Subida al Puerto de la Hiruela

Caratula-Hiruela

13 Marzo 2016

Hay rutas que se gestan en un vislumbre fugaz que atrapa la imaginación: en este caso el de un prado verde y pendiente, colgado bajo unos tajos, allá en los cerros que he rodeado infinidad de veces yendo en coche de Granada a Jaén por la autovía. Cuando dejas a la derecha la vista de Pegalajar y antes de llegar al desvío de La Guardia, queda a la izquierda y detrás el vistoso cerro del Moroche, diente picudo que señorea el valle. Detrás, en las alturas de la Sierra de Grajales, me atraía como un imán ese retazo verde que prometía delicias y esfuerzo a partes iguales; parecía difícil, pero un poco de investigación me convenció de que había ruta, que es en definitiva la del llamado Barranco del Puerto de la Hiruela, y el día menos pensado fuimos a por ella…

Reconozco que, por una vez y sin que sirva de precedente, el ansia pudo más que la prudencia que esperan de mí mis compañeros de ruta, y decidí no rebajar mis expectativas de ascenso al nivel esperable por los menos entrenados. Siempre se podía decir “hasta aquí hemos llegado” y volver por el mismo camino. No fue el caso, y tengo que agradecer y felicitar a los que sufrieron algo más de lo deseable, porque al final la hicimos completa y redonda. No es que sea la ascensión al K2 sin oxígeno, pero sí son casi 700m de desnivel bastante constante, que nos llevaron del olivar a las nieves en un abrir y cerrar… de bocas jadeantes.

Plano-Hiruela

Bien. De paso descubrimos un nuevo acceso a estos parajes: Cárchel, muy cerquita de Carchelejo por donde hemos accedido en alguna ocasión a los Llanos de Palomares. En esta ocasión, aun entrando por el mismo desvío desde la autovía a Carchelejo, continuamos hasta Cárchel y luego 3,8 km por una modesta carreterita asfaltada que sigue en dirección norte hasta el que llaman Puerto del Aire, collado que forma con la ladera el Cerro de la Estrella. Allí comenzaba la aventura…

Y como comienzo ya resulta estimulante, con el Almadén y Mágina mostrando su calva nevada allá al fondo…

Y como comienzo ya resulta estimulante, con el Almadén y Mágina mostrando su calva nevada allá al fondo…

Aunque nuestra ruta le da la espalda a esos colosos, internándose -todavía carril- en el olivar:

Sazonado con algún vistoso pino. Con intención de "levantar la liebre" comenté que igual volveríamos desde las alturas que se ven detrás, lo que fue recibido con cortés -y atemorizado- escepticismo.

Sazonado con algún vistoso pino. Con intención de “levantar la liebre” comenté que igual volveríamos por sobre las alturas que se ven detrás, lo que fue recibido con cortés -y atemorizado- escepticismo.

Pero era verdad. Porque lo que había descubierto como eje de la ruta, el Barranco del Puerto de la Hiruela, asciende por detrás de esos cerros casi hasta su misma cumbre.

Pero bueno, de momento íbamos bajando suavemente, lo que viene bien para calentar las piernas, aunque hubiera luego que abandonar el carril y faldear adentrándonos en terreno montaraz para no perder demasiada altura:

No era terreno demasiado malo una vez encontrada la trocha justa, y las vistas iban compensando: Pegalajar al fondo.

No era terreno demasiado malo una vez encontrada la trocha justa, y las vistas iban compensando: Pegalajar al fondo.

Al final la senda vuelve a encontrar un carril, que progresa en llano en dirección al Cortijo de La Sima. Cómodo, muy cómodo como para durar. Y, en efecto, tras unos cientos de metros llegamos al arranque de otro que nace a contramano por la izquierda, éste ya con la pendiente que, chispa más o menos, va a mantenerse los próximos kilómetros. Así que anuncié, solemne, “aquí empezamos a subir”, y empezamos.

El carril nos lleva con decisión a la base de los tajos que habíamos ido divisando por la izquierda, que llaman Sierra de Los Bodegones:

Es una formación espectacular, taladrada por notables cavidades, que presenta una afilada arista de cara al camino.

Es una formación espectacular, taladrada por notables cavidades, que presenta una afilada arista de cara al camino, flanqueada a ambos lados por cóncavos escarpes.

Y del lado del valle, el conspicuo cerro Moroche, que desde este punto se revela cresta y no diente, como desde la carretera.

Y del lado del valle, el conspicuo cerro Moroche, que desde este punto se revela cresta y no diente, como desde la carretera.

Justo bajo los tajos del otro lado de la arista el carril termina bruscamente, siendo sustituido por una senda…

…que, eso sí, no ofrece ninguna duda.

…que, eso sí, no ofrece ninguna duda.

¿Veis ese espolón rocoso al fondo? Os ahorro alguna revuelta por un bosquecillo mixto de pinos y encinas, primero suave, luego empinándose, y nos colocamos en su base:

De la que nos separa una empinada vaguada. Hemos salido a un prado en (bastante) pendiente, que no es otro que el que me había llamado desde la distancia, allá en la autovía. Es como estar dentro del cuento…

De la que nos separa una empinada vaguada. Hemos salido a un prado en (bastante) pendiente, que no es otro que el que me había llamado desde la distancia, allá en la autovía. Es como estar dentro del cuento…

Desde aquí el Moroche se revela sin estorbos, todo peñascos y barranqueras. He dejado fuera de la foto, por pudor, el feo costurón de una cantera que muerde su costado derecho.

Desde aquí el Moroche se revela sin estorbos, todo peñascos y barranqueras. He dejado fuera de la foto, por pudor, el feo costurón de una cantera que muerde su costado derecho.

Hacia atrás, la arista de Los Bodegones está a punto de ocultar la Sierra de Mágina.

Hacia atrás, la arista de Los Bodegones está a punto de ocultar la Sierra de Mágina.

Y, hacia arriba, la senda ofrece delicias y esfuerzo, como prometía.

Y, hacia arriba, la senda ofrece delicias y esfuerzo, como prometía.

Ascendemos por la vaguada que nos separa de la vecina cresta, hasta que en un momento dado cruzamos la primera y ascendemos trabajosamente -pues la pendiente no ceja- hasta coronar la segunda:

Divisoria que es, ahora sí, del Barranco de la Hiruela que discurre por el otro lado.

Divisoria que es, ahora sí, del Barranco de la Hiruela que discurre por el otro lado. Pinos a la izquierda, sabinas aisladas y retamas de nuestro lado.

La cresta es estrecha y por momentos se adorna de peñascos y sabinas.

La cresta es estrecha y por momentos se adorna de peñascos y sabinas.

Poe fin tenemos un primer vislumbre del Barranco del Puerto de la Hiruela, con la densa espesura de la finca de la Sima al otro lado. Observo aquí una vereda relativamente bien marcada que pica hacia abajo buscando el barranco desde el collado. Tomo nota para un futuro recorrido que incluyera el Moroche y luego la subida por el barranco.

Por fin tenemos un primer vislumbre del Barranco del Puerto de la Hiruela, con la densa espesura de la finca de la Sima al otro lado. Observo una vereda relativamente bien marcada que pica hacia abajo desde el collado buscando el barranco. Tomo nota para un futuro recorrido que incluyera el Moroche y luego la subida por el barranco hasta este punto.

Tras un merecido descanso, retomamos el ascenso entre cresta y vaguada, hasta que esta última viene a morir en un primoroso collado que hace la cresta al torcer a la izquierda y adosarse a la ladera de ese lado:

Tras el cual se adivinan ya las cimas de la sierra…

Tras el mismo se adivinan ya las cimas de la sierra…

Y, una vez coronado, nos aboca al Barranco del Puerto de la Hiruela, de nuevo, cuando, al igual que la cresta, hace un giro izquierda-derecha, a través de una vistosa puerta entre tajos, para enfilar las alturas que tenemos al frente.

Y, una vez coronado, nos aboca al Barranco del Puerto de la Hiruela, de nuevo, cuando, al igual que la cresta, hace un giro izquierda-derecha, a través de una vistosa puerta entre tajos, para enfilar las alturas que tenemos al frente.

Otro descanso, superado lo más duro de la jornada, en este nuestro particular Rubicón: era el momento de decidir si seguíamos hacia arriba o bajábamos por donde habíamos venido. La impresión de que lo que quedaba era ya más tendido, y sobre todo la perspectiva de tener que subir derrotados por el olivar del principio obraron el milagro: seguimos.

Desde la senda que ¡en ligera bajada! nos conduce al fondo del valle nos ofrece una buena perspectiva de la rocosa puerta que antes mencionaba. Quedará para otra ocasión averiguar si esa puerta permite acceder a la parte baja del barranco…

Desde la senda que ¡en ligera bajada! nos conduce al fondo del valle disfrutamos de una buena perspectiva de la rocosa puerta que antes mencionaba. Quedará para otra ocasión averiguar si esa puerta permite acceder a la parte baja del barranco…

De momento, accedemos cómodamente al cauce. Nos queda la duda de si la pequeña cerrada que se divisa al fondo será practicable.

De momento, accedemos cómodamente al cauce. Nos queda la duda de si la pequeña cerrada que se divisa al fondo será practicable.

Y descubrimos que, salvo un pequeño escalón nada complicado, no ofrece ningún problema.

Enseguida descubriremos que, salvo un pequeño escalón nada complicado, no ofrece ningún problema.

Tras el estrechamiento el valle se abre en un ameno prado donde confluyen dos barrancos: el que seguimos y otro que viene desde la izquierda:

Que viene de la línea de alturas que queremos coronar. Podría ser una ruta más directa, pero también, intuimos, más pendiente y difícil de caminar. Decidimos seguir por el principal, al frente y a la derecha.

Que viene de la línea de alturas que queremos coronar. Podría ser una ruta más directa, pero también, intuimos, más pendiente y difícil de caminar. Decidimos seguir por el principal, al frente y a la derecha.

Pero antes cumplimos el rito de la foto oficial, con el airoso cerro que se alza sobre el puerto a nuestras espaldas. Desde aquí recuerda vagamente al Majalijar, y la nieve que todavía lo adorna

Pero antes cumplimos el rito de la foto oficial, con el airoso cerro que se alza sobre el puerto a nuestras espaldas. Desde aquí recuerda vagamente al Majalijar, y la nieve que todavía lo adorna nos hace tomar conciencia de todo lo que vamos a ascender el día de hoy ¡igual pisamos blanco, para delicia de la chiquillería!

Lo que ocurre incluso antes de lo esperado, pues empezamos a atravesar manchas de nieve un poco más arriba. Vuelan algunos proyectiles que amenizan el ascenso…

Lo que ocurre incluso antes de lo esperado, pues empezamos a atravesar manchas de nieve un poco más arriba. Vuelan algunos proyectiles que amenizan el ascenso…

Por fin llegamos a un nuevo ensanchamiento herboso, buy herboso, donde el valle vuelve a bifurcarse entre el ramal de la derecha, que asciende al puerto de la Hiruela, y el de la izquierda, que debemos ascender para ganar la línea de cumbres.

Por fin llegamos a un nuevo ensanchamiento herboso, buy herboso, donde el valle vuelve a bifurcarse entre el ramal de la derecha, que asciende al puerto de la Hiruela, y el de la izquierda, que debemos ascender para ganar la línea de cumbres. Un conspicuo bloque de roca nos atrae como si de un imán se tratara, y decidimos que no hallaremos mejor lugar para comer, a lo que nos entregamos con entusiasmo.

Tras reponer fuerzas -aunque gastamos algunas en singular batalla de bolas de nieve- emprendemos el último tramo de ascenso. Aunque es la izquierda nuestra ruta, yo decido ascender primero al collado de la derecha, que no es otro que el Puerto de la Hiruela que da nombre a la ruta, confiando en que la travesía en horizontal bajo el pico del fondo sea fácil y agradable.

El puerto es amplio y despejado, y me siento como dentro de "Sonrisas y lágrimas", allá en los Alpes…

El puerto es amplio y despejado, y me siento como dentro de “Sonrisas y lágrimas”, allá en los Alpes…

… aunque sean en esta ocasión La Pandera y la Sierra de Ventisqueros las que hacen de telón de fondo, compensando sobradamente el esfuerzo de llegar aquí.

… aunque sean en esta ocasión La Pandera y la Sierra de Ventisqueros las que hacen de telón de fondo, compensando sobradamente el esfuerzo de llegar aquí. El prado está cuajado de gamones, que imagino que dentro de uno o dos meses desplegarán por miles sus blancas varas floridas. El barranco que aquí comienza no es otro que el Arroyo del Fresno, que pasa junto al mismísimo Cortijo de Palomares en los llanos del mismo nombre, antes de precipitarse hacia el conocido paraje de las Hazadillas.

Hacia el otro lado, por encima de la línea de cumbres, vuelvo a saludar al Pico Almadén, que asoma la cabeza tras los riscos desnudos.

Hacia el otro lado, por encima de la línea de cumbres, vuelvo a saludar al Pico Almadén, que asoma la cabeza tras los riscos desnudos.

Para mi satisfacción, del collado parte, manteniendo la altura, una simpática vereda justo por el sitio por el que pretendía atravesar, confirmándome que he tomado la ruta más acertada (a diferencia de los demás, que se afanan con la mayor pendiente y el terreno más complicado de la vía “directa”).

Mi veredita bajo el pico atraviesa una zona de piornos, entre los que se demora la nieve -aquella que veíamos hace un rato desde el barranco-, creando un hermoso damero de verdes y blancos.

Mi veredita bajo el pico atraviesa una zona de piornos, entre los que se demora la nieve -aquella que veíamos hace un rato desde el barranco-, creando un hermoso damero de verdes y blancos.

Nos volvemos a reunir en la vereda, hacia la que dirijo a los que andan por debajo, y con ella acabamos de rodear el cerro -cuyo nombre ignoro: ¿Cerro de Ventarique?- y embocamos el final de la otra barranquera y el llano en el que termina:

Esta es la vereda, atravesando una puertecita hacia el llano. El terreno va descarnándose por momentos…

Esta es la vereda, atravesando una puertecita hacia el llano. El terreno va descarnándose por momentos…

Acaba la vaguada en un llano indistinto, entre el pico que acabo de rodear y la línea de cimas de la izquierda. Esto tiene por nombre Cuello de Ventarique, y del otro lado desciende hacia Cárchel y el valle del Guadalbullón.

Acaba la vaguada en un llano indistinto, entre el pico que acabo de rodear y la línea de cimas de la izquierda. Esto tiene por nombre Cuello de Ventarique, y del otro lado desciende hacia Cárchel y el valle del Guadalbullón.

Sin embargo, no acabaremos de coronar el cuello, pues los vehículos nos quedan más a la izquierda, y no vale la pena progresar al frente. En cambio, torceremos a la izquierda y buscaremos paso, siempre por trochas que el ganado ha ido marcando, entre el último y el penúltimo cerro de los de ese lado.

A punto de coronar la línea de cumbres, volvemos la mirada hacia el Puerto de la Hiruela, donde he estado hace un rato. Vemos bajo el cerro de la izquierda la vereda que hemos atravesado hace un momento.

A punto de coronar la línea de cumbres, volvemos la mirada hacia el Puerto de la Hiruela, donde he estado hace un rato. Vemos bajo el cerro de la izquierda la vereda que hemos atravesado hace un momento. Y por detrás, denso de encinas, el Cerro Grajales propiamente dicho.

Y, por fin, coronamos la divisoria, en las inmediaciones del Cerro de los Tres Mancebos:

…que es alguno de los desgarbados morrones que quedan a nuestra izquierda y al frente. Ya nada se interpone entre nosotros y la Sierra de Mágina…

…que es alguno de los desgarbados morrones que quedan a nuestra izquierda y al frente. Ya nada se interpone entre nosotros y la Sierra de Mágina…

… y de una fastuosa vista de todo este sector de la Subbética giennense. Lástima que el día esté turbio, porque tampoco nada nos taparía la vista de Sierra Arana y la Propia Sierra Nevada, que apenas logramos intuir en la brumosa lejanía.

… y una fastuosa vista de todo este sector de la Subbética giennense. Lástima que el día esté turbio, porque tampoco nada nos taparía la vista de Sierra Arana y la Propia Sierra Nevada, que apenas logramos intuir en la brumosa lejanía, allá a la derecha.

A patir de aquí cresteamos durante un rato, o más bien andamos por este descarnado altiplano, procurando mantenernos cerca de la divisoria hasta el punto en el que, de acuerdo con las referencias que tengo memorizadas a partir de planos y fotos, tenemos que empezar a bajar (en el plano del principio tenéis la línea aproximada de nuestro deambular).

Antes de eso, una última mirada al barranco que hemos ascendido:

El cerrillo que ocupa el centro de la foto no es otro que el Moroche, que habíamos observado desafiante por encima de nosotros al comienzo de la ruta ¡mirad dónde ha quedado, todo jibarizado tras la subida!

El cerrillo que ocupa el centro de la foto no es otro que el Moroche, que habíamos observado desafiante por encima de nosotros al comienzo de la ruta ¡mirad dónde ha quedado, todo jibarizado tras la subida! Tras él, el pueblo de La Guardia recostado en su ladera, y aun más a la izquierda, al fondo, las primeras casas de Jaén.

El comienzo de la bajada de verdad sucede tras rodear la cabecera de un barranco que aparece en el mapa como Barranco de la Cueva del Judío, en el cual nos encontramos un singular bojque:

Esto es: un bosquete de boj. Ignoro si sempervirens o balearica. Me sorprende bastante encontrarlo en este terreno tan expuesto y aparentemente árido, acostumbrado como estoy a asociarlo a la costa y a sierras como la Almijara. Pero que crece aquí en gran cantidad (aunque con poco desarrollo) es un hecho, y aquí queda consignado.

Esto es: un bosquete de boj. Ignoro si sempervirens o balearica. Me sorprende bastante encontrarlo en este terreno tan expuesto y aparentemente árido, acostumbrado como estoy a asociarlo a la costa y a sierras como la Almijara. Pero que crece aquí en gran cantidad (aunque con poco desarrollo) es un hecho, y aquí queda consignado.

Tras rodear la cabecera del barranco descendemos unos centenares de metros hasta un resalte de la ladera que forma un breve collado, donde relajamos las piernas que ya se van cargando por el descenso en un terreno pedregoso y antipático. Pero esto es sólo el principio, porque desde el collado nos espera otro trecho aun más antipático por un lomo erizado de piedras y arbustos que da grima verlo. Descartamos una vereda que parece volver hacia Cárchel y acabamos enredándonos en el monte sin sendas, antes de volver a encontrar algo parecido a una trocha. La dirección la teníamos más o menos clara: hacia abajo y ligeramente a la izquierda, hacia los olivares, pero encontrar paso ha sido un acertijo en cada metro del camino.

Vale que las vistas son estimulantes, con la Sierra de Mágina siempre al fondo, pero podéis ver en primer plano lo entretenido del terreno. Cárchel aparece a la derecha, y el puertecillo donde están los vehículos marcado con un círculo a la izquierda ¡Quién fuera ave!

Vale que las vistas son estimulantes, con la Sierra de Mágina siempre al fondo, pero podéis ver en primer plano lo entretenido del terreno. Cárchel aparece a la derecha, y el puertecillo donde están los vehículos está marcado con un círculo a la izquierda ¡Quién fuera ave!

Hay que decir que acabamos llegando, el último tramo ya más fácil por los olivares, donde asustamos a un paisano que acechaba perdiz con su reclamo enjaulado, pero él nos asustó primero con su escopetazo, que todo hay que decirlo. Cansados y sedientos, aunque satisfechos (unos más que otros), llegamos a los vehículos y emprendemos el regreso. Ha sido la más palmaria demostración del acertado adagio: “al que algo quiere, algo le cuesta”. Salud.

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