Mojados en el Cortijo de la Toma

Caratula-Toma

28 Septiembre 2014

Como los clásicos nunca pasan de moda, nos llegamos a la Toma del Canal de la Espartera desde Collado Sevilla, pero entrando por los arenales del Trevenque. Hay que decir que, pese a que pasamos a sus pies, el Trevenque apenas llegamos a verlo, pues fuimos todo el camino con la nube puesta, que fue humedeciéndonos poco a poco pero eficazmente. Y aun así nos llovió menos que en la ciudad, que el tiempo está loco. El campo estaba de cine para ser el final de verano, y el Dílar parecía un río de Asturias…

Como la ruta es muy conocida, no dedicaré mucho a explicar el camino. Aquí van las fotos de “Aventura en la niebla (1ª parte)”:

Llegamos a Collado Sevilla con cielo plomizo y una inquebrantable convicción de que la cosa no podía sino mejorar… En todo caso, Los Alayos nos ofrecían un panorama espectacular, todo sugerencias…

Llegamos a Collado Sevilla con cielo plomizo y una inquebrantable convicción de que la cosa no podía sino ir a mejor… En todo caso, Los Alayos nos ofrecían un panorama espectacular, todo sugerencias…

Tras un comienzo en cuesta pero relativamente despejado, la cosa se fue oscureciendo. O tal vez es que íbamos subiendo hacia el nublo. Lo cierto es que al llegar al collado en que la subida inicial da paso a la senda que se interna en la Rambla del Búho, la cosa pintaba más gris:

Aquí bajando hacia la Rambla, que se adivina al fondo a la derecha. Era como entrar en la nada de La Historia Interminable.

Aquí bajando hacia la Rambla, que se adivina al fondo a la derecha. Era como entrar en la Nada de La Historia Interminable.

La senda se mantiene un rato por encima de la rambla, para no perder altura desde el collado. Enfrente, una interesante pinada, oculta en esta hoya a cualquiera que no pase por aquí. La dócil rambla se convierte, al fondo a la derecha, en el vertiginoso barranco del Búho, que veremos en todo su desarrollo vertical a la vuelta, desde abajo.

La senda se mantiene un rato por encima de la rambla, para no perder altura desde el collado. Enfrente, una interesante pinada, oculta en esta hoya a las miradas de cualquiera que no pase por aquí. La dócil rambla se convierte, al fondo a la derecha, en el vertiginoso barranco del Búho, que veremos en todo su desarrollo vertical a la vuelta, desde abajo.

Los arenales dolomíticos, por la toxicidadd del magnesio para muchas plantes, son sede de una vegetación especializada, donde abundan los endemismos de aquí mismo. Como el Erodium boissieri, que nos regala su florecilla fuera de temporada.

Los arenales dolomíticos, por la toxicidadd del magnesio para muchas plantas, son sede de una vegetación especializada, donde abundan los endemismos de aquí mismo. Como el Erodium boissieri, que nos regala su florecilla fuera de temporada.

Aterrizados en la rambla, la seguimos hacia arriba, con querencia por su parte derecha. Es como una autopista de varios carriles, que al solano puede ser mortal. Hemos escogido el día justo:

Pues el sol no nos molesta, y el fino calabobos que empieza a caer casi se agradece después de los calores veraniegos.

Pues el sol no nos molesta, y el fino calabobos que empieza a caer casi se agradece después de los calores veraniegos.

Llegados a este punto, entre el tajo de la derecha y el peñón del fondo la vereda abandona la rambla y se asoma al valle del Dílar.

Llegados a este punto, entre el tajo de la derecha y el peñón del fondo la vereda abandona la rambla y se asoma al valle del Dílar.

Justo antes de tomar ese paso, las caprichosas nubes nos dejan, por unos segundos, divisar la cima del Trevenque, que enseguida volveremos a perder de vista.

Justo antes de tomar ese paso, las caprichosas nubes nos dejan, por unos segundos, divisar la cima del Trevenque, que enseguida volveremos a perder de vista. La rambla continúa hasta su propia base, pero nosotros la dejamos aquí.

Tras el collado, la vereda llanea, ya por la solana del valle del Dílar. Desde aquí deberíamos ver los Alayos desplegarse al fondo, pero hoy nos está el horno para panorámicas…

Tras el collado, la vereda llanea, ya por la solana del valle del Dílar. Desde aquí deberíamos ver los Alayos desplegarse al fondo, pero hoy no está el horno para panorámicas…

Ete tramo tiene mucho encanto. Aun sobre dolomías, los pinos se hacen más abundantes -hoy sombras en la niebla- y se mezclan con encinas y escasos majuelos.

Ete tramo tiene mucho encanto. Aun sobre dolomías, los pinos se hacen más abundantes -hoy sombras en la niebla- y se mezclan con encinas y escasos majuelos.

Poco a poco los pinos pasan del Pinaster al sylvestris, conforme nos acercamos hacia el Barranco de Aguas Blanquillas, donde la vereda viene a salir al camino que va del Collado de Chaquetas hacia el Cortijo de Rosales…

Poco a poco los pinos pasan del pinaster al sylvestris, conforme nos acercamos hacia el Barranco de Aguas Blanquillas, donde la vereda viene a salir al camino que va del Collado de Chaquetas hacia el Cortijo de Rosales…

Ya desde el camino, el mencionado Barranco de Aguas Blanquillas se embosca entre altos pinos antes de precipitarse hacia su destino… y el nuestro, porque viene a salir justo al Cortijo de la Toma. Nos volveremos a encontrar, pues, pero nuestro camino es más sinuoso que el del agua…

Ya desde el camino, el mencionado Barranco de Aguas Blanquillas se embosca entre altos pinos antes de precipitarse hacia su destino… y el nuestro, porque viene a salir justo al Cortijo de la Toma. Nos volveremos a encontrar, pues, pero nuestro camino es más sinuoso que el del agua, a la que no le importa saltar entre rocas, espinos y zarzas. De tener mejor visibilidad, sí hubiera intentado trochar la gran revuelta del camino por la loma, pero en estas condiciones hubiera sido arriesgado.

De todos modos, desde el camino ya se aprecia la estupenda variedad que va alcanzando la vegetación:

Como en un tapiz

Como en un tapiz se entretejen la adelfilla (Bupleurum fruticosum) con Euphorbia nicaeensis y con Salvia oxyodon, arropando a retamas, agracejos, majuelos y rosales silvestres, por delante de cojines de Erynacea anthyllis y Vella spinosa. No están lejos el Astragalus granatensis, la santolina, lavandas y timeleáceas… apenas hay un centímetro de suelo libre.

Por momentos el camino se vuelve fantasmal. Los chicos juegan a sentirse perseguidos por invisibles presencias, hasta el punto de asustarse de verdad y venir a cogernos de la mano…

Por momentos el camino se vuelve fantasmal. Los chicos juegan a sentirse perseguidos por invisibles presencias, hasta el punto de asustarse de verdad y venir a cogernos de la mano…

Pero pronto descendemos saliendo de la nube a la altura del Refugio de Rosales, que no nos ofrece su espacio porque está cerrado, pero sí el agua de su rica fuente ¡como si nos faltara! Un par de revueltas más abajo, llegamos al llano en el que estuvo el Cortijo de Rosales propiamente dicho, que, como otros en otros parques naturales de por aquí, ha sido desmontado y sacado piedra a piedra:

Lo que queda es un amplio espacio rodeado de chopos, y poblado por nogales, cerezos y zarzas, en las que nos demoramos tan ricamente.

Lo que queda es un amplio espacio rodeado de chopos, y poblado por nogales, cerezos, espinos y zarzas, en las que nos demoramos tan ricamente.

Hacia abajo, los pinos van alcanzando unas hechuras más respetables, respondiendo a suelos más profundos y posiciones más protegidas.

Hacia abajo, los pinos van alcanzando unas hechuras más respetables, respondiendo a suelos más profundos y posiciones más protegidas.

Pasada la curva siguiente, muy cerrada y a la derecha, dejaremos el camino, que va a caracolear valle abajo más de la cuenta antes de enfilar nuestro destino, y bajaremos por una vaguada de pinos, derivando un poco a la derecha al final. El ahorro es de más de un kilómetro… y nos gusta el monte ¡qué caramba! Salimos de los pinos justo al rellano despejado que domina el paraje:

El paraje de la Toma del Canal de la Espartera. Un macizo de cornicabra (Pistacia therebintus) precede a la frondosa sauceda (de Salix atrocinerea fundamentalmente) entreverada de chopos que puebla el lugar. Por encima, los pinos se arraciman sobre el comienzo de la Cuesta del Pino, con sus vistosos -aunque sólo entrevistos- tajos a la izquierda.

El paraje de la Toma del Canal de la Espartera. Un macizo de cornicabra (Pistacia therebintus) precede a la frondosa sauceda (de Salix atrocinerea fundamentalmente) entreverada de chopos que puebla el lugar. Por encima, los pinos se arraciman sobre el comienzo de la Cuesta del Pino, con sus vistosos -aunque sólo entrevistos- tajos a la izquierda.

Un poco más abajo, a la vista ya de la casilla de la Confederación Hidrográfica, dominan los chopos, pero dejan a sus pies crecer encinas, cornicabras, alguna higuera y hasta un Sorbus doméstica cuajado de frutos.

Un poco más abajo, a la vista ya de la casilla de la Confederación Hidrográfica, dominan los chopos, pero dejan crecer a sus pies encinas, cornicabras, alguna higuera y hasta un Sorbus doméstica cuajado de frutos.

El otoño, que apenas ha llegado a las hojas, se ha esmerado en cambio con los frutos, aquí los del cornicabra mezclados con endrino y escaramujo.

El otoño, que apenas ha llegado a las hojas, se ha esmerado en cambio con los frutos, aquí los del cornicabra mezclados con endrino y escaramujo.

Nos internamos en la sauceda para llegar al río y a fé que, con este tiempo húmedo nos creemos en Asturias. Hasta los helechos hacen acto de presencia, no lejos del agua que les salva el verano…

Nos internamos en la sauceda para llegar al río y a fé que con este tiempo húmedo nos creemos en Asturias. Hasta los helechos hacen acto de presencia, no lejos del agua que les salva el verano… Madreselvas y hiedras abrigan los troncos. Qué ganas de proseguir por esa vereda…

Pero aquí nos vamos a quedar. Saliendo de la arboleda por donde entramos, seguimos la estrecha senda que, con el río a la derecha, remonta unos metros hasta el Cortijo:

Es otro melancólico paraje, sombreado por altos nogales, con un poyete que se diría dispuesto para una comida excursionista.

Es otro melancólico paraje, sombreado por altos nogales, con un poyete que se diría dispuesto para una comida excursionista.

Así que nos ponemos a la tarea, tras despojarnos de chubasqueros y camisetas mojadas y reemplazarlas -en lo posible- por ropa seca. El sirimiri que nos ha acompañado nos concede una tregua de veinte minutos -lo justo- antes de recomenzar con nuevos bríos, por lo que el postre nos vemos obligados a tomarlo entre los nogales de la izquierda y la propia oquedad que hace el tajo que hay detrás.

Un breve respiro del chaparrón nos permite una foto oficial de emergencia.

Un breve respiro del chaparrón nos permite una foto oficial de emergencia.

Esperamos a que escampe, y cuando parece que llueve menos decidimos que, total, habrá que hacerlo antes o después. El caso es que acertamos y ya la lluvia no nos molestará más. De hecho creo que llovía más bajo los nogales, de lo que habían recogido, que fuera de ellos.

Para la vuelta, volvemos a la casilla y seguimos la vereda que arranca desde allí, en un principio bajando un poco hasta sortear un contrafuerte a la derecha:

Mirando hacia atrás mientras rodeamos el mencionado contrafuerte. Adiós a la toma, bello lugar.

Mirando hacia atrás mientras rodeamos el mencionado contrafuerte. Adiós a la toma, bello lugar.

La vereda sigue la dirección del río, pero manteniendo la cota, con lo cual pronto estamos bastante altos sobre el agua. Atraviesa primero una zona de pinos altos, salvados del último incendio importante de la zona, allá por el siglo pasado, que sí afectó a la zona que le sigue:

Que es esta, claramente señalada por el verdor de los pinos jóvenes frente al más oscuro de los supervivientes. El valle se va regenerando adecuadamente, pero desearía vivir otros 50 años para verlo en su esplendor…

Que es ésta, claramente señalada por el verdor de los pinos jóvenes frente al más oscuro de los supervivientes. El valle se va regenerando adecuadamente, pero desearía vivir otros 50 años para verlo en su esplendor…

Un poco más abajo. Todo lo que se ve es pino nuevo, con las encinas defendiendo los cortados y pendientes más acusadas.

Un poco más abajo. Todo lo que se ve es pino nuevo, con las encinas defendiendo los cortados y pendientes más acusadas.

Dejamos a la izquierda el ramal que baja a la famosa poza y cascada del Dílar, al tiempo que la vereda se va pegando a los tajos de la derecha…

… donde rocas y pinos juegan al escondite. Parece mentira que ppor encima de los mismos discurra la rambla del Búho por la que anduvimos esta mañana.

… donde rocas y pinos juegan al escondite. Parece mentira que por encima de los mismos discurra la rambla del Búho por la que anduvimos esta mañana.

Rhamnus lycioides, el espino negro, intenta secarse al medio sol que intenta ir apareciendo.

Rhamnus lycioides, el espino negro, intenta secarse al medio sol que amaga con aparecer.

Esta vereda es muy panorámica, permitiendo radiografiar todo el flanco Norte de los Alayos, pero hoy nos tenemos que conformar con alguna fugaz aparición de las cimas:

Lo cierto es que, entre nube y nube, se revelan relieves insospechados. que a lo mejor pasan desapercibidos en un día claro… hay mucha montaña bravía en esos cerros.

Lo cierto es que, entre nube y nube, se revelan relieves insospechados, que a lo mejor pasan desapercibidos en un día claro… hay mucha montaña bravía en esos cerros.

Llegados a un punto culminante de la vereda, y con el telón de fondo -a medio echar- de los Alayos, decidimos regalarnos otra foto oficial:

Estamos sobre un potente cortado sobre el río. Al otro lado, la rambla que desde el mismo ataca el corazón de los Alayos se introduce en la niebla, cada vez más empinada.

Estamos sobre un potente cortado sobre el río. Al otro lado, la rambla que desde el mismo ataca el corazón de los Alayos se introduce en la niebla, más empinada cuanto más alta.

Desde ese mismo punto, un vistazo a la famosa poza, que hoy no me han dejado enseñar.

Desde ese mismo punto, un vistazo a la famosa poza, que hoy no me han dejado enseñar.

Poco después cruzamos el Barranco del Búho. No tengo foto de hoy, pero sí una de hace unos meses que es como si lo seriese:

¿Y dónde está el barranco? Pues es esa grieta donde se juntan el tajo colorao con el gris. No hay más. Buen contraste con la plácida rambla en la que se convierte superado ese escalón.

¿Y dónde está el barranco? Pues es esa grieta donde se juntan el tajo colorao con el gris. No hay más. Buen contraste con la plácida rambla en la que se convierte superado ese escalón.

Tras ese paso la vereda asciende a achuchones, cuestas seguidas de falsos llanos, como en ciclismo…

…mientras los Alayos (suponemos que) se despliegan cuan largos son.

…mientras los Alayos (suponemos que) se despliegan cuan largos son.

Cerca ya de Collado Sevilla, un tímido rayo de sol acierta a sacarle los colores al valle, que se dirige hacia Dílar hendiendo profundamente las dolomías, entre loa Alayos y la Boca de la Pescá.

Cerca ya de Collado Sevilla, un tímido rayo de sol acierta a sacarle los colores al valle, que se dirige hacia Dílar hendiendo profundamente las dolomías alpujárrides, entre los Alayos y la Boca de la Pescá.

Completamos la cuestecilla hasta el collado, y con él la excursión. Conducimos hasta el Hervidero con la esperanza de un café calentito, pero…

¡El Hervidero está hirviendo!

¡El Hervidero está hirviendo!

En fin. No fue grave, salvo que estaban chapados después de un día gris, meteorológica y económicamente hablando. Tuvo que ser en La Guitarra. Bien vale. Hoşçakal!

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3 pensamientos en “Mojados en el Cortijo de la Toma

    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Estoy en ello, pero me temo que descripción haré poca: ¡es difícil añadir algo a tus siempre completas y exhaustivas explicaciones (por no hablar de aportar una foto que no hayas hecho y publicado ya)! Pero dame un par de días y tendrás algunas fotos convenientemente comentadas. Un saludo.

      Responder
  1. Anónimo

    Pues mojados, pero tampoco mucho, y si que disfrutamos ¡¡ los niños encantados con mojarse¡¡
    Parra mí, más que Galicia parece el Himalaya (aunque yo no he estado nunca) con esos barracos brumosos

    Responder

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