Pirineos I

Caratula-Pirineo1

Finales Junio 2015

Un breve viaje al Pirineo me permite huir de la primera ola de calor del verano y disfrutar de esos verdes jugosos que en el sur empiezan a escasear. Con mi hermana y su marido, senderista de pro, nos dedicamos a buscar rincones algo menos trillados de lo habitual, aun dentro de una disposición de ánimo cercana al dominguerismo…

No seré muy exhaustivo, ya que la mayoría son valles conocidos, aunque sí daré cuenta de unos cuantos rincones que merecen la foto y la mención.

Empezando por la riquísima historia de los pueblos. Subimos desde Huesca por Barbastro y Graus, remontando el río Ésera -afluente del Cinca- y luego volviendo al valle de este último en Ainsa, donde vamos a pernoctar. Pero antes, una parada en Graus para alimentar el cuerpo y el espíritu:

Esta es la Virgen de la Peña. Cuando llegas a Graus, destaca poderosamente por encima del caserío, enclavada en una poderosa peña. Es una colegiata con iglesia, galería porticada y algunos edificios anejos, que merece ciertamente una visita.

Esta es la Virgen de la Peña. Cuando llegas a Graus, destaca poderosamente por encima del caserío, enclavada en una poderosa peña. Es una colegiata con iglesia, galería porticada y algunos edificios anejos, que merece ciertamente una visita.

Su hermosa galería enmarca el paisaje del valle. Diría uno estar dentro de uno de esos cuadros renacentistas que mezclan paisajes y arquitecturas.

Su hermosa galería enmarca el paisaje del valle. Diría uno estar dentro de uno de esos cuadros renacentistas que mezclan paisajes y arquitecturas como fondo de las figuras.

De la parte alta parten algunos senderos; uno a la derecha hacia un mirador en la peña, que desestimamos por culpa del calor, y otro a la izquierda, desde el que se domina una buena vista de la colegiata…

… con el pueblo a sus pies y el Ésera al fondo.

… con el pueblo a sus pies y el Ésera al fondo.

Volvemos luego al pueblo y buscamos la Plaza Mayor…

… que es otro monumento. Las casas pintadas me recuerdan la Plaza de las Pasiegas de Granada, aunque sin catedral en este caso.

… que es otro monumento. Las casas pintadas me recuerdan la Plaza de las Pasiegas de Granada, aunque sin catedral en este caso.

Comidos e ilustrados, abandonamos Graus para remontar el Ésera un breve trecho, antes de desviarnos a la derecha hacia la Puebla de Fantova. Toño, que se prepara los viajes con mimo -y los realiza con exhaustividad de entomólogo-, tiene controlado un castillo digno de verse, monte arriba del pueblo. Así que allá vamos.

Un rato en coche y otro andando, acabamos divisando las pintorescas torres del castillo…

Un rato en coche y otro andando, acabamos divisando las pintorescas torres del castillo…

… que resulta ser un recinto casi desmontado, con una torre alta y una pequeña iglesia. Lo bueno es que se puede subir a la torre:

… y enmarcar las lomas del valle en las adustas ventanitas de medio punto.

… y enmarcar las lomas del valle en las adustas ventanitas de medio punto.

La iglesia, destinada en tiempos a la advocación de Sta. Cecilia, es lo más destacable del conjunto, aunque la encontramos cerrada.

La iglesia, destinada en tiempos a la advocación de Sta. Cecilia, es lo más destacable del conjunto, aunque la encontramos cerrada. Es una construcción de un románico bastante temprano…

… cuya mayor virtud acaso sea su espectacular emplazamiento, proa al mar de pinos y encinas que hacen olas a sus pies.

… cuya mayor virtud acaso sea su espectacular emplazamiento, proa al mar de pinos y encinas que hacen olas a sus pies.

Cumplido el programa, completamos el trayecto hasta Aínsa o, más exactamente, hasta el pequeño anejo de Usana, que fue pueblo y hoy está siendo reconvertido en un conjunto de alojamientos rurales, que aprovechan las antiguas casas para ofrecer al visitante todas las comodidades de la civilización…

… manteniendo y restaurando las especificidades locales, como las artísticas chimeneas de la zona.

… manteniendo y restaurando las especificidades locales, como las artísticas chimeneas de la zona.

Encontramos cómodo y agradable el emplazamiento, con el único pero de la profusión de moscas, que día tras día parecen querer refugiarse del calor entrando en las habitaciones (están casi a estrenar; la experiencia pronto les aconsejará invertir en mosquiteras…).

El Valle de Otal

Al día siguiente remontamos el río Ara en dirección a Ordesa:

El río Ara tiene buenas hechuras y un valle bastante amplio en la mayor parte de su recorrido.

El río Ara tiene buenas hechuras y un valle bastante amplio en la mayor parte de su recorrido.

Pero como todos conocemos Ordesa, nuestro destino será un vallecito lateral que confluye con el río algo más arriba de Bujaruelo. Habremos dejado el Parque Nacional a la derecha -en el valle del tributario Río Arazas- y entrado por la estrecha pista que, siempre junto al Ara, lleva hasta el refugio de Bujaruelo.

El valle es bravío y precioso. Ya no hablamos de Prepirineo y esas tonterías: esto es Pirineo con mayúsculas. Excursionistas y bañistas se arraciman por los prados, entre el refugio y el camping

El valle es bravío y precioso. Ya no hablamos de Prepirineo y esas tonterías: esto es Pirineo con mayúsculas. Excursionistas y bañistas se arraciman por los prados, entre el refugio y el camping, unos a la busca del sendero, otros decididos a haraganear entre el agua y la hierba hasta que el cuerpo aguante.

Nosotros nos apuntamos decididamente al primer grupo, y echamos a andar río arriba…

… aunque hemos de resistir la tentadora llamada del agua, que nos llama con cantos de sirena fluvial.

… aunque hemos de resistir la tentadora llamada del agua, que nos atrae con cantos de sirena fluvial.

Un cómodo carril, con el río a la derecha, nos lleva hasta una bifurcación, en un prado colonizado por un extenso rebaño de vacas. A la derecha dejamos irse la pista que sigue remontando el valle principal, en dirección a Vignemale. A la izquierda, en revueltas ascendentes, tomamos la que conduce al valle de Otal (no confundir con el pueblo de Otal, en la cabecera del Barranco de Forcos, algo más al sur y cuyo valle no tiene nada que ver con éste).

Al ganar altura ganamos vistas. Es ley de vida. ¡Y qué vistas! El boscoso pico de Escusaneta ocupa el centro, y por detrás, a la derecha Mondarruego y la cresta de los Gabietos, que nos separan de Ordesa, y a la izquierda la melladura que es el Puerto de Bujaruelo, por donde pasar a Francia.

Al ganar altura ganamos vistas. Es ley de vida. ¡Y qué vistas! El boscoso pico de Escusaneta ocupa el centro, y por detrás, a la derecha Mondarruego y la cresta de los Gabietos, que nos separan de Ordesa, y a la izquierda la melladura que es el Puerto de Bujaruelo, por donde pasar a Francia.

La subida, con la temperatura de hoy, puede hacerse un poco pesada. Pero al que algo quiere, algo le cuesta. Y el esfuerzo merece la pena:

Pues al final, tras una cancela que cerraremos cuidadosamente tras franquearla, el valle de Otal se despliega ante nuestros maravillados ojos.

Pues al final, tras una cancela que cerraremos cuidadosamente tras franquearla, el valle de Otal se despliega ante nuestros maravillados ojos. Es un valle plano surcado por las “aguas tuertas” (torcidas) del río, que no ven razón para apurarse entre tanta hierba y tan poca pendiente.

Lo que vemos a la izquierda es el macizo de Peña Tendeñera, y casi en el centro el puerto o collado del mismo nombre, por el que llegaríamos al pueblo de Panticosa (lo cual debe ser una preciosa travesía, me barrunto).

No pretendemos tanto, pero sí llegarnos al fondo del llano donde, superado un pequeño refugio o cabaña de pastores, divisamos una coqueta cascada que pinta bien como broche de nuestra ruta de hoy.

No pretendemos tanto, pero sí llegarnos al fondo del llano donde, superado un pequeño refugio o cabaña de pastores, divisamos una coqueta cascada que pinta bien como broche de nuestra ruta de hoy.

En efecto, merece la aproximación. Lástima que un grupo de franceses se nos ha adelantado y han tomado posesión de la poza al pie de la cascada.

En efecto, merece la aproximación. Lástima que un grupo de franceses se nos ha adelantado -cul au soleil- y han tomado posesión de la poza al pie de la cascada.

Nos conformamos con un bañito en unas pequeñas bañeras a la sombra de un grupete de mostajos (que dan incluso para una breve siesta). Luego descenderemos por donde hemos subido, con opción de trochar por algún atajo del camino, que parte poco después de la cancela de entrada al valle. Llegados a la encrucijada de las vacas, completaremos el regreso por la margen izquierda del valle…

Donde, tras unas pozas de mucho mérito, atravesamos unas praderas que quitan el sentío (y las vacas piensan lo mismo…).

Donde, tras unas pozas de mucho mérito, atravesamos unas praderas que quitan el sentío (y las vacas piensan lo mismo, que se arremolinan algo más abajo en su paraíso particular).

Llegamos al refugio de Bujaruelo, no temprano, pero no tan tarde como para no disfrutar de una merecida longaniza de Graus con patatas y una pinta de cerveza, que el día no pide otra cosa. Hasta mañana.

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