente procedente de alguna de las diversas fuentes que el plano señala más arriba).

He observado en el valle excavado por el arroyo la presencia de filitas, que suelen presentarse en el Manto Alpujárride en el contacto entre calizas y esquistos. Estamos en la zona donde ocurre esa transición; de hecho, el rellano que buscamos viene a ser una escama caliza que la erosión todavía no ha desmontado, y que reposa sobre los materiales silíceos. De ahí las fuentes, que drenan el agua que absorben las calizas, al tropezar aquélla con los materiales más impermeables.

Aprovechando la humedad del arroyo, una Aquilegia despliega todo su colorido de Semana Santa…

Aprovechando la humedad del arroyo, una Aquilegia despliega todo su colorido de Semana Santa…

Superado el arroyo, la senda progresa adecuadamente por el bosque de pinos.

Superado el arroyo, la senda progresa adecuadamente por el bosque de pinos.

Puede seguirse la senda sin problemas, que asciende moderadamente, o también se puede seguir la horizontal por entre los pinos, siempre que veamos el reborde rocoso al frente y lo juzguemos practicable (así evitaremos subir de más, ya que luego se baja).

Yo, por ejemplo, trepé un poco por aquí. En cualquier caso, hay que salir de los pinos y superar el reborde o cresta de la ladera…

Yo, por ejemplo, trepé un poco por aquí. En cualquier caso, hay que salir de los pinos y superar el reborde o cresta de la ladera…

… para de repente dominar la preciosa hoya que nos aguarda del otro lado, hacia abajo y a la derecha:

Estamos en una ladera despejada que se inclina suavemente hacia un hermoso prado -yo diría que una dolina- que verdea en su parte baja. Al fondo, la Loma de Dílar extiende su inmensidad cetácea hasta el mismísimo Veleta.

Estamos en una ladera despejada que se inclina suavemente hacia un hermoso prado -yo diría que una dolina- que verdea en su parte baja. Al fondo, la Loma de Dílar extiende su inmensidad cetácea hasta el mismísimo Veleta.

Del lado del reborde, genistas, escaramujos y diversos tipos de espinos forman un abigarrado conjunto, a la vista de la Peña del Tesoro.

Del lado del reborde, genistas, escaramujos y diversos tipos de espinos forman un abigarrado conjunto, a la vista de la Peña del Tesoro.

Nos dejamos caer indolentemente hasta el cogollo verde de la depresión:

Aquí, con el agua a flor de tierra, es donde el majuelo reina indiscutido.

Aquí, con el agua a flor de tierra, es donde el majuelo reina indiscutido.

Recorriendo el prado de modo natural hacia su punto más bajo, llegamos al sitio donde arranca -o reaparece- la trocha que el ganado hace al entrar o salir de la hierba:

Esta es.

Esta es.

De todas formas, nos espera un segundo rellano, más bajo, donde extasiarnos en arrobada contemplación:

Aquí los majuelos, menos asoleados, se muestran todavía en su espléndida floración. Dos peñascos cierran la concavidad…

Aquí los majuelos, menos asoleados, se muestran todavía en su espléndida floración. Dos peñascos cierran la concavidad…

… y este en particular parece estar diciendo "súbeme"…

… y este en particular parece estar diciendo “súbeme”…

No tuvimos corazón para desoir la llamada, así que, tras unas cuantas vueltas al cinturón espinoso que defiende el cerrillo…

Flores, sí, pero con abundantes espinas.

Flores, sí, pero con abundantes espinas…

… atacamos la roca por la derecha, con algún trepadero no muy difícil…

Tras los majuelos hay un edén de peonías y gamones…

Tras los majuelos hay un edén de peonías y gamones…

… y enseguida llegas a la cima, desde la que la vista se despliega sin trabas por medio valle del Monachil:

Desde el Cerro de los Poyos al Veleta pasando por la loma de Dílar. A sus pies el Valle del Monachil y, desde nuestra izquierda, el Barranco de Los Prados del Aire que se junta con el Río justo frente a nosotros, en lo hondo.

Desde el Cerro de los Poyos al Veleta pasando por la loma de Dílar. A sus pies el Valle del Monachil y, desde nuestra izquierda, el Barranco de Los Prados del Aire que se junta con el río justo frente a nosotros, en lo hondo. La loma de la izquierda se ve cruzada por un tendido de alta tensión que se dirige a la Estación de Esquí; la banda despejada de vegetación que acompaña a las torres es la que nos va a servir para seguir, después de pasar por el prado que se ve a la izquierda.

De momento hay que ganar el prado, por lo que desandamos hasta la vereda, que luego atraviesa un cómodo y agradable tramo entre pinos hasta asomarse al Barranco de los Prados del Aire y el prado, que está justo al otro lado:

Justo sobre el Barranco, aquí poco abarrancado, y enfrente del prado.

Justo sobre el Barranco, aquí poco abarrancado, y enfrente del prado. Se desciende hacia la izquierda y en un periquete se cruza el barranco, con algo de agua, y se accede al prado, donde se desintegran unos vetustos muros de piedra seca, restos de cortijo o corrales.

Desde el prado divisamos perfectamente las torres del tendido eléctrico, y hacia ellas nos dirigiremos, ganando más o menos altura según nos lo pida el cuerpo y nos lo permita el terreno:

En esa subida nos encontraremos los primeros melojos, que aquí empiezan a entreverarse con los pinos…

En esa subida nos encontraremos los primeros melojos, que aquí empiezan a entreverarse con los pinos. Los agracejos ponen su nota amarilla a la izquierda.

Y los gamones se alinean dibujando blancos senderos…

Y los gamones se alinean dibujando vías lácteas de flores estrelladas…

Llegamos bajo los cables de alta tensión y no queda sino seguir la línea que nos marcan…

Como cortafuegos no es que corte mucho, poblado de robles y encinas, pero mejor para nuestras cabezas recalentadas.

Como cortafuegos no es que corte mucho, poblado de robles y encinas, pero mejor para nuestras cabezas recalentadas.

A ambos lados de la zona despejada, robles y gamones nos ofrecen estampas idílicas, que nos distraen del ascenso.

A ambos lados de la zona despejada, robles y gamones nos ofrecen estampas idílicas, que nos distraen del ascenso.

Llegamos por fin a la torre más alta, desde la que ya se divisa Pradollano y la Estación de Esquí.

Llegamos por fin a la torre más alta, desde la que ya se divisa Pradollano y la Estación de Esquí.

Seguimos por la línea de las torres, ahora en bajada, hasta que cerca del final dejamos el tendido librado a su suerte y nos encaminamos derechos a esta alameda:

En el comienzo de las Prados de las Yeguas destaca este grupo de poderosos álamos, bajo los que se agazapa una minúscula casilla.

En el comienzo de las Prados de las Yeguas destaca este grupo de poderosos álamos, bajo los que se agazapa una minúscula casilla.

Más allá de la alameda se abren los prados, por los que ya hemos andado. Pero en dirección contraria y hacia abajo, en busca del río, se descuelga otra preciosa escala de rellanos herbosos:

Al fondo, el Río Monachil.

Al fondo, el Río Monachil.

Vamos a descender en principio por lo abierto, a la izquierda del arroyito que se va concretando, pero con una prevención: hacia el final, el terreno de este lado se abarranca bastante, por lo que en algún momento habrá que cruzar el arroyito hasta su margen derecha, por la que se puede completar la bajada. Así que no nos alejaremos demasiado del cauce.

Cuando nos internamos en la primera pinada, se concreta una trocha que tuerce a la izquierda. A los pocos metros los robles sustituyen a los pinos:

Pinos y robles para un precioso bosque, que se continúa ópticamente con el robledal que ocupa la umbría al otro lado del río.

Pinos y robles para un precioso bosque, que se continúa ópticamente con el robledal que ocupa la umbría al otro lado del río.

Torcemos de nuevo a la derecha para arribar a un precioso claro:

El rotundo grupo de robles del fondo nos invita a acampar bajo sus ramas para una bien ganada comida.

El rotundo grupo de robles del fondo nos invita a acampar bajo sus ramas para una bien ganada comida.

Mientras la gente desenvuelve bocadillos, avanzo unos metros más, hasta donde la loma hace varios escalones antes de precipitarse vertiginosamente hacia abajo…

Desde allí tengo buena vista de lo que sigue: tengo enfrente el valle del Monachil, con la Loma del Tesoro al fondo. Frente a mí el terreno se hunde. Por la derecha observo una estribación de la loma que es la margen derecha del arroyo que hemos seguido. Hay trochas por ella, por una faja de prados que desciende suavemente hacia el río.

Desde allí tengo buena vista de lo que sigue: tengo enfrente el valle del Monachil, con la Loma del Tesoro al fondo. Frente a mí el terreno se hunde. Por la derecha observo una estribación de la loma que es la margen derecha del arroyo que hemos seguido. Hay trochas por ella, por una faja de prados que desciende suavemente hacia el río.

Para que quede claro lo proceloso de la vía directa, he aquí esta toma con el río ¡por fin! al fondo.

Para que quede claro lo proceloso de la vía directa, he aquí esta toma con el río ¡por fin! al fondo.

Y una perspectiva hacia arriba del reborde donde el terreno se abarranca.

Y una perspectiva hacia arriba del reborde donde el terreno se abarranca.

En resumen: que después de comer nos dirigiremos directos hacia el arroyo, que discurre por el extremo del claro, y lo cruzaremos para seguir por la margen derecha.

Pero antes nos haremos la foto oficial a los pies de los robles.

Pero antes nos haremos la foto oficial a los pies de los robles.

Después de cruzar, por una exigua trocha, ya estamos enfilados con la faja de prados que nos va a conducir hacia abajo.

Después de cruzar, por una exigua trocha, ya estamos enfilados con la faja de prados que nos va a conducir hacia abajo…

… y que por momentos se convierte en un camino-jardín del Edén…

… y que por momentos se convierte en un camino-jardín del Edén…

Pero ¡Ay! todo Edén tiene su serpiente. En nuestro caso ocurre que la línea de prados no llega hasta la vereda que lleva del Convento de S. Jerónimo al río. Acaba abruptamente en un canchal, dejándonos a unos 50 m por encima de la vereda. Ese tramo tendremos que hacerlo “a la brava”, por una empinada ladera por la que nos deslizamos (confortados por la seguridad de que la vereda está ahí, porque ya la conocemos).

Llegados a la vereda la tomamos a la izquierda, para acabar la bajada al río, al que enseguida llegamos:

Hermoso y montañero lugar donde el agua se abre paso impetuosa entre robles, encinas y majuelos.

Hermoso y montañero lugar donde el agua se abre paso impetuosa entre robles, encinas y majuelos.

Después de las correspondientes abluciones podológicas emprendemos el regreso por la mencionada senda hacia el Convento, desandando los últimos metros que habíamos hecho, y siguiendo luego por la ruta que se describe (como ruta de acceso) en el primer enlace del post. Es preciosa pero ya está contada. Al final, rodeamos la mismísima pared del Convento y por el camino llegamos a los vehículos. Un disfrute.

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