Barranco de los Castillejos (Sierra de Lújar)

9 de Febrero 2020

La Sierra de Lújar, tal como se presenta desde la autovía de la Costa, parece un informe conjunto de lomas peladas -¡ay, los incendios!- que confluyen en un domo de aspecto poco interesante, salvo por las vistas que promete. Pero, como todo en esta vida, alberga sorpresas  que no te esperas (por eso son sorpresas, ahora que lo pienso). Entre ellas, unos espesos encinares en su parte superior, y uno de los barrancos más formidables de la provincia, que no desmerece en absoluto frente a los cañones calizos de Sierra Nevada o la Almijara. Espeso y difícil, pero pródigo en bravías bellezas…

Como que tenía las sierras costeras un poco abandonadas, tras un viaje a la playa me decidí a explorar a vista de satélite las posibilidades de la zona. Lújar era lo más cercano, así que enseguida estaba recorriendo virtualmente sus alturas. Descubrí de entrada que, más allá de la zona arrasada por el pavoroso incendio del 78, muchas umbrías de la cara que mira a Sierra Nevada aparecían cubiertas de arbolado. Pinos en las partes bajas, encinas más arriba… Y entonces me tropecé con ÉL. A vista de pájaro destaca poderosamente por una cualidad quebrada que contrasta fuertemente con las suaves lomas del resto de la Sierra. Es como si un obrero gigantesco hubiera atacado con una pala descomunal un montón de arena alisada y compactada por la lluvia, dejando un monstruoso hueco dentado donde hubo suaves pendientes. Un costurón que arranca desde la misma cima de la montaña y la atraviesa sin piedad hasta morir en el Guadalfeo justo enfrente de Órgiva. El Barranco de los Castillejos.

La segunda fase de mis investigaciones suele ser la Revisión Bibliográfica: encontré pocas referencias, algo en Waste Magazine sobre exhuberante vegetación de encinas, cornicabras, quejigos, arces granatenses, majuelos y hiedras ¡caramba con la Sierra de Lújar! Muy poco en Wikiloc, salvo para mencionar que el sendero señalizado Camino de los Mineros lo cruza en un par de ocasiones por su parte baja. Ya me resignaba a que fuera un barranco imposible, cuando tropecé con un valiente que lo había hecho de cabo a rabo, y por tó lo hondo: su nom de guerre es STPierre (sin haberlo pensado, me ha salido un pareado) y debo confesar que, sin sus tracks (1 y 2), probablemente no hubiera osado adentrarme en esta bestia. Quede dicho para que el César obtenga lo que es suyo. Pero de sus rutas, una era muy larga para los días cortos del invierno, y la otra salía del barranco por una loma de aspecto temible, que no me encontraba con ánimo de afrontar. Buscando, buscando, pergeñé una alternativa que podría funcionar (y si no, para abajo por donde vine). Así que esta es la historia. Hay que decir, abundando en las precauciones que señala el pionero original, que es un barranco hosco, por momentos pesado de andar, que se ascienden más de 1.100m en apenas 5km, y que tiene al menos dos momentos que se pueden calificar de delicados, si no peligrosos. Eso sin contar que no te caiga una piedra encima, como las infinitas que ya pueblan sus canchales. Estáis avisados.

Este es el track de la ruta en Wikiloc.

Para llegar al punto de comienzo desde Granada hay que bajar por la Autovía de la Costa, salir en la salida 175 a Vélez y la presa de Rules, y regresar por la carretera que lleva a Órgiva, hasta un ensanche a la derecha, un par de curvas antes del túnel previo al puente del Guadalfeo. Aunque puede hacerse andando desde la misma carretera, decidí ahorrarme el pesado tramo inicial del barranco, subiendo con el coche por el carril hasta la curva donde el mismo abandona el barranco en busca de las minas de la ladera que mira a Rules. Está deteriorado por los camiones de las minas, y es pendiente y pedregoso, pero practicable si el vehículo tiene altos los bajos, y tú alta la moral y bajos los reparos.

En la curva en cuestión aparco y comienzo a caminar, por un carril secundario que remonta el barranco.

Primer tramo dulce y cómodo, con el sol de la mañana besando la ladera…

Este caminito secundario no quiere saber nada del barranco, y escapa en 200/300 m por la ladera izquierda, pero por el fondo continúa una vía verde que sigue siendo cómoda.

La senda atraviesa enseguida un primer estrechamiento de bella factura: en un lado las hiedras abrazan estrechamente la roca; en el otro, un ¿cornicabra? la perfora inmisericorde para sobrevivir.

Al cabo de unos 500 m llegamos a un dique de obra, de los construidos para disminuir la erosión. Se supera con facilidad, bien por sendita a la izquierda o por unas escaleras de mano fijadas a la estructura. Y después…

… se acabó el camino. A partir de ahora, solo sendas de cabras, que en muchos momentos discurren por los canchales que alcanzan -y por momentos colapsan- el cauce.

El mapa geológico del IGME caracteriza toda la zona como calizas y dolomías con intercalaciones de margocalizas, yeso, rocas verdes y arcillitas. Es interesante saberlo, porque si las calizas puras son rocas consistentes, que dan relieves duros pero sólidos, me da a mí que las dichosas intercalaciones convierten muchos tramos de este barranco en terreno más inestable de lo que sería de desear, y colaboran sin duda a una cantidad de derrubios en su base como pocas veces he visto. En fin, es lo que hay.

El primer quiebro después del dique exhibe potentes cortados de roca bermeja, y un vetusto corral a sus pies (La foto es de un día anterior, de “toma de contacto”).

Ando sorteando cornicabras, a ratos cerca del fondo y a ratos por los canchales. Aunque no es un barranco transitado, hay sugerencias de trochas casi en todo su recorrido.

La siguiente revuelta apunta ya en derechura a las lejanas cimas. El sol no pisa el fondo. Imagino que, al menos en invierno,  muchos puntos del barranco solo disfrutarán de él unos pocos minutos al día.

En el tramo que sigue obedezco a las trochas que progresan por los canchales de la izquierda, y acabo ascendiendo por la ladera hasta una zona incómoda, pendiente y con abundante vegetación, que me hace resoplar. Cuando las trochas hacen eso, se suele deber a que evitan un punto insalvable del cauce, pero tengo la sospecha de que en este caso las bestezuelas del bosque me han hecho una jugarreta, y debería haber seguido por el fondo. En todo caso, bajo a encontrarlo en cuanto tengo ocasión, temiendo que este sea uno de esos casos en que la penosidad del avance diluye las recompensas paisajísticas. Veremos.

Una bella puerta de piedra, donde los derrubios, por una vez, han contribuido a allanar el camino en vez de al contrario, me reconcilia con el barranco. Hiedras inverosímiles tapizan los muros del… Castillejo.

Sigue ahora un tramo relativamente cómodo, por canchales de poca pendiente, e incluso algún llano herboso de cierta amplitud:

Casi una plaza. La lavanda azulea junto a juncáceas que denotan humedad. Lo cierto es que no hay agua en todo el recorrido, pero aquí casi se presiente. Con lo que viene después, casi mejor que no aparezca.

Más arriba, otra puerta poderosa donde los sedimentos hacen camino.

La pendiente no es excesiva, aunque hay momentos en que repunta. Voy ganando altura, lo que va haciendo que el horizonte se abra a mis espaldas:

Y la Sierra (poco) Nevada va ascendiendo conmigo.

Me acerco ya a los puntos que tengo avisados como delicados:

Un potente farallón se descuelga de la ladera derecha como para cerrarme el camino. Es hermoso, con un triángulo de hiedra púbica apuntando al estrecho canal… Espero que la relación sea consentida y mutuamente satisfactoria.

Me desplazo a la derecha por si fuera por ese lado, pero no:

Este que voy a llamar Primer Salto se ataca por el mismo cauce. Hay que trepar por la derecha de la roca clara del centro, pero no es demasiado complicado…

… al menos para un antropoide ¿Y mi perro Chopo? Estoy estudiando el terreno para aconsejarle cuando, con un par de brincos el can supera el obstáculo. Vale que es un perro todoterreno, juncal como un bailarín; igual un cuadrúpedo más pesado tiene algún problema; si es más pequeño, se le carga y listos. Pero hay que tenerlo en cuenta.

Viene después un pasaje estrecho, cuajado de arces, bajo torres de piedra salpicadas de hiedra, que es de salvaje belleza. Al fondo asoma un nuevo muro…

Y ese es el punto donde todo se va a decidir: si continúo hacia arriba o si deberé volverme con el rabo entre piernas. En unos minutos llego a la base del muro:

El cauce del barranco hace esto. En brusco giro a la izquierda, se encajona en un canuto vertical atestado de vegetación. Da hasta miedo, al punto de que, en contra de mi inveterada afición a meter las narices en los recovecos, ni siquiera me llego a verlo de cerca.

De frente, desde el canuto hacia la derecha, se yergue un farallón de piedra de aspecto imponente, vertical arriba, pero roto en escabrosos escalones en su parte inferior. Gracias al track de STPierre, que voy consultando, voy avisado de que aquí hay que salir del barranco por la derecha, por una rambla lateral, para luego hacer travesía en horizontal -supongo que por esos escalones- de nuevo hasta el cauce, por encima del obstáculo…

Este es el lateral derecho del farallón, y entre arces y cornicabras, la rambla o terrera que asciende.

La única otra referencia que tengo de este sitio es del grupo Senderos, que llegaron hasta aquí y, según entiendo, ascendieron toda la rambla, empinadíííísima, para salir del barranco muy cerca de donde pretendo hacerlo yo. Pero si veis las fotos de ese ascenso convendréis en que no es algo que uno quisiera hacer si no es absolutamente imprescindible. Yo quiero intentar mi alternativa, y eso exige superar el muro tras las huellas de mi guía virtual.

El caso es que me equivoco en un primer momento, porque en lugar de acometer la rambla principal, asciendo por una terrera más manejera, a la izquierda de aquella, de la que la separa un dique de piedra.

Desde lo alto de la terrera, la hondonada de abajo luce agreste y pinturera, con la luz que, superada la sombra del farallón, peina los arbolillos del fondo.

Ascendidos unos metros puedo progresar, con algo de acrobacia, por un terreno quebrado hacia la izquierda, en dirección a un rellano por encima del canuto imposible. Creyendo que está hecho, ya que estoy claramente por encima del salto, llego al cauce para descubrir esto:

Claramente no era el final del obstáculo, sino un “falso llano”, como en las ascensiones de los ciclistas. El caso es que, si fuera acompañado de otro bípedo en lugar de mi cuadrúpedo amigo, seguramente ensayaría unos pasitos de escalada para superarlo, porque no parece extraordinariamente difícil, pero con Chopo es imposible, porque esas rocas más lisas le dan yuyu.

Así que, consultado el track, me doy cuenta de que estoy por debajo de la travesía correcta (que vuelve al cauce por encima de este salto 2.2. Hay que volver a la terrera principal. Por eso, si miráis mi track, veréis que en este punto hay un extraño bucle. El más bajo es el que me ha conducido aquí, y podría valer para gente con nociones de escalada, acompañada, y con un calzado adherente, que pudieran superar este murete. Los que no, que directamente enfilen el desvío más exterior, que es el bueno.

Rambla arriba, hasta que el track, y unas trochas en el canchal lo indiquen, y de nuevo hacia la izquierda…

Lo cierto es que el terreno que hay que atravesar tiene un punto de peligrosidad: no es que vayas sobre un abismo, pero sí por una ladera bastante empinada sembrada de rocas y arbustos. Las piedras, además, no forman roca sólida, sino que emergen de una matriz más blanda y descompuesta -las dichosas intercalaciones margosas-, lo que las hace menos de fiar; hay que tomárselo con mucha calma, no saltar en ningún momento, y no tirar de las rocas para impulsarse, vaya que a alguna le de por salirse y rodemos pendiente abajo. El caso es que, aun con el track bajo la nariz, al llegar a la vuelta de la cresta desde donde creo poder reingresar al cauce, me doy de bruces con un cortado de feo aspecto ¡WTF! (Expresión tomada de mis niños y del inglés: What The Fuck, esto es ¿¿Qué cojones…!?). El GPS me posiciona justo en el track, pero no es por aquí. Enseguida comprendo que sí, que estoy más o menos en la línea, pero tres o cuatro metros por encima del paso, que adivino por debajo. Es lo que tiene que los mapas no te den las distancias verticales. Nuevo rodeo para perder altura, y, ahora sí, consigo llegar al punto que permite volver a adentrarse en el barranco.

Este es el aspecto de la cosa desde ese punto de inflexión. Un poco hosco, y con unos muros al fondo que vamos a ver… pero recorrible.

El track que vengo siguiendo se mantiene a cierta altura durante más rato, pero mi consejo particular es que es mejor volver al fondo cuanto antes, y así lo hago. He superado el primer gran obstáculo, y ya empiezo a pensar que más me vale poder seguir hacia arriba, porque la posible vuelta por donde vine se me antoja más penosa que continuar. Siguen ahora unos 150 m relativamente cómodos. En el track aparece, algo más adelante, un extraño salto de la ruta a la ladera de la derecha. Convencido de que es uno de esos fallos del GPS habituales en los fondos de barranco, llego a ese punto (correspondiente a los muros que cierran en la foto anterior), y encuentro esto:

No era un error, pardiez!, sino otro de los regalitos del barranco…

De nuevo por la derecha, una terrerilla asciende pegada al muro de piedra que forma uno de los lados del nuevo cahorro. Asciendo 20 o 30 m hasta una zona donde el muro pierde verticalidad y parece poder conducirme a la arista por encima del salto. Vamos a ver… Esta travesía es más corta y menos penosa, porque en este caso es de buena roca y casi sin arbustos… pero es más peligrosa porque un resbalón sí te hace volar al vacío (por cierto: con la roca húmeda o barro en las botas sería suicida). Una vocecilla me dice tío, ¿estás seguro de lo que estás haciendo?, pero la desoigo para poder concentrarme. Así llego aquí:

Bastante por encima del canuto, y sobre una repisa no muy ancha, me las apaño para sacar la foto. Fijáos en ese hueco bermejo, donde una placa se ha desprendido ¿Hace cuánto? y se habrá hecho pedazos más abajo. El caso es que por aquí se puede bajar a la derecha, hacia la seguridad del cauce…

Aterrizo de nuevo en terreno seguro, junto con Chopo que, más listo que yo y más cuadrúpedo, ha subido algo más alto, donde el terreno era menos expuesto, y creo que con su tracción a las cuatro patas ha bajado con más aplomo que su dueño ¿Cuánto quedará de estos parcours? Empieza a no sobrarme el tiempo, y ya me vale con salir del barranco con bien aunque no llegue al repetidor de Lújar, como era mi intención.

Afortunadamente, el terreno que sigue se me antoja autopista: rodear arbolillos, algún canchal de poca pendiente, y ya veo frente a mí la cresta que arranca desde el pinar de pino silvestre en el borde superior del barranco. En la loma previa a la cresta, y a media altura está la fuente de los Dornajos, que es mi as en la manga porque desde ella hay vereda hasta arriba. Solo falta que dicha loma sea practicable hasta la fuente. Crucemos los dedos…

Mi temor de que la vegetación sea demasiado espesa en este tramo pronto se disipa, y enseguida llego a la vista de la fotogénica “V” que los estratos dibujan en este punto singular del barranco:

Cuyo paso, por lo demás, parece pan comido en comparación con lo que he dejado atrás.

Pero esa no es mi ruta, sino la pendiente de la derecha, antes de la cresta, que debe conducirme a la fuente:

Vista desde aquí, no parece demasiado difícil, y sobre todo, nada expuesta. Empiezo a sentir que he triunfado…

En efecto, es una ascensión pendiente, donde hay que caracolear para evitar arbustos o rocas, pero por lo demás perfectamente asumible. A ratos por loma y ocasionalmente usando como camino un barranquillo que baja de las alturas, hago camino sin demasiado esfuerzo.

Y con ello ganando vistas de este espectacular entorno, los estratos haciendo olas de piedra bajo una espuma de nubes que, sin advertirlo, han ido adueñándose del cielo.

Al final me acostumbro a subir por el barranquito o sus inmediaciones, pensando que la fuente me quedará a la derecha… Menos mal que unas filtraciones de agua por la izquierda me ponen sobre aviso de la cercanía de agua. Así que salgo por ese lado y ¡oh sorpresa!:

¡Por poco me la paso! De hecho ya estoy unos metros por encima, pero la alegría de encontrarla me quita todas las penas. Voy para allá.

Es una fuente con todas las de la ley, con su pilar y su alberquilla, malamente cercada por una malla en mal estado. Por debajo, un canalillo de obra hace las veces de abrevadero para las bestias. Bajo este cielo nublado el sitio luce melancólico, pero para mí es el jardín del Edén ¡A comeer!

Me cambio de camiseta y tiendo la usada, empapada de sudor, en un espino. Como y bebo mis frugales provisiones como si fueran banquete de reyes, saboreando la conquista. Luego, al tajo otra vez. Lo difícil ha pasado, pero quedan unos 200 m de ascenso por la vereda hasta el collado de salida del barranco. La vereda… ¿dónde está? No es inmediatamente evidente, pero acabo suponiendo que la zona de piedra suelta por debajo de la fuente y hacia la cresta es lo que queda de ella. De hecho, si uno se fija con atención, puede detectar restos de muretes que marcan su curso, bastante zigzagueante.

Un poco más arriba. La vereda es esta terrera que se ve a la derecha. Se ve que el desuso y el abuso de piedras caidas de arriba la van desdibujando. Pena de sendas rurales sin mantenimiento…

En un momento dado, ese camino ancho pero desvencijado se convierte en una sendita más estrecha pero más definida, que continúa zigzagueando hasta aproximarse a la base de la cresta…

… por la que continúa hacia el collado que ya se divisa en lo alto.

Y al que acaba llegando en unos minutos. Por un momento me despisto, pensando que ya veo otro valle, pero luego reparo en que sigue siendo el de los Castillejos. Estoy en un espolón que se adentra sobre el valle, pero todavía dentro del mismo…

… ya a la altura de la pinada de pino silvestre que se arrebuja contra la cresta, en su punto más alto.

La vereda ahora busca los pinos, por dentro de los cuales continúa hasta llegar al collado de verdad:

Donde me sorprende algo de nieve que todavía resiste desde la última nevada. Estoy rozando los 1.700 m de altitud, 1.000 m más arriba de donde comencé (y más de 1.100 de acumulado).

La vereda de la fuente, ahora bastante desdibujada, proseguiría de frente entre los pinos para encontrar el camino que viene del Cortijo de la Sepulturilla y rodea los Pelaos para asomarse a la vertiente de la costa. Pero yo la abandono por la derecha para dirigirme a ese camino, en sentido descendente, trochando la “V” que forman una y otra.

Ya se columbran las alturas de los Guájares y la Almijara, pero mi ilusión de disfrutar de las espectaculares vistas de Los Castillejos desde arriba se ve frustrada (de momento) por un grueso palio de nubes que parecen salir del barranco como de un volcán…

Enseguida llego al camino, que tomo a la derecha y seguiré durante unos metros (aquí mirando hacia atrás).

Por encima de las lomas cercanas se divisa ya el mar, dorado por el sol de la tarde.

El camino comienza a bajar por la primera loma a la izquierda, alejándose de la cresta, pero eso sería mucho desvío para el tiempo que me queda, así que, siguiendo el track, lo abandono en un llanillo por la derecha, para coger la más tenue vereda que me llevará al cortafuegos, y que continúa sin alejarse demasiado del borde del barranco.

Las nubes se comportan y me dejan ver todo el valle del río Izbor/Dúrcal, el embalse de Rules con la sierra de los Guájares a un lado y al otro el comienzo de la Alpujarra, con Lanjarón brillando en su ladera.

Por la vereda voy haciendo camino, sin dejar de aprovechar cualquier momento propicio para asomarme al borde del tajo:

Por donde las nubes acceden por fin a permitirme divisar el fondo, por el que he ascendido hace un rato.

Es un recorrido panorámico, lleno de sabrosas perspectivas…

… de indudable fotogenia.

Al final, después del último vistazo al valle, me dejo conducir por la vereda, que, ahora sí, se vence a la izquierda para bajar por un páramo de escasa inclinación hacia el cortafuegos, que ya se aprecia claramente frente a mí. Llego al comienzo del mismo y, aunque la vereda comienza a hacer eses cruzándolo varias veces, opto por tomarlo derecho hacia abajo, para no demorarme más de la cuenta.

Así llego hasta su parte baja, desde donde lo contemplo entero, mirando hacia atrás.

Aquí, junto a una balsa, se podría tomar un ramal del cortafuegos a la derecha, que afeita la coronilla del cerro de Lumbreras; pero luego habría que bajar con más pendiente hasta la Mina de San José. Opto por seguir el track -que hasta ahora se ha mostrado cómodo y confiable- y seguir bajando por el principal hasta coger un carril minero que me lleva al mismo sitio con menos dolor de rodillas.

Desde el mismo, ya todo es disfrutar de los juegos de luces que la tarde me va deparando…

Con Rules espejeando en el fondo del valle, mientras voy atravesando derrubios de las innumerables minas de la zona.

De frente ¡zas!, las nubes se van consumiendo por sobre el Poqueira, desvelando los tres pueblos y, por encima, el poderoso Mulhacén que, como una bella mujer, luce más hermoso sabiamente tapado que en pura desnudez…

Mina de San José, desde donde el Valle del Guadalfeo no hace honor a su nombre, iluminado como está por un sol rasante que lo encañona desde el Poniente.

La última revuelta a izquierdas del carril, que se dirige entonces a La Maleza, invita a salirse por la derecha, para enfilar la cresta que apunta directamente al valle:

… que mientras tanto refulge colmado de sol y rodeado de sombras.

Es esta una escarihuela prodigiosa, reseñada por mi guía virtual de hoy, que testimonia el ingenio y trabajo de los campesinos de antaño. La parte superior conserva todavía buena parte del empedrado original, obra de ingeniería rural que merecería cuidado y conservación por quien tenga competencia para ello.

Con la luminotecnia de la que disfruto esta tarde, es todo un espectáculo a cada revuelta…

Aunque al final se desdibuja un poco, los pasos en roca más comprometidos siguen estando rebajados para comodidad del caminante. Con seguirla por la misma divisoria en todo momento, acaba saliendo de nuevo al carril, cuando este vuelve de La Maleza para volver la esquina en dirección a la Mina de Carriles. Pero no hay que tomar el carril a la derecha, lo que llevaría a un desvío innecesario, sino buscar, al frente y un poco a la izquierda, el entronque con la Senda de los Mineros, que accede aquí desde la loma, y que utilizaremos para trochar esa revuelta. Primero al frente y enseguida a la derecha, en tres revueltas habrá que estar atentos a un nuevo desvío a la derecha, que abandona la senda oficial para retornar al carril que baja a Los Castillejos (si nos pasamos ese desvío acabaríamos llegando por la senda al comienzo del Barranco, mucho más abajo del vehículo).

Haciendo lo que se debe, estaremos en las eses que el carril hace para salir -en este caso entrar- en el barranco. La pendiente y el terreno tan pedregoso disuaden de cualquier intento de atajar estas curvas.

Ya con el piloto automático, no queda más que recorrer el carril hasta el punto en el que aterriza en el fondo del barranco, donde espera el vehículo. Pero mientras tanto…

Sierra Nevada se despide del día y de mí, con el Caballo -que parece el Veleta- asomando a la izquierda tras la cuerda del Tajo de los Machos, mientras Cáñar y Soportujar, por encima de Órgiva, guardan la entrada de Río Chico que se sume en las sombras. Buen final.

2 pensamientos en “Barranco de los Castillejos (Sierra de Lújar)

  1. Lara

    Pedazo de excursión. No la haría, parece un poco, o un mucho, paliza y con algunos pasos complicaos. Pero las fotos que nos ofreces son espectaculares. Qué nubes, qué horizontes, qué cielo! Gracias

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