Circunvalando el Cerrajón

Caratula-Cerrajon

21 febrero 2016

El Cerrajón es el monte que cierra los llanos del Purche por el sur. Elevándose poco a poco desde los prados, tiene en cambio una de las caídas más notables de la baja montaña al asomarse al valle del Monachil, que lo separa del majestuoso Cerro de los Poyos. Uno frente al otro, mirándose ceñudos, configuran la parte del cañón del río que sigue al conocidísimo paraje de Los Cahorros, y que poca gente visita por ser zona fragosa y de difícil acceso. Hay una vereda que, partiendo de la Central Eléctrica de la Vega, asciende hasta enlazar con el camino que surca el Arroyo de las Mimbres. Pero hay otra alternativa, más alta, que se mantiene a cota bajo los tajos de la cima y enlaza el Purche con el Cortijo de la Solana en el extremo contrario…

Esa era la nuestra. Y la motivación adicional, la de visitar los cortijos de Manolón y de La Solana, en la cara este del cerro, donde algunos de los participantes de hoy vivieron dichosos momentos de su infancia. Así que nos personamos con los vehículos en el Purche, donde aparcamos junto al camping, para realizar la ruta en sentido de las agujas del reloj: primero por los llanos y de vuelta sobre el barranco del río.

Comenzamos siguiendo la carretera hacia el Collado del Muerto y la Carretera de la Sierra para, en cuanto se interrumpen las alambradas que cierran las hazas de nogales de la derecha, enfilar el camino terrero…

… o más bien "barrero", porque febrero había roto la tónica del invierno y se estaba despachando con agua y con nieve. El resultado: unas aparatosas suelas de barro que pesaban en nuestro pies a cada paso.

… o más bien “barrero”, porque febrero había roto la tónica del invierno y se estaba despachando con agua y con nieve. El resultado: unas aparatosas suelas de barro que pesaban en nuestro pies a cada paso.

Y también unos llanos reverdecidos y rozagantes que daba gloria verlos… Pena de día un poco brumoso, porque con este tiempo loco, a la nieve sigue el polvo africano, que no hay término medio, caramba.

Y también unos llanos reverdecidos y rozagantes que daba gloria verlos… Pena de día un poco brumoso, porque con este tiempo loco, a la nieve le sigue el polvo africano, que no hay término medio, caramba.

Tras corto y entretenido paseo, llegamos a la Cañada del Gato:

… que es la vaguada que separa la mole del Cerrajón, que dejábamos a la derecha, del más discreto Cerro de Manolón, con el que acaba la cuerda antes del Barranco de las Mimbres.

… que es la vaguada que separa la mole del Cerrajón, que dejábamos a la derecha, del más discreto Cerro de Manolón, con el que acaba la cuerda antes del Barranco de las Mimbres. Prado verde y espinos, con la nieve demorándose en la umbría del cerro.

Justo tras atravesar la cañada, conforme el camino empieza a bajar, se desgaja a la derecha una senda bien marcada que va a mantener la altura en dirección al Cortijo de Manolón. Nosotros, sabiamente guiados por los recuerdos de Manuel y Jorge, descendemos cincuenta metros de camino hasta una preciosa balsa:

Agua límpida y transparente para las vacas, que andurrean un poco más abajo„ pero seguro que algún chapuzón infantil ya habrá conocido…

Agua límpida y transparente para las vacas, que andurrean un poco más abajo; pero seguro que algún chapuzón infantil ya habrá conocido…

Desandamos lo bajado y enfilamos la mencionada vereda, que va rodeando el cerro…

Allí le robo una foto al grupo, hoy mayoritariamente hueteño-malagueño.

Allí le robo una foto al grupo, hoy mayoritariamente hueteño-malagueño.

Tras un primer lomo sigue una discreta vaguada, por la que ascendemos -casi sin senda- hasta avistar…

…el Cortijo de Manolón, abandonado hoy salvo por algún paisano que prepara un reclamo para perdiz a pocos metros de la puerta, desde donde espera agenciarse una buena cena.

…el Cortijo de Manolón, abandonado hoy salvo por algún paisano que prepara un reclamo para perdiz a pocos metros de la puerta, desde donde espera agenciarse una buena cena.

Como le espantamos la caza, posponemos la parada prevista y rodeamos el cortijo…

… ante unas esplendorosas vistas: el Dornajo en el extremo izquierdo, a nuestros pies el Barranco de las Mimbres que confluye luego con el Río Monachil, y por encima la Sierra, con las Peñas del Tesoro en el centro y el Trevenque asomando por la derecha.

… ante unas esplendorosas vistas: el Dornajo en el extremo izquierdo, a nuestros pies el Barranco de las Mimbres que confluye luego con el Río Monachil, y por encima la Sierra, con las Peñas del Tesoro en el centro y el Trevenque asomando por la derecha.

Por encima del cortijo recuerda Manuel una fuente, que buscamos tras unos añosos álamos:

Las sampiternas bañeras recicladas como bebederos, donde la Mora, que hoy sustituye a Bruno, sacia su sed sin complejos.

Las sampiternas bañeras recicladas como bebederos, donde la Mora, que hoy sustituye a Bruno, sacia su sed sin complejos.

A través de los álamos entrevemos el Cortijo de las Mimbres, en el fondo del valle.

A través de los álamos entrevemos el Cortijo de las Mimbres, en el fondo del valle.

Cortijo de las Mimbres, este sí en uso.

Cortijo de las Mimbres, este sí en uso. Junto al mismo pasa el camino que arranca de la carretera -antes del Collado del Muerto- y progresa luego hacia Diéchar y enlaza por fin con el del Convento de San Jerónimo.

Desde el Cortijo de Manolón las sendas no son claras. Hay una más alta, y otras que descienden ligeramente hacia el Cortijo de la Solana. El grupo va por la de arriba, y yo en tierra de nadie por no perder el contacto, por lo que al final venimos a pasar por encima del Cortijo sin pisarlo:

Cortijo de la Solana. Me hubiera gustado echarle un vistazo de cerca, pero luego hubiéramos tenido que subir lo bajado, así que baste con esta panorámica para hacerle honores. Merece el nombre, desde luego, y mejor un día como el de hoy que visitarlo en pleno verano…

Cortijo de la Solana. Me hubiera gustado echarle un vistazo de cerca, pero luego hubiéramos tenido que subir lo bajado, así que baste con esta panorámica para hacerle honores. Merece el nombre, desde luego, y mejor un día como el de hoy que visitarlo en pleno verano…

Desde esta cresta, doblada ya la esquina que nos orienta al valle del Monachil, el Cerro de los Poyos se convierte en elemento central del paisaje.

Desde esta cresta, doblada ya la esquina que nos orienta al valle del Monachil, el Cerro de los Poyos se convierte en elemento central del paisaje.

Habiendo confluido aquí los de arriba con el de abajo, y rodeados por la vista más espectacular de la jornada, la foto oficial se impone por sí misma.

Habiendo confluido aquí los de arriba con el de abajo, y rodeados por la vista más espectacular de la jornada, la foto oficial se impone por sí misma.

Lo que nos queda es completar el círculo, andando por el escalón que se destaca por debajo de los tajos de la cima del Cerrajón.

Lo que nos queda es completar el círculo, andando por el escalón que se destaca por debajo de los tajos de la cima del Cerrajón.

… balcón panorámico que nos va a desvelar cada pliegue y recoveco de los Poyos, que cambia a cada paso que damos.

… balcón panorámico que nos va a desvelar cada pliegue y recoveco de los Poyos, que cambian a cada paso que damos. Desde aquí es como una pétrea ola que los siglos hubieran fosilizado.

Y al fondo el Río Monachil, de casi imposible recorrido debido tanto a lo quebrado del terreno como a lo denso de la vegetación. Algún día habrá que intentar recorrerlo entero de la Central de la Vega a Diéchar. Tal vez con los pies por el agua…

Y al fondo el Río Monachil, de casi imposible recorrido debido tanto a lo quebrado del terreno como a lo denso de la vegetación. Algún día habrá que intentar recorrerlo entero de la Central de la Vega a Diéchar. Tal vez con los pies por el agua…

Como puede verse, la faja por la que andamos es ancha y llana, muy cómoda. Al fondo, el Veleta va definiéndose al aclararse la atmósfera de las brumas matinales.

Como puede verse, la faja por la que andamos es ancha y llana, muy cómoda. Al fondo, el Veleta va definiéndose al aclararse la atmósfera de las brumas matinales.

Nuestro camino pasa justo bajo el poderoso tajo de la cima del Carrajón.

Nuestro camino pasa justo bajo el poderoso tajo de la cima del Cerrajón.

El Cerro de los Poyos sigue desarrollándose ante nuestros ojos, aquí enfrentados a los tajos que culminan su canuto central.

El Cerro de los Poyos sigue desarrollándose ante nuestros ojos, aquí enfrentados a los tajos que culminan su canuto central.

Alcanzamos por fin el collado, amplio y herboso, del Peñón del Negro, penúltimo saliente de la ladera antes de doblar la esquina del cerro. Desde aquí ya vemos el carril que desciende desde los Llanos del Purche hasta la Central Eléctrica de la Vega. No lo buscaremos de momento, lo que supondría bajar para volver a subir, sino que, manteniendo la altura, seguimos la senda que rodea el final de la cuerda…

Desde ese punto echamos una última mirada a la vertiente del río, donde destaca el Peñón del Negro que hemos atravesado hace un momento.

Desde ese punto echamos una última mirada atrás a la vertiente del río, donde destaca el Peñón del Negro que hemos atravesado hace un momento.

La senda acaba confluyendo con el carril, y ya por este último coronamos el collado que nos separa del Purche y descendemos hacia el Camping y el restaurante…

… disfrutando de las vistas de la arboleda en la umbría del Cerro del Sanatorio, metros antes del final de la ruta. Antes se podía andurrear por ahí, o deslizarse con el trineo los días de nieve. Ahora está cercado el terreno por una valla, vaya…

… disfrutando de las vistas de la arboleda en la umbría del Cerro del Sanatorio, metros antes del final de la ruta. Antes se podía andurrear por ahí, o deslizarse con el trineo los días de nieve. Ahora está cercado el terreno por una valla, vaya…

Como es habitual en un domingo soleado, el restaurante está hasta los topes, así que recuperaremos nutrientes y líquidos carretera abajo hacia Monachil, en el chiringo de la Fuente de la Miguita. Nos lo merecemos. Y con esto y un bizcocho… hasta la próxima.

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